TESTIMONIO DE FABIANE EX ROSACRUZ.

Oración de apertura del testimonio

 

“Santa María, tú que eres nuestra Mamá, preside este testimonio y ven a calmar nuestros corazones para que escuchemos las maravillas de Jesús por nosotros. Ayúdanos, guíanos para que estemos enteramente entregados a Jesucristo Nuestro Señor. ¡Amén!

San Miguel Arcángel, ¡defiéndenos en el combate!

 

Queridos hermanos y hermana, fue en 1996 cuando yo tenía casi 33 años, que Jesús de amor me ha hecho la gracia ¡de venir y salvar mi pobre alma!

¡Viví una experiencia que les voy a contar!

Mi alma se encontraba en un lugar desierto. Yo estaba en una especie de plataforma y había un  sendero. Avancé sobre ese sendero y me encontré delante de un mar de fuego que llamamos infierno. Vi un agujero con un fuego crepitante en el interior. Los condenados estaban encolerizados y muy amenazantes cuando los veía y me decían: te odiamos. Su odio me quemaba y su desprecio me hería el corazón. Ellos estaban en este lugar, porque no se habían reconciliado con Dios. No querían nada de Jesús y no se arrepentían de sus faltas, y habían rechazado confesar sus pecados delante de un sacerdote. Estas almas sufren el suplicio del fuego y los demonios les hacen sufrir toda suerte de crueldades en abismos de tortura por toda la eternidad, por cada uno de los pecados que han cometido durante su corta estancia terrestre. Ellas adoran a Satanás y lo obedecen. Entonces la Santa Virgen me ha dicho que había que llorar de ver un alma perdida, porque su fealdad y su sufrimiento es terrible.

Vi enseguida, que por encima de mí estaba el purgatorio, las flamas eran muy altas. Muchas veces, estas almas, que están en este lugar de purificación me han obtenido gracias de Dios después de haber rezado por ellas.

Estas almas, que están todas salvadas, han cometido numerosos pecados, como aquellos que acabo de citar por las almas perdidas, pero ellas se han arrepentido de ellos antes de su muerte, se han reconciliado con Dios mediante la recepción de los sacramentos de la Iglesia Católica (confesión, eucaristía, sacramento para los enfermos, extrema unción, sacramento del matrimonio…). Ellas han reconocido a Jesús como su Salvador y su Dios pero Jesús, quien es el Hijo de Dios, segunda persona de la santísima Trinidad, respeta nuestra libertad de elección, porque aquél que es Amor no se impone. Dios nos propone el Saludo pero no forzará nunca a nadie a Amarle.

Las ánimas del purgatorio a menudo han sido salvadas por la intercesión de almas buenas que rezan en la tierra y Dios les ha tenido misericordia. La oración que les ayuda a ser salvadas es el Rosario y el Rosario a la Divina Misericordia. La oración “Jesús María yo les amo, salvad a las almas, salvad a los moribundos” es muy eficaz. Cada vez que se reza, Jesús salva un alma. Él lo ha prometido a la Hermana Consolata Betrone, una religiosa capuchina. Yo rezo todos los días varios rosarios con esta pequeña oración muy fecunda “Jesús María yo les amo, salvad a las almas”.

Las ánimas del purgatorio se purifican de todas sus faltas antes de ser puras y de poder contemplar a Dios cara a cara. Ninguna de ellas quiere aparecer delante de la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo con una mancha sobre su alma, aunque fuese ligera.

Después, subí varias escaleras y al final un hombre me abrió la puerta, luego se fue. De inmediato entré en un océano de paz donde sentí muy fuerte la presencia de Dios Padre. Él era la Fuente. Era un ser divino benévolo, lleno de amor y de paz. Su presencia inundaba este océano de paz.

Vi enseguida a Jesús en el cielo rodeado de una bella luz dorada. Era muy hermoso. Mi alma sentía mucha paz y grandes ganas de acercármele. Hubiera querido quedarme cerca del Hijo de Dios, por tan bien que me sentía. Después de esta experiencia, tengo un deseo ardiente del cielo y del cuerpo de Cristo. Jesús es tan dulce y bueno. Deleita a todos los santos del paraíso. Muchas veces me ha pedido descansar en Su corazón y me ha hecho gustar Su ternura exquisita que me derrite:

He creído en Jesús, he creído en Su Amor y he contado con Su Misericordia. Jesús es Dios, lo conozco así pero me confío sobre todo a él como Padre. Le he dado todo lo que poseo ¡porque todo le pertenece! Por tanto le he dado mis miserias y debilidades e incluso si no tengo más que faltas y pecados, se los doy todos y no guardo sino esta confianza en Su Corazón. Él me perdona, Él me ama y me santifica.

Es en 1996 que Dios me ha visitado y que ha venido a curarme espiritualmente de muchos años de vagar lejos de Él. Debí tomar conciencia de mi estado de gran pecadora que ignoraba antes que Dios me develara el interior de mi alma, esta alma que Él mismo ha puesto en mí cuando mis padres me procrearon.

He ahí que por Su gran e infinita misericordia, me ha mostrado minuciosamente todas mis experiencias pasadas que aseguraban mi Eternidad en el infierno si este Dios Padre y amante no se me hubiera manifestado. Dios, yo le llamo Papá de Amor porque lo que he conocido de Él no se puede expresar sino con las palabras “Papá de Amor, Papá Dios”, y he comprendido la Palabra de Jesús en el evangelio “No llamen a nadie sobre la tierra vuestro padre; porque vosotros no tienen que un solo Padre, aquél que está en los cielos”.

En esta experiencia espiritual, he portado en mí todos los pecados que todavía no había confesado, lo que me hacía sufrir mucho. Para paliar esto, me confieso a menudo a fin de no tener que afrontarlo más durante el juicio particular de mi alma a la hora de la muerte.

Dios me ha abierto mi interior y me ha hecho ver todos mis pensamientos que no estaban en su Amor, todas mis complicidades con el mal, todos mis malos sentimientos, mis críticas y juicios de otros. He visto y revivido todo el mal que he hecho a mi prójimo y he sufrido mucho. Entonces, clamé a Dios y le dije: “Jesús, ten piedad de mí. Ten piedad de la gran pecadora que soy”.

Le di todas mis malas elecciones y sus consecuencias y Él mismo vino a reparar mis propios caminos errados con Sus gracias. Dios es Amor con una gran A. Él nos lo ha mostrado al amarnos hasta la muerte en la cruz para salvarnos.

Voy a contarles mi camino de muchos años pasados sin la gracia de Dios.

Mis padres me bautizaron el 3 de mayo de 1964, unos días después de mi nacimiento. Seguí todos los cursos de catecismo e hice mi comunión privada y solemne[1]. ¡Mi Mamá me había enseñado a rezar todas las noches antes de dormir el Padrenuestro y el Ave María!

De los 15 a los 18 años, hice algunos estudios de turismo. Los miércoles a medio día, éramos libres de salir y ahí fue que mi vida volcó. Comencé con mis compañeras a robar en las tiendas, y a interesarme en los hombres, a pasar mis noches en los bares más sórdidos. Para parecerme a las demás, comencé a fumar, y luego fumé de más en más, hasta dos cajetillas diarias. Habiendo dejado totalmente la Iglesia Católica, escuché la voz del demonio que me arrastraba a una vida de placer carnal. He tenido muchos novios aunque nunca encontré el gran Amor como lo he encontrado ahora con Dios.

Todos los fines de semana, me encontraba con una mujer de nombre Laure, quien me enseñó a tirar las cartas, todo tipo de tarots. También llegué a escribir a una astróloga para conocer mi futuro. Ella me envió mi carta astral, que me hizo volcar en una urgencia espiritual intensa, ¡porque el futuro que me estaba trazado era muy triste! He ahí que caí en angustias sin fin y que no podía vivir más sin tirarme las cartas todos los días, o sin ir a ver a una vidente a fin de estar segura.

Después de mi bachillerato, hice algunos estudios y luego ingresé al mundo laboral durante varios meses, rápidamente me encontré sin trabajo. En un periodo de ociosidad, contacté a mis vecinos que tenían amigos. Sus amigos, la mayoría eran homosexuales y poco a poco fui llevada a salir con ellos a clubs nocturnos y a espectáculos. A partir de ese momento, quise llorar. Minifaldas, hábitos de lujo, maquillaje excesivo. Comencé a divertirme mucho. De un club a otro, comencé a dejarme llevar y luego a moverme con música que no venía de Dios. Uno de mis novios me ofreció droga y comencé a fumar hachís. Entre mis conocidas una amiga quedó embarazada y decidió abortar. Como no había nadie para llevarla a la clínica, la ayudé sin ser consciente del dolor que causaba a mi alma y a la suya, lloré por eso.

Estando enamorada de un chico, luego de varios meses nos decidimos a vivir juntos y me mudé a otra ciudad porque mi novio acababa de ser contratado por una estación de radio. Su jefe me pidió trabajar con él. Mi tarea consistía en buscar clientes para vender spots publicitarios en la radio.

Comencé a tener mucho éxito, contrato tras contrato y gané bastante dinero.

Mi pequeña vida continuó así y vivimos los dos en concubinato sin saber que heríamos profundamente nuestra alma, porque nuestra vida era compartida sin el sacramento del matrimonio. Ahora que sé cómo los demonios torturan nuestra alma y nos poseen cuando tenemos relaciones sexuales sin estar casados por la Iglesia, me abstengo.

Como no quería hijos, tomaba la píldora y empecé a tener todo tipo de amigas que vivían en el vicio, entre ellas una que me inició a la cerveza y a la numerología.

Al cabo de muchos meses me mudé a otra ciudad porque me propusieron otro puesto de trabajo.

Al no encontrar ningún gusto en este nuevo trabajo, caí rápidamente enferma y dejé de trabajar muchos meses.

Durante estos meses de desierto, llevé una vida muy disoluta, saliendo todas las noches de fiesta.

Pasaron unos meses y luego ¡encontré una astróloga y una rosacruz de la AMORC!

¡La astróloga me propuso hacer mi carta astrológica kármica! ¡Me explicó que se trataba de estudiar mi carta astral en base a mis vidas anteriores, mediante el estudio de mi karma!

Pasó algún tiempo, ella vino a mi casa y me trajo mi carta, que había estudiado. La leí y la comprendí, porque entre el tiempo que pasó mi prima me llevó a un centro espiritista donde el encargado hablaba del karma, de la reencarnación, etc…. En este centro, encontré un libro que se llamaba “El Evangelio según el espiritismo”. ¡Una abominación a los ojos de Dios!

Lo estudié todas las semanas que fui a escuchar las enseñanzas. Se nos hablaba de temas diversos como el karma, la reencarnación, los estudios espiritistas, la ouija, el pedestal, los OVNIS, etc.

Ahí fue que el encargado propuso un día, a quienes lo desearan, participar la noche del miércoles en sesiones en vivo de espiritismo, y en mi inocencia ¡acepté!

Y ahí, empecé a ver médiums que entraban en trance, que recibían mensajes de quien se decía el Santo Cura de Ars, del Padre Pío, de Sta. Teresa del Niño Jesús, de la Madre de Dios e incluso de Cristo, y en fin, de extra terrestres. Si hubiera sabido que eran los demonios quienes daban esos mensajes, hubiera abandonado el centro de espiritismo de inmediato.

La Palabra de Dios, versículo 9 del capítulo 18 dice: “cuando entres en el país que el Dios Eterno te dará, no aprenderás a imitar las abominaciones de aquellas naciones: que no se encuentre en tu casa nadie que haga pasar su hijo o hija por el fuego, nadie que ejerza el oficio de adivino, astrólogo, augurio, mago, encantador, nadie que consulte a quienes evocan los espíritus o dicen la buena fortuna, nadie que interrogue a los muertos. Porque quien hace estas cosas está en abominación del Eterno; es por causa de estas abominaciones que el Eterno, tu Dios, va a cazar a estas naciones delante de ti. Serás completamente para el Eterno, tu Dios. Porque estas naciones que cazarás escuchan a los astrólogos y a los adivinos; pero a ti, el Eterno, tu Dios, no lo permite”.

Queridos hermanos y hermanas, yo era la única que no recibía este mensaje.

Durante una sesión, el encargado del centro propuso a quienes lo desearan ¡hacer una gran limpieza de su alma! Como yo sufría interiormente porque creía de verdad que tenía realmente vidas pasadas por purificar, le dije que aceptaba voluntariamente su propuesta y pensaba que iba a liberarme realmente de esta prisión. En ese momento, no sabía que era víctima de una infestación grave de espíritus impuros a causa de mis errores de camino, cartomancia, péndulo, astrología, horóscopo, líneas de la mano, iniciación al yoga, meditación esotérica, apertura de chacras, etc…

¡Entonces me senté junto a este iniciado del esoterismo quien impuso su mano con los poderes que había recibido de la Bestia, sobre dos de mis chacras! ¡el chacra del corazón y el chacra del tercer ojo!

Entonces me dijo que me había transmitido la luz. Pero no sabía en ese momento que se trataba de la luz del enemigo de Dios, Lucifer.

Enseguida volví a mi casa y me empecé a sentir mal. En la siguiente sesión de espiritismo, me senté junto a él, y ahí viví una experiencia muy difícil. La kundalini se levantó.

La Kundalini es una energía poderosa que está alojada en el hueso sacro. Cuando ella se despierta, sube a lo largo de la columna vertebral y trabaja de centros en centros hasta el chacra coronario que está situado arriba de la cabeza.

Entonces durante esta experiencia tuve la impresión que iba a ser elevada al cielo ya que la fuerza de esta energía era tan fuerte. Lo que no había entendido en ese momento, es que la kundalini era un poder de Satanás que había entrado en mí, como ese poder entró en mí cuando fui iniciada al yoga. Para explicarles un poco, Satanás me dirigía desde dentro con sus técnicas. Yo había apenado al Espíritu Santo que no podía estar en mí por mi falta de humildad.

Como me sentía cada vez más mal, decidí abandonar el espiritismo y debí encontrar a varios sacerdotes que me han administrado varios sacramentos para los enfermos. A causa de la apertura de las chacras yo estaba entre la vida y la muerte.

Mi sed de conocimiento no estaba satisfecha, y de eso hablé a mi prima, ¡quien había hecho una estancia breve en este centro espiritista y me había presentado a su amiga que era rosacruz!

Ella me contó que había estado afiliada a la Orden de la Rosa-Cruz AMORC desde hace mucho tiempo y que la había abandonado para meditar por un tiempo. Entonces le pedí la dirección de la AMORC y así fue que me afilié a esta orden esotérica. He escrito un libro sobre mi adhesión a esta Orden y el libro ha recibido el imprimatur y el nihil obstat de la Iglesia Católica. He escrito otros 4 sobre la astrología, la clarividencia, la reencarnación y el espiritismo que igualmente han obtenido el imprimatur y el nihil obstat.

El imprimatur es una autorización oficial de la Iglesia Católica romana para publicar un escrito. El nihil obstat es una aprobación oficial que da un delegado de la Iglesia Católica para editar un trabajo que trata de la fe. La mención significa que la publicación del libro está exenta de error doctrinal y que no es contraria a la moral católica. Puede conocer mis libros en mi sitio:

http://fabienne.guerrero.free.fr/indexespanolnouveau.htm

Después de mi afiliación a la Orden de la Rosa-Cruz, comencé a recibir monografías al ritmo de 4 por mes, y a medida de mis cursos pasé por diversos grados. Me detuve en el 7º grado del Templo. También me afilié a una logia Rosacruciana en la que pasé varias iniciaciones.

En mis estudios esotéricos estudié algunas cosas del New Age con los escritos de Alice Bailey y de H.P. Blavatsky, e incluso en la Orden de la Rosa Cruz, como por ejemplo la terapéutica rosacruciana, el cuerpo psíquico del hombre, el viaje astral, el aura humana, los centros psíquicos, las chacras, los sonidos vocales, los mantras, etc. Desafortunadamente estos estudios me hicieron caer en el orgullo espiritual del que Dios tiene un horror santo. Satanás había logrado perderme, pero la misericordia de Dios sobreabundó para justificarme cuando volví a Jesús y a su Iglesia, la única que Él ha fundado sobre Pedro. Él me dijo: “no te alejes más de mí. Yo soy el camino, la Verdad y la Vida”.

Mediante estos estudios, busqué conocer y comprender al Dios de mi corazón que llamábamos “el cósmico”.

Pero no comprendí nada de este Dios falso y sus energías. ¡Imagínense qué relación de amor tenía con este Dios! ¡Ninguna! Ningún corazón de amor ardiente. Y decir que mis amigos vivían la misma cosa.

Algunos practicaban el magnetismo, el tantrismo, la interpretación de los sueños, las sesiones de “channeling”, las sesiones de curación con los seres de la luz, la telepatía, la telequinesis, el péndulo, el simbolismo, toda clase de magia, hipnosis, la fuerza psíquica, respiraciones New Age, lectura del aura, toda clase de curación por energías, por cristales, la meditación trascendental, otros practicaban el reiki, mientras que había sido condenado por los obispos de Estados Unidos. Y les aseguro que, cuando ellos comprendieron y experimentaron que Satanás había dejado su energía en ellos con su poder, y que lo tuvieron por cierto, corrieron hacia un sacerdote para confesarse y pedir oraciones de liberación.

Yo misma he tenido oraciones de corte de lazos que no han rendido fruto sino después de haber aceptado confesarme con un sacerdote.

Queridos hermanos y hermanas, entonces tomé tiempo para ver bien el Corazón de Jesús que es el Asilo de los miserables, y, por tanto, el mío, porque ¿dónde encontrar más miserable que yo?

Miré más a fondo del Corazón de Jesús que es el Crisol donde los corazones más manchados son purificados, y después son inflamados de amor.

Me acerqué a este hogar ardiente de amor. Dejé ahí mis miserias y mis pecados. Tuve confianza y creí en Jesús, que es mi Salvador.

Miré más profundamente el Corazón de Cristo. Él es la Fuente de Agua Viva. Me tiré en Ella y bebí hasta calmar mi sed. Jesús desea y quiere que todas las almas vengan a esta fuente para encontrar ahí refresco.

Queridos hermanos y hermanas, un día encontré a un señor que había largamente superado el 12º grado del templo en la Orden de la Rosa Cruz. Rápidamente vivimos juntos. Él estaba solo desde hace años porque su mujer se fue con un amigo de él. Algunos meses más tarde, decidimos casarnos por lo civil. No podíamos casarnos por la Iglesia Católica porque él ya había tenido un sacramento de matrimonio algunos años atrás.

Y ¡he ahí que un golpe de gracia llegó a mi vida!

Al ver un poster del Sagrado Corazón de Jesús, ¡escuché una voz fuerte que me decía: “mis santas llagas te salvarán”!

Poco tiempo después encontré una amiga que me habló de Medugorie. Ella me explicó que era un lugar de oración en el que la Virgen María aparecía. Entonces decidí inscribirme a un peregrinaje y  he hecho prácticamente dos en fila.

Cuando llegué a Croacia estuve invadida de paz. Ahí corrí a la iglesia, donde me encontré en medio de cientos de peregrinos que adorábamos al Señor, yo que tenía la costumbre de huir de la iglesia. Me veía volverme muy pequeña con toda mi miseria delante del Santísimo Sacramento, delante de Jesús vivo, cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Al salir de la iglesia, me encontré con una dama a quien conté mi vida disoluta y ahí ella me respondió: mira Fabienne, no puedes ser salvada con la vida que llevas.

Entonces le dije: ¿qué tengo qué hacer? Y ahí fue que ella me invitó a dejar las prácticas del New Age así como al señor que había encontrado. Ella me explicó que vivía en una situación de adulterio. ¡Luego me dijo que la confesión me iba a ayudar mucho!

¡¡¡La confesión!!! Entonces pensé: ¿la confesión a un sacerdote? ¿Es necesario realmente que me confiese a un hombre que va a oír todos mis pecados? Tenía vergüenza porque había cometido muchos. Lo pensé y me dije que tal vez no era más difícil que eso.

Al día siguiente propusieron a nuestro grupo hacer el Vía Crucis. Hice como mis hermanos y hermanas ¡y los seguí! Teníamos ante nosotros un camino a subir, con piedras que me parecieron muy altas. Miré a algunas hermanas y ¡las vi escalar con los pies descalzos! ¡Me dije! ¡Pero a dónde vine a dar! Todas estas personas que suben sobre estas grandes piedras, pero ¿a dónde corren? ¿a dónde van?

Aparentemente había una meta a la cual llegar, ¡y esa meta era una cruz!

Queridas hermanas y hermanos, era el principio de mi retorno a Jesús.

Me dije que si algunos enamorados de Jesús lo seguían, entonces por qué yo no.

Entonces ahí me encontré con la cruz, una cruz que ya no tenía una rosa al centro, sino sobre la que estaba extendido con mucho amor un hombre Dios que llamamos Jesús, el Hijo de Dios, el verbo hecho carne.

Me acordé de pronto quien era Jesús. Mi verdadero salvador, mi único maestro.

Algunos días más tarde, volví a Francia. Al momento de partir, la Santa Virgen me dio una gracia tan fuerte que no dejaba de llorar con lágrimas cálidas, así que mi madre que me había acompañado me veía con sorpresa, ella que me había visto siempre divertirme y reír. Y ahí, ¡lloraba con estas lágrimas que me quemaban los ojos! Eran lágrimas de arrepentimiento.

Al llegar a Francia, me detuve en Niza, y fui a rezar a la capilla de Santa Rita, a quien pedí me ayudara, siendo Santa Rita la santa de los casos desesperados, lo que era realmente mi caso.

Luego volví a mi casa. Jesús me mostró mi alma encerrada en la Bestia, quien tenía una cabeza de León. Vi a los demonios que me rodeaban y que estaban listos a llevarme con ellos al infierno. Tenían una cabeza horrible y ojos que se salían de su órbita. Este mal delante de mí era la consecuencia de mis pecados.

Ustedes saben que en ese momento particular de mi vida, yo ya no creía en el cielo, el purgatorio y el infierno, porque yo creía en la reencarnación.

Enseguida Jesús me dijo: “Soy tu único maestro. Escucha mi Palabra, Observa mis mandamientos, Observa mis sábados”.

Los mandamientos de Dios, yo sabía que había muchos, pero me era imposible acordarme. Al abrir la Biblia, los descubrí:

         Yo soy Yahvé, tu Dios, quien te ha hecho salir del país de Egipto, de la casa de la servidumbre. No tendrás otros dioses delante de mí…

         No pronunciarás el nombre de Yahvé tu Dios en falso, porque Yahvé no deja sin castigo a quien pronuncia su nombre en falso.

         Observa el día sábado para santificarlo…

         Honra a tu padre y a tu madre, como te lo ha mandado Yahvé tu Dios…

         No matarás.

         No robarás.

         No darás falso testimonio contra tu prójimo.

         No codiciarás la mujer de tu prójimo…

         No desearás… las cosas ajenas (Dt 5, 6-21).

Después de conocer los mandamientos, me dije que tenía un gran trabajo por hacer en mí para ser fiel a Dios y poder ir al paraíso.

Enseguida, me encontré otra vez con quien se debía convertirse en mi marido. ¡Me vio tan raramente al preguntarse en quién me había convertido realmente!

Entonces le dije: “Sabes que es necesario que te vayas de mi casa porque, como ya estabas casado por la Iglesia no tenemos el derecho de vivir juntos”.

Me vio entonces más raramente, luego se fue a su casa una noche pero dos días más tarde, volvió de vuelta a verme.

Entonces le dije que si quería quedarse conmigo, era necesario que fuera a dormir al cuarto que está al lado del mío. Aceptó, pero no sin combate.

Luego le dije: sabes, voy a ir a ver a un sacerdote para contarle nuestra historia y él me va a ayudar a caminar contigo como hermanos. Le voy a preguntar si es posible tener una bendición por la Iglesia porque no podemos tener el sacramento del matrimonio; entonces pedí cita a un joven sacerdote quien aceptó bendecir en la Iglesia nuestro matrimonio civil.

El día de la bendición me pareció extraño que mi auto no quería avanzar hasta la Iglesia. De todas formas llegamos y cuando la bendición terminó ¡Dios me hizo comprender que lo que acababa de vivir era mentira!

Enseguida regresamos a nuestra casa, en nuestra nueva morada. Al día siguiente abandoné el cuarto conyugal después de un llamado de Dios que me pedía la castidad.

¡Imagínense mi desesperación! Acababa de casarme para fundar un hogar pero Dios me hizo saber que estaba prohibido procrear porque no tenía el sacramento del matrimonio.

A la mañana siguiente busqué a un confesor quien me recibió con caridad y le expliqué lo que vivía.

Me dijo, ustedes no pueden vivir juntos a menos que vivan como hermanos, pero no podrán mantenerse en ese estado mucho tiempo. Es necesario prever la partida.

Así pues, como no teníamos hijos juntos, no había ninguna razón para que yo me quedara con un hombre que era el marido de otra a los ojos de Dios, incluso si su esposa lo había dejado por otro hombre.

Sin embargo, me dije: él es divorciado, entonces está libre. Pero aprendí que el divorcio no rompe el matrimonio por la Iglesia.

Entonces pensé que podía quizás hacer una petición de anulación de su primer matrimonio. Entonces escribí al Vaticano, que me respondió que era necesario que hubiera verdaderamente una causa seria para obtener dicha anulación y, en conciencia con Dios, reconocí que no la había, dado que los dos habían consentido al momento del matrimonio.

Después de dejar al sacerdote, de regreso a casa, comencé a sentir muchas angustias ¡porque era necesario hablar con mi marido que se había convertido en mi hermano en unas horas! Aceptó esta situación con muchas dificultades, pero sin embargo aceptó porque se trataba de la salud de su alma.

Después le expliqué que iba a dejar la Orden de la Rosa Cruz, lo que lo contrarió porque él era muy apegado a ella.

Persuadida de que yo estaba en un error profundo de camino, comencé a rasgar en pequeños pedazos todos los libros de autores rosacruces, las monografías, todos los libros sobre numerología, las líneas de la mano, la cartomancia y muchos otros.

Y como sufría mucho interiormente, comencé a mandar celebrar muchas misas por mi alma, y me acuerdo que durante la celebración de estas misas, el Espíritu Santo me hacía subir a mi conciencia todos los pecados que había cometido desde mi infancia. Entonces corrí hacia un sacerdote quien me recibió con mucho amor pero que sin embargo estaba un poco sorprendido de ver que iba con él con numerosas páginas de pecados.

Comencé a citar mis pecados sin mirarlo, porque tenía mucha vergüenza en ese momento. Entonces con la cabeza baja, comencé a decir tartamudeando y dudando un poco: me he vestido con escotes muy provocativos, he tenido muchos amantes, me casé con un divorciado, tomé la píldora, drogas, alcohol, creí en la reencarnación, tuve palabras y pensamientos impuros y sin caridad, pasé muchas noches en los clubs nocturnos, no fui a misa los domingos, no he hecho la cuaresma correctamente, gasté mucho dinero en mis hábitos, llevé a una amiga a que se hiciera un aborto, consulté muchos videntes y astrólogos, cometí muchos pecados de gula, mentí a mi patrón, no recé, no compartí con los pobres, he tenido muchos ídolos en el New Age, la televisión y la música, he visto malas películas y películas XXX, he leído malos libros…

El sacerdote me escuchó con paciencia y caridad y después de entonces, me confieso todas las semanas o por lo menos una vez al mes.

La primera vez que fui a confesarme, no sabía aún que Dios se esconde detrás del sacerdote con todo su amor de Padre, para perdonarme y tomarme en sus brazos, y lavarme con su sangre. Lo que no sabía era que los demonios que habían entrado en mí debido a las técnicas del New Age o debido a otros errores de camino, regresaban al infierno durante la confesión, gracias a la preciosa sangre de Jesús que se expande sobre el alma. De eso le habló Él mismo a Sor Josefa Menéndez en el libro “una llamada al amor”, libro que tiene el imprimatur de S.E. Monseñor Saliège.

Después de confesarme, fui a hacer mi penitencia ante el tabernáculo y ahí Jesús me dijo con todo Su Amor “tu pecado está borrado”. ¡Qué gracia!

Sí, queridos hermanos, mis pecados, Jesús los ha borrado. Mis miserias, Él las ha consumido. Mi debilidad, Él la sostiene. Si estoy en Sus manos, ¿qué puedo temer?

Les aseguro que no dudo de la bondad del Corazón de Jesús, ni del amor que tiene por mí y por todas las criaturas. Mi miseria la ha atraído, y sin Él, ¿¿¿qué sería yo???

Le he abandonado todo a Él y he encontrado todo en Su Corazón ardiente de amor.

Queridos hermanos, quería compartir también con ustedes que Jesús me atraía cerca de Él en la Iglesia. Era irresistible. Estaba atraída como un amante. Pasaba todas mis tardes cerca de Él para hablarle y hacer el Viacrucis para la liberación de las ánimas del purgatorio.

Pasaron dos años, durante los que comencé a hacer mucho apostolado por Dios y la Virgen María y luego, un día que escuchaba un cassette sobre la vida de San Francisco de Asís, me conmoví por su vida. De ser rico, se hizo pobre como el Señor y quise hacer lo mismo.

De acuerdo con mi primer padre espiritual, un padre dominico, decidimos que quitara mi domicilio, que me divorciara porque mi matrimonio no era uno ante Dios, para que pudiera caminar con el Señor.

A partir de ese momento, frecuenté muchas comunidades carismáticas, el Carmen y la Orden de las Clarisas en la que me quedé 15 meses. Fue un tiempo de gracia durante el que pude estudiar la Biblia, el catecismo y la vida de santos.

Enseguida volví al mundo para dar testimonio de la gran misericordia que Dios había tenido conmigo.

Desde hace unos años doy testimonio en diferentes países del amor de Dios, de Su paz y de Su gran misericordia.

He hecho una alianza con la Virgen María y la fraternidad de María Reina Inmaculada del Universo en Francia y es por eso que llevo un anillo al dedo, y he querido luego de mi consagración al corazón inmaculado de María, tomar el escapulario del Monte Carmelo, por cuya gracia la santa Virgen María me ha protegido de muchos peligros.

Yo que conocí en el esoterismo un Dios sin amor, un Dios energía, puedo dar testimonio que es en la Iglesia Católica que he encontrado un Dios de ternura cuyo corazón arde de amor por cada uno de nosotros.

Muchas veces Jesús de amor me ha hecho conocer la profundidad de su corazón, en la que fui transportada para ahí reposar en Su ternura exquisita y su dulzura inigualable.

Saben, he dicho a Jesús: te doy mi “Sí” porque quisiera tanto que todas las almas conozcan tu corazón ardiente de amor. Te doy todas mis antiguas elecciones y consecuencias para que tú, el Amor, las quemes en tu Fuego de ternura y en las flamas de Tu misericordia.

Para terminar queridos hermanos y hermanas, voy a decir una pequeña oración para todos nosotros a fin de que Jesús de amor visite nuestros corazones:

Mi Dios, tú que has dado al mundo a Tu Hijo, Jesucristo, para salvarnos, no permitas que una sola oveja se pierda.

Danos Tu Misericordia

Para que podamos vivir en Ti

Concédenos no ofenderte más

Para que puedas habitar en nosotros y hacer de nuestra alma

Un descanso para tu Corazón.

 

Danos Tu Ternura

Para que en este mundo

Seamos faros

Y consuelo para los pobres

de buena voluntad.

 

Sálvanos, mi Dios,

Y ámanos para que sintamos este Amor y que nos libere de todo mal.

Amén.

 

Queridos hermanos y hermanas, no duden lanzarse con confianza en el océano de amor del corazón Misericordioso de Jesús que les ama tanto.

 

¡Alabado sea Jesucristo y sea 1000 veces bendito! ¡Amén!

 

Fabienne, su hermana

 

(Para invitar a Fabienne a dar testimonio, llame por teléfono al 07.87.52.77.53; o al 04.34.33.12.46

 

o en mi correo electronico fabienne.guerrero@outlook.com).


 

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