ORACIONES AL ESPIRITU SANTO.

ORACIONES VARIAS CONCEPCION CABRERA ARMIDA.

VEN, ESPÍRITU CREADOR

Ven, Espíritu Creador, visita nuestras almas y llena con la gracia divina los corazones

que tú creaste.

Eres el Paráclito, el don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, amor y espiritual unción.

Autor de los siete dones, dedo de la diestra paterna, fiel promesa del Padre que

enriqueces nuestra palabra, ilumina los sentidos, infunde amor en los corazones y conforta sin

cesar nuestra fragilidad.

Ahuyenta al enemigo, danos pronto la paz, y contigo como guía evitemos todo mal.

Por ti conozcamos al Padre y también al Hijo y confiemos siempre en ti, Espíritu de

ambos.

Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó y al Espíritu Paráclito por todos los siglos.

Amén.

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V. Envía tu Espíritu y todo será creado.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

ORACIÓN Oh Padre, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del

Espíritu Santo, haz que seamos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su

consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

VEN, ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, y desde el cielo envía un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres; ven, Fuente de gracias; ven, Luz de los corazones.

Consolador supremo, dulce huésped del alma, dulce refrigerio.

En el trabajo, descanso; en el calor, frescura; en las lágrimas, consuelo.

¡Oh Luz felicísima!, llena lo íntimo de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda, nada hay el hombre, nada que no lo perjudique.

Lava lo que está manchado, riega lo que está seco, cura lo que está enfermo.

Doblega lo que está rígido, calienta lo que está frío, endereza lo que está torcido.

Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete sagrados dones.

Da su mérito al esfuerzo, salvación e incansable alegría. Amén.

CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Recibe, ¡oh Santo Espíritu de amor!, la consagración absoluta y perfecta de todo mi ser.

Dígnate ser en cada instante de mi vida y en todas mis acciones, mi director, mi luz, mi guía,

mi fuerza y todo el amor de mi corazón.

Me abandono sin reserva a la acción amorosa de tu gracia y quiero ser siempre dócil a

tus inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu!, transfórmame, por María, en Cristo Sacerdote y Víctima a fin de

dar consuelo a su Corazón sagrado, extendiendo tu reinado de santidad para gloria del Padre

en la salvación de los hombres.

Jesús Salvador de los hombres, ¡sálvalos!

BENDICIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo, fuente de toda pureza, nos (te) la comunique por medio de la cruz, y

guarde nuestros cuerpos y nuestras almas siempre puros.

COMUNIÓN DOMINICAL

Consiste en ofrecer cada domingo la comunión al Espíritu Santo, por manos de Maria,

en favor de la Iglesia y de los sacerdotes.

ORACIÓN Padre Celestial, para la mayor gloria de tu santo nombre, te ofrecemos al

Verbo encarnado que acabamos de recibir en su sacramento de amor y en quien tienes todas

tus complacencias. y nos ofrecemos en unión con él por manos de María Inmaculada por la

santificación y multiplicación de tus sacerdotes. Derrama en ellos tu divino Espíritu,

enamóralos de la Cruz y haz muy fecundo su apostolado. Así sea.

ROSARIO AL ESPÍRITU SANTO

Acto de contrición

V. Envía tu Espíritu y todo será vivificado.

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R. Y renovarás la faz de la tierra.

PRIMER MISTERIO

Jesús concebido en el seno purísimo de María por obra del Espíritu Santo.

Meditación. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, te hará sombra la virtud del Altísimo; por

esto, lo Santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios. Padre nuestro, Ave Marías, Gloria

al Padre…

SEGUNDO MISTERIO

El Espíritu de Dios descansó sobre Jesús

Meditación. Y después que Jesús fue bautizado, salió luego del agua. Y he aquí que se le

abrieron los cielos y Juan vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre

Jesús. Padre nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre…

TERCER MISTERIO

Jesús es conducido por el Espíritu de Dios al desierto

Meditación. Mas Jesús, lleno del Espíritu Santo, se volvió del Jordán y fue llevado por el

Espíritu al desierto, y estuvo allí cuarenta días y le tentaba el demonio. Padre nuestro, Ave

Marías, Gloria al Padre…

CUARTO MISTERIO

El Espíritu Santo en la Iglesia

Meditación. Y vino de repente un estruendo del cielo como de viento que soplaba con

ímpetu en la casa en donde estaban sentados; y fueron todos llenos del Espíritu Santo,

refiriendo las grandezas de Dios. Padre nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre…

QUINTO MISTERIO

El Espíritu Santo en el alma del justo

Meditación. ¿No sabéis que vuestros miembros son templo del Espíritu Santo, que está

en vosotros? No apaguéis el Espíritu. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, en el cual

estáis sellados para el día de la redención. Padre nuestro, Ave Marías, Gloria al Padre…

ORACIÓN Oh Padre, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del

Espíritu Santo, haz que seamos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su

consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor Amén.

LETANÍAS AL ESPÍRITU SANTO

Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de

nosotros. Padre Omnipotente, ten piedad de nosotros. Jesús, Hijo eterno del Padre y Redentor

del mundo, sálvanos.

Espíritu del Padre y del Hijo y amor infinito del Uno y del Otro, santifícanos.

Trinidad Santísima, óyenos.

Espíritu Santo, que procedes del Padre y del Hijo,

Promesa del Padre, ven a nosotros.

Don de Dios Altísimo,

Rayo de luz celeste,

Fuente de agua viva,

Fuego abrasador,

Autor de todo bien,

Unción espiritual,

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Caridad ardiente,

Espíritu de sabiduría,

Espíritu de consejo y de fuerza,

Espíritu de ciencia y de piedad,

Espíritu de temor del Señor,

Espíritu de gracia y de oración,

Espíritu de paz y de dulzura,

Espíritu de modestia y de inocencia,

Espíritu consolador,

Espíritu santificador,

Espíritu que gobiernas la Iglesia,

Espíritu que llenas el universo,

Espíritu de adopción de los hijos de Dios,

Espíritu Santo, imprime en nosotros el horror al pecado, te rogamos, óyenos.

Espíritu Santo, ven a renovar la faz de la tierra,

Espíritu Santo, derrama tus luces en nuestra inteligencia,

Espíritu Santo, graba tu ley en nuestros corazones,

Espíritu Santo, abrásanos en el fuego de tu amor.

Espíritu Santo, abre el tesoro de tus gracias,

Espíritu Santo, enséñanos a orar como se debe,

Espíritu Santo, ilumínanos con tus inspiraciones celestiales,

Espíritu Santo, concédenos la única ciencia necesaria,

Espíritu Santo, inspíranos la práctica de las virtudes,

Espíritu Santo, haz que perseveremos en la justicia,

Espíritu Santo, sé tú mismo nuestra recompensa,

Cordero de Dios que borras los pecados del mundo, envíanos tu Espíritu Santo.

Cordero de Dios que borras los pecados del mundo, derrama en nuestras almas los dones

del Espíritu Santo.

Cordero de Dios que borras los pecados del mundo, infúndenos el Espíritu de sabiduría

y devoción.

V. Ven, ¡oh Espíritu Santo!, llena con tus dones los corazones de tus fieles.

R. Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

ORACIÓN PARA PEDIR LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Dios Padre Todopoderoso y Eterno, que has querido regenerar a tus hijos con el agua y

el Espíritu Santo en el bautismo y nos has concedido la remisión de nuestros pecados; haz que

descienda del cielo sobre nosotros con sus siete dones tu Espíritu Santo.

Envíanos tu Espíritu de Sabiduría, que nos descubra los enemigos que debemos temer y

los peligros que debemos evitar. Que ese Espíritu de Sabiduría nos haga escoger lo más útil

para nuestra salvación eterna.

Envíanos tu Espíritu de Inteligencia, que nos haga comprender la hermosura, la suavidad

y la fecundidad de la Verdad cuya luz ilumina nuestro camino en este mundo; Verdad que el

Padre celestial revela con tanto amor a los humildes y las oculta a los soberbios.

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Asístenos con tu Espíritu de Consejo que, en el momento de la acción, nos incline

siempre a la reflexión más oportuna y prudente; que nos haga dóciles a tus inspiraciones; y

que también haga de nosotros, en tiempo oportuno, valerosos y abnegados consejeros de

nuestros hermanos.

Danos tu Espíritu de Ciencia que nos inspire aborrecimiento a la mentira y al error; que

nos inflame en amor al Evangelio que el Señor nos ha enseñado; para vivirlo fielmente como

María.

Envía tu Espíritu de Fortaleza que cambie en valor nuestra debilidad y nos haga

apóstoles llenos de ardiente celo.

Danos tu divino Espíritu de Piedad que encienda en nosotros la llama de tu amor, del

amor ardiente de tu voluntad hasta en las cosas más pequeñas.

Llénanos, Señor, de tu Espíritu de Temor para vivir bajo tu mirada en deliciosa unión de

respeto y de amor a ti, manteniendo siempre en nosotros el deseo de nunca ofenderte. Amén.

ORACIÓN PARA PEDIR LOS DOCE FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo, amor eterno del Padre y del Hijo, dígnate concederme el fruto de caridad

que me una a ti por medio del amor; el fruto del gozo espiritual que me llene de una santa

alegría aun en medio de las aflicciones;

el fruto de paz que produzca en mí la tranquilidad de la conciencia;

el fruto de paciencia que me haga amar la cruz y me ayude a llevarla;

el fruto de benignidad que me incline a socorrer las necesidades de mis prójimos;

el fruto de bondad que me haga benéfico para todos;

el fruto de longanimidad que me sostenga sin impacientarme, en medio de las

contrariedades;

el fruto de mansedumbre que me haga soportar tranquilamente todo cuanto haya de

molesto en el prójimo;

el fruto de fe que me penetre de respeto y amor por la Palabra de Dios;

el fruto de continencia que conserve mi cuerpo en la santidad;

y el fruto de castidad a fin de que, permaneciendo siempre puro mi corazón en la tierra,

merezca verte eternamente en la mansión de tu gloria. Amén.

ORACIÓN INTIMA AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo, te consagro mi cuerpo y sentidos, concédeme emplearlos para la mayor

gloria de Dios.

Espíritu Santo, te consagro mis ojos para que miren a Jesús.

Espíritu Santo, te consagro mis oídos para estar atentos a tus divinas inspiraciones.

Espíritu Santo, te consagro mis sentidos para que me sirvan para amar a Jesús y

sacrificarme por él.

Espíritu Santo, te consagro mi alma con todas sus facultades para que sea tu templo y tu

oasis.

Espíritu Santo, te consagro mi memoria para recordar tus grandezas, y las palabras, actos

y pasión de Jesús.

Espíritu Santo, te consagro mi corazón con todos sus afectos para que, cautivado por los

encantos y las delicias de tu amor, encuentre siempre en ti la paz, el amor, la fuerza, la luz y

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todos tus dones y frutos; que te ame cada día más, que haga que muchas almas te amen y aun

el mundo entero, si fuera posible, para que me ames también más y me hagas santo. Amén.

TRIDUO AL ESPÍRITU SANTO PARA PEDIR SUS FRUTOS

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Espíritu Santo, luz de las almas, consolador supremo, fortaleza invencible que

santificas todo lo que tocas! ¡Ven a derramar sobre nuestros corazones el fuego del amor

divino para que consuma en ellos toda escoria de pecado y queden limpios, capaces de

reflejar tu imagen!

Danos también todas las gracias que necesitamos para salvar nuestras almas y las de

nuestros hermanos.

Te consagramos con todo el corazón y para siempre nuestros pensamientos, voluntad,

afectos y cuanto somos, sin reserva alguna, para que dispongas de nosotros a tu mayor gloria.

Nada podemos; muy pobres somos de virtudes; pero contigo y en ti venceremos a todos los

enemigos para alabar y bendecir a la Trinidad Santísima por toda la eternidad. Amén.

PRIMER DIA

Espíritu Santo, tu ser es darte y comunicarte: aquí tienes, pues, un corazón que te ama,

en donde derramar tus gracias.

¡Te pido tu caridad, que sana y limpia, que enardece el corazón y enciende la llama del

divino amor!

Con ese santo fuego concédeme el gozo espiritual, nacido del amor y que produce la paz

que es la gracia de las gracias. Con ella saludaba Jesús, después de resucitado, a sus

Apóstoles y discípulos: “¡La paz os dejo, mi paz os doy. 9 Una paz no como la que da el

mundo, sino que nace del Espíritu Santo y tiene su asiento en los corazones puros.

“La caridad es paciente”, 10 todo lo tolera, todo lo disculpa y suaviza.

“La caridad es por sí sola todas las virtudes, -decía san Agustín- es fe, cuando creemos;

esperanza, cuando confiamos; fortaleza, cuando vencemos; paciencia, cuando sufrimos;

misericordia, cuando nos compadecemos.

De las cosas fuertes la más fuerte es el amor…; de las cosas suaves la más suave es el

amor; y pida quien quiera todas las virtudes, que yo sólo la caridad pido, porque todas andan

a su servicio; y aunque Dios me dé todo lo que tenga, si me niega la caridad, a sí mismo se

me niega!”

¡Dame, Espíritu Santo, el fruto de la caridad con el gozo espiritual, la paz y la paciencia!

SEGUNDO DIA

¡Oh Divino Espíritu! ¿Quién más bueno que tú?, “¡Sólo Dios es bueno!” -dijo Jesús a su

paso por la tierra-. ¡Y tú eres la tercera persona divina de ese Dios tres veces santo y mil

veces Padre!

Tu bondad no tiene límites; todo lo perdonas, lo olvidas, lo cubres, ¡oh caridad infinita!

Dame pues, hoy, ¡oh Santo Espíritu!, el fruto de la bondad. “Esa bondad es la porción más

noble de nosotros mismos es algo que tiene más de Dios que del hombre; porque la bondad lo

dulcifica todo, suaviza las pasiones y convierte en flores las espinas de la vida”.

“El carácter de Dios, por decirlo así, su temperamento es ser bueno y darse; y todos los

sucesos de la vida no son sino una serie de medios por los cuales se pone a nuestro alcance”.

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La benignidad y la mansedumbre brotan de un alma buena, dulce, mansa, amorosa, y

tierna para cuantos la rodean. Frutos todos de la caridad de Dios, que se transforma en bien

del prójimo.

El alma que posee la caridad al prójimo -prueba evidente de que su amor de Dios es

verdadero- será la que no abriga egoísmo, sino que, a imitación de Dios, tiende a dar y a

comunicar su incendio, aquel fuego que la abrasa y consume, en bien de los demás.

Espíritu Santo, dame hoy por intercesión de María, la bondad, la benignidad, y la

mansedumbre para con ellos trabajar en la vida y lograr una eterna felicidad en el cielo.

Amén.

TERCER DÍA

¡Oh Divino Espíritu!, vengo a pedirte con confianza filial el fruto de la fe.

La fe es la raíz, el principio de nuestra justificación, es la primera de las virtudes

teologales: “El justo vive de fe”.

La fe sin obras es virtud muerta, por tanto, la luz de la fe debe iluminar toda nuestra

vida, gustos, costumbres y aspiraciones; y dar a nuestros actos pureza de intención, con el

único fin de agradar a Dios y complacerlo.

¡Oh Espíritu Santo!, dame esa fe que transporta montañas; esa fe que confia en tu

Palabra sin que la conmuevan los acontecimientos más contradictorios y adversos.

La modestia, continencia y castidad… son frutos que se desprenden de la Luz, que eres

tú, ¡oh Espíritu Santo!

La Santísima Trinidad es Luz, Claridad, Transparencia y Blancura!

No hay palabras para explicar tu Pureza, Espíritu de Luz increada; el Padre, en su

infinita Pureza, con una complacencia inefable, engendró al Verbo, Luz de Luz, Dios

verdadero de Dios verdadero, consubstancial al Padre y con sus mismos atributos divinos.

Danos hoy un destello de esa luz, para purificarnos. Haznos dignos hijos de María,

reflejo de tu Luz. Amén.

ORACIÓN FINAL ¡Gracias, Espíritu Santo! de tu infinita misericordia esperamos los

frutos espirituales que te hemos pedido para nuestro bien. Tú que lavas lo manchado, que

riegas con rocío del cielo la aridez de los corazones, que sanas las enfermedades, que

aconsejas, que fortaleces, que enseñas, ten compasión de nuestras miserias, y con tu gracia

renuévanos y comunícanos tu santidad.

María, la sin mancha, la Hija del Padre, la Madre del Hijo, y tu Esposa amadísima, va a

pedirte una bendición que nos purifique y nos haga santos, para salvar muchas almas que te

den gloria, que te conozcan y te amen. Haznos verdaderos apóstoles para que, después de

trabajar por tu causa hasta la muerte, vayamos a gozar de tus esplendores durante la eternidad.

Amén.

SEPTENARIO AL ESPÍRITU SANTO PARA PEDIR SUS DONES

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Espíritu consolador, bondad inefable, que suavísimamente abrasas las almas en

fuego celestial! Aquí venimos tus hijos a implorar tu protección poderosa y todos tus dones,

para emplearlos en saber amar a Jesús.

Ven a nuestra inteligencia para que reine en ella la luz purísima de Jesús.

Ven a nuestra voluntad para que en ella reine la santidad de Jesús.

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Ven a nuestro corazón para que en él reine el amor a Jesús.

Ven, por fin, a nuestro ser, para que lo absorba la vida divina de Jesús.

Tú que eres la fuente de gracia, derrámala abundantemente en nuestros corazones.

¡Oh divino Espíritu, fuente de infinita pureza!, límpianos del pecado, renueva nuestras

almas en Cristo y escucha propicio las peticiones que ahora te hacemos. Amén.

En seguida se hará una pequeña meditación de los dones, uno para cada día.

ORACIÓN FINAL

¡Oh Espíritu Santo, benigno y consolador que te complaces en aliviar nuestros males!

¡Oh fuego celestial que fecundizas cuanto tocas!, ¡ven a extender por todo el mundo el amor a

la Cruz! Derrama sobre nosotros tu suave unción; suscita vocaciones de laicos, religiosos y

sacerdotes. Presérvanos de todo mal y llénanos de celestiales riquezas. Amén.

JACULATORIA

Crea en mí, ¡Dios mío!, un corazón puro y renuévame por dentro con espíritu firme.

DÍA PRIMERO – DON DE SABIDURÍA

El don de sabiduría es una luz sobrenatural con la cual el alma conoce los secretos

espirituales. Este don despega de lo terreno, ilumina el campo de las virtudes y hace

perceptibles las astucias de Satanás.

La Cruz es la verdadera sabiduría de los santos. La Sabiduría increada, Dios mismo, fue

el que escogió la Cruz para la redención del mundo. El alma verdaderamente sabia se

crucifica. María fue el trono de la Sabiduría, comprendió el valor infinito del sacrificio y lo

vivió en grado eminente.

¡Dichosos quienes poseen este riquísimo don! Quienes pasando inadvertidos para el

mundo, agradan a Díos con su renunciamiento y abnegación; van siempre adelante rumbo a la

Cruz. Sin retroceder, renunciando al egoísmo y entregándose sin cesar.

¡Oh Sabiduría, dichosa el alma que te posee’ …la Sabiduría que desciende de arriba -dice

el apóstol Santiago- además de estar llena de pureza es pacífica, modesta, dócil indulgente y

llena de misericordia. Es imparcial, y está ajena a toda hipocresía”. Por eso el mismo Espíritu

Santo llama feliz al que posee este tesoro: “Dichoso el hombre que ha adquirido la sabiduría,

es más apreciable que todas las riquezas y ni las cosas de mayor estima pueden

comparársele”.

Danos el don de sabiduría. ¡oh Divino Espíritu!, que temple nuestras almas en las

dificultades de la vida. Amén.

Oración final.

DÍA SEGUNDO – DON DE ENTENDIMIENTO

El don de entendimiento es un don intelectual, como el de ciencia y sabiduría pero con

sus cualidades propias.

Hace conocer al alma los secretos de la gracia. El Espíritu Santo imprime en el

entendimiento las verdades y los misterios de Dios; es el agente del amor, porque comunica al

alma sus luces y la hace amar lo único digno de ser amado.

Cuando esta facultad se encuentra enriquecida con el don, sobrenaturaliza sus actos y

mueve a la voluntad con el amor a elevarse de las cosas de la tierra a las celestiales.

Este don se acompaña siempre con el de la sabiduría que hace amar la Cruz, y el don de

ciencia que nos hace internar en el conocimiento propio y en el conocimiento de Dios.

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Del santo y fecundo conocimiento propio, brota el amor divino, atributo del don de

entendimiento.

Este don tiene una gran parte en la contemplación que tantos bienes deja en el alma: es

el camino que el Espíritu Santo emplea y recorre en sus comunicaciones divinas.

Por este don altísimo cruza el divino fuego; el amor comunicativo y todas las gracias del

cielo, dejando huellas muy hondas e impresiones santísimas.

¡Qué grande es el don de entendimiento! Es un don de santos; su fondo es el amor, y de

este amor se derivan todas las virtudes.

Este don produce hambre de lo divino que mereció la alabanza de Jesús:

“Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”. 15

¡Dios, y sólo Dios, es el resorte que mueve al alma en todas sus operaciones y deseos!

¡Oh Espíritu Santo!, “dame inteligencia, y estudiaré atentamente tu ley y la observaré

con todo mi corazón!”. 16 Y como tu ley se encierra en el amor, quiero amarte con el amor de

todas las criaturas y con el infinito amor con que tú mismo te amas infinitamente.

Dame ese don de entendimiento para conocerte y conocerme, para amarte y amarme a

mí mismo con humildad. ¡Madre mía!, alcánzame esta gracia del Espíritu Santo, tu divino

Esposo. Amén.

Oración final.

DIA TERCERO – DON DE CONSEJO

El don de consejo lo da el Espíritu Santo a quienes lo aman y por él se sacrifican; a

quienes llevan consigo el amor activo y el celo por su gloria; a quienes viven la pobreza

espiritual, no apropiándose lo que es de Dios, sino que se lo devuelven agradecidos,

quedándose gozosos en su miseria y en su nada.

El Espíritu Santo regala a sus fieles el don de consejo aconsejándolos primero con santas

inspiraciones, favores y llamamientos. Sólo a quienes escuchan su voz y la ponen en práctica

da este don que tanta gloria le reporta; lo da a los directores que, escuchándolo, se santifican

para santificar después con el divino germen que hace producir frutos espirituales de sólidas

virtudes.

Toda persona que tenga almas a su cargo debe, en lo posible, hacerse digna de recibir

este don; pero el don de consejo implica sacrificios, porque la santidad propia y la ajena los

llevan consigo. Quien no está aconsejado por el Espíritu Santo no puede aconsejar recta y

santamente.

El don de consejo tiene su asiento en quien ora, ama y se sacrifica. La oración, el amor y

el sacrificio son los elementos indispensables para quien aspira a este apreciable don. La

oración lo comunica: el amor lo sostiene y el sacrificio lo impulsa. Sólo a los oídos dispuestos

hace escuchar el Espíritu Santo sus consejos e inspiraciones

El ruido del mundo y de las pasiones impide escuchar la suave voz del Espíritu Santo

cuando aconseja. Necesita la pureza y la paz del alma: en el silencio y en el recogimiento del

corazón es donde él habla y se comunica.

Dentro de la Cruz, o sea en el sacrificio voluntario, se distingue perfectamente esa voz

divina que enseña, que ama, que aconseja, que mueve a practicar todas las virtudes y da a

Dios mucha gloria.

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¡Oh Espíritu Santo!, nos pides oración, amor y sacrificio para regalarnos este don.

Haznos escuchar tus consejos, báñanos con la dulzura de tu voz y enséñanos a cumplir la

divina voluntad sin vacilar. Amén.

Oración final.

DIA CUARTO – DON DE CIENCIA

El don de ciencia enseña la verdad, y la verdad es la humildad.

Quien tiene en plenitud este don no puede ser soberbio; porque de la verdad dimana la

humildad.

Este don lleva también consigo el propio conocimiento infuso; la distancia entre la

creatura y DIOS Y la bondad gratuita de sus favores; esta gracia, lejos de envanecerla, la

confunde y humilla, y la hace tocar su impotencia, su debilidad y su nada. Esta ciencia de

ambos conocimientos es la verdadera ciencia que produce frutos de sólidas virtudes.

Este don lo regala el Espíritu Santo por medio de la oración o contemplación.

La ciencia que no se funda en Dios es vana y peligrosa; la ciencia que procede del

Espíritu Santo se encuentra en el fondo de un alma pura y sacrificada; ¡en la Cruz está la

verdadera ciencia de los santos!

Para la ciencia humana, da Dios la inteligencia al hombre en su entendimiento; y para la

divina le da la luz de la fe y el don de ciencia. Este don lo da el Espíritu Santo no tanto en los

libros, sino en el conocimiento claro de lo sobrenatural y divino por medio del trato íntimo,

humilde y frecuente con Dios, por la oración.

La ciencia de lo divino sólo con el don del Espíritu Santo se conoce; él lo da para bien

de muchos, no solamente para quien lo recibe; como los talentos de que habla el Evangelio,

que deben producir y multiplicarse.

¡Feliz el alma que tiene la ciencia de los justos! ¡Puede recibir sin bambolearse en la

humildad los tesoros de gracia y virtudes, y quedarse en su propia nada, devolviendo a Dios

lo que es suyo!

Este don contiene un secreto, dentro de la luz que infunde en los espíritus que posee, y

consiste en que oculta al alma sus buenas cualidades y virtudes, y la afianza en su pequeñez.

El Espíritu Santo mueve con el don de ciencia la más profunda humildad.

¡Danos, Espíritu divino, el don de ciencia, que anhelamos ser humildes! ¡Enséñanos a

orar con verdadera contrición y a llamarte en nuestra ayuda! Sé nuestra luz en la oscuridad;

enséñanos a amar la Cruz y descúbrenos sus secretos. Queremos vivir en el Corazón de Jesús

en donde tú habitas, Espíritu Santo, en ese Corazón que es abismo de humildad y de amor.

Amén.

Oración final.

DÍA QUINTO – DON DE FORTALEZA

El don de fortaleza lo da el Espíritu Santo solamente a las almas valerosas que saben

luchar contra sí mismas. Parece que debiera regalarlo a los débiles, pero es lo contrario: sólo

lo regala a las esforzadas, porque a las otras les haría daño y él es la perenne fuente de todo

bien.

La fortaleza acude a prestar su auxilio a quien lucha, se sacrifica y perdona.

¿El don de fortaleza, a quién sostiene? Al alma cansada, fatigada y casi rendida en la

pelea; es el guardián del corazón puro y valiente en cualquiera prueba, y vela en el dolor y

sostiene en el sacrificio.

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El don de fortaleza viene a dar la mano al amor activo y acompaña en la vida espiritual;

es la esperanza del soldado de Jesucristo y, con la sonrisa en los labios y la dicha en el alma,

la ven llegar todos los que sufren; da valor en el vencimiento propio, y constancia en la lucha.

Este don de fortaleza ¿en dónde está escondido? En la oración. En el Huerto de los

Olivos, Jesús quiso descubrir el don de fortaleza al mundo cuando, estando en oración,

recibió la divina fortaleza; tres veces la buscó para enseñarnos a pedirla.

María poseyó este don en toda su plenitud, y al pie de la Cruz brilló en ella de una

manera admirable. Es tan rico este don de fortaleza, que alcanza para quien se sacrifica la

perseverancia final y el cielo.

Feliz quien posee este don, no lo conmueven ni las pasiones, ni los enemigos; es

inquebrantable, por la fuerza sobrenatural que lo sostiene, la fuerza divina del Espíritu Santo.

A este don lo acompañan siempre las virtudes teologales, que comunican sus cualidades

y efectos a quien lo posee.

¡Es incomprensible a la inteligencia humana este don de fortaleza!

Dánoslo, Espíritu Divino, que necesitamos de tu fortaleza; te prometemos vencernos a

nosotros mismos, extirpar los vicios del corazón y estar dispuestos siempre a luchar después

de cada tormenta. “…Los que ponen en ti su confianza? jamás serán confundidos”.

¡Me negaré a mí mismo y tomaré mi Cruz con amor!, ¡que todo lo puedo en Aquel que

me conforta! Amén.

Oración final.

DÍA SEXTO – DON DE PIEDAD

El don de piedad lleva consigo los dos amores el de Dios y el del prójimo en grado

eminente, y por ambos amores el alma se sacrifica; él conduce a la santidad y a la unión con

el Espíritu Santo que lo produce, lleva muchas virtudes en su seno y hace además que se

practiquen.

La verdadera piedad no consiste en las prácticas exteriores solamente, sino en un fondo

de inmolación generosa que unifica nuestra voluntad con la de Dios: la piedad que procede

del Espíritu Santo está basada en la Cruz. Huye de todo lo que pueda encumbrarla y se oculta

en la oscuridad de las virtudes; allí brilla el don y crece sin obstáculos.

En el don de piedad está el asiento del amor y del dolor. No se queda en el deseo de la

santidad, se lanza al fondo de la vida espiritual y ama con amor activo, que la lleva hasta el

sacrificio por el Amado.

La verdadera piedad es desinteresada, no tiene envidia ni murmura; su amor al prójimo

es auténtico y en él impera el perdón y todas las obras de misericordia.

Por el don de piedad el alma busca como combustible la mortificación y la penitencia

que la purifique y la prepare a la unión con Dios.

¡Si el Espíritu Santo encontrara corazones para enviarles sus dones!, la farsa de la piedad

es la que reina en el mundo; el camino de la Cruz es el único que conduce al cielo.

El don de piedad aviva el fuego del amor activo y con esa fuerza divina el alma es capaz

de los más encumbrados actos de sacrificio.

El primer carácter de la verdadera piedad es el amor, manifestado en todos los detalles

de nuestra vida.

El segundo es el respeto. El tercero es la sumisión.

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¡Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo!, por tu Verbo concédenos el don de

piedad, que nos haga arder en celestial incendio de caridad.

Queremos subir por la Cruz al Corazón de Cristo que tanto amamos. Amén.

Oración final.

DIA SÉPTIMO – DON DE TEMOR DE DIOS

El don de temor de Dios no consiste en el miedo a la justicia divina, sino que basado en

el amor de Dios, teme la ofensa que pueda desagradar a su Amado.

La delicadeza de conciencia es compañera de este santo temor.

El santo temor es el don del Espíritu Santo que lleva consigo al de sabiduría; porque. el

que ama la Cruz teme el pecado.

Como todas las virtudes están ligadas entre si y unas a otras se atraen, igualmente pasa

con los dones, que están muy finamente trabados entre sí, y en donde está uno, están todos en

más o menos grados.

El alma que posee el temor de Dios no peca, la impulsa sólo el amor, huye de todo mal

sólo por no disgustarlo, por ser Quien es, digno de toda alabanza y adoración.

Al temor de Dios lo acompaña siempre la contrición.

Dios teme el pecado, porque ama al pecador. Jesús teme el pecado, no tanto porque lo

crucifica, sino por la ofensa que recibe la divinidad; el ver ofendido a su Padre cuya grandeza

no puede el hombre llegar a comprender, en eso consiste su dolor.

De la misma manera el alma, en cuanto sea capaz, debe temer el pecado, no por el

castigo, sino por ver ofendido a su creador y amorosísimo Padre. Éste debiera ser el dolor del

pecado, dolor sublime, digno de gracias infinitas.

¡Oh Espíritu divino!, danos la gracia del verdadero temor de Dios, el cual, por puro amor

y no por miedo, se lanza a evitar el pecado, en alas de la más pura caridad. Amén.

Oración final.

Un comentario sobre “ORACIONES AL ESPIRITU SANTO.

  1. VEN ESPÍRITU SANTO

    Nos dice la Reina de la Paz, Medjugorje:

    “Lo más importante es rezar al Espíritu Santo para que descienda sobre vosotros. Cuando uno lo posee, lo tiene todo. Las personas cometen un error al invocar a los santos solamente, cuando piden algo”. Viernes 21 de OCTUBRE de 1983.

    “Comenzad invocando al Espíritu Santo cada día. Lo más importante es rezar al Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo desciende sobre la Tierra, entonces todo se aclara y todo se transforma”. Adviento 1983.

    “Lo más importante en la vida espiritual es el pedir el don del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo viene, entonces la paz se establece. Cuando esto ocurre, todo cambia alrededor de vosotros”. OCTUBRE DE 1984.

    INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:

    (Invocación enseñada por la Santísima Virgen al Padre Gobbi, que conviene decirla muy frecuentemente, en especial antes de hacer alguna actividad o rezar)

    “Ven Espíritu Santo. Ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu amadísima Esposa”

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