TEORIA DE LA EVOLUCION

¿Procede el hombre del mono? Evolución

La teoría de la evolución sostiene que los animales y también el hombre proceden unos de otros por sucesiva transformación y selección, evolucionando desde los seres más sencillos a los más complejos. En particular el hombre procedería del mono por evolución. Y apoya esta teoría, que tiene su origen en Darwin, en los hallazgos de esqueletos de hombres distintos de los actuales con una estructura ósea más robusta que la del hombre actual y un cráneo más achatado, más parecido al del mono.

Con frecuencia se cita esta teoría como teoría demostrada por la ciencia, como verdad indiscutible. Pero, en realidad no pasa de un ejercicio de imaginación, de una hipótesis para tratar de explicar sin recurrir a la acción creadora de Dios (en las primeras versiones de la teoría) la aparición del hombre sobre la Tierra.

Nadie ha logrado hacer proceder un hombre de un mono, ni mucho menos hacer retrotraer a un hombre a través de sus descendientes al mono: y los datos que parece explicar la hipótesis de la evolución pueden encontrar otras explicaciones distintas, otras hipótesis satisfactorias que no tienen nada que ver con la teoría de la evolución:

Dice María Valtorta en el libro ya citado: “Oigo la noticia de que en una caverna han encontrado esqueletos de hombre mono. Me quedo pensativa diciendo: “¿Cómo pueden asegurar tal cosa? Habrá habido hombres brutos. También ahora se dan rostros y cuerpos simiescos. A lo mejor los hombres primitivos tenían un esqueleto distinto al nuestro”× Y me viene otro pensamiento: “Pero ¿ya pueden diferir en belleza? No me cabe en la cabeza que los primeros hombres siendo más cercanos al ejemplar perfecto que Dios creó, y que ciertamente, era bellísimo además de fortísimo, fuesen más brutos que nosotros”. Y me da que pensar cómo pudo ser que la belleza de la obra creadora más perfecta hubiera llegado a envilecerse tanto, hasta el punto de dar pie a los científicos para negar que el hombre hubiera sido creado hombre por Dios y asegurar que sea el resultado de la evolución del mono.

Me habla Jesús y dice:

“Busca la clave en el capítulo 6º del Génesis. Léelo”. Lo leo y Jesús me pregunta: “¿Lo entiendes?”.

“No, Señor. Lo que entiendo es que los hombres se corrompieron enseguida y nada más. No sé que relación puede guardar ese capítulo con el hombre mono”.

Jesús sonríe y me responde:

“No eres la única que no lo entiende, pues no lo entienden los sabios, los científicos, los creyentes ni los ateos. Estame atenta”. Y comienza a recitar. “Y habiendo comenzado los hombres a multiplicarse sobre la tierra y habiendo los hijos de Dios, o hijos de Set, tenido hijas y visto que las hijas de los hombres (hijas de Caín) eran hermosas, se desposaron con las que, entre todas, más les gustaron…Así pues, una vez que los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y éstas dieron a luz, de ellas salieron aquellos hombres potentes y famosos durante siglos”. “Esos hombres que por la potencia de su esqueleto llaman la atención de vuestros científicos, los cuales deducen de ahí que el hombre en el comienzo de los tiempos, era más alto y fuerte que no lo sea actualmente y de la estructura de su cráneo deducen que el hombre deriva del mono. Es decir, los consabidos errores de los hombres ante los misterios de la creación.”

Prosigue en el mismo pasaje la voz de Dios en los escritos de María Valtorta: “Aquéllos que ya no eran hijos de Dios, por cuanto con su padre y como él se alejaron de Dios para acoger a Satanás, se abalanzaron a lo ilícito, degradante y bestial, llegando a tener monstruos por hijos e hijas. Son los monstruos que ahora llaman la atención de vuestros científicos induciéndoles a error. Los monstruos que, por el poderío de sus formas, su salvaje belleza y su ardor bestial, frutos de la unión de Caín con los brutos y de los brutísimos hijos de Caín con las fieras, sedujeron a los hijos de Dios, es decir a los descendientes de Set por Enós, Quenan, Mahalalel, Yéred, Hénoc de Yéred – no confundir con el Henoc de Caín – Matusalén, Lamek y Noé, padre de Sem, Cam y Jafet.” “Fue entonces cuando Dios, para impedir que la rama de los hijos de Dios se corrompiese del todo con la de los hijos de los hombres, mandó el diluvio universal para sofocar bajo el peso de las aguas la libídine de los hombres y para destruir los monstruos engendrados por la lujuria de los sin Dios, insaciables en su sensualidad al hallarse abrasados por el fuego de Satanás.”

“Y el hombre, el hombre actual, desatina con las líneas somáticas y los ángulos cigomáticos. Y, no queriendo admitir un Creador al ser excesivamente soberbio para reconocer el haber sido hecho, admite la descendencia de los brutos para así poder decir: “Nos hemos valido solos evolucionando de animales a hombres”. El hombre se degrada, se autodegrada por no querer humillarse ante Dios. Y desciende. ¡Vaya si desciende!…”

Es decir que los esqueletos que se han encontrado de hombres que la teoría de la evolución llama hombres monos, no son sino restos de los hombres degenerados que perecieron con el Diluvio.

La hipótesis de la evolución no sería sino una fábula grata a los oídos de quienes gustan de prescindir de Dios, o no negando la existencia de Dios, quizá para rendir tributo a una seudociencia que creen sin discutir, caen en concebir un Dios al que es difícil crear al hombre de la nada e inmediatamente.

En otra obra de María Valtorta, leemos:

“Uno de los puntos en que vuestra soberbia naufraga en el error y que, más que ningún otro, humilla vuestra soberbia atribuyéndoos un origen que, de no hallaros tan ofuscados por el orgullo, rechazaríais por envilecedor, es el de la teoría darviniana.

Por no admitir a Dios, que con su poder pudo crear el universo de la nada y al hombre del barro ya creado, atribuís vuestra paternidad a un animal.

¿No advertís que os rebajáis puesto que, pensadlo bien, un animal, por perfecto que sea, por seleccionado, mejorado, perfeccionado que se encuentre en su forma e instinto y, si queréis, hasta en su formación mental, siempre será un animal? ¿No os dais cuenta de ello? Ello dice muy mal de vuestro orgullo de seudo-superhombres.

Ahora bien, si no lo advertís, no seré Yo quien malgaste palabras tratando de haceros caer en la cuenta y convenceros de vuestro error. Una cosa tan sólo os voy a preguntar a vosotros que por tan inteligentes os tenéis y que nunca os la habéis demandado. Y si me podéis contestar con hechos, nunca más combatiré esta vuestra envilecedora teoría.

Si el hombre procede del mono, el cual, mediante una evolución progresiva alcanzó a ser hombre ¿cómo nunca, en tantos años como hace que mantenéis esta teoría, jamás habéis conseguido, ni aun con los instrumentos tan perfeccionados y métodos de que disponéis ahora, llegar a hacer de un mono un hombre? Podríais tomar de una pareja de monos inteligentes a sus hijos más inteligentes y después a los hijos inteligentes de éstos y así sucesivamente. De este modo vendríais a contar con muchas generaciones de monos seleccionados, instruidos, tratados con el más paciente, tenaz y sagaz método científico. Pero lo que siempre tendríais sería monos. Y, si acaso llegarais a obtener alguna mutación, sería ésta: que los animales serían físicamente menos fuertes y más viciosos moralmente que los primeros ya que, con todos vuestros métodos e instrumentos, no habríais hecho sino destruir aquella perfección simiesca con que mi Padre, al crearlos, dotó a estos cuadrumanos.

Una nueva pregunta: Si el hombre procede del mono, ¿cómo el hombre, nunca hasta ahora, ni aun con inoculaciones y repugnantes cruces, se ha transformado en mono? Seríais incluso capaces de intentar estas aberraciones si supierais que con ellas habíais de poder confirmar vuestra teoría. Mas no lo hacéis porque sabéis que no lograríais hacer del hombre un mono. Haríais acaso de él un horripilante hijo del hombre, un degenerado, un delincuente tal vez; pero jamás un mono verdadero. No lo intentáis porque de antemano sabéis que no tendríais éxito y que con ello desmerecería vuestra reputación.

Por eso no lo hacéis, no por otra causa. Porque, con tal de mantener una tesis, no sentís vosotros remordimiento ni repugnancia alguna en rebajar al hombre al nivel de los brutos. Sois capaces de esto y de mucho más. Y sois ya vosotros brutos ya que negáis a Dios y matáis el espíritu que os diferencia de los brutos.”

“Vuestra ciencia me causa horror. Envilecéis vuestro entendimiento y sois tan faltos de sentido que ni os dais cuenta de ello. En verdad os digo que muchos salvajes son harto más hombres que vosotros.”

La teoría de la evolución, que haría proceder al hombre del mono, plantea muchos interrogantes unos desde la razón y otros desde la fe:

Desde la razón: Los seres humanos participan de una herencia genética fundamental común, lo que hace pensar en un antepasado común del que han heredado dichas características genéticas. Si el hombre hubiera venido a la luz por evolución espontánea de diversos cuadrumanos, lo lógico es que esa evolución hubiera dado nacimiento a diversos primeros hombres, sin que tuvieran una herencia cromosómica fundamental común. El hecho de que pueda hablarse de una primera pareja humana única (con pequeñas diferencias raciales que pueden explicarse por el influjo del medio ambiente) habla en favor de lo que relata la Biblia – la aparición de una única pareja – y para hacerlo compatible con la teoría evolucionista difícilmente podría hacerse sin admitir una intervención de Dios (en el que muchos evolucionistas no creen).

Por otra parte también desde la razón, ¿cómo es posible que de un ser sin razón surja un ser con inteligencia y conciencia, que de un mono salga un hombre? Frente a este interrogante se hace precisa una vez más la intervención de Dios que insuflaría un alma en el bruto, pero Dios también puede hacerlo sin pasar por el bruto, puede hacerlo directamente sobre un poco de barro como leemos en el Génesis. Lo que no se puede admitir es que por generación espontánea de algo carente de una cualidad (del animal sin inteligencia) surja algo con esa cualidad (el hombre inteligente y consciente): no es posible que de lo menos surja lo más, que de la nada relativa surja el ser más perfecto, tal y como sostienen los evolucionistas ateos.

Y por otra parte surgen interrogantes desde la Fe: En primer lugar, la teoría de la evolución afirma que el hombre primitivo era menos perfecto que el actual. Y en cambio la Fe nos dice que los primeros hombres, Adán y Eva gozaban de un estado, el de justicia original, que los hacía inmunes al sufrimiento y a la muerte, estaban libres de la concupiscencia, por lo que tenían un perfecto dominio de sí mismos y una inteligencia luminosa. Así leemos en el Catecismo (universal) de la Iglesia Católica, nº 376: “Por la irradiación de esta gracia (de la gracia de la santidad original), todas las dimensiones de la vida del hombre estaban fortalecidas. Mientras permaneciese en la intimidad divina el hombre no debía ni morir (cf Gn 2, 17;3, 19) ni sufrir (cf Gn 3, 16).”

Así pues, el primer hombre era mucho más perfecto en el orden natural y en el sobrenatural que el hombre actual, lo que choca frontalmente con la teoría de la evolución que supone al primer hombre un casi animal.

En segundo lugar, la Fe nos dice que el hombre está formado, se compone, de cuerpo y alma: Si el cuerpo no fue creado directamente por Dios, sino que procede de la evolución de algunos animales, como sostiene la teoría evolucionista, ¿entonces cuándo fue creada el alma y superpuesta al cuerpo de un hasta entonces solo animal? ¿Es esto creíble y conveniente? Dice, según cuenta María Valtorta, la voz de Dios: “¿Cuándo y cómo habría el hombre de recibir el alma si fuese el producto último de una evolución de seres brutos? ¿Es imaginable siquiera que los brutos hayan recibido, junto con su vida animal, el alma espiritual, el alma inmortal, el alma inteligente, el alma libre? Sólo el pensarlo es una blasfemia. ¿Cómo entonces podían transmitir lo que no tenían? Y ¿podía Dios ofenderse a Sí mismo infundiendo el alma espiritual, su soplo divino, en un animal, todo lo evolucionado que se quiera pensar pero siempre procedente de una dilatada procreación de brutos? Pensar esto es también ofender al Señor”.

Por último, la Fe nos enseña que Adán y Eva pecaron y que nos transmiten desde entonces el “Pecado Original”,["pecado" de manera análoga: es un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un acto,( cf Catecismo Universal nº 404)]. Ahora bien, si este pecado cometido en el origen por nuestros primeros padres es transmitido a todos los hombres, a todos los descendientes de Adán (cf Catecismo Universal, nº 404), ello quiere decir que hubo una única pareja primera de hombres, y no varias como sería lo natural pensar si se admite la teoría de la evolución.

Hay pues muchos motivos de razón y de fe para rechazar, considerándola una fábula sin base científica ni de fe, la teoría de la evolución.

Terminemos con otras palabras que María Valtorta dice que son dictadas por Jesús:

“No hubo autogénesis ni evolución, sino Creación querida por el Creador. Esa razón, de la que tan orgullosos estáis, os debería hacer ver que de la nada no se forma una cosa inicial y que de una cosa única e inicial no puede derivarse el todo.

Sólo Dios puede ordenar el caos y poblarlo con las innumerables criaturas que integran el Universo. Y este Creador potentísimo no tuvo límites en su crear, que fue múltiple, como tampoco lo tuvo en producir criaturas perfectas, cada una con la perfección adecuada al fin para el que fue creada. Es de necios pensar que Dios, al querer para Sí un Universo, hubiera creado cosas informes, habiendo de esperar a ser por ellas glorificado a cuando cada una de las criaturas y todas ellas alcanzase, a través de sucesivas evoluciones, la perfección de su naturaleza, de modo que fuesen aptas para el fin natural o sobrenatural para el que fueron creadas”.

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9 comentarios

  1. margarita

     /  14 abril, 2013

    En mi mente nunca encajó esa teoría de la evolución de Darwin, que es más bien la teoría de involución del ser humano de ser semejante a Dios a ser bruto y animal e irracional.

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  2. pepe

     /  16 abril, 2013

    ME PARECE TOTALMENTE CIERTA ESTA TEORIA YA QUE LOS CIENTIFICOS SON UNOS FALSOS Y UNOS HEREJES QUE MORIRAN EN EL INFIERNO POR ENGAÑAR A LA GENTE DE QUE DIOS NO ES EL CREADOR VIVA VENEZUELA SIEMPRE COMANDANTE

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  3. SUBARU

     /  17 julio, 2013

    Tiene sentido, porque lo que Dios crea es perfecto y no al revés, el que primero fuimos horribles y luego nos embellecimos es algo ilógico, y peor aún que nacimos de la nada!

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  4. Osmar

     /  31 agosto, 2013

    Lo que para los científicos es inteligencia para Dios es una locura…Por eso la sagrada escritura la entienden los humildes de corazón.

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  5. Interesante enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo , ahora si hay algo con que refutar a los que creen en esa falsa teoría evolucionista . Darwin es el único que tuvo cerebro de mono.

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  6. adiela

     /  5 septiembre, 2013

    bien dice la escritura por darselas de sabios pasan por brutos y le quitan todo el poder al todo poderosa cuidada como el no va ha poder crear seres perfectos como el ser humano

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  7. Ana maria

     /  22 septiembre, 2013

    Lean el libro de revelaciones sobre el tema al sacerdote Guido Bortoluzzi

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    • Manolo

       /  25 septiembre, 2013

      Excelente tu aporte Ana María: siempre deseé y me decía que debía de haber alguien a quién el Señor le hubiera mostrado sobre este tema, muchisisisisimas gracias!!!!!!!!

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  8. Martha Martinez

     /  15 diciembre, 2013

    Bien por ese mensaje yo nunca acepté esa teoria, Me parecía que era imposible que un ser racional viniera de un irracionalQue mente tan cerrada los que todavía creen esa teoria.Alabado sea Dios por todas sus creaturas.

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