EL MATRIMONIO CRISTIANO. Y ENRIQUE VIII.

Mensaje de Dios Padre a J. V.,
el 5 de Julio de 1998.
El Matrimonio Cristiano. (Sacramento).
Yo, Vuestro Padre Celestial, os quiero hablar sobre el
matrimonio cristiano.
El matrimonio cristiano, sacramento que asegura Mi Vida
sobre la tierra a través de la transmisión de Mi Amor y de
mis Enseñanzas de los padres hacia los hijos. Este Sacramento santificado en las Bodas de Canaán, teniendo a Mi
Hija, la Santísima Virgen María como intercesora, hace
que éste Sacramento una el Cielo con la Tierra. Los hijos
que provengan de un matrimonio bien realizado por Mi
Iglesia, entran a la Tierra con grandes posibilidades de
santificación, puesto que Mis Valores, Mis Gracias, Mis
Enseñanzas están casi aseguradas en ellos.
El matrimonio cristiano debiera y debe ser, el núcleo de
vida de la Iglesia y de la sociedad. El matrimonio cristiano debe ser ejemplo de la vida que Mi Hijo os dio sobre
la Tierra, los valores que Él os enseñó son y serán inmutables por los siglos de los siglos. Es Mi propia vida la
que se debe vivir en el seno de la familia, debe ser una
prolongación del Cielo, al vivir los valores y las virtudes
que se viven en el Cielo. Debe ser principio de vida y
transmisión de vida en toda la familia. Debe ser una copia fiel de la familia por excelencia, que formaron Mi Hijo 14
y Sus Padres, María y José.
La familia, en su núcleo cristiano, debe ser también simiente para mantener la vitalidad de Mi Iglesia. Si un
hijo Mío proviene de una familia en donde prevalezcan
las virtudes que Mi Hijo les enseñó y si ése hijo Mío escucha el llamado de Mi Corazón para dar su vida para el
sacerdocio, tendrán con seguridad un sacerdote virtuoso
y estable emocionalmente, quién podrá dar juicios acertados a los problemas cotidianos de las personas que a él
se acerquen.
¿Pero qué pasa ahora con los matrimonios cristianos?
Cada vez son menos, las virtudes poco se buscan, la vida
espiritual casi no se concibe. No hay momentos de intimidad espiritual entre los miembros de las familias actuales. Muchos matrimonios se hacen llamar cristianos
porque se casaron en una Iglesia, pero ¿qué hay de su
vida posterior? Nada ó prácticamente nada. Asisten a Misa, si bien les va, una vez a la semana por cumplir con el
requisito mínimo que marca la Santa Madre Iglesia, pero
¿qué vida de amor y de virtud se lleva en él? Otros matrimonios cristianos se apagan en el amor porque no
hubo suficiente “leña” de virtudes y de aceptación del
compromiso hecho Conmigo. Les importa más su bienestar, su paz, su autonomía en vez del sacrificio y la abnegación que Yo pido entre los casados.
Otros prefieren ir en Mí contra, se vuelven traidores a Mi
Sacramente y a Mis Preceptos y se cambian de religión
apostatando a la real y verdadera, para poder nuevamente casarse y llevar una religión más suave, sin tantos
compromisos, porque en esas otras religiones o sectas,
son más “concientes de la realidad actual” y los invitan a

destruir Mi Ley y a ponerse en contra Mía.
Hijos Míos, vuestra concupiscencia y vuestra falta de
amor a Mis Preceptos, os hacen cometer graves faltas
que sólo os atraerán pecado y dolor futuros. Os gusta
señalar en crítica el mal que hacen vuestros semejantes
y no os dais cuenta que estáis obrando igual o pero que
el criticado.
Un antiguo hijo Mío, Enrique VIII, por hacer su voluntad
y dejar que su concupiscencia lo doblegara, crea su propia Iglesia, destruyendo en parte Mi Cuerpo Místico, formando así una secta protestante, ¿no hacéis vosotros lo
mismo ahora? Os separáis de Mi Vida de Iglesia aceptando lo que otros os proponen y así estar en Mi contra, en
vez de luchar con valor contra vuestra concupiscencia y
defendiendo los valores de Mi Iglesia.
Vosotros sabíais que la vida sobre la Tierra no iba a ser
fácil, pero Yo os dí Mis Virtudes, el Amor, la guía del Espíritu Santo y de las Palabras y Ejemplo de Mi Hijo el cuál
fue poco aceptado en Su Tiempo. Sois cobardes hijos Mí-
os y esa cobardía tendrá que ser juzgada en vuestro momento. No tenéis excusas que valgan, porque Me tenéis
a Mí, tenéis las Enseñanzas y Vida de Mi Hijo, Sus Méritos y Su Muerte y Su Resurrección. Tenéis la guía interna
del Espíritu Santo y la ayuda de Mi Hija la Siempre Virgen María. Es vuestro egoísmo, es vuestra soberbia, es
vuestra carnalidad que no habéis logrado vencer por la
falta de virtud. Porque no Me buscáis, porque no Soy lo
primero en vuestras vidas, como debiera ser, porque no
Soy para vosotros vuestro Dios en todo momento, sino el
de conveniencia, el que les resuelve sus problemas para
luego seguir siendo los mismos después de obtener el
favor.16
Así como vosotros Me habéis hecho a un lado de vuestras vidas, así os haré a un lado de la Mía.
Yo deseo un Mundo de virtud y de amor como lo formé
en el Principio y aquellos que se han dejado embaucar
por la serpiente, deberán sufrir lo mismo que vuestros
primeros padres.
Yo no Soy el juez malvado que os imagináis, vosotros
mismos os juzgaréis cuando Yo, Vuestro Padre, os presente e vuestro juicio personal vuestra actuación ante la
Mía, vuestro proceder, ante Mis cuidados amorosos, las
múltiples ocasiones que puse en vuestras vidas para que
recapacitarais ante vuestras múltiples negligencias y sordera a Mi Voz.
Hijos Míos, os amo profundamente, necesito de vosotros.
Pero un Padre necesita que el hijo acepte y que pida perdón por el mal hecho. Yo puedo perdonar todo, acercaos
a Mí, volved a la Casa Paterna como el hijo pródigo y ya
no pequéis.
Defended los principios básicos de la familia y luchad arduamente contra lo que Mi enemigo os propone. Mantened la vitalidad de las familias aceptando los hijos que os
mando. Reflexionad y ved que si vuestras familias y el
Mundo actual están así, no es por Mi falta de ayuda, sino
por vuestra obstinación en manteneros en el pecado y en
la frialdad de corazón hacia vuestro Padre.
Yo exijo Mis derechos, así como vosotros los exigís de
vuestros semejantes. Os he dado demasiado y vosotros
os empeñáis en destruir Mi Obra de vida y salvación. No
os dais cuenta que la orden que dí a vuestra naturaleza

de “CRECED Y MULTIPLICAOS” está siendo profanada
hasta lo más profundo.
Vosotros sabéis que ése es veneno de Mi enemigo, de
vuestro enemigo, quien no desea vuestra salvación, que
os pone en Mi contra.
Recapacitad, el tiempo es corto, vivid Mis virtudes, vivid
cobijados en Mi Amor. Os amo y os bendigo en Mi Nombre, en el de Mi Hijo y en el del Espíritu Santo.

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