LOS DIEZ MANDAMIENTOS EXPLICADOS POR MARIA SANTISIMA.

JESUCRISTO EN LAS FUENTES DE MI DIVINO CORAZÓN. (PARTE 17)
EN LAS FUENTES DE

MI DIVINO CORAZÓN
HALLARÉIS MENSAJES
DE CONVERSIÓN.

…Continuación… (Capitulo II)

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS

Noviembre 18 de 2007. (Fue dictado, por espacios, durante tres días).

La Santísima Virgen María dice:

Venid a mi regazo maternal, pequeño Agustín; y tomad en vuestras manos el lapicero y el papel para que estéis firmemente convencidos de que “quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús. Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, con que podáis aquilatarlos mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo, llenos de frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” (Filipenses 1,4-6 y 9-11).

Escuchad mi dulce voz que os llama a una conversión verdadera de corazón dejando vuestra vida de pecado y en decidiros a servir solamente a Dios, por lo tanto “examinad qué es lo que agrada al Señor, y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas.” (Efesios 5, 10-11).

Hijitos benditos de mi Corazón que por voluntad Divina estáis leyendo este mensaje de amor, entended que el tiempo es demasiado corto, por eso os ruego que volváis vuestros ojos al Señor, que no malgastéis vuestros pocos días desviándoos del camino de Dios. “Cuidad pues, de proceder como Yahvé, vuestro Dios, os ha mandado. No os desviéis ni a derecha ni a izquierda. Seguid en todo el camino que Yahvé, vuestro Dios, os ha trazado: así viviréis, seréis felices y prolongaréis vuestros días en la tierra que vais a tomar en posesión.” (Deut. 5,32-33). “Para que no seamos engañados por satanás, pues no ignoramos sus propósitos” (2Cor. 2,11). “Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes.

En pie, pues, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del maligno. Tomad, también, el yelmo de la salvación

y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios.” (Efesios 6, 13-17). Por eso, “sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe”. (1Pedro 5,8-9). Muchos hombres en la tierra en vez de adorar al Dios Verdadero adoran al príncipe del Hades; él en su astucia os pondrá zancadillas diversas, de tal modo, que deis rienda suelta a vuestras apetencias de la carne, a que busquéis prestigio y a que adquiráis riquezas para posteriormente ser derruidas por el comején del mal y por la polilla infernal para iros consumiendo poco a poco y absorberos para el lago eterno, porque lo único que hicisteis en la tierra fue obedecerle en sus mezquindades manchando vuestro corazón con el pecado. “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.” (Romanos 12,21).

Hijitos, “no os engañéis: las malas compañías corrompen las buenas costumbres. Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.” (1Cor. 15,33-34).

Si verdaderamente supierais el gran amor que mi adorado Hijo Jesús os tiene, rectificaríais vuestra conducta y correríais en buscar sus caminos para encontraros con Él, porque “cerca está Yahvé de los que lo invocan, de todos los que lo invocan con verdad.

El cumple el deseo de los que le temen, escucha su clamor y los libera.” (Salmo 145,18-19).

Él os llama de muchos modos, unas veces por medio de mis hijos predilectos, los sacerdotes, porque una palabra puede ablandar la dureza de vuestro corazón y haceros sensibles a su voz. Por lo que os digo: “arrepentíos pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados.” (Hechos 3,19). Otras veces, porque vuestros problemas y enfermedades físicas y espirituales os ahogan y humanamente no tenéis quien os ayude y por eso volvéis a Él, encontrándoos con Dios, a través de vuestro sufrimiento. Pues no tenemos un “Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna.” (Hebreos 4,15-16).

La Pedagogía Divina es tan variada como la gama de colores que el pintor utiliza para crear su obra maestra, pues “sufrís para corrección vuestra. Como a hijos os trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige?” (Hebreos 12,7).

Cómo le duele al Corazón de Jesús y a mi Inmaculado Corazón veros como ovejas sin pastor, ausentes de su rebaño comiendo tan solo hierbas secas y frutos malsanos, porque todo lo que es tocado por las manos asquerosas de satanás pierde vida y belleza.

El Señor os dice: “mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados. Mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca.” (Ezequiel 34, 6). Porque “así dice el Señor Yahvé: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en días de nubes y brumas.” (Ezequiel 34, 11-12).

“Buscaré la oveja perdida, tomaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma, pero a la que está gorda y robusta la exterminaré: las pastorearé con justicia.” (Ezequiel 34, 16).

“Vosotras ovejas mías, sois el rebaño humano que yo apaciento, y Yo soy vuestro Dios, oráculo del Señor Yahvé.” (Ezequiel 34,31).

¿Por qué desobedecéis a los mandamientos de la ley de Dios? Ellos son el Decálogo para vuestra salvación. Por eso “guarda los preceptos y los mandamientos que Yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que Yahvé tu Dios te da para siempre.” (Deut. 4,40).

El mundo ha creado sus propias leyes, leyes contrarias a los verdaderos propósitos de nuestro Dios. Por lo tanto “que no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias, ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios. Pues el

pecado no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.” (Romanos 6, 12-14). Porque “todas las sendas de Yahvé son amor y verdad para quien guarda su alianza y sus dictámenes.” (Salmo 25,10).

Hijos míos, Jesús os dice: “El que tiene mis mandamientos

y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él”. (Juan 14,21).

¿Por qué os cuesta tanto amar a Dios sobre todas las cosas y a vuestro prójimo como a sí mismo? A vuestros hermanos “Jesús les contestó:

EL PRIMERO ES:

Escucha Israel: El Señor Nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y todas tus fuerzas.” (Marcos 12, 29-30).

Él debe ocupar el primer puesto en vuestras vidas, sólo a Él le amarás y adorarás como Dios verdadero porque no hay un Dios distinto a Él, reconoced su grandeza y no os canséis de alabarle por sus proezas porque “Bendito Tú, oh Yahvé, Dios de nuestro Padre Israel, desde siempre hasta siempre. Tuya, oh Yahvé, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad, pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo, oh Yahvé, es el Reino; Tú te levantas por encima de todo. De ti proceden las riquezas y la gloria. Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la fortaleza, y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia. Pues bien, oh Dios nuestro, te celebramos y alabamos tu Nombre magnífico.” (1Crónicas 29, 10-13).

Huid de los falsos dioses creados por manos humanas, porque “desgraciados en cambio, y con la esperanza puesta en seres sin vida, los que llamaron dioses a obras hechas por manos de hombre, al oro, a la plata, trabajados con arte, a representaciones de animales o a una piedra inútil, esculpidas por mano antigua.” (Sabiduría 13,10).

Hoy Dios os dice: “no habrá para ti otros dioses delante de

Mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni le darás culto, porque Yo Yahvé, tu

Dios, soy un Dios celoso que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Éxodo 20, 3-6).

SEGUNDO MANDAMIENTO

Pequeñitos que deseáis agradar a Dios, “no tomarás en falso el nombre de Yahvé, tu Dios; porque Yahvé no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.” (Éxodo 20,7).

Por lo tanto no juréis en vano su Santo Nombre, no lo utilicéis para alcanzar vuestros propósitos oscuros, camuflados por la mentira y de la falsa piedad, no lo pongáis como testigo en vuestro engaño. “Él no cometió pecado y en cuya boca no se halló engaño. Él, que al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia.” (1Pedro 2,22-23).

Él, es la Luz y la blancura Divina por lo que no debe haber oscuridad o mancha alguna. No contristéis más su Divino Corazón, no hagáis mal uso de su Nombre, colocándolo como coartada en vuestras ambiciones mezquinas, reconoced que habéis faltado a este mandamiento e id a limpiar vuestro corazón en el río purificador del Sacramento de la Confesión porque, a quien “no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en Él.” (2Cor. 5,21), ya que “el que encubre sus faltas no le saldrá bien; el que las confiesa y abandona obtendrá piedad.” (Proverbios 28,13).

TERCER MANDAMIENTO

Hijo que queréis perfeccionaros en el camino al Señor: “Recuerda el día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Yahvé tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día del sábado y lo hizo sagrado.” (Éxodo 20, 8-11).

¿Por qué hijitos se os dificulta tanto en dedicar tan solo media hora o 45 minutos todos los domingos y días de precepto para asistir a la Santa Misa y así cumplir con vuestra obligación de santificar las fiestas? ¿Por qué os cuesta escuchar su palabra y amoldaros a su mensaje? El enemigo con sus artimañas ha penetrado en el corazón de muchos fieles haciéndoles creer que allí la Divinidad de Dios es simbolismo, menguando la importancia que tiene este gran misterio para que alcancéis vuestra salvación porque Jesús ha dicho: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí no tendrá nunca sed.” (Juan 6, 35).

No os dejéis engañar de la astucia de satanás, ya mi Hijo dijo: “Este es el pan que bajó del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.” (Juan 6, 50-51).

Jesús, mis queridos niños, os quiere reunidos como ovejas

de su rebaño para alimentaros de su Cuerpo y de sus Sangre y robusteceros espiritualmente porque en el discurso en la sinagoga de Cafarnaum, mi adorado Hijo dijo: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y Yo le resucitaré el último día. Porque mi Carne es verdadera comida y mi Sangre verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en Mí y Yo en él.” (Juan 6, 54-55).

En la Santa Misa estoy como Madre de la Iglesia para recibiros como a hijos de Dios y ofrendar vuestras vidas como holocausto de amor.

La Eucaristía es la invención Divina de amor que Jesús ha creado para vosotros moradores de la tierra, es el pan celestial de Ángeles, visitadlo con frecuencia y preparad vuestro corazón con actos de adoración, de amor y de caridad para que recibáis al Rey y Dios verdadero revestido en la sencillez de una hostia blanca, y hagáis de vuestro corazón un sagrario y desde allí alabadle y adoradle como lo hacía yo cuando estuvo en mi vientre virginal. Por lo tanto “ofrezcamos sin cesar, por medio de él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que celebran su nombre.” (Hebreos 13,15).

Así como la primera comunidad cristiana “acudía asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.” (Hechos 2,42), vosotros hijitos míos, también debéis imitar esta sana costumbre.

Noviembre 18 de 2007. (Fue dictado, por espacios, durante tres días).

La Santísima Virgen María dice:

Venid a mi regazo maternal, pequeño Agustín; y tomad en vuestras manos el lapicero y el papel para que estéis firmemente convencidos de que “quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús. Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, con que podáis aquilatarlos mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo, llenos de frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” (Filipenses 1,4-6 y 9-11). (…)

CUARTO MANDAMIENTO

Pequeños amantes de mi Jesús: “honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios te va a dar.” (Éxodo 20, 12).

Pensad como Jesús en su gran sabiduría siempre cumplió a la perfección la ley del Altísimo agradándolo en todo y cómo en su extrema humildad, ya que siendo verdadero Hijo de Dios, supo obedecer a su padre adoptivo José y a esta humilde esclava del Señor dándonos la honra como a padres elegidos por el Todopoderoso.

Amados hijos de Jesús y de María, os invito a amar y a respetar a vuestros padres acá en la tierra, ellos fueron designados por Dios para daros vida, reconoced en ellos sus sacrificios y desvelos porque quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora, es quien da gloria a su madre.

Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado.

Quien da gloria al padre vivirá largos años; obedece al Señor, quien da sosiego a su madre: como a su Señor sirve a los que lo engendraron.

En obra y palabra “honra a tu padre para que te alcance su bendición. Pues la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos.

No te gloríes en la deshonra de tu padre, que la deshonra de tu padre no es gloria para ti.

Pues la gloria del hombre procede de la honra de su padre, y baldón de los hijos es la madre en desdoro.

Hijo cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza.

Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor. Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados.

El día de tu tribulación se acordará El de ti; como hielo en

buen tiempo, se disolverán tus pecados.

Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre.” (Eclesiástico 3,3-16).

QUINTO MANDAMIENTO

Cómo hieren mi corazón, vosotros, hombres de dura cerviz al no cumplir con el quinto mandamiento de la ley de Dios: “No matarás.” (Éxodo 20,13).

Pobrecitas almas que habéis apagado el candil de la vida de personas inocentes que aún no era el momento de morir, “sino que vuestras faltas os separaron a vosotros de vuestro Dios, y vuestros pecados le hicieron esconder su rostro de vosotros para no oír. Porque vuestras manos están manchadas de sangre y vuestros dedos de culpa, vuestros labios hablan falsedad y vuestra lengua habla perfidia.” (Isaías 59,2-3). “Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre.

Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.” (Juan 8,44).

Por lo tanto “aléjate de causas mentirosas, no quites la vida al inocente y justo, porque yo no justificaré al malvado.” (Éxodo 23,7).

No toméis en vuestras manos un derecho que tan sólo le corresponde a Dios, porque “habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás y aquel que mate será reo ante el tribunal.” (Mateo 5,21).

Convertíos, “deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar.” (Isaías

55,7), porque “dichoso el que es perdonado de su culpa, y le

queda cubierto su pecado.” (Salmo 32,1).

“Hijitos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo.” (1Juan 2,1).

SEXTO MANDAMIENTO

Peregrinos del Absoluto, que sois vosotros: “no cometerás adulterio.” (Éxodo 20,14). Huid de la fornicación. “Todo pecado que comete el hombre, queda fuera de su cuerpo, mas, el que fornica, peca contra su propio cuerpo.” (1Corintios 6,18). “Por tanto mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia que es una forma de idolatría.” (Colosenses 3,5).

Vuestro mundo yace en las tinieblas de la oscuridad, por lo tanto, pequeñitos míos, “no améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Puesto que todo lo que hay en el mundo: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas no viene del Padre, sino del mundo. El mundo y sus concupiscencias pasan; pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1Jn 2,15-17).

Alejaos del libertinaje sexual “¿no sabíais que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? De ningún modo ¿o no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: los dos se harán una sola carne; mas, el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con Él.

Huid de la fornicación; todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo, mas, el que fornica peca contra su propio cuerpo.

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo que está en vosotros, y lo habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido bien comprados; glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.” (1Corintios 6,15-20).

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