ANA GARCIA DE CUENCA.

Dios No Se Equivoca – Libro 90 – Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen – Tomo XII – Pag. 18-19-20

En Sueño Profético hablaban del Amor a Dios y del amor a tu misma carne, no a la carne que tú le haces andar, sino a la carne que otro espíritu le hace que ande, que aunque no sean tus brazos, pertenecen a tu carne: Son los hijos y los que Dios unió para hacer nacer esta carne. Esto es lo que tú tienes tuyo, para decir: “Es mi carne”. Lo demás es tu familia, prójimo, al que Dios quiere que todos Amen. Pero la carne que es tuya, ante Dios no puede desbaratarla nadie. Cómo puede decir ante Dios una madre, que el hijo no lo alimentó dentro de su cuerpo y con su misma sangre, hasta que luego, al nacer, Dios manda el espíritu y ya vive esa carne. Que antes es pedazo tuyo, que con tu misma vida vive, y si la madre muere, muere el hijo. Cuando Dios manda la vida, ya puede morir uno y quedar otro, aunque sean unos segundos de estar ya separados, cada uno con su espíritu. Pues los que buscan a Dios y Dios los deja unidos, para Dios quedarán siempre como la madre y el hijo, como no haya muerte de uno de los dos unidos. Esto es la Ley de Dios, que Él tiene en ese mundo para que pasen a Éste, donde no existe la carne, que sólo es Vida de espíritu.

Dijo uno, como Sentencia del Cielo:

Por mucho que el hombre quiera desunir esto unido, menos Paz tendrá en la Tierra. Serán manadas de fieras queriendo hacerse corderas. Será abrir las puertas al Infierno y formarle a Dios la guerra. Será defensa al pecado, exponiéndola de mil maneras, todas sin justificación, porque Dios no se equivoca.

Desperté, oí:

No hay asesor que asesore mejor que los Elegidos.

¡Qué claro dice el Mensaje que Él une, pero jamás a su Gloria otra unión sube!

Si Dios admitiera esto, sería la unión de la carne como prenda que te pones.

Ahora compro, ahora vendo, ahora tiro, ahora rompo.

Ahora compro, porque me ha gustado al verla.

Ahora vendo y puedo comprarme otra.

Ahora tiro, porque no pierdo la Gloria, y rompo y mato esta carne porque ya me espera otra.

Cree el hombre que esto es Dios, reformando para que peque.

¡Hombres de sentidos vanos que se olvidan de la muerte!

Sin acordarse de aquel que fue joven y fue fuerte, y cuando menos pensó, se le presentó la muerte.

El que estas Leyes no viva, vive en contra de la Gloria.

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