RENCOR

Jul 13_98 El Rencor. Imprimir E-Mail

Mensaje.

Mensaje de Dios Padre a J.V.

Habla Dios Padre,
Hijitos Míos, hoy les quiero hablar de un mal espiritual muy difundido y es el del Rencor. Este es un mal que existe en muchas, muchas almas y las va destruyendo poco a poco ya que evita el crecimiento espiritual porque va directamente atacando a la Caridad

¿Cuántos hijos Míos no van por la vida llevando consigo ésta carga tan pesada para ellos y para los que los rodean? Un alma rencorosa no crece en la virtud, ni permite que los que están a su alrededor crezcan saludablemente en las virtudes, ya que siempre y a todas horas, les repite los rencores que guarda, no contra una persona, sino contra muchas.

Un alma rencorosa no sabe comprender que Yo, Vuestro Dios, puse un pensamiento y una actitud libres en cada uno de Mis Hijos y así como Yo respeto el libre albedrío en vosotros, ella debiera respetarlos también. El alma rencorosa piensa que todos se tienen que amoldar a ellas. No hay cabida, ni aceptación del libre actuar de los demás.

El alma rencorosa no vive del espíritu, de lo que sale de Mí, sino vive de lo mundano, de lo material. No acepta fácilmente lo espiritual ya que ataca a la virtud su estado de pecado. El alma rencorosa critica fácilmente a los demás porque se siente superior a todos y como la soberbia manda en su vida. Yo no tengo lugar en ella.

Hijos Míos, cuántos corazones veo que llevan ésta carga tan desagradable a Mis Ojos. ¿Acaso os sentís superiores a Mí? Yo, que Soy Vuestro Dios, sé perdonar hasta vuestros pecados más graves. Si he podido perdonar aún a aquellos que matan a Mi Hijo Jesucristo día a día con su mal proceder, no creo que tengáis vosotros pecado ó falta mayor contra vuestros hermanos, que no podáis perdonar. Si vosotros no aprendéis a perdonar a vuestros semejantes, ¿cómo os podré perdonar a vosotros cuando lleguéis a Mi Presencia?

Es el rencor ó falta de caridad, lo que Me impide salvar a muchas almas.
Recordad, hijos Míos, que Yo no condeno a nadie, son vuestras faltas las que os condenan. ¿Cómo vais a poder entrar en Mi Mansión Celestial, en donde se habla de amor, se respira el amor, se vive de puro amor, si no lo habéis cultivado en vuestra vida terrestre hacia los demás?

Estáis muy apegados a los bienes materiales, a vuestro propio yo y os sentís con todo el derecho de afectar o influir en las vidas de vuestros semejantes o de que se le debe toda alabanza a vuestras obras. ¡Alabanzas humanas, apreciación humana es todo lo que os interesa! Vivís para vuestro Dios, vinisteis a trabajar y a daros por Vuestro Dios y es sólo a Mí a quién debéis de ver antes que a nada. No tenéis el derecho a afectar a los demás, ni pedir nada de los demás si Yo no lo permito. No tenéis ningún derecho de criticar a los demás, puesto que no conocéis las almas como Yo, Vuestro Dios, las conoce. El rencor mata vuestras almas por no dejarlas crecer en la virtud, la crítica mata a las almas ajenas como consecuencia del rencor, ya que si el rencor ya destruyó al alma, de ella no podrá salir nada positivo hacia los demás. Actuando con rencor en vuestro corazón, no puede producirse paz ni unión en los que os rodean, siempre habrá lucha, faltas de respeto y hasta falta de Mi Presencia en medio de una familia en donde alguno de los padres, o ambos, vivan en el rencor.

Hijitos Míos, os lo repito y entendedlo bien, no hay lugar en Mí Reino para las almas rencorosas, puesto que carecen de la virtud más grande, la Caridad. El alma rencorosa siente y aparenta que puede hacer actos de caridad y quedan, en la mayoría de los casos, en simple altruismo o en pura vanidad.

Puro fariseísmo para quedar bien ante sus semejante. Y esto es natural, ¿Cómo puede amar a un prójimo viéndome a Mí en él, cuando Yo estoy también en el alma o almas a las que guarda rencores? No hijitos Míos, la Caridad actúa libremente para con todos, el rencor no. Cuando se vive en la Caridad no se afectan los intereses de los demás, se es comprensivo, se sabe perdonar se da sin esperar recompensa y cuando se dá, viéndome a Mí, se reciben de regreso infinidad de bendiciones. Al dar no Me refiero sólo a lo material, que eso es más fácil que el darse con un sincero corazón y con un gran amor hacia los demás. El dar a los demás consiste en dejarme en los demás.

Esa es la verdadera Caridad. Me dejáis acompañando al pan que dais al pobre. Me dejáis en la ayuda espiritual que dais al prójimo necesitado de amor. Me dejáis en la compañía que dais al enfermo. Me dejáis en el necesitado de libertad tanto física como moralmente. Me dejáis, en fin, en todos aquellos que viéndoos a vosotros en vuestros actos y ejemplo, aún en los más simples y sencillos de vuestras vidas, Me ven a Mí, Vuestro Dios.

Olvidad el rencor, hijos Míos, perdonad, puesto que no sois Yo, Vuestro Dios, para poder juzgar a vuestros semejantes. Soy Yo, que Soy Vuestro Dios, sufro mucho más por Mi Pureza y Santidad, ¿por qué vosotros, que sois miseria y llenos de defectos, no aprendéis a perdonar?

¿Cuántas veces no He escuchado vuestra respuesta? No perdono porque lo que me hicieron es más grande que mis fuerzas. Lo sé, sois pequeños e imperfectos, pero Yo habito en vuestro corazón y Yo tengo TODO el poder de dar y retirar. Si vosotros acudierais a Mí con el firme y sincero deseo del perdón hacia los demás, Yo os podría dar la fuerza para venceros y traer paz y amor a vuestras almas aniquiladas por el rencor.

Acudid a Mí Hijo, que tanto sufrió por vosotros, sufrió y sigue sufriendo grandemente por lo que todos vosotros le infringís en Su Corazón por vuestras faltas y El no os guarda rencor por vuestros pecados, ni pide castigo por todo el daño recibido. Si El, teniendo todo el derecho de poderos castigar por vuestras culpas, no lo hace esperando vuestra contrición sincera, ¿por qué vosotros, miserables creaturas a las que tanto amo, obráis así?

Reflexionad con mucha atención, tenéis suficiente tiempo para pedir vuestro perdón a Mí, Vuestro Dios, por vuestras faltas de amor y perdón hacia los demás y quitaros vuestros rencores que no os dejan vivir la vida del amor. Y meditad bien en lo que os dije anteriormente, en Mí Reino no hay cabida para los rencorosos, puesto que están vacíos del verdadero amor, de Mí Amor. No os podréis unir a Mí, Vuestro Dios, si no hay amor sincero y puro que nos una. Acudid a Mi Hija, la Siempre Virgen María, poseedora de todas las virtudes y dispensadora de ellas, para que os conduzca por el camino del verdadero amor, Mí Hijo Jesucristo.

Yo os bendigo en Mi Santo Nombre Divino, en el Nombre de Mí Hijo Amado y en el de Mí Espíritu de Amor.

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