YO

27 de febrero de 2007  ENCUENTRO DE LOS DOS CORAZONES. MADRID.

(Los dos conjuntamente nos han hablado  de una manera especial entrelazando el mensaje para que descubramos  cuando hablaba cada uno en la meditación)

 

Hoy, vuestra Madre  conmigo, os vamos a dar una pequeña enseñanza de amor juntos los dos y ya veréis el por qué  cuando nos oigáis Mis pequeños amados.

          Vosotros pequeños hijos, sois como esos niños recién nacidos para Nosotros, todavía cubiertos en pañales. Y cada vez más en este tiempo con ropas cómodas, vestidos cómodos, hijos, pequeños.

         Los recién nacidos ¿tienen alguna soberbia?  Los recién nacidos ¿qué tienen, si no es nada? Débiles, indefensos, pendientes nada más del amor de sus padres.

          ¡Oh pequeños Míos! qué humildad más grande tiene el recién nacido, ni siquiera su ropaje le puede delatar. Él, no hace nada, absolutamente nada.

         Pequeños, pequeños recién nacidos, a vosotros ¿quién os alimenta si no soy Yo? Os alimento pequeños y nutro vuestra alma cada día con la Eucaristía, con Mi Cuerpo pequeños, para que crezcáis y os elevéis en el amor hacia Nosotros cada vez más Mis pequeños. Y ¿quién os da la gracia material, por lo menos a los que estáis aquí, para que podáis alimentar vuestro cuerpo y nutriros para estar fuertes?  ¿No veis al Padre y a la Madre, hijos? ¿Y quién os da ese calor que necesitáis, sino son Nuestros brazos si no es el Espíritu Santo con su fuego? con ese ardor que os inunda y que os llena y tantas veces recorre vuestro cuerpo hijos, y se posa en vuestra alma dándoos la paz, dándoos ese amor que necesitáis. ¡Oh pequeños…!

         ¿Y no os hemos dado Nosotros una cuna también?

         Pequeños, os hemos recostado en Nuestros brazos acunándoos, dándoos tanto amor, cubriéndoos con nuestros besos, con Nuestros abrazos, llevándoos a Nuestro Corazón, manteniéndoos ahí,  en ese calor que nunca, que nunca se apaga, pequeños.

         ¡Oh pequeños! ¿Y no os hemos limpiado tantas veces? ¿No os he limpiado Yo personalmente? ¿No he limpiado vuestras faltas, vuestros pecados? ¿Tanta, tanta suciedad que habéis llevado, e incluso todavía lleváis?

         Oh pequeños, ¿no estáis abrazados en las manos de la que más os ama? que soy Yo la Madre, que os miro con una ternura y un amor infinito, pequeños,  para llevaros siempre al abrazo del Padre, al beso del Padre.

         ¡Oh pequeños! ¡Cómo se aman a los recién nacidos! porque son débiles, porque son pequeños, porque son el amor de sus padres ¿verdad?

         Pequeños recién nacidos… por eso vosotros en la humildad más profunda, en la sencillez más profunda, sabiendo que todo es gracia en vosotros, nada es vuestro, todo os lo hemos dado Nosotros.

         Entonces ¿por qué ese “yo”? ¿Por qué hijos? Si sois pequeños, si sois la nada y estáis en Nuestros brazos siempre ¿qué más puede desear un recién nacido que sus padres le amen? ¿Qué más puede desear un recién nacido?

           Instintivamente tienen una confianza en la Madre a la que huelen cuando ella se acerca, a la que sienten. Y Yo pequeños, ¿no vigilo siempre vuestro sueño? Hijos que nada más os despertáis ¿no estamos Nosotros acompañándoos con tantos ángeles, con el Espíritu Santo? para que os protejan, para que os inspiren, para que os lleven cada día a esa santidad que deseamos de vosotros.

         ¡Oh pequeños! si vosotros vieseis de una manera mística cómo Dios (Jesús) está formado de tantos pequeños recién nacidos abandonados en  Él, con toda esa confianza puesta en Él, entonces… todo es luz, luz, luz que se derrama y Dios (Jesús) va cubierto de luz que  sois vosotros, hijos.

         ¡Dios os ama tanto! ¡Os ha creado! ¡Formáis parte de Él! ¡Oh pequeños, más amor no se puede!

          Y así, de esta manera sencilla, fácil de entender, meditad en ese “recién nacido” que sois vosotros.

         Hoy no os llamo “gusanitos,” hoy habéis subido de categoría porque sois “recién nacidos” para Nuestros Corazones que os aman  hasta la locura que Dios solo sabe y conoce, porque para vosotros, a vuestra inteligencia, le es imposible penetrar en esos misterios insondables de Dios.

          ¡Cómo os amo pequeños! Benditos seáis, alabados seáis pequeños recién nacidos.

          Nuestra Luz está sobre vosotros y en este momento os tomo el corazón bendiciéndolo, llenándolo de gracia; y esa alma un poco  gris… hijos, la limpio una vez más. Sois recién nacidos, necesitáis siempre un poco de limpieza… así, ya estáis limpios, ya estáis blancos, ya estáis como nos gusta, pequeños.

         Bendecimos todos los objetos con gracias especiales, hijos. Y ese beso que jamás puede faltar en vuestro corazón y en vuestra alma, en vuestra frente: beso de santidad y de gracia, ternura de Dios y de la Madre.

En el Nombre del Padre creador, en el Amor del Hijo Redentor, en el Amor del Espíritu Santo que santifica, hijos, ¡benditos seáis.¡

Vuestra Madre, aunque os ha dicho también algunas frases, difíciles de saber quién era uno y quien era otro para vosotros, hoy os da su abrazo, pequeños recién nacidos, a los cuales amo.

         Os he bendecido, hijos y una vez más os vuelvo a bendecir. Y hoy quiero que llevéis esta bendición y este beso materno también a vuestras familias y a los que os rodean, beso de sanación, beso de gracia, como ya sabéis.  Amen, amen y amen.

 

(Todas estas palabras tan amorosas para que nos olvidemos de nuestros “yo” y crezcamos en humildad)

  (No sé muy bien cuando es Jesús y cuando es Ella, creo que he puesto lo que me parece, pero que me perdonen, pues aunque no es muy tarde estoy muy cansada y con mucho sueño.)

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