DEVOCION A LAS LLAGAS Y DOLORES DE JESUS.

ORACIÓN A LA LLAGA DE LA ESPALDA DE JESÚS
Preguntando San Bernardo al Divino Redentor,cual fue el dolor que más sufrió,y más desconocido por los hombres,Jesús le respondió:
“Yo tenía una llaga profundísima en el hombro sobre el cual cargué mi pesada cruz;esa llaga era la más dolorosa de todas.Los hombres no la conocen.Honrad pues esta llaga y haré TODO llo que por ella pidas”
ORACIÓN:
¡Oh!Amado Jesús,manso Cordero de Dios,a pesar de ser yo una criatura miserable y pecadora,te adoro y venero,la llaga causada por el peso de vuestra cruz,que abriendo vuestras carnes,desnudó los huesos de vuestro hombro sagrado y de la cual Vuestra Madre dolorosa tanto compadeció.También yo oh carísimo Jesús,me compadezco de vos,y desde el fondo de mi corazón te glorifico,te agradesco por esta llaga dolorosa de vuestro hombro en la que quisiste cargar vuestra cruz por mi salvación.¡Ah!por los sufrimientos que padeciste y que aumentaron el enorme peso de vuestra cruz,ruégote con mucha humildad,ten piedad de mi pobre criatura pecadora perdonad mis pecados y conducidme al cielo por el camino de la cruz.
Se rezan siete Ave María y se agrega:”Madre Santísima,imprime en mi corazón las llagas de Jesús Cristo Crucificado”Indulgencia de 300 días cada vez.”Oh dulcísimo Jesús,no seas mi Juez,si mi Salvador”.Indulgencia de 100 días cada vez.

13 comentarios sobre “DEVOCION A LAS LLAGAS Y DOLORES DE JESUS.

  1. Las quince torturas secretas de Nuestro Señor Jesucristo

    “Los judíos me consideraban el hombre más desgraciado en toda la tierra, es por eso que:

    (1)- Ataron mis pies con una cuerda y me arrastraron por los peldaños de la escalera, hasta una bodega mugrienta y nauseabunda.

    (2)- Me despojaron de mi ropa e hincaron mi cuerpo con pedazos de hierro.

    (3)- Me amarraron una cuerda alrededor de mi cuerpo y me hicieron caer al suelo, de un extremo al otro.

    (4)- Me colgaron de un madero con un nudo corredizo hasta que me resbalé y caí. Abrumado por esta tortura, derramé lágrimas de sangre.

    (5)- Me ataron a un poste e hirieron mi cuerpo con diversas armas.

    (6)- Me golpearon con piedras y me quemaron con brasas ardientes y antorchas.

    (7)- Me hirieron con punzones; lanzas agudas me arrancaron la piel, la carne y las arterias.

    (8)- Me amarraron a un poste y me hicieron pararme, descalzo, sobre una lámina de metal incandescente.

    (9)- Me coronaron con una corona de hierro y me vendaron los ojos con los trapos más sucios posibles.

    (10)- Me hicieron sentar en una silla cubierta con clavos de punta aguda, que causaron profundas heridas en mi cuerpo.

    (11)- Me pusieron en las heridas plomo líquido y resina y, luego de esta tortura, me empujaron contra la silla de clavos, de modo que los clavos penetraran más y más profundo en mi carne.

    (12)- Para vergüenza y aflicción, enterraron agujas en los agujeros de mi barba, que me arrancaron. Me amarraron las manos tras la espalda y me sacaron de la prisión a puñetazos y golpes.

    (13)- Me arrojaron sobre una cruz y me amarraron tan fuerte que casi no podía respirar.

    (14)- Me golpearon en la cabeza mientras yo yacía en tierra, y se pararon sobre mí, lastimando mi pecho. Luego, tomando una espina de mi corona, la clavaron en mi lengua.

    (15)- Echaron en mi boca las excreciones más inmodestas, mientras hacían las expresiones más infames sobre mí.

    Luego Jesús agregó: “Hija mía, deseo que le hagas saber a todo el mundo estas QUINCE TORTURAS SECRETAS, para que todos sean honrados. Cualquiera que me ofrezca a diario, con amor, uno de estos sufrimientos y diga con fervor la siguiente oración, será recompensado con la gloria eterna en el día del juicio.

    La oración que Jesús nos pidió que hiciéramos dice como sigue:

    Mi Señor y mi Dios, es mi voluntad inalterable honrarte en estos QUINCE TORMENTOS SECRETOS, cuando Tú derramaste Tu Preciosa Sangre: tantas veces como haya granos de arena alrededor de los mares, como granos de trigo en los campos, o briznas de hierba en los prados, como frutos en los huertos, como hojas en los árboles, o flores en los jardines, como estrellas en el cielo, como ángeles en el Cielo, como criaturas en la tierra; tantas miles de veces tú serás glorificado, alabado y honrado, oh, Señor Jesucristo, el más digno de ser amado, Tu Sacratísimo Corazón, Tu Preciosa Sangre, Tu Divino Sacrificio por la humanidad, el Santísimo Sacramento del Altar, La Santísima Virgen María, los nueve gloriosos coros de ángeles y la Bendita Falange de los Santos, de mí y de todos, ahora y para siempre, y por los siglos eternos.

    De la misma manera, yo deseo, Mi querido Jesús, darte gracias, servirte, reparar y expiar todas las ignominias, y ofrecerte mi alma y cuerpo como Posesiones Tuyas por siempre.” Así mismo, lamento por todos mis pecados y sea Tu perdón, Oh mi Señor y mi Dios. Y Te ofrezco todos los meritos de Jesucristo para reparar todo, para obtener una muerte feliz y la liberación de las almas del Purgatorio. Esta oración, yo deseo renovarla en cada hora hasta mi muerte Oh amoroso Jesús, Dulce Salvador, fortifica mi resolución y no permitas que hombres malvados o Satanás la destruyan. ¡Amén!

    IMPRIMATUR: J. Bustamante, Prov. Y. Vicario Gral; Copyright By: Bros. Cesar Luna, SFO, November 1990 … “MIRACLES OF OUR LORD OF PARDON”!

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  2. DEVOCIÓN A LAS GOTAS DE SANGRE QUE CRISTO PERDIÓ EN SU CAMINO AL CALVARIO

    Bendecida por su Santidad el Papa León XIII, en Roma, 5 Abril, 1890.

    Las Santas Elizabeth (Reina de Hungría), Matilda y Bridget, deseando saber algo de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecieron fervientes y especiales oraciones, después de que Nuestro Señor les reveló lo siguiente:

    A todo creyente que recite durante 3 años, cada día, dos Padrenuestros, dos Avemarías y dos Glorias, en honor de las gotas de sangre que perdí, le concederé las cinco gracias siguientes:

    1 La indulgencia plenaria y remisión de sus pecados.

    2 Estará libre de las penas del Purgatorio.

    3 Si debiera morir antes de completar los 3 años señalados, para él será igual que si los hubiera completado.

    4 A la hora de su muerte, será como si hubiese derramado toda su sangre por la Santa Fé.

    5 Yo mismo, descenderé del cielo a llevar su alma y la de sus familiares, hasta la cuarta generación.

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  3. LA PASIÓN DE CRISTO, SEGÚN LAS REVELACIONES DE SANTA BRÍGIDA
    Cerca estamos de la Gran y Santa Cuaresma, y una buena práctica piadosa es traer a la mente y el corazón los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz y las angustias que traspasaron el Inmaculado Corazón de María por esta causa.

    A este propósito, compartimos un fragmento del Capítulo X del Libro Primero de las Revelaciones de Santa Brígida, donde Nuestra Señora le narra a la vidente detalles de la Pasión de Cristo. He aquí las palabras de María Santísima:

    […] Cuando llegó el momento de la pasión de mi Hijo, sus enemigos lo arrestaron. Lo golpearon en la mejilla y en el cuello, y lo escupieron mofándose de él. Cuando fue llevado a la columna, él mismo se desnudó y colocó sus manos sobre el pilar, y sus enemigos se las ataron sin misericordia. Atado a la columna, sin ningún tipo de ropa, como cuando vino al mundo, se mantuvo allí sufriendo la vergüenza de su desnudez. Sus enemigos lo cercaron y, estando huidos todos sus amigos, flagelaron su purísimo cuerpo, limpio de toda mancha y pecado. Al primer latigazo yo, que estaba en las cercanías, caí casi muerta y, al volver en mí, vi en mi espíritu su cuerpo azotado y llagado hasta las costillas.

    El profeta Isaías contempló la Flagelación de Nuestro Señor, y describe al Divino Redentor con estas palabras: “Lo vimos despreciado, y desecho de los hombres, Varón de dolores y sabedor de dolencias; nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado, y por Sus llagas hemos sido sanados” (Isaías LIII, 3- 5)

    Lo más horrible fue que, cuando le retiraron el látigo, las correas engrosadas habían surcado su carne. Estando ahí mi Hijo, tan ensangrentado y lacerado que no le quedó ni una sola zona sana en la que azotar, alguien apareció en espíritu y preguntó: ‘¿Lo vais a matar sin estar sentenciado?’ Y directamente le cortó las amarras. Entonces, mi Hijo se puso sus ropas y vi cómo quedó lleno de sangre el lugar donde había estado y, por sus huellas, pude ver por dónde anduvo, pues el suelo quedaba empapado de sangre allá donde Él iba. No tuvieron paciencia cuando se vestía, lo empujaron y lo arrastraron a empellones y con prisa. Siendo tratado como un ladrón, mi Hijo se secó la sangre de sus ojos. Nada más ser sentenciado, le impusieron la cruz para que la cargara. La llevó un rato, pero después vino uno que la cogió y la cargó por Él. Mientras mi Hijo iba hacia el lugar de su pasión, algunos le golpearon el cuello y otros le abofetearon la cara. Le daban con tanta fuerza que, aunque yo no veía quién le pegaba, oía claramente el sonido de la bofetada.

    Cuando llegué con Él al lugar de la pasión, vi todos los instrumentos de su muerte allí preparados. Al llegar allí, Él solo se desnudó mientras que los verdugos se decían entre sí: ‘Estas ropas son nuestras y Él no las recuperará porque está condenado a muerte’. Mi Hijo estaba allí, desnudo como cuando nació y, en esto, alguien vino corriendo y le ofreció un velo con el cuál el, contento, pudo cubrir su intimidad. Después, sus crueles ejecutores lo agarraron y lo extendieron en la cruz, clavando primero su mano derecha en el extremo de la cruz que tenía hecho el agujero para el clavo. Perforaron su mano en el punto en el que el hueso era más sólido. Con una cuerda, le estiraron la otra mano y se la clavaron en el otro extremo de la cruz de igual manera.

    “Yo, el creador del pudor, permití que me desnudaran para expiar la inmodestia en el vestir que en estos últimos tiempos se está presentando” (Palabras de Nuestro Señor a un mensajero)

    A continuación, cruzaron su pie derecho con el izquierdo por encima usando dos clavos de forma que sus nervios y venas se le extendieron y desgarraron. Después le pusieron la corona de espinas[1] y se la apretaron tanto que la sangre que salía de su reverenda cabeza le tapaba los ojos, le obstruía los oídos y le empapaba la barba al caer. Estando así en la cruz, herido y sangriento, sintió compasión de mí, que estaba allí sollozando, y, mirando con sus ojos ensangrentados en dirección a Juan, mi sobrino, me encomendó a él. Al tiempo, pude oír a algunos diciendo que mi Hijo era un ladrón, otros que era un mentiroso, y aún otros diciendo que nadie merecía la muerte más que Él.

    “Rogaba en todo tiempo a Dios que me permitiera morir con mi Hijo, si así convenía para verificar el Misterio de vuestra Redención” (Palabras de Nuestra Señora a un mensajero)

    Al oír todo esto se renovaba mi dolor. Como dije antes, cuando le hincaron el primer clavo, esa primera sangre me impresionó tanto que caí como muerta, mis ojos cegados en la oscuridad, mis manos temblando, mis pies inestables. En el impacto de tanto dolor no pude mirarlo hasta que lo terminaron de clavar. Cuando pude levantarme, vi a mi Hijo colgando allí miserablemente y, consternada de dolor, yo Madre suya y triste, apenas me podía mantener en pie.

    Viéndome a mí y a sus amigos llorando desconsoladamente, mi Hijo gritó en voz alta y desgarrada diciendo: ‘¿Padre por qué me has abandonado?’ Era como decir: ‘Nadie se compadece de mí sino tú, Padre’. Entonces sus ojos parecían medio muertos, sus mejillas estaban hundidas, su rostro lúgubre, su boca abierta y su lengua ensangrentada. Su vientre se había absorbido hacia la espalda, todos sus fluidos quedaron consumidos como si no tuviera órganos. Todo su cuerpo estaba pálido y lánguido debido a la pérdida de sangre. Sus manos y pies estaban muy rígidos y estirados al haber sido forzados para adaptarlos a la cruz. Su barba y su cabello estaban completamente empapados en sangre.

    Estando así, lacerado y lívido, tan sólo su corazón se mantenía vigoroso, pues tenía una buena y fuerte constitución. De mi carne, Él recibió un cuerpo purísimo y bien proporcionado. Su cutis era tan fino y tierno que al menor arañazo inmediatamente le salía sangre, que resaltaba sobre su piel tan pura. Precisamente por su buena constitución, la vida luchó contra la muerte en su llagado cuerpo. En ciertos momentos, el dolor en las extremidades y fibras de su lacerado cuerpo le subía hasta el corazón, aún vigoroso y entero, y esto le suponía un sufrimiento increíble. En otros momentos, el dolor bajaba desde su corazón hasta sus miembros heridos y, al suceder esto, se prolongaba la amargura de su muerte.

    Sumergido en la agonía, mi Hijo miró en derredor y vio a sus amigos que lloraban, y que hubieran preferido soportar ellos mismos el dolor con su auxilio, o haber ardido para siempre en el infierno, antes que verlo tan torturado. Su dolor por el dolor de sus amigos excedía toda la amargura y tribulaciones que había soportado en su cuerpo y en su corazón, por el amor que les tenía. Entonces, en la excesiva angustia corporal de su naturaleza humana, clamó a su Padre: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu’.

    Cuando yo, Madre suya y triste, oí esas palabras, todo mi cuerpo se conmovió con el dolor amargo de mi corazón, y todas las veces que las recuerdo lloro desde entonces, pues han permanecido presentes y recientes en mis oídos. Cuando se le acercaba la muerte, y su corazón se reventó con la violencia de los dolores, todo su cuerpo se convulsionó y su cabeza se levantó un poco para después caérsele otra vez. Su boca quedó abierta y su lengua podía ser vista toda sangrante. Sus manos se retrajeron un poco del lugar de la perforación y sus pies cargaron más con el peso de su cuerpo. Sus dedos y brazos parecieron extenderse y su espalda quedó rígida contra la cruz.

    Entonces, algunos me decían: ‘María, tu Hijo ha muerto’. Otros decían: ‘Ha muerto pero resucitará’. A medida que todos se iban marchando, vino un hombre, y le clavó una lanza en el costado con tanta fuerza que casi se le salió por el otro lado. Cuando le sacaron la espada, su punta estaba teñida de sangre roja y me pareció como si me hubieran perforado mi propio corazón cuando vi a mi querido hijo traspasado. Después lo descolgaron de la cruz y yo tomé su cuerpo sobre mi regazo. Parecía un leproso, completamente lívido. Sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca tan fría como el hielo, su barba erizada y su cara contraída.

    Sus manos estaban tan descoyuntadas que no se sostenían siquiera encima de su vientre. Le tuve sobre mis rodillas como había estado en la cruz, como un hombre contraído en todos sus miembros. Tras esto le tendieron sobre una sábana limpia y, con mi pañuelo, le sequé las heridas y sus miembros y cerré sus ojos y su boca, que había estado abierta cuando murió. Así lo colocaron en el sepulcro. ¡De buena gana me hubiera colocado allí, viva con mi Hijo, si esa hubiera sido su voluntad! Terminado todo esto, vino el bondadoso Juan y me llevó a su casa. ¡Mira, hija mía, cuánto ha soportado mi Hijo por ti!

    NOTA

    [1] Explicación del Libro 7 – Capítulo 15 (from the english translation): “Entonces la corona de espinas, que habían removido de Su cabeza cuando estaba siendo crucificado, ahora la ponen de vuelta, colocándola sobre su santísima cabeza. Punzó y agujereó su imponente cabeza con tal fuerza que allí mismo sus ojos se llenaron de sangre que brotaba y se obstruyeron sus oídos.”

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  4. dios mio despues de leer esto que pude uno desir que amor tan grande por nosotros sin tu alluda señor no podremos benser señor por tu dolorosa pasion danos la grasia de combert irnos maria intersede por nosotros

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  5. El mundo está como está, porque nos hemos olvidado de su pasión, y debemos saber que todo lo que el sufrió está en acto, por eso cuando el quiere lleva a un alma muy amada por el a ser testigo de su pasión y muerte.
    Si todos recordaramos todo ese sufrimiento no pecaríamos tanto como pecamos. GRACIAS SEÑOR POR TU AMAR TAN GRANDE Y MISERICORDIOSO, GRACIAS POR TU MADRE AMOROSA QUIE NOS TIENE SIEMPRE BAJO SU MIRADA MATERNA, DESPIERTA EN NOSOTROS LA INTENCIÓN DE RECORDAR TU PASIÓN, PARA NO OLVIDAR CJUANTO NOS HAS AMADO Y CUANTO TE DEMOS AMAR NOSOTROS.

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  6. Bendito y alabado seas mi querido Jesús, Rey de todo lo creado. Bendito, bendito, bendito, bendito, bendito, bendito, bendito seas en los cielos, en la tierra, en los abismos, que toda criatura te alabe sin sesar!

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  7. Bendito y alabado sea nuestro amantisimo Señor Jesucristo, por todo lo que ha hecho por nosotros por su amor infinito y su sufrimiento infinito tambien a causa de nuestras iniquidades.
    Dios Padre ten misericordia de nosotros que somos menos que la basura y no merecemos tu perdon.Cuanto mal te hacemos y tu nos devuelves bien . Ten piedad y misericordia Señor.

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  8. Seas por siempre,BENDITO Y ALABADO JESUS SACRAMENTADO,Y EL INMACULADO CORAZON DE MARIA SANTISIMA.Perdona DIOS PADRE TODAS LAS OFENSAS QUE LE HACEMOS A TU SACRATÍSIMO HIJO,QUE SINTAMOS VERDADERO DOLOR POR NUESTROS PECADOS Y TE ROGUEMOS NO PECAR MAS. SINO QUE SEAMOS VERDADEROS APOSTOLES DE JESUS, SEÑOR DANOS UN CORAZÒN,NUEVO PARA SABER AMAR ,COMO JESUS NOS AMO .

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  9. MI JESUS SACRAMENTADO PERDON SENOR POR TODAS LAS PERSONAS Q BLASFEMAN SOBRE TI,SIENTO DOLOR EN MI CORAZON CUANDO ESCUCHO LAS OFENSAS QUE HACEN SOBRE TI, PIENSO COMO PUEDES AGUANTAR TANTO. TE RUEGO SENOR TENGAS MISERICORDIA DE NOSOTROS Dame tu candides senor y ensename a no ser ligera de pensamiento..

    alicia vasquez

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  10. Por las santísimas llagas de tu bendito cuerpo te doy gracias de todo lo q nos das y danos señor fuerza, fortaleza, temor para cambiar al mundo para q seamos Buenos y se termine la violencia, enseñanos a perdonar como tu nos perdonas y vuelve a todos y cada uno d tus hijos buenos y q no olvidemos q gracias. A ti tenemos vida. Perdóna nuestros pecados y bendiciones a todos el mundo gracias por tu bendito amor

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