LEYES INJUSTAS.

Pequeñas cruces, pequeños premios

Cada llaga de Mi Sacratísimo Cuerpo fue un acto de reparación que Yo ofrecía a Mi Padre Eterno por el pecado que invadía el mundo. Yo, Jesús, os hablo.
Y si muchas fueron las llagas de Mi Divino Cuerpo, muchas más fueron las llagas que padecí en el alma y que solo a personas privilegiadas a lo largo de los siglos, se le ha dado a conocer. Yo, Jesús, os hablo.
Porque hijos, el sufrimiento atroz que padecí en todas las dimensiones, Cuerpo, Alma y Divinidad, no lo conoceréis en esta vida, y aun conociéndolo, no lo entenderíais y pensaríais que porqué tuve que sufrir tanto. Solo Mi Madre Santísima, alcanzó a comprender por la luz de Mi Santo Espíritu, hasta donde llegó Mi tortura física y moral, y Ella, padecía al igual que Yo aunque incruentamente también sufrimientos atroces, porque su unión Conmigo la hizo participar en todas Mis cosas. Yo, Jesús, os hablo.
Vosotros cuando tenéis un sufrimiento o un dolor amargo os quejáis y os creéis víctimas inigualables, pero no hijos, no, todos los sufrimientos de los hombres juntos no son nada comparados con los que Yo padecí. ¿Cómo puedo explicaros en lenguaje humano lo que fue una obra divina? Mi Padre Eterno vio el alcance de Mis sufrimientos, de Mi inmolación y por eso, porque nadie ha llegado a superar al Hijo del Hombre, El Me ensalzó sobre todo nombre, en el Cielo y en la Tierra, de manera que ante Mi Santo Nombre toda rodilla se doble (Flp 2,10). Yo, Jesús, os hablo.
Pero porque Me alimenté hasta la saciedad con el sufrimiento os entiendo muy bien cuando sufrís, y aunque a veces Me llamáis y reclamáis Mi favor, a pesar de que os escucho, tardo en intervenir para haceros más parecidos a Mí, más santos y para mayor corona, solo cuando el alma puede sucumbir, es cuando intervengo velozmente o cuando vuestra oración asidua y llena de fe, Me obliga a intervenir porque estáis en las debidas disposiciones de que así sea. Yo, Jesús, os hablo.
Animo hijos Míos, que el padecimiento nunca sea obstáculo para vosotros de seguir adelante en vuestra vida espiritual. No abandonéis el camino emprendido, seguid avanzando, porque no podéis preveer el gozo que os espera por un puñado de lágrimas terrenales. Sed para Mí pequeños pero auténticos cristos que estén dispuestos a colaborar Conmigo en la salvación de las almas y, recordad que todo aquel que salva a un alma predispone la suya también a la salvación. Yo, Jesús, os hablo, os amo y os bendigo. Mi paz a todo aquel que leyendo estos mensajes los pone en práctica.

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