LOS SIETE DOMINGOS A SAN JOSE.

SIETE DOMINGOS A SAN JOSE

Deben hacerse confesando y comulgando.

 

Antífona (para todos los días): Tenía Jesús al comenzar su vida pública como treinta años, hijo, según se pensaba de José.

V: Rogad por nosotros San José.

R: Para que seamos dignos de alcanzar las pro-mesas de Jesucristo.

 

PRIMER DOMINGO

Oh castísimo esposo de María, glorioso San José: qué aflicción y angustia la de vuestro corazón en la per-plejidad en que estabais, sin saber si debíais abandonar o no a vuestra esposa sin mancilla.

Pero cuál no fue también vuestra alegría, cuando el ángel reveló el gran misterio de la Encarnación.

Por ese dolor y gozo, os pido consoléis nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte, seme-jante a la vuestra, asistidos de Jesús y de María.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

SEGUNDO DOMINGO

Oh bienaventurado patriarca glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentisteis, viendo nacer al Niño Jesús en tan gran pobreza, se cambio de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los án-geles, y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles, y a gozar de los resplan-dores de la gloria celestial.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

TERCER DOMINGO

Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José: la sangre preciosísima que el reden-tor derramó en su circuncisión os traspasó el corazón, pero el nombre de Jesús, que entonces se le impuso, os confortó, llenándoos de alegría.

Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los la-bios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

CUARTO DOMINGO

Oh santo fidelísimo, que tuvisteis parte en los mis-terios de nuestra redención, glorioso San José: aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María, os causó dolor a par de muerte, sin embargo, os llenó también de alegría, anun-ciándoos al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa, que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

Por ese dolor y por ese gozo, conseguidnos ser del número de los que por los méritos de Jesús y por la intercesión de la bienaventurada Virgen María han de resucitar gloriosamente.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

QUINTO DOMINGO

Oh custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José: cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, parti-cularmente en vuestra huída a Egipto, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con vos al mismo Dios, y viendo derribados los ídolos de Egipto.

Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos, y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

SEXTO DOMINGO

Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que pu-disteis admirar al Rey de los Cielos, sometido a vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor de Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el ángel vivisteis dichoso en Na-zaret con Jesús y María.

Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor noci-vo; de poseer la paz de la conciencia, de vivir seguros con Jesús y María, y de morir también asistidos de ellos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

SÉPTIMO DOMINGO

Oh modelo de toda santidad, glorioso San José, que, habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús, le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta que lleno de gozo le encontrasteis en el Templo, en medio de los doctores.

Por este dolor y gozo os suplicamos, con palabras salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor, para que no nos suceda jamás perder a Jesús por algún pe-cado grave. Mas si por desgracia le perdiéramos, haced que le busquemos con tal dolor, que no nos deje repo-sar hasta encontrarle favorable, sobretodo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar eterna-mente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

FINAL (para todos los días): Acordaos: Oh purí-simo Esposo de María, oh dulce protector mío San José, que jamás se oyó decir que haya dejado de ser conso-lado uno solo de cuantos han acudido a vuestra protec-ción e implorado vuestro auxilio. Con esta confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo a Vos fer-vorosamente, oh padre nutricio del Redentor. No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas piado-samente. Amén.

 

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable os dignasteis escoger al bienaventurado José para esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos conce-dáis la gracia de que, venerándole en la tierra como a nuestro protector, merezcamos tenerle por intercesor en los cielos. Amén.

 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

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