ADORAR AL AMOR.

Mensajes dictados a Catalina Rivas Estigmatizada boliviana
MI CORAZÓN, SACUDIDO POR EL PECADO, SUDA SANGRE
PC-49 21-Oct-96 El Señor
Amor de Mis dolores, vamos a trabajar un poco… Lo que algunos
científicos han intuido a propósito de la progresiva pérdida de energía
por parte del mundo y de la consiguiente muerte por entumecimiento, es
una pálida imagen de la amenaza mucho peor que pesa sobre la
humanidad: el entumecimiento de los hombres por la falta de amor.
Ten más cuidado, te distraes fácilmente. Oremos…
(Me hace rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, me dice que escriba todo
esto.)
Continuemos. El Hijo del Hombre: Yo, el Hijo de Dios, cuyo Corazón
palpita y se desangra por ustedes, cuyo amor cordial les trae la salvación
y que reposa en el Corazón del Padre, Soy una sola cosa con el amor del
Padre, Soy la revelación insuperable del amor paterno. Yo, con Mi amor
ardiente, no Me presento como modelo y fin de todo amor, sino que
vengo para sumergirlos en Mi amor.
Mi Padre y Yo queremos ver en ustedes un gran deseo de adorar el
amor, de alabarlo, de amarlo junto a todos los verdaderos amantes a este
Mi Corazón, en mayor medida a aquellos que dejan enfriar su corazón.
Quiero ver su capacidad de amar purificada y reforzarla. Quiero que
Mi amor conquiste también sus corazones. Quiero que Mi Corazón ame
a los hombres también en sus corazones y mediante sus corazones.
Si el rostro del enamorado se ilumina a la vista de la amada, sus
corazones deberían morir de gozo al saber que la felicidad del
enamorado es tan sólo un símbolo de que Yo los miro con ojos
cariñosos… Al observar la sonrisa del hijo amado —sonrisa que es ya
respuesta a un amor correspondido— el corazón de los padres palpita
con mayor rapidez. Sólo el estúpido, el soberbio, ignora que esto viene
del Creador de todo.
Pero todo esto es únicamente el preludio de la revelación
infinitamente más grande del amor del Padre en Mi encarnación. La
creación es ya una manifestación del Verbo eterno, al que Mi Padre
comunica todo Su Ser, todo Su amor, y por quien todo Ha sido hecho.
En el Hijo encarnado, Dios Padre entra sin reservas en su miseria. Se
coloca de parte de los pobres y los pequeños, para que reconozcan la
verdadera riqueza para la que El mismo los habilita.
Y Yo, condivido sus fatigas, sus desilusiones, su fragilidad. Cargo
sobre Mí el peso de sus pecados. Tengo tanto interés por su miseria, que
Mi Corazón compasivo y sacudido por el pecado, suda sangre en
Getsemaní…

 

(JESUS NOS PIDE ADORACIONES EUCARISTICAS)

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