FE.

REVELACIONES DADAS POR MARÌA SANTÌSIMA A AGUSTÌN DEL DIVINO CORAZÒN . –

La Virtud de la Fe
Abril 28/08 (1:10 p.m.)
María Santísima dice:
“Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para

la prueba.
Endereza tu corazón, mantente firme, y no te aceleres en
la hora de la adversidad” (Eclesiástico 2,1-2).
Caminar en el Señor es andar por caminos entre rosas y
espinas; espinas que hieren vuestro corazón porque, aún,
os cuesta morir al hombre viejo, aún os falta
desprenderos de vosotros mismos y lanzaros en sus
manos, manos que os abrazarán para que no caigáis en el
vacío.
Os falta robustecer vuestra fe, porque decís creer en Dios
pero os falta más abandono a los Misterios de la Divina
Providencia, ya que os atrevéis a cuestionar los designios
de Dios; os atrevéis a sugerirle nuevas rutas, nuevos
caminos.
En fe acepté el Anuncio que me hizo el Ángel Gabriel.
En fe no me detuve a pensar en el qué dirían las gentes de
mí.
En fe acepté el Misterio de la Corredención que daba
inicio al decir SÍ, al aceptar ser la Madre del Redentor.
En fe no sentí miedo en abrazar la cruz del sufrimiento,
porque mi Corazón sabía que Dios se ocuparía de mí.
En fe creía que José aceptaría ser el custodio y protector
de los Corazones Unidos, Corazones que siempre
permanecerían juntos, porque Dios me congració de
dones especiales que me permitía sentir sus mismas
emociones, sus mismos estados de ánimo.
En fe mi Hijo crecía en mi vientre y yo le adoraba como
mi Dios.
En fe huimos a Egipto en la oscuridad de la noche, pero
asistido de los Santos Ángeles que nos guiaban.
En fe nació el Hijo de Dios, en una pobreza tal que
abrumaba mi Corazón, pero confiaba en su Divina
Voluntad, porque el Verbo encarnado me había sido
enviado para que lo cuidase y lo protegiese.
En fe el Niño Jesús crecía en estatura y en Sabiduría y
todo lo que nos acontecía lo guardaba en mi corazón.
En fe abogué ante mi Hijo en las bodas de Caná.
En fe lo acompañé espiritualmente en sus viajes, en sus
misiones, porque conocía de sus milagros, de sus
portentosas prédicas que producían efectos maravillosos
en todas las almas.
En fe estuve con mi Hijo en el doloroso trance de su
Pasión. Mi Corazón sufría y se desgarraba de dolor al ver
cómo era tratado.
En fe creía en su Resurrección, en su triunfo victorioso
contra la muerte.
En fe, hijitos, no me cuestioné el por qué Dios Padre
eligió a una joven mujer de campo, a una sencilla aldeana
para ser la Madre del Salvador.
Acepté y caminé a ciegas, segura de nunca caer, porque
nuestros caminos no son los caminos del Señor.
Acepté sufrimientos variados, penurias diversas con la
esperanza del auxilio que provenía del cielo.
Que vuestra fe no se tambalee de un lado para otro y
caiga como las hojas de los árboles.
Aceptad pacientemente todo lo que Dios os envíe, que Él
dispone para el bien de todos los que le aman.
Que vuestra fe crezca como el tálamo y el ciprés, no
pretendáis discurrir sus misterios. Aceptadlos con agrado
y guardadlos en vuestro corazón.
La fe se os ha dado como un regalo de Dios, caminad con
entereza, con vuestra frente en alto y con vuestro corazón
abierto, porque según sea vuestra fe, así serán las obras.

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