A QUIEN NO ESCUCHE ESTAS PALABRAS YO LE PEDIRE CUENTAS.

4º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo B, 1 febrero 2015

Ha sido proclamado, en la primera lectura, el pasaje del Pentateuco o ley de Moisés en que de una manera genérica hace referencia a todos los profetas que iba a tener el pueblo de Israel a lo largo de su historia. Pero el texto alude a un determinado profeta del que no da ningún dato especial, pero siempre se entendió que era el profeta por excelencia: “Suscitaré un profeta de entre tus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas.” Tanto san Pedro como san Esteban explicaron que este texto se refiere a Jesucristo. El Evangelio de hoy nos ha dicho por dos veces que Jesús hablaba con autoridad, no como los letrados. Y esa manera de hablar resultaba totalmente nueva para los que escuchaban. Nosotros leemos en el Evangelio las palabras de Jesús, pero ya nos resultan tan familiares que no nos hacen mella. Por eso el Espíritu Santo en su infinita misericordia suscita carismas en personas sencillas y les hace escuchar interiormente al Señor que habla en primera persona, pero acomodado al modo de hablar humano. Merece la pena transcribir aquí uno de esos mensajes para que el Espíritu Santo nos ayude a percibir una parte de esa autoridad que sintieron los contemporáneos de Jesús:

“Estoy aquí para salvar, no para castigar.

Dichoso el que escuche estas palabras: el día que menos penséis llegará el Hijo del hombre revestido de Gloria y de Poder.

Escuchad Mis palabras, no os hagáis los sordos. Nadie es más que su amo, nadie es más que su Maestro, pero vosotros os erigís en dioses y queréis que os adoren; sólo a Dios adorarás, sólo ante Él te postrarás.

Sois una generación perversa y malvada como no ha habido antes; no reconocéis vuestras culpas y pecados. Adorad a Dios en Espíritu y verdad, siempre y en todo lugar en acción de gracias, pues vuestra vida me pertenece; sois míos. Escucha hoy Mis palabras y arrepiéntete de todos tus pecados, pues llego con poder a la Tierra. No te escondas, no podrás, Yo sé dónde te escondes, dónde te ocultas de Mí. Sé de tu miedo, sé de tu vergüenza porque has transgredido la ley de Dios, la ley de Moisés, la ley de tus antepasados. No finjas que no te importa. Tienes miedo en tu corazón; el pecado llena de miedo el corazón. Es tarde y estoy a la puerta y te llamo, es tiempo de vivir no de morir. Si sigues en el pecado morirás en el fuego eterno, el fuego que nunca se acaba. Si eliges la vida reinarás conmigo en la eternidad, una eternidad de Amor, de Paz y de Justicia, que está reservada para los que cumplen mis leyes. Mis mandatos están en vuestro corazón; Yo los dejé allí grabados para que siempre estén ante vosotros, pero vosotros sois una generación perversa y malvada que no mira al corazón. Estoy a la puerta y llamo; y si tú me abres cenaré contigo y te haré ver la verdad y la maldad que hay en tu corazón; pero, ¿tú la quieres ver? ¿O te escondes de ella porque te es imposible ver tu pecado, te hastía, te cansa tu vergüenza y sigues en ella sin querer salir de ella? ¡No te olvides de Mí, Corazaín!, no te olvides de Tu Salvador que clama a tu puerta día y noche. Muchos quisieron ver los milagros, los bienes que puse en ti y no los vieron; si los hubieran visto hoy estarían en Mi Gloria. Pero tú eres obstinada, te recreas en el mal, no quieres salir de él, eres dura de

corazón y por el corazón te perderás, irás al abismo y allí te consumirán las llamas del infierno, porque estuve a tu puerta, estuvo tu Salvador a tu puerta y no le abriste, estuve llorando ante ti y no te importó, miraste a otro lado; eres pérfida y sangrienta; matas a tus hijos y te pavoneas de tus vergüenzas. ¡Oh!, el Hijo del hombre muerto en una cruz por ti y tú pavoneándote de tus pecados, los pecados que han clavado a tu Dios en la cruz, por los que chorrea Su Sangre de Sus heridas abiertas por tu amor. Su Sangre es el río de gracia en el que debes lavarte, lavarte de todas tus inmundicias, de todas tus basuras, es la Sangre de la Gracia, del Bien, de la Paz, del Amor, de la Justicia; deja que caiga sobre ti, deja que caiga sobre todos. Lavaos en la Sangre del Cordero y seréis salvos; es vuestra única salvación, una salvación eterna, para vivir en felicidad y en Amor con el Hijo del hombre una eternidad. Pero Mi Sangre te costará un paso hacia delante en tu vida. Debes acercarte al sacramento de la penitencia, decir todos tus pecados al confesor, cumplir la penitencia, ir con un corazón contrito y humillado de la vergüenza de haber ofendido a tu Salvador, Aquel que te mira en la cruz, que abre Sus Heridas para cobijarte en ellas, para salvarte del maligno. ¡Oh Corazaín, oh pueblo mío!  ¿Por qué me has abandonado, por qué me has dejado sólo en la cruz, SI MUERO POR TI, POR TU AMOR? ¿No te compadece verme así? ¿No llega a tu corazón Mi dolor, Mi Amor? ¡¿Qué  más quieres de Mí?! He bajado del cielo por ti y me tratas así, ¿qué quieres de Mí? No llores después de tu castigo, pues es merecido, pues debe reinar Mi Justicia; sin Justicia no hay paz, no hay amor, no hay Salvación; déjame que sea justo contigo, déjame que lave tus pecados, tus faltas de amor, déjame que te haga llorar de amor por Mí, por tu Dios y tu Salvador; mira que estoy en la cruz con mis llagas abiertas por ti, por tu amor, ¡¿qué quieres de Mí?! Te he entregado Mi Vida, Mi Salvación, Mi tesoro lo he compartido contigo: El Amor del Padre; el Amor de una Madre, Mi Madre para ti. Eres hijo del mismo Padre que Yo por Mi Amor, ¡¿qué más quieres de Mí?! No me queda nada para entregarte, te lo he entregado todo, todo, todo, amado hijo de Mi alma y suplico cada día por ti ante el Padre, ¿por qué me escupes, me hieres, me abandonas, te alejas de Mí? Esta generación necesita Justicia, la Justicia Divina. He aquí que llego con Poder para instaurar un Reino de Amor, de Paz, de Justicia. Ábreme la puerta que llego para juzgar a todos los hombres que yacen prisioneros del pecado y del mal. Satanás es el dueño de este mundo por la fuerza del pecado y del mal, pero no le pertenece; lo ha cogido por la fuerza del pecado y de la maldad, pero será devuelto a su Redentor, al que murió por este mundo en la cruz. Le será devuelto en el día y la hora que Mi Padre ha fijado para este mundo. Yo os aviso, esa hora ha llegado. Abrid las puertas al Salvador. No me cansaré de gritaros Mi Amor desde la Cruz. Mi Sangre os grita: Os amo; Mis heridas os gritan: Os amo. Mi Padre lo ve todo desde el cielo. Conducíos como hijos benditos de Mi Padre. El Espíritu Santo os asiste en cada momento.

Llegó, llegó la hora del perdón, de la Justicia y la Misericordia: Venid benditos de Mi Padre. Y a otros se les dirá: Alejaos de Mí, no os conozco, id al fuego que no se extingue. Amén, Amén.

Yo os hablo, escuchadme, Yo os hablo por medio de un instrumento veraz de Mi Misericordia. Deseo encontraros bien dispuestos, poned por obra Mis mensajes, vivid el Evangelio. Os quiero, os amo y vengo a por vosotros para llevaros al Reino de Mi Padre que está en los cielos y os espera. Velad, velad y no caigáis en tentación; ya es tarde. Pronto amanecerá el gran día en el que Yo he de venir. Os amo, os amo mis queridos hijos, hijos de Mi

Alma, hijos de Mi Pasión. Estoy aquí, ya llego, velad para no caer en tentación. Mirad Mi Cruz, mirad al Hijo del hombre, ensangrentado por vuestro amor. Os quiero, Os amo en un Amor eterno que quiero vivir con vosotros toda la eternidad. Mirad a Mi Madre Santísima, cogeos de su mano. Ella os quiere con un amor maternal, como una madre os prodigará todos los consuelos que necesitéis en vuestro camino y todos los consejos de una buena Madre. Escuchadla con cariño, con el cariño que se escucha a una madre, con el cariño que Yo escuchaba su Amor por Mí.”

3 comentarios sobre “A QUIEN NO ESCUCHE ESTAS PALABRAS YO LE PEDIRE CUENTAS.

  1. Dios y Señor nuestro Jesucristo y Vuestra Santísima Madre tened misericordia de mi pobre pecadora y que jamás me separe de Vos y que pueda decir como Vuestros Profetas y Apóstoles que mi suma Felicidad mi tesoro y mi Gloria es el unirme a mi Dios y mantenerme inviolablemente arrimado a El;( es de la oración al Padre Eterno del Trisagio )y suplicarte que por mi culpa nadie se aleje de Vos. Que algún día todas las criaturas de la tierra se den cuenta que solo con Vos con la Santísimo Trinidad Padre Hijo y Espíritu Santo y con La Bellísima y Única Madre se puede ser feliz.

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