ESOTERISMO.

Esoterismo

En oración, en La Mora.  DEL LIBRO UN ALMA EN CRISTO.

Señor, estoy aterrada. Nunca hasta ahora me había dado cuenta de cómo está el mundo y cómo te ofendemos. Mi dolor es grande. Yo no puedo vivir desconfiando de las personas. Está también el tema del esoterismo, que cada día más invade al mundo.

Hija mía, da pánico mirar al mundo. Es un infierno anticipado el que el hombre sin Dios está viviendo y muchos de los que dicen que me aman son sepulcros blanqueados solamente. Comprendo tu horror y es bueno que tú te des cuenta pues pedirás más por las almas y te protegerás más con la oración.


Hija mía, lo esotérico, como tú dices, es un campo muy amplio de rituales entre los cuales los hay de muy peligrosos. Nadie tiene derecho a saber cómo es nadie. Ninguno puede hacer prácticas para aprovechar dichas prácticas para sus fines. Para el porvenir tampoco, pues el porvenir es mío y el cristiano debe confiar de lleno en su Dios. Pero, hija mía, todo debe hacerse según mi voluntad: nada es malo si se hace buscando el bien del otro, tratando de ayudar a su hermano; pero el cristiano debe alejarse de prácticas peligrosas porque en ellas está oculto el Maligno y, sin saberlo, puede quedar atrapado, pues el mal es astuto. Es por eso por lo que la Iglesia lo prohíbe, es por eso por lo que el cristiano sólo debe tener un solo Dios en el cual pondrá toda su confianza y esperanza de salvación eterna.

Tú, hija mía, aléjate de todo lo que no sea Iglesia, de todo lo que no sea Evangelio. Sé que lo haces y estás espantada, descubriendo lo que hay en el mundo, aterrada y dolorida de ver qué caminos llevan algunos de tus hermanos. Pide por ellos, reza para que yo, tu Dios, a pesar del dolor que causan a mi divino Corazón, dé gracias abundantes para que se arrepientan y vengan a mí, pues, hija mía, mi dolor es grande.

Tú mírame y, como tú bien dices, aléjate de todo este mundo que es tan peligroso. Ve en las personas lo bueno que tienen, reza por el mundo de las almas; no juzgues a nadie y confía en que Dios está en ellos, tratando de llevarlos al camino de la verdad. Si no te escuchan, ten paz. No te metas con nadie exigiendo que crean en mí. Yo no lo hago. Dejo libre al hombre para decidir su caminar. Tú, aunque sientas un gran dolor, haz lo mismo, hija mía. Te comprendo, pero que nadie te enrede. A veces, con la idea de ayudar, pueden enredarte. No olvides que el demonio acecha y que puede y quiere destruir tu obra, la obra de Dios.

Te amo, pequeña mía. (21 – 3 – 1999)
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