CORAZON.

Dice Jesús: DE LOS ESCRITOS DE MARIA VALTORTA.
“Tu tesoro lo tienes tú en el corazón. Búscalo ahí”. Le pregunto: “¿Qué tesoro he tenido yo
nunca, Señor?”. Y me responde:

“allí donde está el tesoro, allí está el propio corazón”

“Me tienes a Mí. Dije en el Evangelio que: “allí donde está el tesoro, allí está el propio corazón”  (Mt 6, 21). Dije también que es del corazón de donde salen los pensamientos, sentimientos y obras (Lc 12, 34). Buenos, si es bueno el corazón y malos, si el corazón es malo. Y las cosas que salen del corazón son propiamente, y sólo ellas, las que tienen valor de elevación o de contaminación. Mas, incluso, podemos justamente decir –y Yo lo dije, si bien no se refirió entre las muchas sentencias que manifesté, sentencias de fórmula invertida conforme al sistema filosófico entonces muy en boga– que, como está el corazón en donde está el tesoro, así también está el tesoro en donde está el corazón, o mejor: el tesoro está en el corazón.

el hombre, al elevar este órgano a sede de los sentimientos,

lo ha hecho trono y asilo de la pasión dominante

En efecto, el hombre, al elevar este órgano a sede de los sentimientos, lo ha hecho trono y asilo de la pasión dominante. Y así el lujurioso extrae del corazón el fomes de la lujuria; el avaro el del dinero; el iracundo el de la violencia; el glotón siente salir de su corazón el necio afán de las golosinas; y el desidioso le hace caso cuando le aconseja: “Holgazanea”. Y, por el contrario, en el bien: del corazón saca el empuje que le impele al estudio si es cultivador de las ciencias; a la beneficencia es es compasivo; a la morigeración en todo orden de cosas si es honesto; y al amor en toda su perfección si uno se ha dado del todo a Dios. Y la pasión dominante acaricia y está en custodia en y con lo más íntimo del Corazón. Uno podrá ser pobre, carente de todo y aparentemente encontrarse solo y desconsolado, pero dentro, allá en le fondo, hay una perla que esplende amable y santa, o llamea engañosa y malvada constituyendo su tesoro: el sentimiento que le domina.
Tú me tienes a Mí y en verdad te digo que no puedes tener cosa más grande. Como también te digo en verdad que no hay para Mí cosa más apetecible que albergarme en un corazón que me ama totalmente.
El mundo podría arrebatarte cualquier tesoro menos el de la posesión de tu Jesús, como, asimismo, podría ofrecerme cualquier cosa, bien de honor o de maldición, según fueran sus estímulos, si bien los honores, ritos, flores, inciensos, ceremonias, templos y paramentos, cantos y genuflexiones, no me dan el honor santo que me proporciona el que hace de Mí su único tesoro; así como no hay maldición ni blasfemia, sacrilegio ni abjuración que no puedan ser reparados con el honor santo de quien me acoge por el que me rechaza, con el de quien me tributa culto de amor por el que perpetra un sacrilegio y con el de quien me alaba y bendice por el que me maldice y blasfema.
¡Oh, sintámonos felices, Yo en ti y tú en Mí! Es el goce recíproco. Siente cómo te estrecho contra mi Corazón. No te digo más. Es viernes y, con todo, he querido suavizar el sacrificio del viernes con esta flor para así hacerte sonreír y esperar cada vez más, o mejor: para sentirte cada vez más segura.
Vete en paz, querida. Aunque me callo, sigo contigo.”

682-683

A. M. D. G.

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