SIGLO XX.

Milán, 31 de diciembre de 1997. DADO AL PADRE GOBBI.

Última noche del año

Todo os ha sido revelado

“Hijos predilectos, pasad Conmigo en la oración, en el silencio, las últimas horas de este año que está a punto de acabar.

No las paséis en la disipación y en las diversiones, como lo hacen tantos hijos míos.

Este año ha sido particularmente importante para mis proyectos.

Ahora entráis en mis tiempos.

Por eso os he trazado un camino luminoso, por el cual debéis caminar todos, para vivir la consagración a mi Corazón Inmaculado que me habéis hecho.

Ahora todo os ha sido revelado.

–Todo os ha sido revelado: Mi designio os ha sido proféticamente anunciado en Fátima y, en estos años, Yo lo he realizado a través de mi Movimiento Sacerdotal Mariano.

Mi designio os ha sido revelado en su lenta preparación.

Este siglo vuestro, que está a punto de acabar, ha sido puesto bajo el signo de un fuerte poder concedido a mi Adversario.

De este modo la humanidad ha sido seducida con el error del ateísmo teórico y práctico; en el lugar de Dios se han construido los ídolos que todos adoran: el placer, el dinero, la diversión, el poder, el orgullo y la impureza.

Verdaderamente Satanás, con la copa de la lujuria, ha triunfado en su intento de seducir a todas las naciones de la tierra.

Ha reemplazado el amor por el odio, la unión por la división; la justicia por multitud de injusticias; la paz por una continua guerra.

De hecho este siglo ha transcurrido todo él bajo el signo de guerras crueles y sangrientas, que han causado millones de víctimas inocentes.

Entonces la Santísima Trinidad ha dispuesto que vuestro siglo fuera puesto bajo el signo de una fuerte, materna y extraordinaria presencia Mía.

Así en Fátima he indicado el camino que la humanidad debía recorrer para volver al Señor: el de la conversión, el de la oración, y el de la penitencia.

Y os he ofrecido como seguro refugio mi Corazón Inmaculado.

–Todo os ha sido revelado: Mi designio os ha sido indicado también en su dolorosa realización.

La humanidad ha caído bajo el dominio de Satanás y de su gran poder, ejercitado con las fuerzas satánicas y masónicas; Mi Iglesia ha sido oscurecida por el humo que ha entrado dentro de ella.

Los errores son enseñados y propagados, haciendo perder a muchos la verdadera fe en Cristo y en su Evangelio; la santa Ley de Dios es abiertamente violada; el pecado es cometido y con frecuencia es también justificado y así se pierde la luz de la Gracia y de la divina presencia; la unidad es profundamente resquebrajada por la fuerte contestación al Magisterio, sobre todo al Papa, y se extiende cada vez más la llaga de dolorosas laceraciones.

Para dar a la Iglesia, sufriente y crucificada de vuestro tiempo, mi ayuda materna y un seguro refugio, he hecho surgir el Movimiento Sacerdotal Mariano y lo he difundido por todas partes del mundo, por medio de este Libro mío, que os traza la senda que debéis recorrer para difundir mi Luz.

Con este Libro os enseño a vivir la consagración a mi Corazón Inmaculado, con la sencillez de los niños, con espíritu de humildad, de pobreza, de confianza y de filial abandono.

Hace ya veinticinco años que os guío, con las palabras que he dicho al corazón de este pequeño hijo mío, que Yo he escogido como instrumento para la realización de mi designio materno.

En estos años Yo misma lo he llevado varias veces a todas partes del mundo, y él se ha dejado conducir dócilmente, pequeño y temeroso, pero totalmente abandonado a Mí, como un niño en brazos de su madre.

Ahora cuanto os debía decir os ha sido dicho, porque todo os ha sido revelado.

Así pues, en esta noche, terminan los mensajes públicos, que desde hace veinticinco años os he dado: ahora debéis meditarlos, vivirlos y ponerlos en práctica. Entonces las palabras que he hecho descender de mi Corazón Inmaculado, como gotas de rocío celestial sobre el desierto de vuestra vida tan insidiada, producirán frutos de gracia y santidad.

De ahora en adelante me manifestaré a través de la palabra, de la persona y la acción de este pequeño hijo mío, que Yo he escogido para ser vuestro guía y que ahora conduzco al vértice doloroso de su misión.

–Todo os ha sido revelado: Mi designio os ha sido predicho sobre todo en lo referente a su maravilloso y victorioso cumplimiento.

Os he anunciado el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Al final mi Corazón Inmaculado triunfará.

Esto sucederá en el máximo triunfo de Jesús, que traerá al mundo su Reino glorioso de amor, de justicia y de paz y hará nuevas todas las cosas.

Abrid los corazones a la esperanza. Abrid las puertas a Cristo que viene a vosotros en gloria.

Vivid la hora vibrante de este segundo adviento.

Haceos así valientes anunciadores de este triunfo suyo, porque vosotros pequeños niños consagrados a Mí, que vivís de mi mismo espíritu, sois los apóstoles de estos últimos tiempos.

Vivid como fieles discípulos de Jesús, en el desprecio del mundo y de vosotros mismos, en la pobreza, en la humildad, en el silencio, en la oración, en la mortificación, en la caridad y en la unión con Dios mientras sois desconocidos y despreciados por el mundo.

Ha llegado el momento de salir de vuestro ocultamiento para ir a iluminar la tierra.

Mostraos a todos como hijos míos porque Yo estoy siempre con vosotros.

Sea la fe la luz que os ilumine en estos días de oscuridad, y que os consuma solamente el celo por el honor y la gloria de mi Hijo Jesús.

Combatid hijos de la Luz, porque la hora de mi batalla ha llegado ya.

En el más crudo invierno vosotros sois los brotes que se abren de mi Corazón Inmaculado y que Yo deposito sobre las ramas de la Iglesia, para deciros que está a punto de alcanzar su más bella primavera.

Será para Ella su segundo Pentecostés.

Por esto os invito a repetir con frecuencia en los Cenáculos la oración que os he pedido: –Ven Espíritu Santo; ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu amadísima Esposa.–

Con el amor de una madre que, en estos años, ha sido escuchada, seguida y glorificada por vosotros, os bendigo a todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

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