pornografia.

Te mencione una de las revelaciones de Jesus a Maria Valtorta, abajo te la transcribo extraida de los cuadernos del 44

22 de marzo
Dice Jesús:
<<El dictado de ayer induce al sucesivo. Las familias en las que no domina Dios sino la sensualidad y el interés y por lo tanto, las derivaciones de Satanás, no son familias; ellas son el origen de graves desgracias que, desde el interior de la célula familiar, se irradian y arruinan los grupos nacionales y, a partir de éstos, también la paz mundial Sucede así porque están creadas sobre una base de sensualidad e interés y, por lo tanto, no se elevan hacia lo que es santo; por el contrario, como hierbas malsanas nacidas en el barro, se arrastran siempre por el suelo. Dice el ángel a Tobías: “Te mostraré quiénes son esos sobre los cuales tiene poder el demonio”12 ¡Oh, en verdad hay cónyuges que desde la primera hora de su unión están bajo el poder demoníaco! Es más, lo están ya antes de ser cónyuges. Lo están desde que toman la decisión de buscar un compañero o una
11 Mateo 12, 46-50; Marcos 3, 31-35; Lucas 8, 19-21.
12 Tobías 6, 16 (Vulgata)
126
compañera, pero no lo hacen con el recto fin, sino con solapados cálculos en los que imperan de modo soberano el egoísmo y la sensualidad. Nada hay más sano y más santo que dos seres que se aman honestamente y se unen para perpetuar la raza humana y ofrendar almas al Cielo. La dignidad de hombre y la mujer que se convierten en padres es la segunda dignidad, después de la de Dios. Ni siquiera la dignidad real es semejante a ella, porque aún el más sabio de los reyes no hace más que gobernar a sus súbditos. En cambio, los padres atraen sobre sí la mirada de Dios y raptan a su mirada una nueva alma, que encierran en la envoltura de la carne nacida de ellos. Casi diría que en ese momento tienen a Dios como súbdito, porque Dios crea inmediatamente una nueva alma para el honrado amor de ambos, que se une para dar a la Tierra y al Cielo un nuevo ciudadano. ¡Oh, si pensaran en el poder que tienen y al que Dios asiente inmediatamente! Los ángeles no tienen tanto poder. Pero los ángeles, al igual que Dios están dispuestos a adherir de inmediato al acto de los esposos fecundos y a convertirse en custodios de la nueva criatura. Mas, como dice Rafael, son muchos los que abrazan el estado conyugal de modo tal que arrojan a Dios de sí y de su propia mente y se abandonan a la libido. Sobre éstos el demonio ejerce su poder13 ¿Que diferencia hay entre el lecho del pecado y el lecho de los dos cónyuges que no rechazan el placer pero rechazan la prole? No hagamos acrobacias de palabras y razonamientos embusteros. La diferencia es muy poca pues, si por enfermedades o imperfecciones es aconsejable o se concede el no tener hijos, en estos casos es necesario saber ser continentes y vedarse esas satisfacciones estériles, que no son más que satisfacciones de los sentidos. En cambio, si nada se opone a la procreación, ¿por qué transformáis una ley natural y sobrenatural en acto inmoral, que falsea su finalidad? Cuando cualquier reflexión honesta os aconseja no aumentar la prole, sabed vivir como esposos castos y no como simias lujuriosas. ¿Cómo pretendéis que el ángel de Dios vele sobre vuestra casa, cuando la convertís en una cueva de pecado? ¿Cómo queréis que Dios os proteja, si le obligáis a apartar con disgusto la mirada de vuestro nido mancillado¡ ¡Oh, qué míseras son las familias que se forman sin una preparación a lo sobrenatural, las familias de las que se ha desterrado a priori toda búsqueda de la Verdad y donde, aún peor, se burla la palabra de la Verdad que enseña qué es y por qué existe el Matrimonio! ¡Qué míseras son las familias que se forman sin elevar ningún pensamiento hacia las alturas, que se forman estimuladas únicamente por el aguijón de un apetito sexual y de una consideración financiera! ¡Cuántos cónyuges aceptan la inevitable costumbre de la ceremonia religiosa! He dicho costumbre y lo repito, porque para la mayor parte no es más que una costumbre y no una aspiración del alma a tener a Dios consigo en ese momento. Mas, después de la ceremonia, ¡no piensan más en Dios y hacen del Sacramento un festín y del festín un desahogo de bestialidad! Pero, según mi pensamiento, el Sacramento no termina con la ceremonia religiosa; al contrario, comienza con ella y dura tanto como la vida de los cónyuges, así como el acto de profesar no dura cuanto la ceremonia religiosa sino tanto como la vida del religioso o la religiosa. El ángel le enseña a Tobías que, si antepone al acto la plegaria, el acto será un acto santo, bendito, fecundo de júbilos verdaderos y de prole14. Esto es lo que había qué hacer: ir al matrimonio impulsado por el deseo de tener prole, pues ésa es la finalidad de la unión humana, además de tener presente a Dios en toda hora. Cualquier otra finalidad es una culpa deshonrosa para el hombre en cuanto ser con uso de razón, y ofensiva para el espíritu, que es templo de Dios y huye indignado. Dios no es un carcelero opresivo. Dios es un Padre bueno, que se alegra con la honrada alegría de los hijos y que responde a los santos abrazos de los hijos y que corresponde a los santos abrazos de los mismos con bendiciones celestiales y con la aprobación evidenciada en la creación de un alma nueva. Mas, ¿quién comprenderá esta página? La leeréis sin advertir su sabor santo, como si hubiera empleado el idioma de un planeta desconocido. Os parecerá un tema trillado y es, en cambio, doctrina celestial. Os
13 Tobías 6, 16-22 (Vulgata)
14 Tobías 6, 16-22; 8, 4-10 y 15-17 (Vulgata)
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mofaréis de ella vosotros, los sabios del momento. Y no sabéis que Satanás se ríe de vuestra estupidez, pues ha logrado convertir en condena lo que Dios había creado para vuestro bien, o sea, el matrimonio como unión humana y como Sacramento. Y esto ha sido mérito de vuestra incontinencia y vuestra bestialidad. Os repito las palabras de Tobías a su mujer, para que las recordéis y las tengáis como ejemplo, si aún podéis hacerlo porque sobrevive en vosotros un resto de dignidad humana. Las palabras son éstas: “Nosotros somos hijos de santos y no podemos unirnos como los gentiles, que no conocen a Dios”15 Que estas palabras sean vuestra norma pues, aunque habéis nacido allí donde la santidad ya había muerto, el Bautismo hizo siempre de vosotros hijos de Dios, que es el Santo de los santos y, por eso, podéis decir siempre que sois hijos de santos, del Santo, y podéis comportaros de acuerdo con ello. Entonces, tendréis “una descendencia en la que se bendecirá el nombre del Señor” y se vivirá en su Ley. Y cuando los hijos viven en la Ley divina, se benefician los padres, porque dicha Ley enseña virtud, respeto, amor y los primeros que se benefician, después de Dios, son los afortunados progenitores, los cónyuges santos, que han sabido hacer de su unión un rito perpetuo y no un vergonzoso vicio>>.

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