MENSAJE DE JESUS CRUCIFICADO.

MENSAJE DE JESUS CRUCIFICADO
Mensaje de Cristo Crucificado
A PJ
Mi Sangre por vosotros; mí Sangre para vosotros, mi sangre por amor a vosotros.
Soy Cristo crucificado. Desde mi cruz santa, he derramado mi sangre por vosotros. Cuanto os amo… cuanto os amo. Yo soy Cristo crucificado.
La soledad embarga mi corazón… me siento tan solo. Mis manos clavadas en la cruz, mis pies traspasados, mi corazón herido… sólo pido un poco de amor. Me siento tan solo… cuanta soledad a mí alrededor. En Cada sacrificio, en cada eucaristía, se repite mi crucifixión. Me siento tan solo…
Todos me miran, pero nadie me ama…
Se durmieron mis discípulos en el monte de los Olivos. Se durmieron mis amados en el monte del dolor, la noche descendió sobre el mundo y todos me abandonaron. Sólo un ángel del cielo me consoló. ¿Dónde están mis discípulos? ¿Dónde están mis apóstoles? Oh Padre, oh Padre, oh Padre mío… Si es posible aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad si no la tuya…. oh Padre, ¿por qué me siento tan sólo Padre? Oh, Padre mío… ¿por qué me siento tan solo?… ¿Por qué nadie me ama? ¿Por qué me abandonaron ante los sumos sacerdotes? ¿Por qué sólo escucho insultos? ¿Por qué me pegaban Padre si yo los amaba, tanto? ¿Por qué me sigue pegando este mundo? ¿Por què en mi misma casa me tratan con tanta indiferencia? Padre… ¡Padre mío! ¿Por qué tanta indiferencia? ¡Padre… ¿Por qué azotaron mi cuerpo Padre? ¿Por qué me azotaron Padre, si lo único que hice fue amar? Sólo amar, sólo amar y entregar; sólo amar y servir; sólo amar y donar… ¿Por qué mi cuerpo fue despedazado? ¿Qué hice yo para que me odiaran? ¿Qué hice yo Padre, para que se ensañaran contra mí? ¿Por qué tus criaturas me odiaron Padre? ¿Por qué tus criaturas me hicieron daño Padre? ¿Por qué tus criaturas me odiaron Padre? ¿Por qué nadie me abrazaba Padre?…
¿Es posible tanto odio en un ser?
¿Por qué herían mi cuerpo Padre mio? ¿Qué les hice? Sólo amarlos, sólo abrazarlos Padre mio… ¿Por qué me ataron a una columna Padre mio? ¿Por qué castigaban mi cuerpo Padre mio? ¿Por qué me hirieron Padre mio? Yo decía que los amaba… los amo, los amo…¿Por qué me castigan? ¡Padre!… ¿Por qué ponen una corona sobre mi cabeza Padre mio? ¿Qué les hice Padre mio? ¿Qué le hice a este mundo Padre mio?… ¿qué le hice a esta humanidad Padre mio?… Explícamelo Padre… ¿qué le hice a este mundo Padre mio? ¿Por qué me arrastraron Padre mio? ¿Por qué arrastraron mi cuerpo Padre mio? ¿Por qué ataron mis pies y mis manos Padre mio? ¿Por qué me presentaron ante todos como un ladrón, como un asesino, como un falso, como un loco?… ¡Padre!
¿Por qué se burlan de mi Padre mio? ¿Por qué se burlan de mi Padre mio? ¡Padre! … ¿Por qué dicen: “¡Crucifícalo!”…? ¿Por qué están gritando contra mi Padre? ¡Si yo los amo Padre! ¿Por qué los amo tanto Padre.. .y por qué recibo tanto odio? ¿Por qué la gente grita Padre: “¡Mátenlo!¡Crucifíquenlol¡Es reo de muerte…? ¿Por qué sólo escucho muerte a mi alrededor Padre mio? ¿Por qué me insultan Padre mio? ¿Qué les he hecho Padre mio? ¿Por qué nadie me ama Padre mio? ¿Por qué han lacerado mi cuerpo Padre? ¿Por qué han traspasado mi corazón Padre? ¿Por qué nadie me abraza Padre mio? ¿Por qué me están insultando Padre?… ” Crucifíquenlol ¡mátenlo! ¡es un impostor!”… ¡Padre! ¿Qué les he hecho yo Padre? ¿En qué les he fallado Padre mio?
¡Dios mío, Dios mío!… ¿Por qué nadie me ama? ¿Por qué tanta crueldad Padre mio? ¡No me abandones Padre! ¡Abrázame Padre! ¡Mira esa cruz Padre…! La pusieron sobre mis hombros Padre… mira esos soldados Padre mio, Tú los creaste Padre… y me están insultando Padre. Escupen mi rostro Padre, azotan mis manos y mis pies… ¡Padre!… ¡recibe mis lágrimas Padre mio… ¿Dime Padre? ¿Hay tanta maldad en sus corazones? Me gritan: “¡Desgraciado ¡Pecador! ¡Falso profeta! ¡Falso salvador! ¡Pobre falso!” … sólo escucho insultos a mi corazón. ¡Yo qué les hice Padre mio…que le he hecho a este mundo.
Padre, ahí esta ella… es mi mamá Padre… “Hijo mío, hijo mío, hijo mío.. ¡que te han hecho amor mío… Hijito d mis entrañas ¡aquí está tu madre!¡No temas hijo mío, aquí está tu madre!¡Te amo!¡Te amo!¡Te amo!… ¡Madre, madre, madre mía ¡Tú si me amas, madre! ¡Tú si me amas madre! ¡Tú si me amas madre! ¡Madre!… mamá… ¿Por qué nadie me quiere, Madre?, ¡abrázame madre!… Yo hago perfectas todas las cosas Madre… Abrázame Juan… abrázame Juan… mi discípulo amado… ¡abrázame Juan!…
¡Como pesa esta cruz Padrel No me dejan estar con mi madre…
Veo los clavos Padre, veo unos clavos grandes Padre… son para mis manos y mis pies ¿Por qué se burlan de mi Padre? ¡Padre, Padre mío… Padre! ¡Traspasan mis manos y mis pies! ¡oh, Padre! ¡oh Padre… recibe mi dolor Padre! ¡Padre Mío! ¡Padre…! Yo los amo Padre, yo los amo Padre… ¡Que dolor siento… mira como desgarran mis manos Padre!… Padre, Padre… están clavando mis pies Padre; ¡han taladrado mis manos y mis pies Padre! ¡Puedo contar todos mis huesos Padre! ¿Por qué se burlan de mi Padre?… Miran lo que dicen Padre: “¡Sálvate a ti mismo si tu eres el Cristo de Dios”¿Qué les he hecho Padre? Padre, me levantan en la cruz Padre, soy el hazmerreír del pueblo, miran como se ríen de mí Padre mio.
Padre, Padre, ¡perdónalos porque no saben lo que hacen!… Padre, te amo Padre… no me abandones Padre…
Padre mio, Padre mio, perdonalos por que no sabrn lo que hacen.
Escucho una voz entre la gente… “¡Señor, acuérdate de mi cuando entres a tu reino!” Yo te aseguro hijo, que hoy mismo estrás conmigo en el paraíso.
Madre, mamá… ahí tienes a tu hijo. Juan, mi Juan, ahí tienes a tu madre…
Dios mío, Dios mío… ¿por qué me has abandonado?
Tengo sed…
Padre, Padre, Padre… todo está cumplido…
¿Por qué nadie me ama Padre? ¿Por qué nadie me ama Padre? ¡Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu!
¿Quién me ama? ¿Quién quiere abrazar mi cruz? ¿mi cruz no conmueve su corazón? ¿Quieren abrazar a Jesús? ¡Abracen a Jesús! ¡Soy Jesús crucificado!… póngase su manito en su corazón, sientan a Jesús… abrácenme en la soledad. abrácenme en la cruz… me siento tan solo.
En mi iglesia me han abandonado… Pocos me aman en la Santa Eucaristía. Sólo encuentro sacrilegios, profanaciones y falsedades, malas celebraciones. Es mi sacrificio y muy pocos ESTAN a los pies de mi cruz. ¿queréis abrazarme? ¿Queréis ser Marías a los pies de mi cruz? Os amo,os amo.
¿no os conmueven mis palabras?… donde están mis Juanes eucarísticos ¿Queréis amarme ? ¡Abracen mi cruz ¿Quién me ama?, ¿Queréis amarme?… Llorad en vuestro corazón y amadme en el calvario.
¡Abrazad mi pasión! ¡Preparad los caminos del Señor! Sed valientes; a los vencedores los sentaré en mi trono junto a mí. ¿Queréis sentaros en mi trono? Subid a mi cruz conmigo. O todo, o nada.
Decid siempre en vuestro corazón: O todo en la cruz del Señor, o nada. Os quiero en mi cruz.
¿Por qué nadie me ama? ¡Cuanta soledad en mi corazón! ¡Nadie me ama! El mundo me ha abandonado, la iglesia me abandona cada dia mas. Los sacerdotes me abandonan… los religiosos y religiosos me abandonan; nadie me abraza en mi Iglesia. cada DIA me abandonan mas y mas ¿Queréis amarme vosotros ¿Queréis serlo? Queréis ser mis Marías y mis Juanes a los pies de mi cruz?
¿Queréis serlo? Abrazadme… el frío de la muerte, el frío del demonio se apodera de este mundo… no dejéis que el frío de la muerte entre con las insidias del astuto enemigo. El os asóla y os persigue. abrazad mi cruz. Desde mi Cruz Santa, desde mi Cruz Poderosa os abrazo mis amados. Abrazad a Jesús… decidme que me amáis, porque a veces os siento tan lejanos a mi… ¿por qué pensáis tanto mis hijitos? ¿Por qué a veces siento indiferencia en vuestro corazón? ¡Si yo os amo tanto! ¡Yo sano vuestras heridas! ¡Yo estoy limpiando vuestros corazones! ¡Estoy limpiando vuestras mentes! ¡Yo estoy limpiando con mi sangre vuestros cuerpos y vuestras fuerzas! ¡Estoy lavando vuestras almas para que me abracéis de verdad! Amadme en el calvario de mi Eucaritia tendréis un lugar en el cielo.
Vengo pronto. Vengo muy pronto… preparad el camino del Señor. Cargad la cruz; sed testimonios para los demás, de la grandeza del Señor.
Llevad a los hogares el amor de Jesús. postraos de amor ante mí… Jesús Sacramentado. Postraos ante mi Divina presencia en la EUCARISTIA. Soy yo. No seáis indiferentes como la gente de aquellos DIAS de mi crucificcion, no me insultéis tambien vosotros.
Orad, estoy cerca… veréis mis señales. Comprenderéis mis señales… sabréis discernir mis señales entre el cielo y la tierra… sabréis discernir mis señales.
Os amo., a los que creáis y me améis de verdad os preparo un lugar, un sitio, un refugio para los últimos tiempos. Será un lugar, a mi imagen y semejanza.
sed radicales como María y Juan a los pies de mi Cruz, os amo. Vivid mi pasión, amadme en mi Santa Presencia Eucarística. os amo. Os amo. Os amo

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2 comentarios sobre “MENSAJE DE JESUS CRUCIFICADO.

  1. Con amor eterno te amo , digo siempre tu nombre , y doy mi Sangre por tu amor …

    Con amor eterno te amo, y pienso en ti. Desde toda la eternidad te miraba los ojos, te predestinaba en mí para hacerte mío, para amarte como nadie jamás te amaría, para hacerte bello como jamás nadie lo haría, para estar íntimamente en mi Seno amándote, y que tu felicidad fuera contemplarme y amarme para siempre de modo único e indecible… Mi Corazón se ilusionaba pensando en ti, tu rostro, tu alma, los deseos de tu corazón, se alegraba al tenerte por mi esposa, mi amiga, decía sin cesar tu nombre… fuiste siempre mi ilusión, ¡cuánto te acariciaba pensando el día en que nos uniríamos para siempre en el bautismo, en la Santa Comunión y cara a cara en el Cielo!… Fuiste mi locura de amor desde siempre, siempre te deseé, quise tu vida, que fueras igual a mí por gracia, y jamás he cesado de decir con amor eterno tu nombre…

    Con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Apenas mi Padre movido por su amor, creó cielos y tierra mediante mi Persona, pues soy su Palabra, que creamos al hombre, y más tarde te creamos a ti… Ya veíamos la culpa de Adán en ti, la muerte eterna que tendrías fuera de mí, la infelicidad eterna, la muerte el cuerpo, la esclavitud del demonio, por el pecado original, la ausencia eterna de mi amor, de mi visión… Mi amor por ti ha sido y es tan indecible, tan inimaginable, que no soportaba tenerte lejos de mí, entonces me ofrecí al Padre para salvarte y tenerte para siempre conmigo… Entonces me olvidé de mí, pisoteé mi amor propio, sin dejar de ser Dios, sepulté en el olvido todo lo que manifestara mi aspecto de Dios y decidí hacerme Hombre por ti, asumir tu carne, tu naturaleza, tu miseria, tu debilidad, tus necesidades, y tu pecado, ofrecí mi Sangre al Padre por tu amor, para redimirte y salvarte un día por esta Cruz donde me ves ahora:..

    Mi Padre hizo la promesa a Adán y Eva de que me enviaría como Salvador y después de mucho tiempo pude cumplir mi deseo de la locura de mi amor por ti, cuando apenas mediante el Arcángel Gabriel preguntamos a María Ssma si aceptaba ser mi Madre y Ella dijo que sí, dije a mi Padre: “Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: ¡He aquí que vengo – pues de mí está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad!” . Entonces, por la acción del Espíritu Santo, tomé un cuerpo en el Seno de mi Madre purísima y desde el inició que moré en su seno no cesaba de ofrecer mi Cuerpo y mi Sangre por ti. Durante nueve meses saltaba de gozo pensando este día del Calvario donde moriría por tu amor y te haría para siempre mía… En esos momentos y siempre, siempre te he amado tanto, he dicho tu nombre y he ofrecido mi Sangre por tu amor:

    Con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Desde mi Navidad hasta mi Cruz quise derramar innumerables veces mi Sangre por ti para expiar tu pecado, para hacerte mi esposa, para vestirte con la blancura purísima y devolverte la belleza de mi imagen que perdiste por el pecado original y otras tantas veces por los pecados de tu vida…Siendo Rey omnipotente y poderoso, nací como un esclavo miserable necesitado del amor humano, merecía ser hijo de un emperador y de una emperatriz temidos, conocidos en todo el mundo, cuyo reino sobrepasara en poder a todos los reinos de este mundo… pero no, por amor a ti, escogí a padres desconocidos por todo el mundo, sin prestigio, sin renombre, sin fama, extremadamente pobres y sin medios humanos…

    Merecía haber nacido en un palacio magnífico limpio y de luminoso esplendor, pero, porque te amo, elegí un establo oscuro, sucio y de mal olor; merecía la riqueza de oro de una cuna real y por mi amor a ti, mi cuna fue el comedero sucio de las bestias; merecía el ropaje abundante de un príncipe, y por amor a ti dispuse que mi Madre apenas pudiera cubrirme con los harapos de un mendigo; tendría que haber sonreído satisfecho por la seguridad, remedios, alimento y atenciones materiales de una poderosa corte real, pero por amor a ti, preferí llorar frágil, con el vientre vacío, enfermo y sin médico…

    …Merecía la alabanza y el reconocimiento de los poderosos, de la clase alta y pudiente, los sabios de este mundo y sacerdotes y por amor a ti, acepté ser recibido solo por los humildes, los más pequeños, los ignorantes, los menos inteligentes y cultos del mundo, la gente que nada contaba, que nada era, la más baja condición social, la gente sin ningún poder económico, cultural; la gente que no tenía nada… porque eran los únicos que podían amar; era la Luz dulce y apacible del amor que brillaba en la noche de los hombre, que venía para amar y quería ser amado, que merecía el amor, que necesitaba más que nadie, ternura, sonrisas, la aceptación el gozo, el abrazo, los besos, la acción de gracias de mi pueblo a quien venía a salvar pero, ¿cómo me recibieron?: “vine a mi casa, y los míos no me recibieron” … quise ofrecer este agudo dolor de los corazones de piedra que me traspasaron como espadas por amor a ti, para salvarte y que fueras siempre mía…y ¿sigues dudando de que te amo, desconfías aún de mi amor a ti?…

    Porque… con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Y como si no bastara toda la Sangre que había de derramar por amor a ti en la Cruz, mi amor impaciente me apresuró a derramar algo de ella en la Circuncisión… sí, pensaba en ti, era por ti, pronunciaba tu nombre, veía tu alma, tu persona, tus facciones… entonces, hendió el sacerdote el agudo cuchillo y salpiqué de sangre derramándola ya por ti, mi Madre sufría mi dolor haciéndolo suyo… era para Ella una profecía, una preparación previa de la Sangre que se derramaría en el Calvario antes que muriera yo, pero también antes de que muriera Ella místicamente conmigo, pues “una espada le atravesó el alma” … Como vez, tampoco ahorré este dolor a mi Madre, prefiriendote a ti… ¿sigues dudando de que te amo?…

    A medida que crecía aceptaba ser pequeño como todos los niños por amor a ti, en nada he sido diferente a ti, excepto en tu pecado y en que soy Dios… me hubiera gustado ser pecador para estar más cerca de tuyo, pero este pensamiento que nacía de la locura de mi Pasión de amor por ti hubiera supuesto un imposible: que dejara de ser Dios para ser solo hombre, y que todo cayera en la nada, no podría amarte con amor infinito de Dios, ni podría salvarte y llevarte al Cielo… no obstante asumí todos tus pecados y los pecados de la humanidad, como si realmente los hubiera cometido yo, acepté todos los dolores que sufre el hombre como consecuencia del pecado, desde la infancia..

    Acepté toda la debilidad humana de la infancia y la niñez, para que viéndome a mí, que soy Dios hecho Niño ante ti, tu no dudaras en tener un corazón de niño y te hicieras niño ante mí… con ello, mi amor te enseña con amor, con el ejemplo, pues soy como las madres que antes de dar el amargo remedio lo toma ella misma para que su hijo amado lo tome sin dudar, con entrega total… por amor a ti me hice Niño de Corazón y de estatura, para que tú te hicieras niño como yo… ¿dudas todavía que te amo?

    Porque… con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Por amor a ti acepté llorar de hambre a mi Madre elevando mis ojos hacia Ella y pidiendo me alimentara… para que lo tuvieras presente cuando tu lloraras y así elevaras tus ojos a Dios y a mi Madre para que te alimentaran; por amor a ti ensuciaba mis pañales y me paspaba y luego impaciente miraba a Mamá pidiendo su socorro; para que lo tuvieras presente cuando ensuciaras tu alma con el pecado elevaras tus ojos y pidieras el auxilio a Dios y a mi Madre; por amor a ti sufría el frío, miraba a mi Madre y le rogaba abrigo, para que te acordaras de ello cuando tu tuvieras frío y elevaras los ojos a Dios y a mi Madre pidiendo el calor de su amor; por amor a ti necesitaba y buscaba el cariño y ternura de María y José tendiéndole mis bracitos, para que tú un día, necesitada de ternura, te acordaras de mi ejemplo y elevaras los brazos de tu alma hacia Dios y a María para que te abrazaran y consolaran…

    …Por amor a ti acepté sentir miedos, temores, angustias… así, cuando me invadían esas noches del alma, me escondía en el seno de mi Madre y me cubría con su ropa y encontraba en Ella refugio, sus brazos abiertos siempre me abrazaban y me estrechaban largo tiempo, mientras yo me sentía seguro y defendido, para que un día tú, al tener presente mi necesidad, te vieras movida en tus miedos y temores a lanzarte a Dios y a mi Madre con confianza total y sencilla de niño, para esconderte en ellos y caminar segura y fortalecida en el refugio divino; por amor a ti acepté caerme, y lastimarme cuando niño, y encontraba remedio corriendo a mi Madre que me curaba, vendaba y cerraba las heridas, para que siguiendo mi ejemplo, corrieras a Dios y a mi Madre pidiendo consuelo y remedio en las lastimaduras y heridas que te produciría tu pecado el pecado de los que te rodean, tus innumerables miserias psíquicas, morales y humanas… y ¿sigues dudando de que te amo, desconfías aún de mi amor a ti?…

    Porque… con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Si mi muerte en Cruz es una locura de mi amor por ti , mayor locura de amor fue instituir la Eucaristía donde habría de renovarse hasta el fin de los tiempos la locura de amor del Calvario. En la Eucaristía y en el orden sagrado, es donde más manifiesto la locura de mi amor porque ambos son un volcán encendido que no se detiene para darse ni pueden apagarlo las aguas torrenciales del pecado ni la miseria humana, ni los ríos de la maldad del hombre, porque en la Ssma Eucaristía y el Oden Sagrado se cumple hasta el fin de los tiempos mi promesa: “Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni los ríos anegarlo” .

    Por esa locura ordené sacerdotes precisamente a mis Doce Apóstoles y no este privilegio de amor no lo pudo detener el que supiera de antemano que en pocas horas me iban a traicionar, abandonar… Ordené a todos sacerdotes y les di a comer mi Cuerpo y mi Sangre aún sabiendo que, después de recibir tanto desborde de amor serían indiferentes al amor y me abandonarían… El pecado monstruoso de abandono cobarde que por fragilidad cometieron todos, y que por perfidia cometió Judas, no impidió que me entregara como comida y bebida a cada uno y que los transformara en Cristo Sacerdote…

    Porque… con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    El pecado no detuvo mi entregara sin medida a cada uno, los amé “hasta el extremo” a aquellos amigos que en instantes se transformarían en enemigos, nada impidió mi amor a ellos ni darme enteramente… pues aunque el hombre sea infiel, yo seré siempre Fiel; aunque el hombre olvide su palabra dada, yo jamás retiro mi Palabra, mi promesa, porque la sello con la firma de mi Sangre derramada en la Cruz. Encerré a todos en la rebeldía, para usar más misericordia cuando se arrepintieran, y así todos vieran más claramente el abismo insondable e imparable de mi misericordia ante el pecado y la debilidad humana y sobre todo ante el pecado y frialdad de amor de mis sacerdotes y consagrados quienes si bien me darían el mayor amor y gloria, muchos serían los que más me harían sufrir hasta el fin de los siglos. Te preguntarás por qué. Escucha la razón: “Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia. ¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!”

    Los primeros que me dejaron solo en este Santo Sacramento del Amor y no dieron fruto, fueron mis primeros obispos y sacerdotes, mis amigos queridos, elegidos, mi predilección, y serían los primeros que me dejarían tantas veces en la historia, rechazando su vocación, su celibato, su fidelidad a la Iglesia, la falta de fe, adoración y amor por este Ssmo Sacramento.¡Cuántas veces repetiré amargamente en la historia aquellas palabras del Salmista aplicadas a muchos de mis consagrados: “Incluso mi amigo de quien yo me fiaba, y que compartía mi pan, es el primero en traicionarme” !!!.

    Yo sabía que Judas me iba a entregar, sabía su pecado de traición, ambición y falsedad, sabía el pecado de cobardía de Pedro que me iba a negar tres veces; sabía también que los demás discípulos me habían de dejar totalmente solo, sin defenderme, sin apoyarme… Lo cual fue agravado en todos ellos por la promesa solemne que todos hicieron de no abandonarme… “Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces». Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré». Y lo mismo dijeron también todos los discípulos” … Pedro fue más allá en su promesa cuando me dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte»

    Pero apenas me prendieron en Getsemaní, aquellos a quienes di tantas muestras de amor hasta llamarlos “mis amigos” hasta morir por ellos, tendrían que haber dado su vida como respuesta a tal amor como me lo habían prometido, pues “nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” . Pero Yo ya sabía que me traicionarían, y se los previne para que reaccionaran: “Jesús les dice: «Todos os vais a escandalizar, ya que está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea» . E hicieron una solemne promesa de acompañarme y de no abandonarme jamás, primero Pedro, y luego todos los demás: “Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no» … “Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré». Lo mismo decían también todos”

    Mientras me decían esto, los miraba con profunda compasión, porque mi Corazón al ver la debilidad infinita de ellos, su inconstancia, no se cerró, sino que se abrió más, no obró con Justicia porque no se llenó de ira para destruirlos y castigarlos, sino que la Justicia fue ahogada por el abismo de mi infinita misericordia y compasión que nació ante el abismo de la infinita miseria humana, porque antes de estos hechos, devolví bien por mal , y les di mi Cuerpo y Sangre y les di el poder de renovar este Misterio de amor hasta el fin de los tiempos como sacerdotes para remediar la infinita debilidad humana…

    Y cuando vinieron a buscarme, mis amigos me dejaron solo e indefenso como un pequeño cordero inocente y sin defensa ante la manada de lobos sangrientos y llenos de odio que se lanzaron sobre mí para matarme y devorarme: “Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron” .

    Pero esa noche, no solo mi misericordia sin límites se derramó sobre los discípulos que me iban a traicionar, sino por ti y todos aquellos que iban a recibir muchas veces la Eucaristía sin fe, sin amor, con fría indiferencia, para luego seguir pecando, hiriendo al prójimo, murmurando, haciendo daño a sus hermanos, cerrando el corazón al amor y a la compasión. Mi misericordia sabía que durante siglos muchos sacerdotes celebrarían en pecado mortal, que muchos comulgarían sacrílegamente, que mi Cuerpo y Sangre no producirían ningún efecto de salvación.

    Porque… con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Mi Cuerpo y Sangre bastan por sí solos para transformar al que lo recibe en Santo, ¿por qué esto no sucede con la mayoría que lo recibe por qué todavía no te ha podido transformar a ti? ¿por qué la Eucaristía sostuvo a los Mártires y no pudo sostener a mis Apóstoles para que fueran mártires por mí durante mi Pasión? ¿por qué la Eucaristía pudiendo encender los corazones y al mundo entero en fuego de la caridad no logra encenderlos?. Porque los que me reciben no han pisoteado totalmente su amor propio y no están con el corazón totalmente vacío de sí mismos… su yo se aferra a sí mismo aferrándose siempre a algo de la tierra, a la propia razón que sola nunca comprenderá por si sola el Misterio de este sacramento, al afecto desordenado a una criatura, al pecado o al afecto al pecado. Sin el corazón vacío de sí y de las cosas, nadie puede recibir al Espíritu Santo de Dios, y ser encendido con la Hoguera del Amor de Dios, no puede ser llenado por solo Dios. El Todo solo habita donde está la nada, donde no hay nada que no sea Él.

    Porque… con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    El Amor de Dios solo toma posesión del alma y habita en ella con las Tres divinas Personas, su Luz y su Paz solo cuando en su corazón no existe nada de amor propio y de afecto a las criaturas. Es necesario que mi Padre mediante el dolor, la renuncia y la cruz, pode las ramas secas del amor propio que brotan de los sarmientos de mis almas, para que limpios, solo estén unidos a la Vid de mi Persona en la Eucaristía y así den mucho fruto: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador…vosotros los sarmientos… Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto” .

    Sin embargo, el hecho de que los hombres produjeran tan poco fruto de mi Eucaristía, no me detenía para seguir dándome como comida y bebida… me animaba aquella minoría de almas humildes que vendrían a recibir mi Cuerpo y Sangre o a adorarlo y que resucitarían a la vida divina y serían nuevas criaturas por este Sacramento. Veía a todos aquellos que en el correr de los siglos vendrían hacia mí cargadas de heridas implorando la curación y el alivio, para confesarme su arrepentimiento, su dolor, su total necesidad de mi curación, muchos vendrían padeciendo la tiranía feroz de sus vicios, los lazos del pecado pidiéndome la liberación de estas cadenas; muchos quebrados para siempre en su vida por todo tipo de abuso moral, psicológico, espiritual vendrían implorando la gracia del nuevo nacimiento en el Espíritu que he prometido …

    Y veía cómo gracias a esta fe de niño que se abandona con confianza y humildad en brazos de su madre todos podrían experimentar en este Ssmo Sacramento al Buen Pastor que pone sobre sus hombros a la oveja débil; al Redentor que “anuncia a los pobres la Buena Nueva, venda los corazones rotos, libera a los cautivos, da la vista a los ciegos, libera a los oprimidos, consuela a los que lloran” ; al buen Samaritano que lleno de compasión cura las heridas con el aceite del Espíritu y el vino de su Sangre ; al Médico divino que cura todas las heridas del alma con las heridas gloriosas de su Pasión, porque se las quita a las almas para hacerlas suyas y así sufrir en lugar de ellas: “¡Y con todo, eran nuestras dolencias las que Él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados”

    Mi amor es tan incontenible hacia ti y hacia todos los hombres, que a mayor debilidad más me doy a ellos, mientras más frágiles y pecadores sean, más me atraen y me impulsan a amarlos; a mayor frialdad más fuego doy; a mayor olvido más me acuerdo de salvarlos y darles bienes; no ceso de darme en el Sacramento del amor para curar todas las heridas del alma, con las heridas de mi Pasión, realmente presentes en mi Cuerpo sacramentado…

    Porque… con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Por amor a ti quise padecer en el Huerto de los Olivos… No sufría como Dios, sino sufría como Hombre contemplando todo lo que había de padecer en el Calvario… Pero además del dolor de mi cuerpo y sensibilidad, vi cómo sufriría atrozmente mi alma por el pecado de todos los hombres, pues Dios Padre me mostró también proféticamente todo lo que había de padecer en el Gólgota al asumir todos los pecados desde Adán hasta mi venida y desde el Calvario hasta el fin de los siglos venideros, que habrían de cometer todos los hombres.. Veía también el Calvario que ofrecería de una vez para siempre a mi Padre, pero que, a la vez sería renovado innumerables veces en mi cuerpo ensangrentado ofrecido innumerables veces al Padre en expiación por los hombres que me habrían de crucificar una y otra vez cada día

    Sufría como Hombre que asumía tu resistencia a aceptar la voluntad de Dios, tus dudas a entregarte, tu dejar para un eterno mañana la respuesta que nunca llegaría, tu falta de fe para saltar hasta los brazos de Dios con confianza esperando que Él te daría la gracia de la respuesta y el éxito de la obra buena que te pediría, que Dios te daría lo que te habría de pedir. Sufría tu miedo a seguirme prefiriendo encerrarte en ti misma al autoengañarte con la idea de que Dios te pedía un salto a la nada, al vacío que no tenía sentido aceptar porque conducía a un seguro fracaso.

    Sufría las mentiras de tus excusas humanas para no seguir tu vocación a la que veías como ilusión, y preferir optar las opiniones del mundo, de los hombres, de tu carne que te parecían más “razonables”, “lógicas”, “normales como todo el mundo”. No querías aceptar que los éxitos divinos son frutos de los fracasos humanos. Sufría tu repugnancia para obrar y pensar como mi Padre tantas veces te invitaría según su gusto, que no era tu gusto, para su gloria, que no era para nada tu gloria… No obstante te perdonaba, porque sabía tu miseria que estás hecha de frágil barro, no dejaba de amarte y de darme por ti:

    Con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Esa noche, Yo asumía la lucha terrible de todo hombre entre la llamada de Dios que le presentaría la necesidad de renunciar a escuchar la propia voz rebelde, para escuchar la Voz divina y seguirla, la enorme tensión que suponía silenciar los gritos desesperados del amor propio que quería apagar el susurro de la Voz del Espíritu diciendo “¡no te serviré!”, lo cual me producía un insoportable forcejeo tiránico y terrible entre el amor propio que se resistía terriblemente por no morir a sí mismo, prefiriendo cuidar el propio yo, el propio pensamiento, el propio plan, la propia voluntad, la propia comodidad, la propia salud, reputación, fama, por considerar el propio gusto como lo primero, libre de toda ley natural y trascendente, de toda mediación y autoridad querida por mí, el egoísmo como lo mejor, sin compromisos, aunque sea pisoteando y destruyendo al prójimo; el considerar el pecado como bien supremo, la libertad sin límites, fuente de vida, realización, el elegir el propio camino que uno se inventa y conoce, para rechazar el camino de Dios que siempre llama a lo que se desconoce, a la noche, a caminar sin luz, sino solo por la oscuridad de la fe que no tiene evidencia….

    En Getsemani estaba tentado poderosamente en mi débil naturaleza humana de rechazar totalmente el plan de mi Padre, que, al chocar con el fulgor de mi naturaleza divina me producía un desconocido choque de contrarios infinitamente doloroso lo cual jamás conocerá ningún hombre… era como estar a punto de caer en la nada siendo que era el Todo. Y mientras se apagaba la Voz de mi Padre por el ruido de mi amor propio, decía una e innumerables veces: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» .

    La voz de la obediencia y del amor filial del Verbo identificado con la voluntad de su Padre celestial, combatía terriblemente con la voz de mi naturaleza humana que había asumido el pecado, que se resistía sin doblegarse seducida por la voz de la desobediencia y falta de amor filial de todos los hombres en todos los tiempos. El clamor humilde del Verbo divino, era apagado por momentos por la voz soberbia y feroz de infinidad de hombres rebeldes y pecadores, por lo cual: “comencé a sentir pavor y angustia” . Es que era el portavoz de los pecadores que no quería sufrir, no quería padecer, quería huir de su vocación, que me tentaba a mí mismo a no abrazar mi Pasión, y a salir corriendo, volver a casa con mi madre, rechazando la derrota humana, la vergüenza de la humanidad que suponía la Cruz… Mientras, insistía en mi oración a mi Padre para que no me abandonara… era lo peor que podía sufrir en mi Pasión, ya veía que Él me dejaría en la Cruz, lo cual me enloquecía de dolor: “Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» .

    No quería que llegara esa hora de la separación de mi Padre, porque no solo moriría como Hombre sino que mi sensibilidad experimentaba que moriría como Dios, por eso: “Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora” . En estas horas terribles, en vano buscaba apoyo en Pedro, Santiago y Juan para poder resistir al mal y a la desesperación, pues les dije: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad», mientras ellos se dormían. Ante la falta de respuesta de mis mejores Apóstoles, un ángel tuvo que venir del Cielo para sostenerme y así pude insistir en mi oración: “Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.

    Y sumido en agonía, insistía más en su oración” . Me sentía morir, agonizar y me parecía que sería aplastado por el mal, era Dios que rechazaba a Dios, rechazando a mi Padre me mataba a mi mismo… fue tan espantoso lo que sufrí que dejé de sudar agua, para sudar sangre… “Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra” … Sufría todo lo que tu sufrirías un día por seguir mi Voz, cuando te pidiera aceptar mis planes dolorosos, sufría para darte la gracia de responder que sí y entregarte a mi voluntad… ¿Ves cuánto te amo?…

    Con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Al final el amor y la confianza, el abandono total y lleno de esperanza en mi Padre triunfó: acepté mi Pasión y muerte con total entrega y fui al Calvario con inmensa paz y alegría interior que nada ni nadie pudo alterar: “Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú» . Piensa que eras tú quien estabas en Getsemaní, y yo sufría por ti, y en mi lucha te daba la gracia de aceptar la voluntad de Dios, y beber el cáliz de dolor cuando mi Padre lo pusiera en tus labios, y mi triunfo era tu triunfo, si me imitabas en este abandono filial total y confiado… ¿no vez cuánto te amo?. Convéncete:

    Con amor eterno te amo, digo siempre tu nombre, y doy mi Sangre por tu amor…

    Desde ahora comenzó el drama de mi Pasión de amor por ti, comencé a decir sin cesar tu nombre lo cual animaba a mi amor a dar mi Sangre por ti… Irrumpió violentamente en el Huerto un grupo de brutales chacales que me prendieron “como si fuera un salteador, con espadas y palos”… me llevaron a empujones primero a la casa de Anás, yerno del Sumo Sacerdote Caifás, y de ahí ante Caifás… Al no encontrar cargos contra mí, contrataron testigos falsos cuyas gruesas calumnias se contradecían

    ¡Oh el Sumo Sacerdote Caifás!. Fue él quien con su personalidad carismática convenció a los demás sacerdotes y ancianos (el Sanedrín) para darme muerte, después de la resurrección de Lázaro: “Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación». Desde este día, decidieron darle muerte” . Fue él quien, cuando estuve ante Pilato, instigó, convenció y manipuló al pueblo para que le pidiera a gritos desaforados que me crucificaran, con ferocidad diabólica, consiguiendo un apoyo masivo que me llevaría a la muerte: “Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús” .

    Caifás era una verdadera hipóstasis de Satanás, “Príncipe de los demonios” , el verdadero creador y mente de esa hora del triunfo de las tinieblas: “esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas» . Porque tanto a Caifás como los Sumos sacerdotes y el Sanedrín, no les importaba para nada el Reino de Dios, sino el reino de este mundo con sus riquezas y poder, el dinero aliándose con Roma. Satán se había apoderado de todos ellos haciéndoles usar la apariencia de bien y celo por la gloria a Dios, al Templo y a la fe, que eran meras máscaras de su ambición. Ignoraban que por este camino Satán los había reclutado para su bando, por eso les dije: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira”

    La noche en que nos encontramos cara a cara con Caifás, luego de Getsemaní, chocó la mentira con la Verdad, y, al verse mirado por Dios hecho hombre, no tenía argumentos para sus mentiras, se sintió inseguro, sin argumentos, suspendido en la nada. Comenzó entonces a gritar y desesperarse, -como hacen todos los tiranos que viven en la mentira, no pueden razonar porque no tienen razones verdaderas y estables- entonces gritan, se alteran, se ponen neuróticos e imponen por la violencia sus ideas, sin escuchar. Así se puso ansioso por matarme, fue tan desbordado el odio y paroxismo que manifestó, que era la voz de Satán quien, detrás de él gritaba desesperado porque se le acababa su reino por mi cruz, por lo cual, quería hacerme desaparecer, matarme, si bien, sabiendo que no conseguía nada con ello, sino, todo lo contrario contribuía a que realizara mi Redención. No obstante, Satán saciaba su odio, pese a que le diera más tormento.

    Judas y Caifás, fueron los principales protagonistas humanos de mi Pasión y muerte, que arrastraron a otros. Ambos por ambición, por tentación de poder, abrieron las puertas de su alma de par en par, a través del amor propio, por el cual Satanás se hizo rey de sus corazones tomó posesión de ellos. Ambos disfrazaron estas intenciones bajo la capa de la religión, el amor a Dios, siendo que terminaron por odiar a Dios.

    Yo permití este misterio de iniquidad, como particularísimo signo de amor a ti: quería prevenirte para que no cayeras en lo mismo. Pues, la mayor tentación de mis seguidores, sacerdotes, religiosos y cristianos fieles, sería la del amor propio, la ambición, que, bajo la apariencia de una observancia formal de los Mandamientos, de la Regla, de la gloria de Dios, de la vida espiritual, puede esconder amor propio, para vivir vacíos del amor a Dios y al prójimo, y con el tiempo caer en el odio a Dios y al prójimo, la pérdida de la fe, del alma, la vocación. Con esa actitud, después de muchos años, se puede terminar por matar a Dios del alma por un corazón alejado de Él: “Los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». El les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” . Aprende, hija mía, que el dominado por el amor propio es la marioneta de Satán, que se pierde y hace perder a los demás.

    Los hechos que se sucedieron después en mi Pasión, te demuestran hasta qué punto maté la manifestación externa de mi divinidad y mi gloria, de mi condición de Creador, Rey y Señor, con las que podía fundar mi amor propio como ser humano… No. Maté toda posible muestra de amor propio, me abaje, me aniquilé hasta la nada, por amor a ti, para que así como yo hice, tú mataras tu amor propio para que vivieras solo en el Amor de Dios y para el Amor de Dios y el prójimo obedeciendo hasta la muerte. Como bien lo entendió S Pablo: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se anonadó a sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” .

    Este anonadamiento comenzó a ser dramáticamente claro, después del encuentro con Caifás. Esa noche, callaba ante las acusaciones calumniosas. “Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo». Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte» .

    A partir de ese momento, no cesarían hasta mi muerte, los insultos, golpes, burlas, abusos y aberraciones contra mi Persona: “Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, diciendo: «Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?» … A cada golpe decía tu nombre, lo ofrecía por tu amor. Contempla cada golpe, cada agresión salvaje, feroz, y a cada una di: “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” .

    Pilato se lava las manos, ve mi inocencia y no me defiende, todos prefieren al criminal Barrabás por mí, gritan de furor mi muerte: “Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis». Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado . Ante tanta violencia, cobardía y maldad, callaba mansamente sin quejarme y decía tu nombre, ofrecía todo por tu amor. Contempla mi vergüenza, mi desvalimiento, mi soledad por amor a ti y di: “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” …

    “Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle” . Me desnudaron totalmente, me ataron las manos con crueldad, y las fijaron a una columna baja, de tal modo que estaba agachado hacia ella. Y comenzaron a flagelarme sin detenerse un esbirro alto y otro más bajo: “Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos” . Eran diversas bolas de plomo unidas a un cordel de cuero, y varios cordeles estaban asidos a un mango. Me torturaban sistemáticamente de la espalda a brazos, muslos, piernas… la piel se ponía morada, luego se hinchaba, se debilitaba, ya era una débil tela, por fin reventaban las heridas… seguían flagelando, no se detenían: “Me laceraban sin cesar, cruelmente se burlaban de mí, rechinando los dientes de odio” .

    Descargaban sus golpes de modo tan violento y sin piedad que comenzaron a caer en el suelo jirones de piel, pulpa de carne pulverizada, y un charco inmenso de sangre tiñó las baldosas. Los huesos de mi columna quedaron casi al descubierto, parecía solo un esqueleto con algo de carne… No solo hirieron miembros externos sino que afectaron gravemente todos los internos, excepto la zona del corazón, porque querían que viviera para ser crucificado. La barbarie afectó hígado, riñones, y la parte respiratoria por la que me asfixiaba…

    Yo me tambaleaba y gemía, sin gritar, sin perder la paz, el autodominio y la fuerza infinita que me daba el Amor y la Misericordia hacia ti. Los verdugos estaban empapados de sangre sobre todo en sus manos y brazos… mis llagas se hicieron canales profundos, hasta que se descubrieron músculos y huesos: “Sobre mi espalda araron aradores, alargaron sus surcos” …. ¡Cuánto he sufrido por tu amor! ¡Ten piedad de mí, no me hagas sufrir más por tus pecados y sobre todo por tu frialdad, indiferencia, falta de amor hacia mí!… ¡Derramé mi Sangre por todos, pero cuánto sufría al ver que era inútil para tantas almas que irían al infierno voluntariamente!.

    Contempla, detente y di: “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” …

    ¡Un ser humano robusto moriría a los pocos minutos de iniciada esta carnicería!. ¡Toda la crueldad y ferocidad de los siglos contra Cristo presente en los cristianos fieles se descargaba en esos momentos contra mí! ¡Detrás de esos torturadores pasaban los rostros de los tiranos que llevarían al martirio a los cristianos, a los niños abortados, a todo género de tortura contra los inocentes y fieles a mí!. ¡Yo asumía el dolor de todos ellos, lo hacía mío y les daba mi victoria!. Yo callaba pacientemente, no me quejaba en absoluto: “Fue oprimido, y él se humilló y no abrió su boca. Como un cordero al degüello, era llevado y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca” . Contempla estas espantosas heridas : cada golpe fue un grito de amor a ti, te llamaba a volver a mí, decía tu nombre, asumía tu pecado por amor, ¿y sigues dudando de que te amo y de entregarte a mi amor?… ¿cómo no respondes con amor a tanto amor?…

    Contempla el estado horroroso a lo que me ha llevado tu pecado, tu amor propio, mi soledad por amor a ti y di: “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” …

    Luego de azotarme al punto de casi matarme, me sacaron de la columna a empujones, mientras yo iba chapoteando en mi Sangre, dejando las huellas de mis pies en las piedras, temblaba, y no podía sostenerme por los espasmos del dolor por la extrema debilidad de tantos días sin comer ni beber. Y para colmo de humillaciones “los soldados trenzaron una corona de espinas, y me la pusieron en la cabeza” . Hicieron un casquete con innumerables y terribles espinas que atravesaron el cuero cabelludo y llegaron hasta mi cráneo… cada espina era un capricho tuyo para no amarme, cada espina era un pensamiento rebelde contra la obediencia; cada espina era un prejuicio cruel, una murmuración contra tu prójimo, pero sobre todo cada espina era un canto de mi amor a ti que se olvidaba de tus pecados para perdonarte, y darte la gracia de ser humilde, pequeña, obediente, mientras asumía tu pecado…

    Contempla, detente y di: “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” …

    “Me vistieron un manto de púrpura” ; pusieron “en mi mano derecha una caña y doblando la rodilla delante de mí, me hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!» . “Y me daban bofetadas” . “Y después de escupirme, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. » . Mira cómo maté mi amor propio por tu amor: siendo Rey de todo lo creado, Creador de esos verdugos, siendo que tenía en mis manos el cetro del poder y de la vida para darla o quitarla, podría haber reducido a la nada a estos monstruos, podría haber mandado al ejército celestial que me defendiera, podría haber manifestado mi grandeza como Dios con truenos, relámpagos, y temblor de tierra…. “Pero me anonadé a mí mismo”, para hacer mías toda la miseria humana, toda tu infinita miseria, por tu amor me humillé hasta ser reducido a una irreconocible madeja sanguinolenta..

    Cuando se hubieron burlado de mí hasta hastiarse, “me quitaron el manto, y me pusieron mis ropas” . Entonces volvió a salir Pilato y dijo al pueblo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él». Salí entonces fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura, una llaga viva, ya casi muerto, un montruo horrible, una masa donde no se sabía ya cual era su forma humana. Y les dijo Pilato: «Aquí tenéis al hombre». Cuando me vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él” …

    Contempla, detente y di: “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” …

    Contémplame en la Cruz, escucha: “Pero Dios, rico en misericordia, por el extremado amor con que nos amo estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo – por gracia habéis sido salvados – y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” … Cree en mi amor, pisotea tu amor propio, y vive solo de la fe en mi amor, y con este amor ama tu alma, ama a tu prójimo… Vive de la fe en mi amor revelado en la Santa Cruz esa es tu fuente del verdadero Amor tu salvación y santificación: Contempla, detente y di: “Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” …

    P. Guillermo R Castillo OSB

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  2. ORACIÓN A JESÚS NAZARENO II
    ¡Dulcísimo Jesús Nazareno, fuente de amor, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, que tanto amor tenéis a quien tan poco os ama!, haced que os ame como os aman los ángeles y que de corazón os diga: ¡Jesús mío, os amo!

    Cuantas veces abra mis labios; cuantas mueva mis pies y manos; cuantas latidos mi corazón, quisiera deciros en verdad que os amo. Y deseara repetir este deseo de amaros más veces que estrellas hay en el ciclo, más que hojas tienen los árboles, más que gotas contiene el océano, más que arenas se encuentren en las playas y más que hierbas cubren los campos.

    ¡Quién me diera, Jesús mío, amaros por todas los que no os aman, amaros más que os aborrecen y ofenden todos los pecadores. Abrasadlos, Jesús mío, a todos, en vuestro santo amor, y abrasad este mi frío corazón, para que amándoos viva y amándoos muera. Amén.

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