QUE ES MARIA?

DADO A MARIA VALTORTA.

Dice Azarías.

adentrémonos en los sentimientos de la Reina y Maestra

de todas las criaturas que aman al Señor

“Meditemos cantando las glorias de María Santísima. La Santa Misa de esta festividad es toda ella un himno al poder de Dios y a la gloria de María. Para comprender bien esta liturgia de luz y de fuego, adentrémonos en los sentimientos de la Reina y Maestra de todas las criaturas que aman al Señor

Hay misterios desconocidos para vosotros que no nos está concedido

desvelar completamente. para deleite de algún alma muy amada, nos está permitido levantar

un tantico el velo de los mismos.

¡Reina y Maestra! De los hombres; mas también de los ángeles. Hay misterios desconocidos para vosotros que no nos está concedido desvelar completamente. Con todo, para deleite de algún alma muy amada, nos está permitido levantar un tantico el velo de los mismos. Esto es lo que voy a hacer para ti: levantar un borde del velo. Y, una vez removido el obstáculo, se te concederá fijar tu mirada espiritual en la Luz infinita que es el Cielo y, a esa Luz, comprenderás mejor. Así pues, mira, escucha y sé feliz.

El pecado de Lucifer

Cuando el pecado de Lucifer perturbó el orden del Paraíso y sumió en el desorden a los espíritus menos fieles, un enorme espanto nos embargó a todos cual si algo hubiérase quebrado y destruido sin esperanza alguna de verlo ya resurgir. En realidad, así era. Había quedado destruida aquella caridad completa que era la única que antes existía allá arriba, derrumbándose en una vorágine de la que emanaban hedores de Infierno.

Habíase destruido la caridad absoluta de los ángeles, surgiendo el Odio. Consternados, al modo como se puede estar en el Cielo, nosotros, los fieles del Señor, lloramos por el dolor de Dios (Antropomorfismo, esto es, modo humano de expresar una verdad sobrehumana, como en: Génesis 6, 5-8.) y por su enojo. Lloramos por la perdida paz del Paraíso, por el orden violado y por la fragilidad de los espíritus. No nos sentimos ya seguros de ser impecables por más que estuviésemos formados de puro espíritu, puesto que Lucifer y sus secuaces habíannos probado que también un ángel puede pecar y llegar a ser demonio. Experimentamos que la soberbia –era manifiesto– podía arraigar en nosotros. Temimos que nadie, fuera de Dios, pudiese resistirla, dado que Lucifer había cedido a ella. Temblamos por esas fuerzas tenebrosas que no pensábamos pudiesen invadirnos y que, hasta podría decir, ignorábamos que existiesen y que, al pronto, de una manera tan brutal se nos desvelaban. Abatidos, nos preguntábamos con latidos de luz: “Si pues ni el ser tan puros sirve, ¿quién habrá entonces de dar nunca a Dios el amor que El exige y se merece si hasta nosotros estamos sujetos a pecar?”.

contemplamos la segunda Revelación del Pensamiento Eterno.

Vimos a María en el Pensamiento Eterno Y la vimos tan humilde,

capaz de reparar por sí sola la soberbia de todas las criaturas

He aquí entonces que, alzando desde el abismo de la desolación nuestra contemplación de la Divinidad y, fijos en su Esplendor, con un temor hasta entonces ignorado, contemplamos la segunda Revelación del Pensamiento Eterno. Y si por el conocimiento de la primera vio el Desorden promovido por los soberbios que no quisieron adorar a la Palabra Divina, por el conocimiento de la segunda tornó a nosotros la paz que había sido perturbada.

Vimos a María en el Pensamiento Eterno. Verla y poseer esa sabiduría que es a la vez consuelo, seguridad y paz, fue una misma cosa. Saludamos a nuestra futura Reina con el canto de nuestra Luz y la contemplamos con sus perfecciones gratuitas y adquiridas. ¡Oh hermosura la de aquel instante en el que, para consuelo de sus ángeles, les presentó el Eterno a la perla de su Amor y de su Poder! Y la vimos tan humilde, capaz de reparar por sí sola la soberbia de todas las criaturas.

Fue desde entonces para nosotros maestra que nos enseñó a no hacer de los dones motivo de ruina. Nos habló sin palabras, no su figura corpórea sino su espiritualidad; y el contemplar por un instante en el Pensamiento de Dios a la Humildísima nos preservó para siempre de todo pensamiento de soberbia. Durante siglos y siglos operamos envueltos en la suavidad de aquella fúlgida revelación, y durante siglos y siglos, eternamente, nos inundó de gozo; gozamos y gozaremos con la posesión de Aquella que tuvimos la dicha de contemplar espiritualmente. El Gozo de Dios es el nuestro y nosotros nos mantenemos en su Luz para estar penetrados de ella y tributar gozo y gloria a Aquel que nos creó.

Ahora pues, repletos de sus propios latidos, meditemos la Liturgia que habla de Ella.

Carácter de la verdadera humildad es la alegría verdadera a la que nada puede turbar.

“Con alegría”. Carácter de la verdadera humildad es la alegría verdadera a la que nada puede turbar. El que tan sólo es humilde de un modo relativo, siempre tiene un motivo de turbación hasta en sus triunfos más genuinos. Por el contrario, el verdadero y completo humilde no tiene turbación de ningún género. Cualquiera que sea el don o el triunfo que le revista de una especial prestancia, él sigue contento y sin temor porque sabe y reconoce que cuanto le hace diferente de los demás no es algo que él haya hecho por medios humanos sino que es cosa que viene de otras esferas y que a él nadie se la puede arrebatar. Es cosa que él contempla y considera como vestidura de gran valor que le fue dada para llevarla durante algún tiempo y que debe usarla con el cuidado que se tiene de lo que no es nuestro y que ha de devolverse sin deterioros al que nos la donó.

Sabe asimismo que esta vestidura real, no apetecida con avidez de ostentación, le fue entregada por una Sabiduría infinita que juzgó conveniente dársela. No tiene, por tanto, afán alguno de conseguirla ni de conservarla. El humilde, que verdaderamente es tal, no apetece cosas extraordinarias ni se turba si quien se las dio se las quita. Dice: “Todo está bien porque la Sabiduría así lo quiere”. Por eso el humilde siempre está contento pues no ambiciona, no es avaro de lo que le dan ni se siente menoscabado si se lo quitan.

María Santísima poseyó esta alegría.

María Santísima poseyó esta alegría. Desde su Nacimiento hasta su Asunción la tuvo sobre la Tierra aun entre las lágrimas de su prolongado Calvario de Madre de Cristo y hasta bajo el mar de desgarros del Calvario de su Hijo. Aun dentro de su dolor, que no tuvo parangón con ningún otro, poseyó el gozo exultante de hacer, hasta el sacrificio total, lo que Dios quería, lo que Dios habíale indicado que pretendía de Ella desde que la revistió con las galas de la salvación y la cubrió con el manto de justicia como a esposa adornada con sus arreos.

¿Puedes ponderar qué caída hubiera sido la de María si, tras poseer la Concepción Inmaculada, la justicia y todo otro joyel divino, hubiese pisoteado todo por seguir la voz del Corruptor eterno? ¿Puedes medir su magnitud? Ya no habría habido redención, Cielo ni posesión de Dios para los hombres. Todo esto os lo dio María por cuanto, con la verdadera alegría de los humildes, llevó sus galas de Bienamada del Eterno y cantó sus alabanzas, las de El solo, aun entre los sollozos y desolaciones de la Pasión.

Exultó pensando que aquél su dolor y el de su Jesús

daban gloria a Dios salvando a los hombres para Dios.

¡Exultó! ¡Qué palabra tan profunda! Exultó siempre magnificando con el espíritu a su Señor aun cuando su humanidad sabía del escarnio de todo un pueblo y se hallaba inmersa y prensada por su dolor y el de su Hijo. Exultó pensando que aquél su dolor y el de su Jesús daban gloria a Dios salvando a los hombres para Dios.

Por cima de los gemidos de la Madre y de sus lamentos de Mujer, cantaba la alegría de su espíritu de Corredentora. Cantaba con la aceptación de aquella hora, con la esperanza en las palabras de la Sabiduría y con el amor que bendecía a Dios por haberla traspasado.

La prolongada pasión de María la completó Ella misma uniendo a las grandes cosas que Dios hiciera en Ella las otras no menos grandes cosas que Ella sabía hacer por el Señor. Verdaderamente, mientras sus entrañas de Madre gritaban el desgarro de su tortura, su espíritu fiel cantaba: “Yo te exalto, Señor, porque me has protegido y no has permitido que mis enemigos hayan podido regocijarse a costa mía”.

¿Ves qué humildad? Cualquier otro habría dicho: “Estoy contento por haber sabido permanecer fiel aun en la prueba. Estoy contento por haber hecho la Voluntad de Dios”. No son estas palabras de pecado, mas en ellas va todavía un hilo de orgullo. “Yo estoy contento porque he hecho…”. Aquí está el yo de la criatura que se considera única autora del bien realizado. María Santísima, por el contrario, dice: “Yo te exalto porque Tú me has protegido”. Atribuye a Dios el mérito de haberla mantenido santa en aquellas horas de lucha.

Imitad a María sabiendo conservar la morada de vuestro corazón digna del Santo

que pide entrar en vosotros para gozar de vosotros y vivir entre los hijos de los hombres

a los que ama sin medida

Dios preparó a su Verbo una digna morada que María la supo conservar digna del Dios que en Ella había de encarnarse. Imitadla, criaturas; claro que en medida menor, cual corresponde a vosotros que no habéis de concebir a Cristo, si bien en aquello que os es necesario para llevar a Cristo en vosotros Dios os facilita los medios y los dones convenientes para hacer de vosotros templos y altares (Romanos 12, 1-2; 1.ª Pedro 2, 4-10). Imitad a María sabiendo conservar la morada de vuestro corazón digna del Santo que pide entrar en vosotros para gozar de vosotros y vivir entre los hijos de los hombres a los que ama sin medida.

es a través de María como se llega a la Vida

Y si no supisteis imitarla y vuestra morada es a la sazón una morada profanada o desmantelada por los muchos que la ha habitado, reconstruidla en María que es Madre amable e incansable engendradora de hijos para el Señor, pues es a través de María como se llega a la Vida y por eso, quien está desfallecido o muerto y no osa levantar sus ojos al Señor, puede tornar vivo y grato al Eterno si entra en el Seno y en el Corazón que dieron al mundo el Salvador.

El Señor Jesús te ha explicado ya la luz del capitulo sapiencial, por lo que no debo hablar de lo que El ya tiene hablado. Mas, en confirmación de mis palabras, te hago notar las que la Sabiduría aplica a María: “Es mi delicia estar con los hijos de los hombres”. Con estos hijos que tantas lágrimas le costaron. Mas es propio de las Madres verdaderas el llorar y amar, amar tanto cuanto se ha llorado; amar tanto cuanto sea necesario para llevar al amor; y llorar tanto cuanto sea preciso para convertir a los perversos. ¿Por qué habría de encontrar sus delicias en estar con los hijos de los hombres –esta Bendita cuya morada es ab aeterno el Cielo, esta Bendita que tuvo por habitación el Señor maravilloso de Dios, esta Bendita cuyo Pueblo es el de los Ángeles y los bienaventurados– sino para reconstruir los pobres corazones que el mundo y Satanás, la carne y las pasiones devastaron? ¿Por qué habría de encontrar esas delicias sino porque, al estar entre vosotros, os vuelve a dar la luz para Dios? (María Santísima lo puede decir con mucha mayor razón que San Pablo: 1.ª Corintios 4, 14-15; Gálatas 4, 18-20).

María, que sabe lo que hay en Ella, canta así:

“Dichoso el hombre que me escucha, vela a mi puerta y aguarda en mi casa”.

“Quien La encuentre habrá hallado la Vida y recibirá del Señor la salvación”.

Oídla cantar con su luz perlina: “Bienaventurados los que siguen mis caminos”. Los caminos de María terminan en el Corazón de Dios. “Para que alcancéis a ser sabios, escuchad mis consejos y no los rechacéis”. Una Madre, y santa cual Ella es, no puede pronunciar sino palabras de vida. Ahora bien, ponderad qué es lo que, en la ya llena de Gracia y, por ende, de Sabiduría, habría dejado la Palabra llevada durante nueve meses en el seno y por espacio de tantos años en su regazo. ¡Sobre su regazo en la infancia y la niñez, y hasta en la muerte, en su Corazón purísimo a lo largo, en fin, de 33 años! ¡Jamás estuvo inerte el Dios-Hijo para su Madre amabilísima! Nunca lo estuvo El que ni con los hombres culpables permanece inactivo. Por eso toda la Sabiduría se derramó en toda la Pureza y María no puede hablar sino con la palabra de Dios, con aquella palabra de la que Cristo dijo que es Vida de quien la escucha. María, que sabe lo que hay en Ella, canta así: “Dichoso el hombre que me escucha, vela a mi puerta y aguarda en mi casa”. Habitáculo de Dios, sabe que quien en Ella entra encuentra a Dios. Es decir, lo mismo que Ella canta: “Quien La encuentre habrá hallado la Vida y recibirá del Señor la salvación”.

Verdaderamente, quien vive en Ella tiene salud, vida, sabiduría, gloria, alegría y honor porque Ella es todo esto al tener sus raíces en Dios mismo, fundada como está sobre el monte de Dios para ser su Templo, amada más que ninguna otra criatura por el Señor Altísimo, debiendo ser Ella eternamente la Madre del Hombre.

¿Qué es María?

El ángel la saluda: “Ave”.

La primera de las palabras con las que Dios mandó a hacer de la Toda Hermosa

la Madre Santa y la Corredentora.

¡Oh palabra poco meditada y aún menos comprendida en la que se compendia toda la imagen de María! ¿Qué es María? Es la Reparadora porque Ella anula a Eva. Ella vuelve a poner las cosas desordenadas en el punto donde estaban cuando las trastocaron la Serpiente maligna y la imprudente Eva (Génesis 3.). El ángel la saluda: “Ave”. Se dice que Ave es el nombre invertido de Eva. Mas Ave es asimismo un eco que hace recordar el Nombre Santísimo de Dios, como lo recuerda también y aún más vivamente, tal como te expliqué, el nombre del Verbo: Jeoscué.

En el tetragrama sagrado formado por los hijos del Pueblo de Dios para pronunciar en el secreto templo de su espíritu el Nombre irrepetible, está contenido el Ave (El nombre propio divino más usado en la Biblia –unas 6.823 veces– es el de Iahweh –Jahvé ya está contenido el Ave, es una piadosa consideración, doctrinalmente exacta, pero filosóficamente fundada tan sólo en el sonido de las palabras, de las que una es hebrea –Jahvé– y la otra –Ave– latina, las cuales poseen en común la letra a y la silaba ve.). El ángel la saluda: “Ave” . La primera de las palabras con las que Dios mandó a hacer de la Toda Hermosa la Madre Santa y la Corredentora. Ave: cual si El, como realmente aconteció, se anunciara con su propio nombre para entrar a hacerse carne en un seno, en el Único Seno que podía contener al Único.

Ave, María, Madre del Hombre como Eva y más que Eva (En efecto, Eva, tras el pecado, fue y es la madre de todos los vivientes con vida mortal. María, por el contrario, la sin pecado, fue y es la Madre de todos los vivientes con vida inmortal.) puesto que devolviste al hombre, a través del Hombre, a su Patria, a su herencia, a su filiación y a su Gozo.

Ave, María, Seno de santidad en el que se volvió a depositar la semilla de la Especie para que el eterno Abraham tuviese los hijos de los que la esterilizante envidia satánica habíale privado.

Ave, María Madre Deípara del Primogénito eterno, Madre compasiva de la Humanidad lavada con tu llanto y con la Sangre que es tu sangre.

Ave, María, Perla del Cielo, Luz de Estrella ,dulce, Belleza y Paz de Dios.

Ave, María, llena de Gracia, en quien está el Señor, jamás desunida de El que en Ti encuentra sus delicias y su descanso.

Ave, María, Mujer bendita entre todas las mujeres, amor viviente, por el Amor hecha esposa del Amor y Madre del Amor.

En Ti la pureza, en Ti la Paz, en Ti la Sabiduría, en Ti la humildad y en Ti la perfección de las tres y de las cuatro virtudes… (Esto es: la fe, la esperanza y la caridad; la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Las tres primeras llamadas teologales y las otras cuatro, cardinales.).

Ningún mortal, por santo que sea, puede comprender qué llegue a ser María para todo el Cielo.

María, el Cielo delira de amor al contemplar a María elevándose su canto hasta notas incomparables. Ningún mortal, por santo que sea, puede comprender qué llegue a ser María para todo el Cielo.

Todas las cosas fueron hechas para el Verbo. Mas también todas las obras más grandes fueron hechas por el Amor Eterno en María, porque Aquél que es poderoso la amó y la ama sin límites; y el Poder de Dios está en sus manos de Lirio purísimo para que se derrame sobre todo aquel que a Ella recurre.

¡Ave! ¡Ave! ¡Ave!, María..!”

Misa del 2.º domingo de Adviento

“Ave, María, a través de la cual viene el Señor a salvar las naciones y a manifestar su gloria

en la alegría del Salvador concedido al mundo.

“Ave, María, a través de la cual viene el Señor a salvar las naciones y a manifestar su gloria en la alegría del Salvador concedido al mundo.

La liturgia de la Santa Misa del 2.º domingo de Adviento se acomoda perfectamente a la liturgia de la Santa Misa propia de la Inmaculada Concepción porque, efectivamente, es por medio de María que viene el Salvador a salvar a los pueblos y a ser el Cordero que a la vez es pastor y Pastor bueno que viene a guiar a los justos a los pastos del Señor. Esos justos, simbolizados en José, apacible y justo como ovejita obediente a todos los mandados del Eterno, Pastor Supremo de los pueblos.

Y es asimismo, por medio de María que los pobres y débiles se arriesgan a obtener los medios de salvación y las riquezas eternas. Juan fue el precursor de Cristo para preparar los caminos. María, a su vez, precede a Cristo para prepararle el camino en vuestros corazones. Abridle el corazón a María y poned vuestro espíritu en sus manos maternales para que Ella lo prepare a la venida divina. Imitad a María en este tiempo de Adviento y así os hallaréis dispuestos a recibir la Navidad y sus frutos de un modo digno del elogio angélico.

Dice Pablo que cuanto se ha escrito para haceros sabios en el Señor, ha sido escrito para que se conserve en vosotros la esperanza. ¿Qué esperanza? La de las promesas divinas. Mas las promesas, que son ciertas –y por eso es preciso, más que esperar, creer, creer con absoluta certeza que se cumplirán–, tendrán cumplimiento si sabéis perseverar y obrar con paciencia y con la fortaleza que prestan las consolaciones, de las que la Escritura está llena, en las varias contingencia de la vida.

Estas son las cosas que alimentan vuestras fuerzas, luchadores de hoy y vencedores de mañana

Porque esta vida es una lucha continua y siempre nueva, llena de incógnitas y de sorpresas, lucha que agotaría hasta a un héroe si éste no se viese sostenido por algo más que terreno. Este algo es Dios y su Ley, sus promesas y la certeza de la vida futura, la fe cierta de que el Hombre que se inmoló por vosotros no podía ser otro que Dios, puesto que ninguno que no fuese Cristo supo jamás vivir y morir como El vivió y murió. Estas son las cosas que alimentan vuestras fuerzas, luchadores de hoy y vencedores de mañana. Estas las certezas y consolaciones que el Dios de la paciencia y de los consuelos os infunde para que sepáis luchar con Cristo y para Cristo hasta alcanzar la gloria que por Cristo podéis tener.

Y, junto con la fe y la esperanza, he aquí, en las palabras de Pablo, recordada asimismo la Caridad sin la cual todo lo demás resulta vano. Hasta la vida en la más austera virtud sería vana de no ir acompañada de la caridad. Quien practicase las más austeras penitencias, fuese temperante, honesto, continente, creyese en Dios, esperase en El, observase los Mandamientos y Preceptos, mas no amase a su prójimo, lesionaría de tal modo sus virtudes, que habría de expiar largamente su pecado de egoísmo.

Santo es el amor a Dios, santa la obediencia a sus preceptos, santa la
templanza
y buena la honestidad. Mas si no hay amor al prójimo, …

Santo es el amor a Dios, santa la obediencia a sus preceptos, santa la templanza y buena la honestidad. Mas si no hay amor al prójimo, ¿no viene a ser acaso todo eso como un árbol por demás herido del que no queda sino el duro tronco, sin ramas ni hojas, sin flores ni frutos, inútil para el viandante asoleado que busca la sombra o resguardarse de la lluvia; inútil para el desconsolado que, a la vista de sus flores, recibiría una inyección de esperanza en el futuro; inútil para el hambriento que no puede sostener sus decaídas fuerzas con los sazonados frutos de sus ramas ni sentir la existencia de un Dios que vela por las necesidades de sus hijos: e inútil, por último, hasta para el pajarillo que busca en vano refugio en ese despojo de tronco? Verdaderamente, la virtud rígida que carece de amor es la triste visión de un tronco robusto pero desnudo, destinado a morir. Es, ni más ni menos, egoísmo, fariseísmo; es un paganismo que se sustituye al culto verdadero. Porque la verdadera Religión se afianza sobre las columnas de estos dos amores: el de Dios y el del prójimo; y todo edificio que estribe sobre una sola columna resultará siempre desequilibrado y disonante.

La Ley consiste en amar a Dios y en amarse los hermanos entre sí, acogiéndose los unos a los otros, apoyándose, instruyéndose y compadeciéndose, igual que lo hizo Cristo.

Tú, pequeña voz, ves cómo amó Cristo a los circuncisos por su derecho de ser amados al ser el Pueblo de la Promesa, y lo mismo a los incircuncisos, como era obligación amarles por ser el nuevo pueblo del Rey de Reyes. Tanto les amó a éstos que los primeros hicieron de ello motivo injusto de acusación contra El, lo mismo que hacen actualmente los “circuncisos” de ahora que, por ser o creerse los elegidos de entre las naciones, hacen de las páginas que revelan el inigualable amor del Maestro hacia los gentiles motivo de escándalo y de negación.

No comprendían los rabinos de entonces, como tampoco comprenden los rabinos de ahora,

la suprema caridad que ve en los hombres a otros tantos hermanos a los que ama,

si son santos y del pueblo de Dios, por serlo, y si no son santos, para hacerlos tales.

No comprendían los rabinos de entonces, como tampoco comprenden los rabinos de ahora, la suprema caridad que ve en los hombres a otros tantos hermanos a los que ama, si son santos y del pueblo de Dios, por serlo, y si no son santos, para hacerlos tales.

Eso, no obstante, yo te digo con Pablo que estos últimos de los tiempos actuales aventajan, en el amor que tributan al amor, a aquellos que se tienen por perfectos. Siempre es así: ahora como hace veinte siglos. Los sabios insapientes, o sea, aquellos que saben la letra, mas no el espíritu de la misma, no saben comprender, creer ni aceptar que Jesucristo, el Salvador, vino y viene, más para los gentiles que para los suyos, más para las ovejas sin pastor o salvajes y aún heridas y sarnosas, que no para las 99 ovejitas ya resguardadas en su Redil.

Jesucristo fue, es y seguirá siendo Aquel que es Salvación para todos aquellos que aciertan a buscarle o a desearle.

Así pues, sin establecer diferencias entre los que son o no son de la grey, sabed amar, sufrir y obrar, pensando que ahora hace veinte siglos se abrió el Cielo para conceder, no a Belén o a Nazaret, ni a Jerusalén o a Palestina entera, como tampoco al aún más numerosos Israel diseminado por el mundo, el Salvador y Maestro, sino para darlo a todos los hombres.

Este es el espíritu de preparación a la venida de Cristo, suprema caridad de Dios:

un espíritu de amor universal encaminado a que todos los hombres vayan al Reino de Dios,

a la casa del Padre.

Este es el espíritu de preparación a la venida de Cristo, suprema caridad de Dios: un espíritu de amor universal encaminado a que todos los hombres vayan al Reino de Dios, a la casa del Padre.

A ti, en fin, te aguarda un cometido de amor mucho mayor todavía y tú sabes el porqué y para quién (Probable alusión a su misión de escritora con todos los sacrificios e inmolación total inherentes a la misma). Mas no te abata la magnitud del amor que se te exige pues ¡es tanto lo que has recibido…! Sé, pues, generosa en el dar, en el dar de todas las maneras hasta la inmolación total. Sé víctima. Sé heroica. el tiempo pasa y se acerca la paz. Después, todo te parecerá tan poco en relación con lo que tendrás…!

¡Arriba tu espíritu! Mira al gozo que te viene de tu Dios; mira a tu Dios que es tu alegría y que viene a ti para confortarte.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Ha pasado la Procesión (Como aparece por el contexto, se alude aquí a la procesión de Nuestra Señora de Lourdes, ya que se nombra a Bernardetta Soubirous y porque bajo tal advocación particular se la venera en la Basílica de San Paulino que era la parroquia de María Valtorta en Viareggio.). He querido ver… Me he quedado hecha un trapo de tanto esforzarme por estar levantada para mirar… Me he conmovido recordando tantas cosas… He lanzado besos y puesto mi alma a los pies de María… Hubiera querido estar para siempre en el puesto de Bernardina… pero en el Cielo, no aquí, en la Tierra. Mas, ¡oh Virgen Santa!, si, como sabes, te he rendido mi más completo tributo de fe, sabes también que he tenido que recordar con mi espíritu, más que tu imagen, tu persona, porque quien te ve cual yo te veo, encuentra tan fría, material y despreciable la reproducción más acabada, que no la puedo contemplar sin sentir pena.

¡Oh Tú, Tú! ¡Si te viéramos como eres!

Es nuestro castigo de videntes. La realidad espiritual es tan distinta de la material que nos deja helados y casi disgustados. ¡Oh Tú, Tú! ¡Si te viéramos como eres! ¿Qué artista sería capaz de esculpirte o pintarte sin menoscabo, de suerte que nosotros pudiéramos mirarte sin recibir pena viendo envilecido lo que es inefable belleza?

¡Dios mío, cómo nos amas! Sólo por este don de veros cual sois están bien pagadas todas las penas.

Mas, entretanto, digo que me ha resultado mucho más dulce contemplar el homenaje del pueblo y, sobre todo, oír esta mañana en mi doloroso despertar tu maternal saludo, que no ver tu imagen tan diferente de como tú eres.

173-180

A. M. D. G.

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