DIVORCIO

El matrimonio y el divorcio
Marzo 13/09 (9:32 a. m.)
María Santísima dice:
El matrimonio, hijos míos, es un Sacramento instituido
por Jesús. El matrimonio ha de convertirse para vosotros
en escuela de santidad, en hogar de fidelidad, en
encuentro de oración, de paz, de amor y de entrega
incondicional del uno para con el otro.
Bajo la bendición del sacerdote ya dejáis de ser dos y
pasáis a ser una sola carne; por ende os llamo a que viváis
en la fidelidad; os recuerdo la promesa que hicisteis, allí
en el templo, cuando os preparabais para unir vuestras
vidas eternamente, pero a muchos de vosotros se os olvida
y desecháis esos compromisos y esas promesas que
hicisteis de permanecer unidos en el dolor, de permanecer
unidos en la enfermedad, de permanecer unidos en la
alegría, en la riqueza, en la pobreza; y fácilmente vais
desechando vuestro pacto de amor, conociendo que el
matrimonio es indisoluble; sólo os puede separar la
muerte.
Hay de aquellos esposos que le son infieles a sus esposas,
tendréis que sufrir las consecuencias de vuestros actos.
Hay de aquellas esposas que le son infieles a sus esposos,
tendréis que padecer por vuestros desvaríos y por vuestros
yerros; satanás se ha inmiscuido en muchos hogares
sembrando discordia, sembrando desazón; su fin es
destruir familias enteras.
Hijos amados, os llamo a permanecer unidos en el amor,
en la entrega del uno para con el otro y en la fidelidad del
matrimonio.
Esforzaos, pues, en superar vuestros defectos, en practicar
la virtud de la tolerancia y el de perdonarse mutuamente.
Si por desgracia habéis caído en adulterio, pedid perdón al
Señor, porque su Corazón sobreabunda en misericordia y,
Él, os perdonará y os abrazará como a hijos pródigos; Él
quitará la inmundicia y la fetidez de vuestro corazón y os
devolverá la fragancia de su suave perfume. Os quitará las
heridas purulentas de vuestra alma y os vendará vuestras
heridas cicatrizándolas con el óleo bendito de su
misericordia.
Hay de aquellos que mueren en pecado mortal y en
adulterio; hay de aquellos que no reparan, toda su vida,
por este horrendo pecado.
Hay de aquellos que a lo bueno le llaman malo y a lo
malo le llaman bueno.
Hay de aquellos que piensan y creen que tienen derecho
de una segunda oportunidad.
¿Por qué no lo pensasteis bien antes de uniros de por vida
a aquel hombre que tenéis por esposo, o a aquella mujer
que tenéis por esposa?
Muchos de mis hijos cometen errores porque no oran, no
piden dirección al Señor y actúan es de acuerdo a su
voluntad humana y no según la Divina Voluntad.
El divorcio es un invento de satanás. Y, sí que está
causando estragos, consecuencias funestas en aquellas
pobres almas que creen que firmando un papel, ya está
enmendado el daño, cuando realmente el daño se lo están
haciendo a ellas mismas. Pobres almas, pobres creaturas
que se dejan dirigir por leyes humanas omitiendo y
evadiendo las leyes de Dios.
El divorcio es el invento maldito de satanás.
Permaneced unidos en el amor y en la fidelidad.
Perdonad mutuamente e iniciad de nuevo.
Os lo repito nuevamente: si por desgracia le habéis sido
infiel a vuestro esposo, o a vuestra esposa, arrepentíos de
corazón porque si no tendréis que sufrir las consecuencias
de vuestro pecado en la vida eterna.
No llaméis matrimonio a las uniones libres.
No llaméis matrimonio a las uniones civiles.
Llamad matrimonio a los que han contraído nupcias bajo
la bendición sacerdotal.
A través del matrimonio os podéis santificar. De hecho
acepté ser la esposa del castísimo San José, acepté ser la
Madre del Salvador por designios de Dios Padre e
hicimos de nuestro matrimonio y de nuestro hogar
encuentro recíproco del amor, de la fidelidad, de la piedad
y de la oración.
A eso os llamo, a todos vosotros, a que compartáis la
oración, juntos; a que eduquéis a vuestros hijos en la sana
doctrina, a que corrijáis a tiempo a vuestros hijos; no es
guardando silencio ante sus defectos, no es guardando
silencio ante sus desvaríos; cuando sepáis que vuestros
hijos andan por las sendas del mal, llamadles a la
corrección, llamadles a la conversión, porque si no lo
hacéis os convertís en perros mudos y tendréis que rendir
cuentas a Dios porque no tuvisteis el coraje, las agallas de
mostrarles el camino angosto y pedregoso que os lleva al
cielo. Porque os amo y porque soy María, Madre del Buen
Consejo estoy llamada a hablaros con autoridad, a
mostraros vuestras equivocaciones porque estáis a tiempo,
aún estáis vivos, trabajad con entereza por vuestra propia
salvación y por la salvación de vuestra familia.
En las profundidades del averno hay muchísimas almas
que en vida vivieron en adulterio, en uniones ilícitas y
nunca pidieron misericordia y clemencia a Dios.
Evitaos terribles sufrimientos en la vida eterna.
Os amo hijos míos y os llamo a que os dobleguéis a las
Santas Leyes de Dios, os bendigo: . Amén.

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