PROFECIA EZEQUIEL.

Dice Jesús: DADO A MARIA VALTORTA.

“Te pregunto Yo a ti, como el Señor a Ezequiel: ‘¿Piensas tú que hayan de revivir estos huesos?’

El da el nombre de ‘huesos’ a esta pobre humanidad actual,

casi toda ella materia y nada espíritu

Yo, al igual de Ezequiel, respondo: ‘Tú lo sabes, Señor Dios’, porque entiendo cual es el sentido de la palabra ‘huesos’ usada para expresar ‘hombres’. Comprendo asimismo que Jesús no me pregunta si han de resucitar los muertos en el Último Día, pues esto es de fe y no cabe dudar de ello. Ahora bien, El da el nombre de ‘huesos’ a esta pobre humanidad actual, casi toda ella materia y nada espíritu. Lo comprendo así porque, como ya se lo he explicado tantas veces, cuando Dios me toma para que sea su portavoz, mi inteligencia se amplifica y eleva a una potencia muy superior a la atribuida a los humanos, ya que ‘veo’, ‘oigo’ y ‘comprendo’ según el espíritu.

Jesús sonríe porque ve que he comprendido su pregunta y explica:

Ahora la Humanidad es tan sólo huesos, ruinas calcinadas, pesadas,

muertas, enterradas en surcos apestados de vicios y herejías

“Así es. Ahora la Humanidad es tan sólo huesos, ruinas calcinadas, pesadas, muertas, enterradas en surcos apestados de vicios y herejías. Desapareció el espíritu que es vida en la carne y vida en la eternidad; el espíritu que es lo que diferencia al hombre de los animales. El hombre se ha dado muerte a sí mismo en su parte mejor. ¿Es una máquina?, ¿un bruto?, ¿un cadáver? Sí, es todo eso.

Es una máquina, porque completa su jornada con la precisión de un ingenio que opera porque ha de hacerlo merced al impulso de sus elementos puestos en acción, pero que lo hacen sin que lleguen a apreciar la belleza de lo que hacen. Es más, el hombre se levanta y se acuesta después de haber comido, trabajado, paseado y conversado, sin comprender jamás lo que pueda haber de bello o de indigno en lo que hace. Y esto, simplemente, porque, privado como está de espíritu, ya no distingue entre la belleza y la deformidad, entre el bien y el mal.

Es un bruto porque pone su satisfacción en dormir, comer, acumular grasas en su cuerpo y reservas en su cubil, ni más ni menos como hace el bruto que de estas operaciones hace el objeto de su vida y el goce de su existencia, justificándolo todo: egoísmo y brutalidad con esta ley baja y brutal de la necesidad de depredar para sentirse satisfecho.

Es un cadáver porque lo que hace decir que un hombre está vivo es la presencia del espíritu en la carne. Cuando se exhala el alma, el hombre se convierte en cadáver y, en verdad que el hombre actual es un cadáver que se mantiene erecto y con movimiento por un sortilegio de la mecánica o del demonio; mas, en realidad es un cadáver.

He aquí que Yo infundiré en vosotros, huesos áridos,

el espíritu y reviviréis

Ahora bien digo Yo: “He aquí que Yo infundiré en vosotros, huesos áridos, el espíritu y reviviréis. Haré que tornen a salir en vosotros los nervios, a crecer las carnes, a extenderse sobre vosotros la piel, os comunicaré el espíritu, reviviréis y conoceréis que Yo soy el Señor”. Claro que lo haré y así llegará el tiempo en el que volveré a contar con un pueblo de ‘vivos’ y no de cadáveres.

Entre tanto, he aquí que a los mejores, no muertos aún sino esqueléticos por falta del alimento espiritual, les nutro con mi palabra. No quiero que mueran por consunción. Este es el sustancioso maná que con su dulzura os comunica vigor. ¡Oh, nutríos de él, hijo de mi amor y de mi sacrificio! ¡Y que haya de ver a tantos famélicos habiendo tal cantidad de alimento dispuesto por el Salvador sin que se acerquen al mismo para saciar su hambre! Nutríos, poneos en pie, salid de los sepulcros. Sacudid la inercia, dejad los vicios del siglo y volved al conocimiento. Venid a ‘reconocer’ al Señor Dios vuestro.

“Esta es una de las guerras preparatorias de los tiempos del

Anticristo” y después llegará la era del espíritu vivo

Os lo dije al inicio de esta obra, a la mitad de esta trágica guerra y os lo repito ahora: “Esta es una de las guerras preparatorias de los tiempos del Anticristo” y después llegará la era del espíritu vivo. Dichosos los que se hayan de preparar para recibirla.

No digáis: “Nosotros no estaremos entonces”. No vosotros, ni todos vosotros. Ahora bien, es estulticia y anticaridad pensar únicamente en sí mismos. De padres ateos nacen hijos ateos y de padres indiferentes hijos indiferentes. Pero ellos, vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos tendrán gran necesidad de fuerza espiritual en aquella hora. En el fondo es ley de amor humano el proveer al bien de los hijos y de los nietos. No seáis menos, en lo tocante al espíritu, de lo que sois respecto a lo de este mundo y así como proporcionáis a vuestros hijos unas riquezas o tratáis de procurárselas para que ellos disfruten de días más felices que los vuestros, esmeraos en dejarle una herencia de fuerza espiritual a fin de que ellos la puedan trabajar y multiplicar y contar así con una gran riqueza cuando la borrasca de las últimas grandes batalles de Lucifer azote con tal furor a la Humanidad que se preguntarán sino sería preferible el Infierno.

¡El Infierno! Ella lo vivirá. Mas después, para los fieles al espíritu, vendrá el Paraíso, vendrá la Tierra que no es tierra, esto es, el Reino de los Cielos”.

48-50

A. M. D. G.

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