MADRE DE LA DIVINA GRACIA.

Origen de la Misión de Carolina Name

Carolina Name nació en Bogotá el 9 de Octubre de 1974, al interior de una familia católica poco practicante, con excepción de Clarita su madre, una encantadora mujer de fe, quien permanentemente ora mucho por los suyos y el mundo entero. Héctor, su padre, era hasta ese entonces, un católico por tradición, al igual que sus otros cuatro hermanos.

Estudió en el colegio Alvernia de Bogotá (Colombia), dirigido por las hermanas Franciscanas de Maria Inmaculada. Vivió la infancia y parte de su adolescencia entre los suyos, con una vida común y corriente. No tenía a Dios como el centro de su vida, no negaba su existencia, pero llevaba una vida ajena a Él.

Hacía la mitad de la década de los setentas, Clara, una de sus hermanas mayores, padeció una enfermedad degenerativa e incurable, llamada Esclerodermia y aún cuando su padre gastó grandes cantidades de dinero en tratamientos mientras su madre oraba incansablemente, incluso hasta en los momentos más difíciles de la enfermedad, solo hasta 1981, fue curada de manera inexplicable para la ciencia, después de 6 años de padecimiento. El hecho, sin duda maravilloso, en la vida de Clara, no trascendió en la vida espiritual de la familia.

Carolina Name
Carolina confiesa hoy, que aunque su fe era fría o más bien dormida, el 9 de junio de 1983, día de su primera comunión, sintió por primera vez paz interior y el poder de una fuerza superior. Agrega que cinco años más tarde, el 9 de Octubre de 1988, día de su cumpleaños, llegó a su casa una imagen de la Virgen peregrina bajo la advocación de la Rosa Mística y que aún cuando la visita no constituyó un hecho relevante para ella, por su indiferencia hacia las cosas de Dios, nunca imaginó que dos meses después, aún con esa imagen en su casa, recibiría el llamado que cambiaria su vida.
Revelación de la Misión

Corría la noche del 12 de Diciembre de 1988 y la pequeña Carolina no podía conciliar el sueño. Al amanecer del día 13 se sintió sobresaltada y atemorizada ante la presencia de algo extraño en su habitación. Oró de corazón por primera vez y le pidió a Dios que, si en verdad existía, le ayudara en ese momento de angustia.

Sintió entonces, la presencia de alguien junto a su cama que fue transformando la ansiedad y temor del momento, en una gran paz difícil de expresar con palabras. Un hormigueo comenzó a recorrer todo su cuerpo y aún con sus ojos cerrados vislumbró un gran resplandor el cual se hacia cada vez más grande. Algo la tranquilizaba y le aseguraba que lo que estaba viviendo venia directamente del Cielo.

Al abrir sus ojos, tuvo una gran visión: junto a su cama flotaba a unos diez centímetros del piso y rodeada por un espléndido destello, una hermosísima mujer sonriente, muy joven, de tez blanca, cabellos negros, manos muy finas y unos penetrantes ojos de los que emanaba una preciosa luminosidad de color azul intenso, como cristalino y reconfortante.

Llevaba un vestido rosa, muy pálido, con un cordón azul claro amarrado a la cintura, unas estolas también azules, que caían unos veinte centímetros desde sus antebrazos, y un mantón blanco que avanzaba hasta los codos. Las manos se abrían como invitándola a un abrazo y, sobre cada uno de sus pies, se posaba una bellísima rosa. Justamente, un agradable olor a rosas frescas invadió todo el ambiente.

En una actitud de respeto y devoción Carolina se arrodilló sobre su cama y entonces escuchó las palabras de aquella mujer que con voz suave y amorosa le dijo: “Hijita mía, he venido a deciros que os amo”.

Para Carolina este fue un “te amo” muy especial, diferente a cualquier otro. Produjo en ella una sensación de verdadero amor, incomparable con el sentimiento en términos terrenales y solo bastaron aquellas palabras para ella comprender que no estaba sola en este mundo y que había alguien que la entendía y la quería como era. La bella mujer continuó diciendo:

“Mi pequeñita, os voy a pedir le digáis al mundo que Dios existe; Jesús es la plenitud de la vida y vosotros debéis seguirlo… Yo soy la Madre de la Divina Gracia, la Madre del Amor Hermoso”.

Cada una de estas palabras quedó grabada en el corazón de Carolina, pues las repite hoy, una y otra vez, como si las acabara de escuchar.

“Miles de peregrinos llegarán a este lugar… Muchos sanarán, muchos no sanarán… Todo será de acuerdo a vuestra fe y a vuestra esperanza en la Voluntad de Dios…”

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“Empezad por vuestro hogar… Uníos todos en el Santo Rosario… Confesaos, acercaos a la Iglesia… El mundo sufrirá mucho, sino se cumple lo que yo vengo a pedir a la humanidad…”

Nuestra Madre del Cielo le entregó a Colombia, a través de esta joven, una misión de amor para luchar mediante el rezo del Santo Rosario por la paz de Colombia y el mundo entero, la unión de las familias, la terminación del aborto, y para enseñar a otros a amar y respetar al Papa como cabeza de la Iglesia y a sus sacerdotes. Ella le dijo a Carolina:

“Mi Pequeñita debéis decirle a todos: No juzguéis a mis Sacerdotes, mis hijos predilectos. Amadlos y entended su humanidad, buscadlos pues la gracia está en ellos, la gracia de Dios… Reconciliaos con Dios a través de ellos y no los juzguéis más”.

Le habló de la paz entre Dios y los hombres, de los hombres entre si, y de la paz interior de cada ser humano. Le explicó que una misión de la Santísima Virgen, como Madre de Dios y de los hombres, es ser mensajera de su Hijo para la salvación eterna de la humanidad y que una de las principales consecuencias del pecado, que rompe la unión pacífica con Dios, es la pérdida de la paz interior y exterior, que provoca la violencia y las guerras.

Le señaló que el único camino es la conversión y el regreso a la Fe, a la práctica constante de los sacramentos instituidos por su Hijo, y a la reanudación de las tradiciones católicas. Así mismo, le explicó que tal como ha dicho en otras apariciones en el mundo, su Corazón Inmaculado triunfará también en Colombia, a través de la Consagración de estas tierras a su Inmaculado Corazón.

Nuestra Señora le anunció que el camino sería difícil, que sufriría mucho por la incredulidad y la maldad de los hombres, pero que no habría de preocuparse por que su mano siempre estría sobre su hombro para sostenerla:

“Mi pequeñita: Mucho tendréis que sufrir por la incredulidad de mis pequeños, pero al final, mi Corazón Inmaculado Triunfará y miles de almas se convertirán… Recojo y recogeré cada una de vuestras lágrimas”

De repente la luz que envolvía el entorno se hizo tan intensa hasta deslumbrar a Carolina; a medida que la luz se desvanecía pudo recobrar la vista, pero la bella Señora ya no estaba sola; cargaba en sus brazos un bebé de unos siete meses con la misma mirada dulce y abrumadora de la mujer; el niño Jesús – como Ella lo llamó- estaba humildemente vestido. Luego agregó:

“Así debéis ser vosotros como los niños, como mi Amado Jesús, porque los niños son transparentes, puros y nunca mienten…”

Transcurrieron más de cinco horas, después de las cuales la Santísima Virgen concluyó diciéndole:

Mi pequeñita: No olvidéis lo que os he pedido… Pronto va a amanecer… Tenéis que descansar…”

Luego pasó su mano sobre el rostro de Carolina, dejándola en un plácido y profundo sueño.

Los Frutos de la Misión

Aquella noche el corazón y la vida de esta joven fueron transformados para siempre, dando inicio a una vida con Dios, como su único eje central.

Durante tres años más, Carolina continuó recibiendo mensajes privados de la Santísima Virgen María y de Nuestro Señor, los cuales fueron orientando su apostolado. De allí surgieron frutos de oración y miles de conversiones, que dan cumplimiento a las promesas hechas por Nuestra Señora desde 1988.

Ya en una segunda etapa, entre los años 1992 y el 13 de diciembre de 2006, los mensajes comenzaron a ser públicos y a trascender grupos y fronteras. El grupo de oración de Carolina fue creciendo de la mano de la Santísima Virgen, quién desde ese entonces ha guiado cada paso de la misión.

Posteriormente en el año de 1995, una familia que iba a rezar el Santo Rosario a la casa de la Familia Name Bayona y que encontró ahí el inicio de su proceso de conversión a través de la amorosa voz de La Santísima Virgen y la sanación física de un miembro familiar, ofreció a Dios un lugar en la ciudad para realizar los grupos, que cada vez recibían más y más almas.

Sin embargo solo hasta un año después y luego de recibir un mensaje donde Nuestra Señora confirmaba el lugar, comenzaron a realizarse dichos grupos de oración.

“Mirad la hora y el día… Desde este momento, este es un lugar Santo… Muchas almas se convertirán, muchos se sanarán y muchos me verán…” (SVM – Agosto 3 de 1996)

Este es el “ Refugio de Amor” , como amorosamente la ha llamado la Santísima Virgen, fue inaugurado el 13 de septiembre de 1996, bajo la dirección del Padre Roberto Cabrera S.J. (q.e.p.d), y con la tutoría permanente de la Iglesia Católica, manifestada a través de la Parroquia de la Sagrada Eucaristía – Zona Pastoral de Cristo Sacerdote, en la misma cuidad, desde 1997.

Cientos de personas se reúnen ahí, todos los primeros, sábados -consagrados al Inmaculado Corazón de María- y los día trece (13) de cada mes para asistir a la celebración de la Santa Eucaristía a las 7:00 p.m. y posteriormente rezar el Santo Rosario por las intenciones de todos los asistentes y la paz de nuestra nación.

En ese santo lugar, como en todos los Santuarios Marianos, alrededor del mundo, también brota agua de un manantial, que ha traído sanación física y espiritual para muchas almas enfermas. La Santísima Virgen en numerosas ocasiones se ha referido a esta manifestación de amor de Dios, diciendo:

“Lavaos con el Agua de la Gracia, aún vosotros no lo entendéis, pero esta, el Agua Santa, hará en vosotros grandes milagros, renovará vuestras acciones, limpiará vuestras manos del pecado…”(SMV abril 17 de 2000).

“Este lugar os espera siempre y en el, vuestra Madre Celestial… Orad por el agua que brota para que cada vez sea más y así más los corazones sanos y limpios, y los cuerpos sanos y bendecidos…”. (SMV agosto 4 de 2001).

“El agua que brota de esta fuente os servirá, también hijos míos, de medicina del cuerpo y del alma… Bendiciones…” (SVM Mayo 13 de 2002).

“Mis enfermos: Tomad del agua que brota y haced de vuestros corazones un altar, en el que habite el Cuerpo Sacratísimo de Mi amado Hijo Jesús”. (SVM Octubre 13 de 2002).

“Bebed del agua que brota… Llevad a vuestros hogares… Adiós mis amores… Amad los Sacramentos y cumplidlos”. (SVM Agosto 13 de 2004).

“Os amo inmensamente… Bebed del agua que brota y hallaréis la sanación”. (SVM Mayo 13 de 2004).

“Tomad del agua que brota, el agua del Costado de Cristo” (SVM Abril 3 de 2004).

“Bebed del agua que brota y vuestros corazones heridos sanarán” (SVM Febrero 13 de 2005).

“Bebed del agua que brota… Llevadla a mis enfermos pues del Cielo a esta tierra se le ha otorgado la gracia de la sanación, a través de ella” (SVM Julio 13 de 2006).

“A vosotros mis hijos que estáis presentes en este mi santuario, mi corazón, mi bendición… Bebed del agua que brota, llevadla a vuestros hogares y recibid las gracias que se os han otorgado” (SVM Octubre 13 de 2006).

“¡Bebed del agua que brota!… ¡Bebed del agua que brota!… La sanación de vuestras almas hallaréis” (SVM Julio 13 de 2009).

“Miles de peregrinos”, tal como la Santísima Virgen lo advirtió a su pequeña Carolina, diariamente van al “Refugio de Amor” en búsqueda de consuelo y protección para sus almas. Sanaciones físicas y espirituales, surgimiento de vocaciones sacerdotales y religiosas y conversiones a granel, dan cuenta de los frutos espirituales producto de esta Misión de Amor.

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