JESUS HABLA A ESCLAVOS.

…En esto, vuelve Publio Quintiliano con otros soldados; tras él unos esclavos traen una litera, para la que los soldados consiguen un lugar. Jesús: “¿Quién es Dios? Hablo a los gentiles que no saben quién es Dios. Hablo a los hijos de los pueblos sometidos que no saben quién es Dios. En vuestros bosques, galos, iberos, tracios, germanos, celtas, tenéis solo una apariencia de Dios. El alma, espontáneamente, tiende a la adoración, porque se acuerda del Cielo. Pero no sabéis encontrar al Dios verdadero que puso un alma en vuestros cuerpos, un alma igual que la nuestra, israelitas, igual que la de los poderosos romanos que os han subyugado, un alma que tiene los mismos deberes y derechos respecto al Bien, y a la que el Bien, es decir, el Dios verdadero, será fiel; sedlo también vosotros para con Él. El dios, o los dioses, a los que hasta ahora habéis adorado, cuando aprendisteis su nombre o sus nombres sobre las rodillas maternas; el dios en el que tal vez ahora no pensáis porque no sentís que os venga de él algún consuelo en vuestro sufrimiento, o al que quizás incluso odiáis o maldecís en vuestras jornadas desesperadas, ése, no es el Dios verdadero. El Dios verdadero es Amor y Piedad. ¿Acaso eran esto vuestros dioses? No. También ellos son dureza, crueldad, mentira, hipocresía, vicio, latrocinio. Y ahora os han abandonado sin ese mínimo de consuelo que es la esperanza de ser amados y la certeza de descansar después de tanto sufrir. Esto sucede porque vuestros dioses no existen. Sin embargo, Dios, el verdadero Dios que es Amor y Piedad, y cuya existencia Yo os aseguro, es Aquel que ha hecho cielos, mares, montes, bosques, plantas, flores, animales… y al hombre; es Aquél que inculca al hombre vencedor la piedad y amor que Él mismo es para con los pobres de la tierra. ■ Y vosotros que tenéis poder, que sois dueños, pensad que todos sois de una sola planta. No seáis crueles con los que un infortunio os ha puesto en las manos. Sed humanos también para los que un crimen ha amarrado al banco de la galera. El hombre peca muchas veces. No hay ninguno que esté sin culpas más o menos ocultas. Si pensarais en esto, ¡cuán buenos seríais para con los hermanos que, menos afortunados que vosotros, han recibido castigo por culpas que también vosotros habéis cometido y que no os han sido castigadas! La justicia humana adolece gravemente de exactitud cuando juzga. ¡Ay, si lo mismo fuera la justicia divina! Hay reos que no parecen tales, y hay inocentes que a los que se les juzga reos; no indaguemos por qué: ¡sería acusación demasiado grave para el hombre injusto y lleno de odio hacia su semejante! Hay reos que efectivamente lo son, pero que cometieron el delito llevados por fuerzas poderosas que, en parte, aligeran la culpa. Por esta razón, vosotros que habéis sido colocados al frente de la galera, sed humanos. Por encima de la justicia humana hay una Justicia divina que está mucho más arriba: la del Dios verdadero, la del Creador del rey y del esclavo, de la roca y del granito de arena. Él os está mirando, tanto a vosotros que estáis en los remos como a quienes tenéis el encargo de regirlos (¡ay de vosotros si llegáis a ser crueles sin razón alguna!). Yo, Jesucristo, el Mesías del Dios verdadero, os lo aseguro que Él, el día de vuestra muerte, os amarrará al banco de una galera eterna y pondrá en manos de los demonios el látigo manchado de sangre y seréis torturados y azotados como vosotros torturasteis; ■ porque, si es verdad que la ley humana dice que el reo sea castigado, es necesario no exceder la medida. Sabed recordar esto. El poderoso de hoy puede ser el miserable de mañana; solo Dios es eterno. Quisiera cambiaros el corazón y, sobre todo, quisiera romper vuestras cadenas, devolveros la libertad y patria perdidas; pero, hermanos galeotes que no veis mi rostro, hermanos galeotes cuyo corazón con todas sus heridas conozco, en cambio de la libertad y de la patria terrenas que no os puedo dar, ¡oh pobres hombres esclavos de los poderosos!, os daré una libertad y una patria más altas. Por vosotros me he hecho prisionero, dejé mi patria, por vosotros me entregaré Yo mismo como rescate; para vosotros, sí, también para vosotros, que no sois oprobio de la tierra como os llaman, sino signo de vergüenza para el hombre que olvida la medida del rigor de la guerra y de la justicia, haré una nueva Ley sobre la tierra y una tranquila mansión en el Cielo. Acordáos de mi Nombre, hijos de Dios que lloráis. Es el nombre del Amigo. Decidlo en vuestras penas. Estad seguros que si me amáis me tendréis, aunque no nos veamos jamás sobre la tierra. Soy Jesucristo, el Salvador, el Amigo vuestro. En el nombre del Dios verdadero os consuelo. Que pronto descienda sobre vosotros la paz”.
■ La gente, en su mayoría romanos, se ha agolpado alrededor de Jesús, cuyos nuevos conceptos los ha dejado asombrados. Publio Q. dice: “¡Por Júpiter, me has hecho pensar en cosas nuevas en las que jamás había pensado, pero que me parecen verdaderas!”, y mira a Jesús, pensativo y cautivado al mismo tiempo. Jesús: “Así es, amigo. Si el hombre emplease su inteligencia no llegaría a cometer delitos”. Publio Q.: “¡Por Júpiter, por Júpiter! ¡Qué palabras! ¡Las debo recordar! Dijiste: «si el hombre emplease su inteligencia…»”. Jesús: “…no llegaría a cometer delitos”. Publio Q.: “¡Es verdad! ¡Por Júpiter! ¿Pero sabes que eres grande?”. Jesús: “Todo hombre que quisiera podría serlo como Yo, si fuese una sola cosa con Dios”. El romano continúa con su serie de “por Júpiter”, cada vez más lleno de admiración. ■ Jesús por su parte le dice: “¿Podría dar un poco de alivio a esos galeotes? Tengo dinero…Fruta, algo que los alivie; para que sepan que los amo”. Publio Q.: “Dámelo. Puedo hacerlo. Y por otra parte, allí hay una mujer muy poderosa. Voy a preguntárselo”. Publio va a la litera y habla entre las cortinas un poco semiabiertas. Regresa: “Tengo plenos poderes para ello. Me ocuparé yo mismo de la distribución, de forma que los esbirros no se aprovechen abusivamente. Y será la única vez en que un soldado imperial ejercite la piedad con los esclavos de guerra”. Jesús: “La primera, pero no la única. Llegará un día en que no habrá esclavos; pero ya antes mis discípulos habrán trabajado entre los galeotes y esclavos para llamarlos con el nombre de hermanos”. Otra sarta de “por Júpiter” vuela por el tranquilo aire, mientras Publio cuida de que haya suficiente fruta y vino para los galeotes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s