Hijo, debes saber que el trabajo del ministro extraordinario de la Santa Comunión tiene un riesgo mayor que el de un civil en un frente de batalla

“Bernabé, ¿qué dice recientemente Mi Iglesia sobre los Ministros Extraordinarios de la Santa Comunión?” DADOA BERNABE NIGERIA. 

Yo le respondí: Mi Señor y Mi Salvador, no lo sé. Nuestro Señor dijo:

“Ve y averígualo”.

(Jesús, 29 de diciembre de 2000. Mi altar de reparación).


El 28 de febrero de 2001, el Agonizante Jesucristo se me apareció de nuevo y me preguntó:

“Bernabé, ¿qué has encontrado sobre los ministros extraordinarios de la Santa Comunión?

Yo le dije: “Señor, perdóname pero no he buscado nada sobre esto.” Nuestro Señor permaneció en silencio. Luego de un rato, yo le pregunté: “Mi Señor, ¿por qué me has escogido a mí para este trabajo tan crítico? Tengo miedo.” El Señor me miró continuamente y me dijo:

“¿Por qué temes? Tú no eres quien debe defenderse a sí mismo. Yo estoy cerca. Tú eres meramente un instrumento. Yo he querido usar a un analfabeta como tú para enseñar a Mis siervos arrogantes que piensan que son sabios. Sin embargo, el mundo perseguirá la verdad; pero ella permanecerá inmutable. Hijo, ¿es por esto que guardaste Mi voz sufriente solo para ti? Tú multiplicaste Mi agonía.”

Yo respondí: “Mi Señor, lo buscaré a la brevedad. Lo prometo.”


El 5 de abril de 2001, Domingo de Pascua a las 12, le presenté la respuesta de mi búsqueda como sigue: “Mi Señor y mi Salvador, Canon 230, Sección 3 declara:

Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no hayan ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores, ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada comunión, según las prescripciones del derecho.”

El Señor me miró fijamente y me dijo:

“Hijo, ¿tú entiendes lo que significa por necesidad? ¿Qué entiendes tú por falta de ministros? Yo te diré lo que esto significa.” 

(Silencio).

“Verdaderamente te digo, esta ley fue dada a ustedes por su debilidad humana porque el amor por Mi servicio está disminuyendo en el mundo. La demanda por consuelos y deleites externos aumenta. Mis siervos carnales se aprovechan de esta ley para abusar de Mi Santísima Eucaristía. De la misma manera Mi Santo Santuario es profanado. Si ustedes supieran la grandeza de esta Nueva Arca de la Alianza, difícilmente se atreverían acercarse al Santo Santuario. Hijo, Yo luego usaré la Antigua Arca de la Alianza de los israelitas para revelarte un poco sobre esta Nueva y Eterna Alianza que tú profanas diariamente.”

Hijo, escucha esta parábola. Había una vez un Rey en cierta ciudad que quería hacer un viaje para visitar a otro Rey muy amigable que vivía muy distante. El viaje le llevaría muchos meses, incluso años para poder regresar. Él llamó a su único hijo y le advirtió: Hijo mío, conozco bien tu pequeñez y debilidad.

Tú eres verdaderamente mi hijo y el heredero de esta tierra. Así lo quiso Dios. Mira, debo ir a visitar al Rey amistoso que vive en tierras muy lejanas. Él tiene años esperando verme. Ahora, debo ir a verlo. Cuida de nuestra ciudad. No te dejaré como un huérfano. Toma mi manto real y sentirá siempre mi presencia. Ten este cetro de hierro y gobierna mi reino.

Hijo, si al final regresara el Rey y encontrara su palacio en ruinas y su manto real en manos de sus sirvientes, ¿qué hará? ¿Estará feliz, lleno de júbilo al regreso en su reino?”

Respondí: “No, mi Señor y Salvador, estará muy triste.” Él continuó:

“Mi Santuario que ustedes están profanando es más que el palacio del rey. Y la Santa Eucaristía que les di que ustedes abusan es mayor al manto real del rey.”

Escucha otra parábola y aprende sobre lo que necesidad significa y el espíritu que abrazaría este llamado de necesidad.

Cierta nación perdió muchos de sus guerreros en una batalla que continuaba. Cuando el rey supo de la noticia, llamó a toda la comunidad y pidió voluntarios a los civiles.

Hijo, considera el espíritu de motivación y los sentimientos de aquellos que penosamente se ofrecerán. Ellos están obligados a servir por necesidad: el amor a su nación que está en peligro, el pensamiento de perder sus vidas por el bien de la nación, y la agonía en dejar a sus parientes creó sentimientos encontrados.

Luego de todas estas consideraciones, con gran pesar, irán a la batalla.

Hijo, ¿entiendes algo de esta historia?”

Le respondí: “Un poco. Por favor, mi Señor y Salvador, ¿puedes explicármela?” Nuestro Señor respondió:

“Lo que la necesidad causó a la nación fue el tener que recurrir y enviar a civiles al frente de batalla.

A riesgo de sus vidas y con gran pesar, los civiles llorarán y se unirán a la batalla. Hijo, debes saber que el trabajo del ministro extraordinario de la Santa Comunión tiene un riesgo mayor que el de un civil en un frente de batalla. Esto es así, porque deberá poner mucha atención en Aquel que mata y tiene el poder de condenar al alma al fuego del infierno.

Mis hijos sin conocer este peligro, saltan a dar este servicio. Hijo, tu voluntad es tu voluntad. Lo que ha sido permitido está permitido. Yo estoy buscando a Mis Amantes que lean Mi Corazón Agonizante. Ellos verán el fuego consumidor de amor de Mi Corazón que los llama a arrepentirse. ¡Regresen! ¡Oh, Mis amados, no crezcan en arrogancia! ¡Sean humildes! Yo reclamaré mucho a Mis sacerdotes. Mucho abuso se ha cometido, mucha reparación es requerida…”

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