El Infierno creado para los réprobos, no va contra la misericordia y es conforme a la justicia.

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

Mons. Ottavio Michelini

3 de enero de 1976

LA REDENCIÓN CONTINÚA

Hijo mío escribe:

( …) Es bien sabido que en Dios no hay ni puede haber contradicciones, que Dios es inmutable; Yo, Dios Uno y Trino, soy infinitamente sencillo.

En Mí no hay atributos más perfectos, otros menos. Yo soy la verdad, la sabiduría y la potencia, la justicia y la misericordia, la luz y la vida.

El Infierno creado para los réprobos, no va contra la misericordia y es conforme a la justicia. Yo, verdadero Dios y verdadero Hombre, habiéndome cargado todas las culpas de la humanidad, con mi tremenda Pasión y Muerte, he satisfecho a la justicia y a la misericordia. Acto de infinita Misericordia el Misterio de la Encarnación, acto de infinita Justicia el Misterio de la Pasión y Muerte.

“Justitia et Misericordia oscultatae sunt”. (La Justicia y la Misericordia se besan)
Vuestra pasión

Yo soy la Cabeza de mi Iglesia, vosotros sois los miembros vivos, libres y responsables. Yo Cabeza me he adherido a la voluntad del Padre con acto de misericordia. Vosotros formáis Conmigo un solo cuerpo.

El Misterio de la Redención está en acto, continúa. Para nada se opone a la Misericordia divina el hecho de que los miembros deberán, como la Cabeza, sufrir su pasión.

Hay luego una cosa de gran importancia. Mi Madre y vuestra, que es Madre de misericordia y espejo de justicia, ya ha advertido repetidamente a la humanidad que, en caso de que no se verificasen las condiciones pedidas de arrepentimiento y de conversión, se abatiría un castigo tremendo sobre las Naciones.

Mi Madre os ha advertido que son numerosísimas las almas que van al Infierno. ¿Puedo entonces Yo, el Amor infinito, permitir que las almas rescatadas por Mí con un precio de sufrimiento infinito, tengan que condenarse en número pavorosamente creciente?

Si no ha podido nada sobre ellos la misericordia y el amor, ¿puedo Yo impedir que la aflicción debida a sus pecados, y el caos provocado por ellos mismos, tengan que ser convertidos por Mí en instrumentos de salvación de una humanidad en ruina? No, hijos míos.

Por desgracia la hora tremenda de la purificación está ya en curso, pero la ceguera de los hombres les impide ver; el ateísmo es ceguera profunda. La hora se aproxima; resulta inevitable sólo por la obstinación de esta generación incrédula que ama el error, que rechaza la justicia en todas partes dañada y ofendida.

Yo quiero una Iglesia regenerada donde justicia, paz y amor resplandezcan con luz nunca vista. Yo quiero poner término a la hemorragia de almas que se están perdiendo, Yo quiero restablecer el orden perturbado.

Yo quiero que mi pueblo vuelva a ser el pueblo de Dios, y todo esto lo obtendré valiéndome de la necedad y de la iniquidad de los hombres.

Mostraré a las generaciones lo bueno y misericordioso que es su Dios.

(Confidencias de Jesús a un Sacerdote – P. Ottavio Michelini)

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