“Mi amor, ¿me quieres?” Déjame colocarte el anillo de oro, prueba de mi amor. Sé mi amor para la eternidad. Yo soy tuyo, sé mío.

213 – 16 de agosto de 2001

Jesús

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Yo soy su Salvador.

Hija mía, yo soy Dios. Esto es para ustedes, hijos míos. Yo los amo. Yo soy la Gloria para ustedes por medio de la Cruz. Para ustedes, soy la Resurección para la Gloria de mi Dios, mi Padre. Hijos míos, abran sus corazones porque estoy llegando. Soy la Gloria para los Gloriosos, para ustedes, en mí, para ustedes conmigo y para la Gloria de mi Padre. Actualmente, ustedes irradian por mí. 77 Yo soy el Salvador. Regreso al tiempo de ustedes, para este presente. Hijos míos, yo los amo. Ámenme conmigo, en mí. Bendigo estos escritos. Voy con ustedes, mis corazones. Yo soy el Hijo de Dios. Soy la Gloria para ustedes, hijos míos. Soy la Vida, la Bendición. He muerto por ustedes. Hijos míos, no entienden lo que digo. Hablo para ustedes. Yo soy Dios. Vengo a los corazones. Ustedes verán mi Gloria. Yo los amo. Vendré al interior de ustedes. Ustedes verán al Hijo de Dios con toda su Gloria. Yo soy la Resurección. Esta es mi Resurección que los ha salvado de la muerte. Yo les he salvado la vida. Ustedes son mi Vida. Yo soy la Vida. Entréguenme su sí, su sí es para mí, mis amores. Ustedes podrán tener la Vida Eterna, pero entréguenme su sí. Jesús está en ustedes, hijos míos, yo soy la Vida eterna. Vengo a mostrarles que su vida está alimentada por mi Vida; soy el único Alimento que da al interior de ustedes su subsistencia para que vivan de amor. Todos ustedes deben de dejarse alimentar por mi poder de amor. Hijos míos, el Amor vino a este mundo para declararles su amor, para que todos los que quieran vivir eternamente puedan tener la vida eterna. La Vida eterna está en ustedes, ella es luz.

Yo soy la Luz del mundo que viene a decirles que ustedes, hijos míos, deben de reunirse en mi Corazón santo por la eternidad. Para todos los que me aman, les coloco en su interior un emblema: dos corazones unidos por medio de un anillo de oro; es mi Corazón que se une al corazón de ustedes. Con esta prueba de amor, nuestros dos corazones están ligados para la eternidad en el Amor. Yo soy el Amor, hijos míos, me entrego a ustedes en un amor eterno. El Amor les pregunta a cada uno de ustedes: “Mi amor, ¿me quieres?” Déjame colocarte el anillo de oro, prueba de mi amor. Sé mi amor para la eternidad. Yo soy tuyo, sé mío.

Hijos míos, los amo, es imprescindible que todos estén en mí. Si ustedes no vienen a mí, deberé retirarme lejos de ustedes y quedarán solos en su interior. Ustedes que han nacido para vivir con el Amor, si rechazan de vivir conmigo, me retiraré de su interior y quedarán solos para siempre en una soledad eterna, y jamás estarán en relación con otro hijo. Sí, hijos míos, si ustedes están ligados con otros, es porque yo hago ese vínculo, soy yo el Amor y ustedes están en mí. Yo los tengo a todos en mi Cuerpo, soy el Cuerpo Místico. Cuando uno de ustedes no quiere vivir en mí, él se va a un lugar en donde debe continuar una existencia de soledad sin que haya alguien para amarlo. El infierno es el lugar en que los hijos muertos al amor permanecen por la eternidad. Ellos están solos, no tienen vínculos de amor; el odio los lleva a desgarrarse entre ellos mismos, se detestan, no quieren compañía. La muerte los vuelve despiadados entre sí mismos, porque lo único que tienen es el sufrimiento. No son capaces de comprender que son ellos la causa de su sufrimiento, porque la inteligencia del amor está muerta en ellos: todo lo que es amor viene de Dios. 78 Satanás no puede dar la inteligencia, porque él es el maestro de la incomprensión. Todo lo que proviene de él es malo. Su inteligencia viene de lo que es su espí- ritu. Como él fue un ángel perfecto antes de su caída, él guardó, después de su caída, su inteligencia pero para lo malo, porque todo lo que era luz desapareció, él se volvió el mal al estado puro. No puede, por tanto, darles la inteligencia, porque ésta es buena. Él los quiere en el mal para hacerlos sufrir. Todos los que no quieran nada de mí conocerán este mal eterno en su soledad, sin ningún consuelo y sin que haya alguien para sostenerlos. Vean cómo es de horrible el elegir de estar lejos del Amor. Hijos míos, les hablo por estos escritos porque los quiero conmigo no alejados y solos con ustedes mismos. No tomen el camino que los conduce hacia la muerte eterna, permanezcan conmigo, yo les daré la vida eterna en donde todo es lindo. Ustedes vivirán con el amor del prójimo, ¡habrá tanta alegría! Será una felicidad sin fin. Vivirán en armonía con todos los que serán como ustedes: seres hechos para amar y ser amados. Este vínculo de amor será eterno. Yo soy el Amor que les habla, escúchenme: “Hijos míos de amor, es a cada uno de sus corazones que quiero pasar este anillo de oro; vengan a mí, soy yo su Amoroso que quiere desposarlos. Ustedes son míos, estoy amoroso de cada uno de ustedes, yo los amo. El Amor espera de ustedes un sí de amor.” Jesús, el Dios fiel. Amén.

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