¿Hay algo más grato que trabajar por mí? Y yo pago con la hermosa moneda del cielo.

20 de febrero de 1967. (D. 59). LEGION ALMAS PEQUEÑAS 

J- No hay que temer castigar cuando de ello depende la curación.

Hay cosas que pueden herir, pero la herida es a veces necesaria.

Los hijos de Dios no temen la luz.

El error conduce al relajamiento.

Algunos se entregan al apostolado para su propia gloria. ¿Qué hacen con los siglos de Tradición Santa? Querrían arrinconar el corazón mismo de la Iglesia. No oyen ya sus latidos, que son los latidos del corazón de mis santos.

Si, hija mía, el orgullo es sutil. Ellos son sus víctimas y no lo saben.

Yo dije: Un justo término medio para todo. Y en el exceso producido por toda novedad, ellos no se dejan aconsejar por nadie.

Pero tengo servidores fieles y buenos. Y estoy con ellos para la obra de enderezamiento que se impone. Cada uno debe cooperar a esta obra según sus capacidades.

¿Hay algo más grato que trabajar por mí? Y yo pago con la hermosa moneda del cielo.

Hijitos míos, seguid el camino del Amor. El es el único bueno, el único verdadero, el único que os puede conducir al cielo, vuestra Patria.

Yo digo a mis Pastores:

Enseñad a vuestras ovejas el Amor en todas sus formas de apostolado.

Gritad más fuerte que las masas para que os oigan y os sigan.

Electrizad a las muchedumbres con vuestro ardor, vuestras enseñanzas.

Sed santos, la multitud será santa. La santidad es contagiosa.

Que cada uno permanezca en su sitio. Que cada cosa sea tratada con celo por quien tiene el poder de hacerlo. Y yo seré glorificado en todos vuestros actos.

¡Pequeños míos, hijitos míos!

Amados míos, que recibís de mi vuestro poder, que cada alma sea para vosotros semejante a un jardín misteriosamente cerrado donde yo me oculto; y que vuestros deleites sean descubrirme en él.

Examinad si os encontráis dispuestos a sufrir, por mi amor, burlas, negativas rotundas, desprecios, persecuciones, incomprensiones.

Si estáis dispuestos a sufrir todo esto, estáis entonces en la santa y gloriosa vía del amor verdadero. Por eso os digo: no despreciéis a ninguno de estos pequeños que os mando, me sirvo de ellos para mi mayor gloria. Abrazadlos, más bien, por mi amor. Pues vienen de mí, como vosotros. Que encuentren en vosotros cariño y apoyo fraternal. Pues han dejado por mí su propia personalidad, y se han revestido del hábito del Santo Amor, hecho de renunciamientos y de sacrificios.

“Mensaje del Amor Misericordioso a las Almas Pequeñas” – TOMO I Pág. 232 – 233

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Paz, Alegría y Amor

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