Yo prometo facilitar y/o proveer las gracias necesarias para la salvación antes de la muerte a todo aquel que en los momentos de confusión y en definición del camino hacia Mi Amadísimo Hijo, promulgue Mi Nombre como Madre del Verdadero Camino hacia el Padre.”

por Fátima Maldonado

23 de Abril – 64º Aniversario
Año: 1953 / Lugar: Sabana Grande, Puerto Rico
Apariciones de la Virgen del Rosario del Pozo
Videntes: Juan Ángel Collado (1945), Ramona (1944) e Isidra (1946)

Historia de las Apariciones
En el año de 1953, la Santísima Virgen se les apareció a tres humildes niños en el barrio Rincón de Sabana Grande, en Puerto Rico. Los niños Juan Ángel Collado, de ocho años de edad, y las hermanas Ramonita e Isidra Belén, de nueve y siete años, estudiaban en la pequeña escuela rural Lola Rodríguez de Tio, cerca del lugar en donde se dio el trascendental acontecimiento.
En aquel tiempo, no había sistema de agua potable en la pequeña población, por lo que debían buscar agua en un manantial natural (que ellos llamaban pozo) cercano a la escuela, para su consumo durante el almuerzo. El 23 de abril de 1953, a las once de la mañana, doña Josefa, la maestra, tocó la campana y los estudiantes salieron al patio para almorzar. La encargada del comedor escolar mandó al niño Juan Ángel Collado y a un compañero de clases, de nueve años, a buscar el agua.
Se internaron en el cañaveral y llegaron al pozo que quedaba a los pies de un árbol de mango. Llevaban un cubo hecho de una lata grande, para cargar el agua y una lata pequeña, para sacar el agua del manantial. El compañero de Juan se adelantó a servir el agua y, repentinamente, algo sorprendente lo asustó y comenzó a llamarlo. El agua que vaciaba en la lata grande se había llenado de muchos colores, como si un arco-iris se derramara de la latita al cubo. Al salir corriendo dejó caer la lata y el agua se derramó, dejando todos aquellos colores sobre la tierra.
El niño Juan no pudo salir corriendo, pues todo su cuerpo estaba paralizado. Se hizo entonces un silencio tan profundo que él pensó que se había quedado sordo; pero al levantar su mirada hacia la lomita, contempló a la Joven más hermosa que había visto en su vida, quien lo miró intensamente a los ojos, dándole una paz inmensa. El niño sintió como si estuviera entrando en otro mundo, donde no existía el tiempo.
La Joven vestía túnica blanca, manto azul, correa, sandalias y traía un broche marrón, un Rosario entre Sus manos y, sobre Su cabeza, una Corona de Siete Estrellas. Le sorprendió ver que la Joven se mantenía suspendida en el aire, sobre una nubecita blanca, aunque era tan sólida y palpable como cualquier persona. No sabe cuánto tiempo permaneció ante aquella presencia. De momento, la joven desapareció; Juan salió corriendo hacia la escuela y no se atrevió a contar lo que había visto.
Al otro día, a las once de la mañana, tuvo un deseo inmenso de volver al pocito donde había visto a aquella joven. Invitó a varios compañeritos de clase y sólo le acompañaron las hermanas Isidra y Ramonita Belén. Cuando llegaron al pozo, ocurrió exactamente lo mismo que el día anterior: un silencio profundo, una paz inmensa y allí, de nuevo, estaba aquella Joven tan hermosa, con Su Corona de Siete Estrellas y Su Rosario entre Sus manos.
El día 25 de abril era sábado y, aún cuando no había clases, de una manera inexplicable los tres niños regresaron al pozo, guiados por un deseo muy grande de volver a ver a aquella joven suspendida en el aire, que tanta paz les daba. A las once de la mañana, se repitió lo mismo que los dos días anteriores; pero esta vez, la hermosa joven comenzó a descender, se posó sobre la tierra y se acercó a los niños y, con la voz más dulce que habían escuchado, les dijo:
“No tengan miedo, soy la Virgen del Rosario”.
Identificada como la Virgen del Rosario, la Santísima Virgen continuó su visita a ese humilde rincón por 33 días, desde el 23 de abril hasta el 25 de mayo. A partir del quinto día, se les prohibió a los niños acercarse al pocito; entonces, la Santísima Virgen comenzó a caminar del pocito a la escuelita. Ahí, Ella actuó como una formadora, pues su principal propósito era dejar la enseñanza para la formación de una nueva estirpe. Durante los días de la aparición, miles de personas se congregaron en aquella colina, siendo testigos de las manifestaciones de Nuestra Madre Santísima.
Muchos milagros y curaciones sucedieron en aquella época, como lo testifican los titulares de los periódicos de esos días, y siguen sucediendo hasta la actualidad, siendo fruto de la fe del pueblo en la presencia de la Virgen del Rosario del Pozo, todos ellos con el propósito de dar testimonio de su presencia sobrenatural. Sin embargo, lo más importante y el verdadero propósito de su visita es el mensaje que Ella nos trajo y que se resume en la formación de una nueva estirpe de cristianos verdaderos, comprometidos a poner a Dios como prioridad en sus vidas.

LOS MENSAJES
Primer mensaje
El primer mensaje dejado por la Santísima Virgen del Rosario fue dado a conocer a la luz pública el 5 de mayo de 1978 por el vidente Juan Ángel Collado, una vez cumplidas las indicaciones que la Virgen dejara al vidente:
Revelado el 5 de Mayo de 1978
“Entra al mundo y cuando más sumido estés en la oscuridad y después de haber negado Mi Nombre, llegará un enviado que te recordará el Verdadero Camino. Tocará satanás a las puertas de tu casa y con ira lo expulsarás; esto es señal de que ha llegado el momento de decir la siguiente promesa:
Yo prometo facilitar y/o proveer las gracias necesarias para la salvación antes de la muerte a todo aquel que en los momentos de confusión y en definición del camino hacia Mi Amadísimo Hijo, promulgue Mi Nombre como Madre del Verdadero Camino hacia el Padre.”
María
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