Bendita Tú eres, María, Madre de Dios. Tú eres el templo de Salomón

ORACIONES DE SANTA BRIGIDA

Bendita Tú eres, María, Madre de Dios. Tú eres el templo de Salomón cuyos muros fueron de oro, cuyo tejado centelleó brillantemente, cuyo suelo estaba pavimentado con gemas preciosas, cuya ornamentación total era refulgente, cuyo interior todo era fragante y deleitoso de contemplar. En toda manera Tú eres como el templo de Salomón donde el verdadero Salomón caminó y se sentó y donde colocó el arca de gloria y la lámpara brillante. Tú, Virgen bendita, eres el templo de ese Salomón que hizo la paz entre Dios y el hombre, que reconcilió a los pecadores, que dio vida a los muertos y liberó a los pobres de su opresor. Tu cuerpo y alma se convirtieron en el templo de Dios. Fueron un tejado para el amor de Dios, bajo el cual vivió el Hijo de Dios contigo en alegría tras haber procedido del Padre.

El suelo del templo era tu vida dispuesta en la cuidadosa práctica de las virtudes. Ningún privilegio te faltaba, pero todo lo que Tú tenías era estable, humilde, devoto y perfecto. Los muros del templo eran firmes, porque no te inquietaba ninguna vergüenza, no estabas orgullosa acerca de ninguno de tus privilegios, ninguna impaciencia te molestó, no tenías ningún otro propósito más que la gloria y el amor de Dios. Las pinturas de tu templo fueron las constantes inspiraciones del Espíritu Santo que elevaron tu alma tan alto que no hay virtud en ninguna otra criatura que esté más completa y perfectamente que en Ti. Dios caminó en este templo cuando vertió su dulce presencia en tus miembros. Descanso en Ti cuando las naturalezas divina y la humana se unieron.

¡Bendita eres Tú, Virgen más bendita! En ti Dios todopoderoso se hizo un pequeño niño, el Señor más anciano se convirtió en un diminuto infante, Dios, el eterno e invisible Creador, se hizo una criatura visible. Te suplico, por tanto, pues eres la más amable y poderosa Señora, ¡que me mires y tengas misericordia de mí! Ciertamente Tú eres la Madre de Salomón, pero no de aquél que era Hijo de David sino de aquél que es el Padre de David y el Señor de aquel Salomón que construyó el maravilloso templo que verdaderamente te prefiguró. Un Hijo escuchará a su Madre, especialmente a una Madre tan grandiosa como Tú. Tu hijo Salomón estuvo una vez, por decirlo así, dormido en Ti.

Ruégale, pues, que permanezca despierto y me vigile para que ningún placer pecaminoso pueda punzarme, para que la contrición de mis pecados pueda ser duradera, para que pueda morir al amor del mundo, paciente en perseverancia, fructífera en penitencia. No hay virtud en mí pero sí la hay en esta oración: ‘¡Ten misericordia, María!’ Mi templo es completamente lo opuesto al tuyo. Está oscuro con vicio, lodoso de lujuria, arruinado por los gusanos del deseo, inestable debido al orgullo, a punto de caer a causa de la vanidad mundana.”

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