en la oración ferviente y confiada, así Me pones en la obligación de intervenir por medio de los instrumentos elegidos para esta tarea

24 de Diciembre de 1991 LEGION ALMAS PEQUEÑAS 

J-  La intensidad de la Luz disipa la sombra en sus más mínimos rincones.

M-  Señor, ¿por qué soy últimamente más sensible a la angustia del mundo?

¿Por qué sufre tanto mi corazón a causa de ella?

¿Por qué estos sentimientos de culpabilidad en mi?

En mi casa hace calor, y fuera el frío hiela los cuerpos y hace tanto daño a los que no tienen con qué alimentarse y calentarse. Esto me parece intolerable. ¿Qué puedo hacer por ellos sino ofrecerles como holocaustos vivos de una sociedad que se acostumbra demasiado fácilmente a la miseria de los demás?

Mi oración sube, ferviente, hacia el Padre. Siento una especie de remordimiento de no tener otra cosa que dar más que mi pobre corazón muy desprovisto, impotente para aliviar el sufrimiento, y esto duele de verás.

Abro el Mensaje al azar.

Y Jesús dice: “El verdadero pobre ¡soy Yo! Soy el Niño en toda su debilidad y mi Pobreza es Reina del Mundo.

Tu indigencia sirve mi Poderío de Niño-Dios.

Yo no te quiero indiferente, sino disponible.

Yo no quiero tu sensibilidad sino más bien tu voluntad de darme almas” Jesús añade: “El sentido de los demás en ti procede del hecho que solo dejas pasar lo que viene de Mí.

Soy Caridad y Piedad.

Despégate de lo Creado, da todo el sitio a lo Increado.

En Él volverás a encontrar tu sensibilidad de amor purificado por el don recibido de Mí”.

Leo en el Mensaje del 26 de diciembre de 1977: “¡Soy el Niño -Dios! ¡Sé hija de la luz! para que, por ti y por mi Gracia, vengan todos a la Luz”. Jesús dice también: “El Milagro de Navidad se renueva cada año para ti, pues el Niño-Dios tiene un amor de predilección por ti”.

J-  Tu condición es humana, pero en ella brilla lo divino con que la honré.

Tu intervención para los desgraciados de este mundo no puede ser más que el don de tu corazón en la oración ferviente y confiada, así Me pones en la obligación de intervenir por medio de los instrumentos elegidos para esta tarea. Tu misión de aliviar el sufrimiento está en el Amor. Acuérdate de esto y practícalo a gusto tuyo.

“Mensaje del Amor Misericordioso a las Almas Pequeñas” – TOMO IV Pág. 220 – 221

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Paz, Alegría y Amor

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