La sabiduría divina no se encuentra precisamente en la erudición, sino en el corazón y en una buena vida

El consejo de Cristo a la novia sobre las provisiones en las tres casas y sobre cómo el pan representa una buena voluntad, la bebida una premeditación santa y las carnes la sabiduría divina, y sobre cómo no hay sabiduría divina en la erudición sino únicamente en el corazón y en una buena vida.

Capítulo 25 ESCRITOS DE SANTA BRIGIDA DE SUECIA.

Yo, quien habla contigo, soy el Creador de todas las cosas, creado por nadie. No había nada antes que yo y no puede haber nada después que yo, ya que siempre fui y siempre soy. Soy el Señor cuyo poder nadie puede soportar y de quien provienen todo el poder y soberanía. Te hablo como un hombre le habla a su esposa: Esposa mía, deberíamos de tener tres casas. En una de ellas debería haber pan y bebidas y carnes. Pero, te puedes preguntar: ¿Qué significa este pan? ¿Me refiero al pan que está sobre el altar? Esto ciertamente es pan, antes de las palabras “Esto es mi cuerpo”, pero una vez se han dicho las palabras, ya no es pan sino el cuerpo que tomé de la Virgen y que verdaderamente fue crucificado sobre la cruz. Pero acá no me refiero a ese pan. El pan que deberíamos almacenar en nuestra casa es una voluntad buena y sincera. El pan físico, si es puro y limpio, tiene dos efectos. Primero, fortalece y da fuerza a todas las venas y las arterias y músculos. Segundo, absorbe cualquier impureza interior, llevándola para ser removida a medida que sale, y para que la persona quede limpia. De esta manera, una voluntad pura proporciona fuerza.

Si una persona no desea nada más que las cosas de Dios, trabaja para nada más que para la gloria de Dios, desea con todo su deseo dejar el mundo y estar con Dios, esta intención la fortalece en bondad, incrementa su amor por Dios, hace que el mundo le parezca repulsivo, fortifica su paciencia y refuerza su esperanza de heredar la gloria hasta el punto en que él, alegremente abraza todo lo que le sucede. En segundo lugar, una buena voluntad remueve toda impureza. ¿Qué es la impureza que es dañina al alma sino el orgullo, la avaricia y la lujuria? Sin embargo, cuando la impureza del orgullo o de algún otro vicio entra en la mente, la dejará, siempre y cuando la persona razone de la siguiente manera: ‘El orgullo no tiene significado, ya que no es el recipiente el que debería alabarse por los bienes que le son dados, sino el dador. La avaricia carece de significado ya que todas las cosas de la tierra se quedarán atrás. La lujuria no es nada más que porquería. Por lo tanto, yo no deseo estas cosas sino quiero seguir la voluntad de Dios cuya recompensa nunca finalizará, cuyos buenos regalos nunca envejecerán: Entonces toda tentación al orgullo o a la avaricia lo dejará y él perseverará en su buena intención de hacer el bien.

La bebida que deberíamos tener en nuestras casas es una premeditación santa sobre todo lo que ha de hacerse. La bebida física tiene dos efectos buenos. Primero, ayuda a una buena digestión. Cuando una persona se propone hacer algo bueno y, antes de hacerlo, considera para sí y cuidadosamente le da vuelta en su mente sobre qué gloria saldrá de hacerlo para Dios, qué beneficio para su prójimo, qué ventajas para su alma y no lo quiere hacer a menos que lo juzgue que le será de alguna utilidad divina en su trabajo, entonces ese trabajo propuesto saldrá bien o será, por decirlo así, bien digerido. Entonces, si ocurre cualquier indiscreción en el trabajo que hace, se detecta rápidamente. Si algo está malo, es corregido rápidamente y su trabajo será correcto y racional y edificante para los demás.

Una persona que no muestra una premeditación santa en su trabajo y no busca el beneficio para las almas ni la gloria de Dios, aunque su trabajo resulte bien durante un tiempo, no obstante al final llegará a ser nada. En segundo lugar, la bebida sacia la sed. ¿Qué clase de sed es peor que el vil pecado de avaricia e ira? Si una persona piensa de antemano qué utilidad saldrá de ello, cuán miserablemente terminará, qué recompensa habrá si le hace resistencia, entonces esa vil sed es rápidamente saciada a través de la gracia de Dios, lo llenan el amor celoso a Dios y los buenos deseos, y surge la alegría porque él no ha hecho lo que le vino en su mente. Examinará la ocasión y cómo puede evitar en el futuro aquellas cosas por las cuales se tropezó más, si no hubiese tenido una premeditación, y tendrá más cuidado en el futuro para evitar tales cosas. Mi novia, esta es la bebida que deberá almacenarse en nuestro desayunador.

Tercero, también deberían haber carnes allí. Estas tienen dos efectos. Primero, saben mejor en la boca y son mejores para el cuerpo que solamente el pan. Segundo, ayudan a tener piel más suave y menor sangre que si solo hubiese pan y bebida. La carne espiritual tiene un efecto parecido. ¿Qué simbolizan estas carnes? La sabiduría divina, claro está. La sabiduría le sabe muy bien a una persona que tiene una buena voluntad y desea nada más que lo que Dios quiere, mostrando una premeditación santa, sin hacer nada hasta que sabe que es para gloria de Dios.

Ahora, te puedes preguntar: ‘¿Qué es la sabiduría divina?’ Debido a que muchas personas son sencillas y únicamente saben una oración – el Padrenuestro, y ni siquiera esa correctamente. Otras son muy eruditas y tienen un amplio conocimiento. ¿Es esto la sabiduría divina? De ninguna manera. La sabiduría divina no se encuentra precisamente en la erudición, sino en el corazón y en una buena vida. La persona que reflexiona cuidadosamente sobre el camino hacia la muerte, sobre cómo morirá y sobre su juicio después de la muerte es sabia. Esa persona tiene las carnes de la sabiduría y el sabor de una buena voluntad y una premeditación santa, quien se desprende de la vanidad y de las superficialidades del mundo y se contenta con las necesidades básicas y lucha en el amor a Dios, de acuerdo a sus habilidades.

Cuando una persona reflexiona sobre su muerte y sobre su desnudez al momento de morir, cuando una persona examina el terrible tribunal de juicio de Dios, en donde nada se esconde y nada se remite sin un castigo, cuando también reflexiona sobre la inestabilidad y la vanidad del mundo, ¿no se regocijará entonces y saboreará dulcemente en su corazón la entrega de su voluntad a Dios junto con su abstinencia de los pecados? ¿No es fortalecido su cuerpo y su sangre mejorada, es decir, toda debilidad de su alma, como son la pereza y la disolución moral, ahuyentada y rejuvenecida la sangre del amor divino? Esto es porque razona correctamente que ha de amarse un bien eterno en vez de uno perecedero.

Por lo tanto, la sabiduría divina no se encuentra precisamente en la erudición sino en las buenas obras, ya que muchos son sabios de manera mundana y que van detrás de sus propios deseos, pero son del todo tontos en relación a la voluntad y los mandamientos de Dios y en relación a disciplinar su cuerpo. Tales personas no son sabias sino tontas y ciegas, porque comprenden las cosas perecederas que son útiles para el momento, pero desprecian las cosas para la eternidad y se olvidan de las mismas. Otros son tontos en relación a los deleites mundanos y a la reputación pero sabios al considerar las cosas que son de Dios y son fervientes en su servicio.

Dichas personas son realmente sabias porque saborean los preceptos y la voluntad de Dios. Realmente han sido iluminadas y mantienen su ojos abiertos en cuanto a que siempre toman en cuenta la manera en la cual pueden alcanzar la vida y la luz verdaderas. Otras, sin embargo, caminan en la oscuridad y les parece más deleitable estar en la oscuridad que inquirir sobre la manera por la cual pueden llegar a la luz. Por lo tanto, novia mía, almacenemos estas tres cosas en nuestras casas, específicamente una voluntad buena, la premeditación santa, y la sabiduría divina. Estas son las cosas que nos dan el motivo para regocijarnos. A pesar que a ti te digo mi consejo, por ti me refiero a todos mis escogidos en el mundo, ya que el alma justa es mi novia, porque yo soy su Creador y Redentor.”

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