YO SOY EL PERDON.

Yo soy el perdón, quiero verlos limpios

Hijos Míos, la riqueza que He derramado a manos llenas desde el árbol de la Cruz, se considera casi sólo del lado del interés humano, personal, propio. Y en cambio, es de tal naturaleza que va más allá de la Misericordia, para llegar a la participación de todos Mis demás atributos divinos.

Si todos Me pidieran sólo los frutos de la Misericordia, es decir el perdón, ¿a quién daría el bien que Me queda por dar además de la Misericordia?
La criatura que ha pecado está justificada si Me invoca con dolor y hace el propósito de abstenerse de las culpas, después de haberse acusado sacramentalmente, en lo posible. Pero esto no es todo lo que Yo quiero darle porque Mi intención es sólo iniciar Mis dones cuando ofrezco el perdón, para luego proseguir con otras más vistosas Gracias.

De ahí que permanecer cerrado a la seguridad del perdón concedido, es
un freno a Mi obra restante. Por eso escúchenme bien. Nada queda con el alma cuando se confiesa sinceramente, aún cuando, como es fácil vaya olvidando alguna cosa. Yo borro todo, porque quiero verlos a todos limpios sin pensar en sus olvidos involuntarios.

¿No vienen a Mí arrepentidos? Esto Me basta. ¿Quién podría destruir el bien del arrepentimiento —que es el perdón— sino un nuevo pecado? ¿Así es cómo estiman Mis dones, anteponiendo sus razonamientos al hermoso don que les hago, dándoles dolor y propósito? Recuerden que el arrepentimiento viene de Mí, no tengan como cosa suya el estar arrepentidos.

Aquí está el engaño de creer que se puede arrepentir por virtud y actividad propia, con la consecuencia de que si han olvidado algo, esto ya no les será perdonado. Pero no es así porque el arrepentirse viene de Mí y Yo abrazo a toda el alma, no sólo una parte y a toda el alma doy la justificación, si el hombre acepta el arrepentimiento.

Viene la gran prueba. Terminado el ciclo del dolor de haberme ofendido, dejo al alma que Me sigue, paz y consuelo, pero no le quito la memoria del pasado porque le es útil reflexionar. En ese estado la memoria puede evocar pecados antiguos, pero no sentir dolor por ellos.

De este hecho de insensibilidad nacen los equívocos y las dudas. ¿Por qué te atormentas, oh alma Mía? Quédate tranquila, Yo te abracé ya con el perdón completo cuando te di arrepentimiento.

¿Recuerdas algo que no has confesado? Está bien, confiésalo ahora con sencillez, pero no creas que sólo ahora se te da el perdón de lo que has olvidado, porque esto no sería compatible con el estado de Gracia que ya te He conferido. Si has sido sincera, nada tienes que temer.

Vuelve a los pies de Mi Ministro y dile tu pecado no confesado por sólo falta de memoria. No Me agravies con creer que ahora puedes estar en regla, porque ya lo estabas anteriormente, al confesarte. Tú, quizá no eres padre o madre y por eso no sabes lo que significa perdonar a un hijo por una cosa y, al mismo tiempo por todas. ¿Acaso Yo no Soy más que un padre cualquiera o una madre del mundo? Por eso, está tranquila, oh alma y créeme, porque Mi Palabra es verídica y la confié a Mi Iglesia para provecho tuyo.

En cambio, si ya Me has creído y vuelves a confesarte de cosas no pasadas, sino presentes, tal vez tengas otras dudas que se relacionan con la venialidad. ¿Has visto alguna vez a una madre bañar a su pequeño hijito? Así eres tú cuando te presentas para confesar cosas veniales: un buen baño te hará más limpio que antes, porque eres como un hijito pequeño que, aún teniendo la piel blanca, necesita quitarse algo que no esté limpio, pero que, en general, no lo hace sucio. Por eso, vuelve a mi Ministro y muéstrale los lados empolvados de tu alma, no sin olvidar los negro que eras en el pasado.

Esto es lo que te hace falta saber sobre la confesión; lo demás, cuando te da vueltas en la cabeza, es astucia de Satanás y excesivo amor propio tuyo. El Sacramento de la Penitencia es Santo, por eso míralo como medio seguro, si usas bien de él y no veas en la confesión un obstáculo para tu alma arrepentida. Si lo entiendes bien estarás contento; si titubeas eres como el náufrago en la tempestad: mientras más movimientos hace, su barca se carga más de agua. Atento, por tanto a no sumergirte.

CM-94 3-May-97 (Día de la Santa Cruz.) Jesús

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