X Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.

X Estación: LIBRO AGUSTIN DEL DIVINO CORAZON.

Jesús es despojado de sus vestiduras.

Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Habiendo llegado a la cima del calvario, hombres sin corazón me despojaron de mis vestiduras, arrancando pedazos de carne y de piel, abriendo paso de nuevo a mis heridas, heridas que son fuente de salvación, heridas que son océano inagotable de misericordia, heridas que son ventanas al Paraíso, heridas que son tesoros del cielo poco apreciado por los hombres. Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los santos lo desnudan para ser el punto blanco de burlas. Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los santos lo desnudan para ser foco de morbosidad de los corazones mezquinos. Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los santos lo desnudan para acrecentar, aún, más mis sufrimientos. Mirad como a la pureza infinita y al Santo de los santos lo desnudan para ser espectáculo por mis atroces heridas. Hijitos míos, cómo es posible que al Rey del más alto linaje, al Rey vestido con trajes de lino fino y resplandeciente lo vituperen, lo menosprecien quitándole su única pertenencia: una humilde túnica ensangrentada y medio-rota por sus caídas, túnica que es repartida entre sí echándola a suerte. Mi Madre al ver mi desnudez cubrió mi cuerpo con su virginal mirada, espiritualmente me arropó con la mantilla que daba calor a mi cuerpo en mi adolescencia. Ella oró al Padre y reparó por estos vejámenes, suplicó perdón y misericordia por estas pobres almas incitadas por la furia atroz de satanás. Nuestros Corazones unidos y traspasados os cubren de amor la desnudez de vuestro corazón, arropa vuestro espíritu con el manto de nuestra ternura y os mueve al recato, al pudor y a la santidad en vuestro cuerpo, cuerpo que ha de ser morada digna para el Espíritu Santo. Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

XI Estación: Jesús es clavado en la cruz.

Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Estoy en el momento de ofrendar mi vida para redimiros, redimiros de vuestras miserias, de vuestros pecados. Estoy en el momento de poneros sello de salvación, salvación que os doy con mi sacrificio, con mi propiciación. Ved como me acuestan en el burdo madero de la cruz, estiran tan fuertemente mis brazos y mis piernas que descoyuntan mis huesos. Mis manos son bruscamente machacadas y perforadas por los clavos, manos que un día bendijeron a los niños que se acercaron a Mí, manos que curaron dolencias físicas y espirituales, manos que se extendieron al cielo pidiendo perdón y misericordia por los pecadores, manos que multiplicaron cinco panes y dos peces para calmar el hambre de mis seguidores, manos que acabaron con la mercadería del templo, manos que escribieron en el suelo mientras una mujer pecadora era juzgada severamente; y hoy son perforadas en la cruz. Mis pies sufren heridas indecibles por la furia de cada martillazo, pies que anduvieron en búsqueda de la oveja perdida, pies que nunca se cansaron en anunciar un Nuevo Reino; pies que recorrerían comarcas, veredas y pueblos circunvecinos buscando a quien predicar, buscando a quien evangelizar; pies que corrían al encuentro de mi Madre, Madre que me daba hospitalidad, calidez. Pies que iban detrás del pecador para perdonarlo, para liberarlo de sus esclavitudes. Pies que fueron besados y ungidos con un costoso perfume, perfume que dio santidad a aquella mujer pecadora, perfume que se llevó la podredumbre de su corazón para darle olor de santidad. Pies que se adentraron en el huerto de los olivos a orar como preparación a mi cruento sufrimiento. Pies que hoy son triturados, demolidos porque ya casi consumiré mi sufrimiento en un éxtasis de amor. Mi Madre también fue taladrada por el dolor, dolor de sentirse impotente y no poder hacer nada para menguar mi sufrimiento. Nuestros Corazones unidos y traspasados os piden que crucifiquéis vuestra vida de perdición y os unáis a nuestro sufrimiento para que expiéis vuestros pecados aferrados a la cruz, cruz que os absolverá restituyéndoos vuestro estado de Gracia. Alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre, triste y afligida al pie de la Santa Cruz.

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