AGRADECIMIENTO POR LA GRACIA DE DIOS.

Capitulo X TOMAS DE KEMPIS. IMITACION DE CRISTO.
AGRADECIMIENTO POR LA GRACIA DE DIOS.

1. ¿Por qué buscas descanso si has nacido para el trabajo?. Dispónte más bien para el sufrimiento que para las satisfacciones y a cargar con la cruz más que con la alegría. ¿Quién no acogería con gusto la satisfacción y felicidad espiritual si siempre pudiera tenerlas?. Porque las satisfacciones espirituales exceden a todas las ventajas del mundo y a los estímulos de la sensualidad. Toda satisfacción deshonesta esta vacía de contenido o es vergonzosa. Las satisfacciones espirituales de verdad son alegres y honestas engendradas por las virtudes e infundidas por Dios en los corazones limpios. Pero estas consolaciones divinas nadie puede gozarlas continuamente como quiere porque el tiempo de la tentación nunca termina.

2. Mucho contraría la visita de Dios la equivocada libertad de ánimo y la exagerada confianza en uno mismo. Dios nos hace bien otorgándonos la gracia de la consolación pero la persona actúa mal cuando no retribuye con agradecimiento profundo los dones que recibe de Dios. Y por eso fluyen poco en nosotros los dones de la gracia, porque somos ingratos con el Autor y no los atribuimos a la fuente original. Siempre se favorece al que sabe agradecer y se le sustrae al supervalorado lo que se acostumbra dar al humilde.

3. No deseo satisfacciones que me quiten los deseos de conversión ni quiero contemplación que me conduzca a la soberbia. No es santo todo lo sublime, ni bueno todo lo agradable, ni puro todo lo deseado, ni todo lo querido es agradable a Dios. Con gusto acepto las inspiraciones que me hagan más humilde y respetuoso de Dios y me preparen mejor para abandonar lo malo en mí. El enseñado con el don de la gracia y el erudito por el dolor de haberla perdido ni se atreverá a atribuirse el menor bien salvo el reconocimiento de su pobreza y desnudez. Dale a Dios lo que es de Dios y asígnate a ti lo que es tuyo o sea que debes agradecer a Dios su gracia, y atribuirte a ti sólo la culpa y la justa tristeza que debes sentir por esa culpa.

4. Ubícate siempre al último y te darán el mejor lugar porque no se obtiene lo máximo sin lo menor. Los más grandes santos ante Dios se sienten ínfimos ante sí mismos y mientras más lo engrandecen más pequeños se reconocen. Llenos de la verdad y del resplandor del cielo no codician alabanzas insustanciales. En Dios cimentados y asegurados de ningún modo se dejan elevar, asignan a Dios todo lo bueno que tienen y no buscan felicitarse unos a otros sino procurar la alabanza que sólo a Dios pertenece y desean homenajearlo a Él por encima de todos con ellos mismos y con todos los santos y siempre, es éste su único objetivo.

5. Sé agradecido por lo menor y serás merecedor de recibir mucho más. Considera en mucho lo poco que recibes y lo más despreciable por un regalo muy especial. Si te fijas en la calidad del Donante nada de lo que te dé considerarás pequeño o sin valor. No existe nada pequeño cuando Dios mismo lo otorga. Incluso si se recibe penas y castigos debe agradecerse porque siempre es para nuestra salvación todo lo que permite que nos venga. El que desea conservar la gracia de Dios debe saber agradecer cada favor y sufrir con paciencia cuando falta, rece para que la gracia vuelva y sea cuidadoso y humilde para no perderla.

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