La obra de la Redención era la más grande y para ella elegí a una sola criatura, dotándola de todos los dones, jamás concedidos a ninguno, para hacer que esta criatura contuviera tanta Gracia de poderme hacer de Madre

Por cuanto más grande es la obra que Dios quiere hacer, tanto más es necesario que sea única y singular la criatura que elige. La Paterna Bondad quiere abrir otra era de Gracia.

Estaba rezando y abandonándome toda en los brazos de mi dulcísimo Jesús, pero con un pensamiento en la mente que decía: “Sólo para ti este martirio de dar fastidio a los demás, de ser un peso a tus ministros, no pudiendo hacer menos que fastidiarlos con mis hechos que se desarrollan entre mí y Jesús; en cambio los demás son libres, ellos entran en el estado de sufrimiento y por sí mismos se liberan, cuántas veces le he pedido que me liberara, pero en vano.” Ahora, mientras esto y otras cosas pensaba, el bendito Jesús ha venido, todo bondad y amor, y poniéndose junto a mí me ha dicho: “Hija mía, por cuanto más grande es la obra que quiero hacer, tanto más es necesario que sea única y singular la criatura que elijo. La obra de la Redención era la más grande y para ella elegí a una sola criatura, dotándola de todos los dones, jamás concedidos a ninguno, para hacer que esta criatura contuviera tanta Gracia de poderme hacer de Madre y pudiese deponer en Ella todos los bienes de la Redención; y para custodiar mis mismos dones, desde que fue concebida hasta que me concibió la tuve oculta en la Luz de la Santísima Trinidad, la cual se hacía custodia y tenía el oficio de dirigirla en todo; después, cuando quedé concebido en su seno virginal, siendo Yo el verdadero, la cabeza y el primero de todos los sacerdotes, tomé Yo la tarea de custodiarla y de dirigirla en todo, hasta el movimiento de su latido; y cuando Yo morí la confié a otro sacerdote, el cual fue San Juan. Un alma tan privilegiada, que contenía todas las gracias, única en la mente divina, única en la historia, no quise dejarla, hasta el último de sus respiros, sin la asistencia de un representante mío. ¿Acaso he hecho esto a otras almas? No, porque no conteniendo tanto bien, tantos dones y gracias, no es necesaria tanta custodia y asistencia. Ahora hija mía, también tú eres única en mi mente y serás también única en la historia, y no habrá ni antes ni después de ti otra criatura a la que le haré tener, como obligado por necesidad, la asistencia de mis ministros. Habiéndote elegido para deponer en ti la Santidad, los bienes, los efectos, la actitud de mi Suprema Voluntad, era conveniente, justo, decoroso, para la misma Santidad que contiene mi Querer, que un ministro mío te asistiera y fuera el primer depositario de los bienes que mi Voluntad contiene, y de su regazo hacerlos pasar a todo el cuerpo de la Iglesia. ¿Qué atención no se requiere de ti y de ellos, tú en recibir de Mí, como una segunda madre mía el gran don de mi Querer y conocer de Él todas sus cualidades, y ellos en recibirlas de ti para hacer que se cumpla en mi Iglesia el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra. ¡Ah, tú no sabes cuánto he debido darte para volverte capaz de deponer en ti mi Querer, te he quitado todo germen de corrupción, he purificado en tal modo tu alma, tu misma naturaleza, que ni tú sientes nada por ellos, ni ellos por ti, porque faltando el germen es como si faltase el fuego a la leña, y si no te exenté de la culpa original como hice a mi amada Mamá, con quitarte el germen de la corrupción obré otro prodigio de Gracia jamás concedido a ningún otro, porque no era decoroso para mi Voluntad tres veces santa, descender en un alma, tomar posesión de ella y que estuviera, aun mínimamente ensombrecida por el más mínimo hálito corrupto; mi Voluntad no se habría adaptado a tomar posesión de ella y comunicarle su actitud si hubiera visto algún germen de corrupción, como no me habría adaptado Yo, Verbo del Padre, a ser concebido en el seno de la Celestial Mamá si no la hubiera exentado de la culpa de origen. Y además, ¿cuántas gracias no te he hecho? Tú crees que sea nada y por eso ni siquiera lo piensas, y en lugar de agradecerme te ocupas en pensar en lo que he dispuesto de ti y de los que he puesto en torno a ti, mientras que Yo quiero que sigas sólo mi Querer. Tú debes saber que este cumplimiento de mi Voluntad es tan grande, que entra en las obras más grandes que la Divinidad ha obrado y quiero que sea conocido, a fin de que al conocer la grandeza y los bienes inmensos que contiene, lo amen, lo estimen y lo deseen. Tres veces la Divinidad suprema decidió obrar ad extra, la primera fue en la Creación, y ésta fue sin intervención de la criatura, porque ninguna había salido a la luz del día; la segunda fue en la Redención, y en Ella intervino una mujer, la más santa, la más bella, cual fue mi Celestial Mamá, fue Ella el canal y el instrumento del que me serví para cumplir la obra de la Redención; la tercera es el cumplimiento, que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra, esto es, que la criatura viva, obre con la Santidad y Potencia de nuestra Voluntad; obra inseparable de la Creación y de la Redención, como es inseparable la Trinidad Sacrosanta; no podemos decir que la obra de la Creación esté por Nosotros terminada si nuestra Voluntad, como fue decretado por Nosotros, no obra en la criatura y vive con la libertad, Santidad y Potencia con la que obra y vive en Nosotros; es más, éste es el punto más bello, más culminante, más fúlgido y el sello del cumplimiento de la obra de la Creación y de la Redención. Estos son decretos divinos y deben tener su pleno cumplimiento, y para cumplir este decreto queremos servirnos de otra mujer, la cual eres tú; fue la mujer la que incitó, la causa por la que el hombre se precipitó en sus desventuras, y Nosotros queremos servirnos de la mujer para poner las cosas en orden y hacer salir al hombre de sus desventuras y restituirle el decoro, el honor, la verdadera semejanza nuestra, como fue por Nosotros creado, por eso sé atenta, no tomes las cosas a la ligera, aquí no se trata de una cosa cualquiera, sino se trata de decretos divinos y de darnos campo para hacernos cumplir la obra de la Creación y Redención, por eso, así como a nuestra Mamá la confiamos a San Juan, para deponer en él y de él a la Iglesia, los tesoros, las gracias, todas mis enseñanzas que en el curso de mi Vida cuando Ella estaba confiada a Mí, y haciéndole de sacerdote Yo depuse en Ella como en un santuario todas las leyes, los preceptos, las doctrinas que la Iglesia debía poseer, y Ella, fiel como era y celosa aun de una sola palabra mía, para que no se perdieran las depuso en mi fiel discípulo Juan, así que mi Mamá tiene el primado sobre toda la Iglesia. Así he hecho de ti, debiendo servir el Fiat Voluntas Tua a toda la Iglesia, te he confiado a un ministro mío, a fin de que depongas en él todo lo que te manifiesto sobre mi Voluntad, los bienes que hay, como la criatura debe entrar en Ella, cómo la Paterna Bondad quiere abrir otra era de Gracia, poniendo en común con la criatura sus bienes que posee en el Cielo y restituyéndole la felicidad perdida. Por eso sé atenta y seme fiel.”

Luisa Piccarreta Volumen 15 1225/6/7

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s