Oh, querido hombre del siglo veintiuno

Mérida DADO A CATALINA RIVAS.

29 de marzo de 2005

El Señor

¡Oh, querido hombre del siglo veintiuno, que viéndome crucifica- do no se da cuenta de que Soy también su modelo y así no se decide a imitarme. Y cuando surge alguno que quiere imitarme no lo logra, porque no se humilla. Entonces experimenta enojo y no reconoce que ese fastidio que experimenta, es don Mío, para hacerlo percibir su debilidad, su inconstancia, su poca predisposición a aceptar el sufrimiento. ¿Qué consiguió con ella? Qué viéndose así incapaz, aprove- chará mucho cuando en ello encuentre la paz. Sólo ahí, sólo entonces recién lo sumerjo en dones. Siempre Estoy preocupado por todos y eso deviene de la inmu- tabilidad de Mi Amor, que no espera requerimientos, sino que proviene y da de propia voluntad. Cuando les parezca que Me resisto a darles algo, deben pensar ante todo, si Yo quiero lo que desean y piden. Luego piensen que Yo quiero que Me lo pidan, para que sientan su necesidad de Mí. Reflexionen amorosamente en todo esto y siéntanse impelidos a dejar sus propias miserias, para hacerse revestir de la verda- dera riqueza y llenarse de Mi plenitud.

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