Olvidad todas las cosas del mundo y no tengáis vuestro pensamiento fijo en las riquezas y en las vanidades

MENSAJE DE LA VIRGEN DOLOROSA DEL DÍA 4 DE MAYO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (ESPAÑA)

LA VIRGEN:

Hija mía, la situación del mundo es grave; los hombres se dejan regir por el espíritu de Satanás. Mira, hija mía, cada vez es peor esta situación. El espíritu de Satanás está reinando en todos los lugares; en las familias se mete para destruirlas; en la juventud los arrastra a los vicios y a los placeres; en los conventos para endurecer las almas, las entibia y las arrastra para ver el mundo y sus placeres, y para olvidarse de las oraciones y de los sacrificios; a los guías del pueblo, a muchos de ellos, los arrastra predicando doctrinas falsas; a los gobernantes para gobernar hablando de paz, y ellos forman la guerra. Satanás está metido, hija mía, en la mayor parte de los corazones, haciendo ver a los hombres que no tiene importancia el pecado ni la maldad del mundo y no haciendo reconocer a los hombres… Mira, hija mía, los hombres no reconocen cómo son y mira, cómo el enemigo los arrastra, ¿sabes por qué, hija mía?, porque no dejan que entre el espíritu de Dios; y al no entrar el espíritu de Dios no reciben la gracia y sus corazones no se humillan, hija mía, ni se arrepienten y se ven superiores, ¡qué pena de almas, hija mía! Es gravísimo todo lo que está sucediendo en el mundo: crímenes sangrientos, guerras que destruirán la mayor parte de la humanidad, los hogares destruidos, la juventud perdida, los guías de los pueblos no se dedican la mayoría de ellos a predicar el Evangelio, sino a vivir según sus gustos.

Yo pido a los hombres, que son casi mis últimas llamadas, a la oración, al sacrificio, que dejen que en su corazón entre la gracia para que se vean tal como son, hija mía, y no hagan lo que el fariseo, presentarse en el templo diciendo: “Yo soy bueno, Jesús, yo no peco; yo cumplo con todas las Leyes”. ¡Ay, hijos míos!, sed como aquella pobre alma humilde y contrita que se presentaba en el templo diciendo: “Señor, soy un pecador; he pecado contra el cielo y contra Ti, perdóname, Señor”. La gracia cuando entra dentro de los corazones el hombre se reconoce tal como es, pero ¡ay, hija mía, cuántos corazones endurecidos no dejan entrar la gracia por su soberbia y su vanidad! Yo los quiero proteger porque mi Corazón los ama, pero no se dejan, hija mía, ¡qué pena, cuánto sufre mi Corazón! Yo soy Madre de todos los pecadores, pero de todos los pecadores contritos y humillados. El hombre es humilde cuando se ve pecador y miserable.

Mira, hija mía, grandes catástrofes irán aumentando en la tierra; la tierra quedará desolada, como un desierto, todo el desierto de… (llanto de Amparo) crímenes tras crímenes, hija mía, e inocentes morirán junto a los culpables, para purificar a los culpables.

Dejaos guiar, hijos míos, por el espíritu de Dios, seguid el Evangelio, no pongáis vuestra vida en la hacienda. Dejaos guiar, hijos míos, por los guías santos del pueblo; no vayáis a aquellos guías, hijos míos, que han confundido la doctrina y os confunden vuestra alma, hijos míos. Leed el Evangelio, y ahí está la Palabra de Dios.

Cuántos, hija mía, se quedan en el tiempo porque cogen del Evangelio lo que les conviene y dejan lo que no les agrada.

Penitencia pido y sacrificio. Mis últimas llamadas son a la oración, a la penitencia y al sacrificio. Los hombres se han olvidado de que el sacrificio y la penitencia es el camino de la salvación.

Sed humildes, hijos míos, y dejaos guiar por el espíritu del bien que es el del sacrificio y el de la penitencia. Olvidad todas las cosas del mundo y no tengáis vuestro pensamiento fijo en las riquezas y en las vanidades. No penséis tanto en el mañana. El mañana corresponde a la Divina Majestad de Dios, y vosotros pensáis en el mañana como si dependiese de vosotros mismos, hijos míos, ¡qué ingratos sois! No irritéis a vuestros hermanos ni maltratéis a vuestros hermanos, hijos míos; todo el daño que hagáis a vuestros hermanos recaerá sobre vosotros. Amaos los unos a los otros. Este es el primer Mandamiento, el amor a Dios y al prójimo. Y ¡ay de aquéllos que se amen a sí mismo y a los suyos y olviden a Dios y al prójimo! Estad alerta, hijos míos, que vuestro Amo os vigila. Sed siervos fieles y prudentes; y estad preparados con la lámpara llena de aceite. Tenéis tiempo para reparar, hijos míos. Ofreceos en sacrificio por aquellas pobres almas que se han desviado del camino del Evangelio. Y vosotros, hijos míos, que tenéis la dicha de oír mi voz y recibir mis mensajes, vivid según el Evangelio, porque muchos serán los llamados y pocos los escogidos; porque pocos cumplen el Evangelio, pocos renuncian a su hacienda. ¡Qué pena de almas, hija mía! Se está viviendo en el sexto tiempo, el tiempo de Satán, hija mía.

Dios os espera, hijos míos, pero quiere corazones contritos y humillados. El sabe lo más profundo de vuestros pensamientos; y sabe, hija mía, que los hombres no vuelven la mirada a Dios y cada día se rebelan más contra El. ¡Qué tristeza siente mi Corazón cuando veo que mis hijos rechazan mis palabras!

Tú, hija mía, háblales y explícales todo lo que has visto y oído para conquistarlos, para que gocen un día eternamente. ¡Ay qué tristeza siente mi Corazón, hija mía! Mi Corazón está sangrando por los pecados de los hombres. Ya desde su nacimiento, hija mía, el hombre lleva la inclinación hacia el mal y se deja arrastrar y seducir por el enemigo.

¡Despertad, padres e hijos! Despertad y educad a vuestros hijos en el santo temor de Dios. Y vosotros, hijos, respetad a vuestros padres y con sinceridad y con la Verdad pedid consejo, que ellos os ayudarán, hijos míos, pero no os introduzcáis en la mentira. La mentira es la muerte, hija mía, ya sabes que te lo he dicho muchas veces, que les hables sobre la verdad. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, donde está la mentira no está la vida; la mentira es la muerte.

Humillaos, corazones, ante la Divina Majestad de Dios y reconoceos polvo y nada.

Mira, hija mía, miles y miles de hombres caerán bajo la espada, grandes calamidades, muertes atroces, crímenes sangrientos… Es terrible, hija mía, la situación del mundo. El hombre se ha olvidado de Dios; en su mente está el espíritu satánico de Satanás destruyendo la humanidad. (Amparo llora). Mira, hija mía, cómo reina el enemigo en los corazones. No oyen mis llamadas, hija mía, ni mi llamada a la oración y al sacrificio. Los hombres quieren vivir según sus gustos y se dejan arrastrar por el espíritu maligno que se cree victorioso. Pero todo el que invoque mi Inmaculado Corazón triunfará sobre toda la humanidad y, sobre todo, aquellos que se consagren a mi Inmaculado Corazón. (Amparo no deja de gemir).

Yo os protegeré, hijos míos, y aplastaré la cabeza del enemigo; pero despertad y abrid vuestro corazón a la gracia.

¡Es terrible, hija mía, la situación del mundo! Mi Corazón está traspasado de dolor; no queda ni un hueco de mi Corazón donde no hayan clavado los hombres una espina. Mira, hija mía, que dolor siente mi Corazón y cómo está rodeado de espinas por los pecados de los hombres. Hace mucho, hija mía, que no mueves ninguna espina, están tan profundas porque los hombres no cambian profundamente; sus promesas son superficiales, hija mía. El dolor que siente mi Corazón invade todo mi cuerpo, hija mía.

Por eso pido, hijos míos: el mayor remedio es el ayuno a pan y agua, hijos míos; ayunad a pan y agua los viernes y ofrecedlo para que Satanás no pueda apoderarse de vosotros; ayunad, hijos míos, el ayuno es muy importante; ayunad todos, hijos míos, menos aquellos que estén delicados gravemente. Eso os sacará de la tibieza en que os encontráis.

Y tú, hija mía, humíllate y habla tal como Yo te enseño, con energía y con fortaleza, hija mía. El día del reinado, de la segunda venida de Cristo, está próximo. Quiero tocar todos los corazones. Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales; pero todo aquel que venga de buena voluntad su corazón será abierto de par en par para que entren las gracias dentro de él.

Humillaos, hijos míos, y no os avergoncéis de la humillación. Cristo se humilló hasta la muerte y se anonadó. El discípulo no puede ser más que el Maestro.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como hacen a mi pobre Corazón.

Yo soy Madre del amor, Madre de misericordia para todo el que venga a mi Corazón, contrito y humillado, protegerle y conducirle a mi Hijo. Pero quiero almas de buena voluntad.

Sed fuertes, hijos míos, leed mucho el Evangelio y meditad la Pasión de Cristo; está totalmente olvidada. Si el hombre meditase la Pasión de Cristo su vida cambiaría. Retiraos del Espíritu maligno, hijos míos, él os mostrará los placeres del mundo, los gustos, las riquezas para que acumuléis sin saber si las vais a usar, porque el mañana depende del Creador. No cumplís el Evangelio, hijos míos, cuando os dice en el Evangelio Cristo: “No penséis lo que vais a comer mañana ni lo que vais a vestir; pensad en las aves y en las flores del campo, que no tienen dueño en la tierra, y el Dueño del cielo las alimenta, y las viste y las protege.” Olvidaos de vosotros mismos; pensad en los demás, hijos míos. Todos los que habéis tenido el don de adquirir riquezas, hijos míos, distribuid a los pobres y veréis como descansa vuestra pobre alma. No tengáis vuestro corazón donde está vuestra hacienda. Vivid más del espíritu que de la carne. No penséis tanto en alimentar la carne que os olvidéis del alimento del espíritu. ¡Ay de aquéllos que hipócritamente mueven los labios y que dentro de su corazón hay odio, rencores, envidias, destrucción! Aún estáis a tiempo, hijos míos, arrepentíos y convertíos. La salvación sólo es una vez, y la condenación también, hija mía. Eso te lo he enseñado que se lo repitas a las criaturas, que sólo se pueden salvar una vez y condenar una vez.

Pagad vuestras deudas, hijos míos, con el cheque del amor, con el cheque de la comprensión y de la caridad. Y no os critiquéis unos a otros. Aceptaos todos tal como sois y ayudaos mutuamente con oración y con sacrificio.

Una bendición especial voy a dar hoy para la conversión de todos los pecadores. Y todos los primeros sábados de mes estaremos sellando frentes contra la asechanza del enemigo. La protección de esta señal os hará contritos y humildes.

Yo prometo que a todo el que venga de buena voluntad su frente quedará sellada, y en su frente quedará una marca y una protección del enemigo. Muchos sentirán en su frente esta señal.

AMPARO:

¡Ay, Dios mío, gracias!, ¡gracias, Dios mío! ¡Ayúdalos, protégelos, Señor! ¡Ay, qué grandeza, Dios mío, ay!

LA VIRGEN:

Mira, hija mía, todos los marcados y escogidos en este lugar.

AMPARO:

¡Ay, ay, qué grandeza, Dios mio, ay!

LA VIRGEN:

El sacrificio y la oración tienen mucho valor, aunque sea un pequeño grupo reducido. Mira a Jesús, como da el ciento por uno a las almas, hija mía.

AMPARO:

¡Ay, gracias, Madre mía, gracias!

LA VIRGEN:

Tú, hija mía, humíllate, sé humilde; la humildad llega a la santidad; pero no dejes de hablar con energía y con fortaleza; y con claridad como Yo te enseño.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Todos han sido bendecidos, hija mía, con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

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