NO DUDEMOS DE LA VIRGEN.

–Querida hija mía, es penoso para mí que tú dudes. Confía en mí aún al grado de parecer tonta. Yo no te dejaré caer. ¿No soy yo una Madre amorosa? ¿No soy yo mejor que tú? Sé contenta y feliz con el destino que mi Hijo ha marcado para ti. Pon tus propios planes dentro de mi Corazón maternal. De esta manera tú serás agradable a mí y a Jesús. Como ustedes quieren a sus hijos y los cuidan, Yo los quiero aún más y cuido de ustedes. Yo te llevo en la palma de mi mano y te baño con mis gracias, en proporción de como tú te aferres a mí.

–En respuesta me gustaría pedirte que sonrías siempre cuando tú me hables a Mí, a tu familia y a todos los que encuentres. Podría ser este el pan de gracia diario hasta tu muerte. Siempre que tú sonríes a alguien yo te sonrío a ti. Este será el secreto de amor entre nosotras dos. Tú debes leer mis mensajes, especialmente cuando la amargura de la vida te llegue al corazón.

(“La Victoriosa Reina del Mundo” – Sor Natalia Magdolna)

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