EL PODER DEL PECADO.

Ana Garcia de Cuenca


El poder del pecado

Posted: 06 Jun 2016 11:08 AM PDT

En Sueño Profético decían, espíritus de la Gloria, unas palabras para este Elegido. Que Dios lo tiene para que publique lo que Dios en su Gloria dice para que en la Tierra no olviden que existe otra Vida, pero Eterna. Que es donde viven los espíritus que sus cuerpos tenían la Presencia de Dios por cumplir sus Mandamientos. Que son ir al Prójimo, porque sabes que en el Prójimo está Dios; levantar al caído; y perdonar al que pecó y el pensar en Dios lo quitó del pecado.

Si esto lo piensas tú perdón tienes que darlo, y no tienes que ensuciar las Palabras ni romperlas cuando Dios une, uniéndolas al pecado. Esto en público, que es el peor de los pecados. Que es peor que el que roba, porque éste puede hacerlo por hambre o por no tener lo que no puede comprar, y quiere con el robo comprarlo. Esto es pecado de pensamiento que con el arrepentimiento puede Dios perdonarlo. Pero romper la carne unida, en la Casa de Dios uniéndola con las mismas palabras a otra carne, esto es Satanás pidiendo espíritus para su Infierno.

Es pena grande para el que quiere que todos cumplan las Palabras de Dios, para no perder la Gloria, el ver el poder que el pecado tiene.

Ya se pasan a otras palabras que Dios manda que se queden dictadas:

Los que están aquí unidos van, cerca y lejos, contando esta Grandeza para  traer prólogos como los que han traído de Obispos y seglares de grandes carreras.

Desperté, oí:
La Enseñanza tan grande que este Elegido tiene de la Gloria no la puede presentar ninguno, diciendo:

– Dios me lo dice con espíritus de su Gloria, y otras veces son sus Palabras las que lo dice.

Ya dicen que no pienses en querer ayudar y que te falte algo, porque los que están aquí unidos dan alegría cuando dicen “toma lo que yo creo que me pertenece darte”.

Y lo dan como el Elegido lo hace.

El Mensaje que no se termine sin poner la Visión que Dios hace de la carne que Dios te unió:

Estaba en su despacho, con su cuerpo y su traje normal, como cuando copiaba los Mensajes. Su mirada tenía fuerza, como cuando tenía el cuerpo, y ya estas palabras decía:

– Ana cuídate, cuídate, que tu cuerpo le hace falta a tu espíritu. Estas palabras las dice en mí un espíritu de la Gloria.

***

Libro 67 – Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno – Tomo VII

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