Dios reveló a santa Brígida esta oración, en la cual es alabado Jesucristo devota y encarecidamente con una narración puntual de su gloriosa encarnación y de todos los hechos, trabajos y dolores de su vida y de su santísima muerte

Dios reveló a santa Brígida esta oración, en la cual es alabado Jesucristo devota y encarecidamente con una narración puntual de su gloriosa encarnación y de todos los hechos, trabajos y dolores de su vida y de su santísima muerte, de su ascensión a los cielos, de la venida del Espíritu Santo a sus discípulos, etc.

 

Libro 12 – Oración 2

 

Bendito seáis Vos, mi Señor, mi Dios, y queridísimo amante de mi alma, que sois un solo Dios en tres personas. Gloria y alabanza os sea dada, mi Señor Jesucristo, que fuisteis enviado por el Padre al cuerpo de una Virgen, quedando, no obstante, con el Padre siempre en el cielo, y permaneciendo con su divinidad el Padre en vuestra Humanidad sin separarse de Vos en el mundo. Honra y gloria os sea dada, mi Señor Jesucristo, que habiendo sido concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la Virgen, crecisteis corporalmente, y en él con humildad habitasteis hasta el tiempo del parto, y después de vuestra dichosa Natividad os dignasteis ser tocado con las purísimas manos de vuestra Madre, ser envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.

 

Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que quisisteis fuera circuncidada vuestra inmaculada carne, llamaros Jesús, y que os ofreciera en el templo vuestra Madre. Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que os hicisteis bautizar en el Jordán por vuestro siervo Juan. Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que con vuestra bendita boca predicasteis a los hombres palabra de vida, y en presencia de ellos ejecutasteis muchos milagros. Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que para cumplir las escrituras de los profetas, manifestasteis con pruebas al mundo que érais el verdadero Dios.

 

Gloria y bendición os sea dada, mi Señor Jesucristo, que maravillosamente ayunasteis cuarenta días en el desierto, y permitisteis que os tentara vuestro enemigo el demonio, al cual cuando quisisteis lo echasteis de Vos con una sola palabra. Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que con anticipación anunciasteis vuestra muerte, y en la última cena consagrasteis maravillosamente el pan material convirtiéndolo en vuestro precioso Cuerpo y lo dísteis con amor a vuestros Apóstoles en memoria de vuestra dignísima Pasíon, y mostrasteis humildemente vuestra suma humildad, lavándoles los pies con vuestras santas y preciosas manos.

 

Honra os sea dada, mi Señor Jesucristo, que tuvisteis un copioso sudor de sangre a causa del temor de la Pasión y muerte de vuestro inocente cuerpo, y a pesar de todo consumasteis nuestra redención, que queriais llevar a cabo, y de esta manera manifestasteis muy a las claras el amor que teniais al linaje humano. Gloria os sea dada, mi Señor Jesucristo, que vendido por vuestro discípulo y comprado por los judíos, fuisteis preso por causa nuestra, y con una sola palabra arrojasteis en tierra a vuestros enemigos, en cuyas inmundas y rapaces manos os entregasteis después por vuestra voluntad.

 

Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que fuisteis llevado a casa de Caifás, y Vos que sois Juez de todos, consentisteis humildemente en ser entregado al juicio de Pilatos. Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que por el juez Pilatos fuisteis enviado a Herodes, y permitisteis que éste se burlara de Vos y os despreciase, y consentisteis en volver a ser conducido ante el mismo juez Pilatos.

 

Gloria os sea dada, mi Señor Jesucristo, por la burla que padecisteis, cuando vestido de púrpura fuisteis coronado con agudísmas espinas, y porque sufristeis con mucha paciencia que os escupiesen en vuestro glorioso rostro, os taparan los ojos, y con sus malhadadas manos os diesen los inícuos y violentos golpes en vuestras mejillas y cuello. Alabado seáis, mi Señor Jesucristo, que cual inocente cordero permitisteis con grandísima paciencia ser atado a la columna, ser azotado cruelmente, ser conducido y comparacer cubierto de sangre ante el tribunal de Pilatos.

 

Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que con vuestros benditos oídos quisisteis oir pacientísimamente las injurias y oprobios que os hacían delante de Pilatos, y los gritos del pueblo pidiendo que el ládron fuera absuelto, y que Vos, inocentísimo Jesús, fuérais condenado. Honra os sea dada, mi Señor Jesucristo, que con todo vuestro cuerpo cubierto de sangre fuisteis condenado a la muerte de cruz, y con sumo dolor la llevasteis en vuestros sagrados hombros conducido furiosamente al lugar de vuestra Pasión, y despojado de vuestras vestiduras, quisisteis ser clavado de este modo en el santo madero.

 

Inmensa gloria os sea dada, mi Señor Jesucristo, porque humildemente padecisteis por nosotros que los judíos extendieran con cuerdas vuestras venerables manos y pies, y con clavos de hierro los sujetaran en el madero de la cruz, os llamasen también traidor, y poniendo sobre vuestra cabeza un rótulo para denigraros, se burlasen de vos de muchas maneras y con sus nefandas palabras.

 

Alabanza eterna y acción de gracias os sean dadas, mi Señor Jesucristo, que con tan gran mansedumbre padecisteis por nosotros tan crueles dolores. Pues cuando en la cruz se agotaron todas las fuerzas a vuestro bendito cuerpo, obscurecíanse vuestros amorosos ojos; por falta de sangre cubríase de palidez vuestro bellísimo rostro; abrasábase y estaba seca vuestra bendita lengua; vuestra boca hallábase empapada con una amarguísima bebida; vuestros cabellos y barba estaban inundados con la sangre de las heridas de vuestra santísima cabeza; con grande e intenso dolor separábanse de sus coyunturas los huesos de las manos y de los pies para sostener vuestra queridísima humanidad; rompíanse cruelmente las venas y tendones de todo vuestro bendito cuerpo; y habiais sido azotado tan desapiadadamente y herido con tan dolorosas llagas, que así vuestro cutis como vuestra inocentísima carne estaban destrozados de una manera insufrible. Y de esta suerte afligido y lleno de dolores estuvisteis en la cruz, oh mi dulcísimo Señor, y humilde y pacientemente esperasteis con excesiva pena a la hora de la muerte.

 

Honra perpetua os sea dada, mi Señor Jesucristo, que en medio de tales angustias mirasteis humildemente con vuestros piadosos ojos de amor a vuestra santísima Madre, la cual nunca pecó, ni consintió jamás en el menor pecado, y para consolarla le encargasteis a vuestro discípulo que la custodiase fielmente. Bendición eterna sea dada a vos, mi Señor Jesucristo, que hallandoos en la agonía de la muerte disteis esperanzas de alcanzar la bienaventuranza a todos los pecadores, cuando al ladrón convertido a vos, le prometisteis misericordiosamente la gloria del Paraíso.

 

Alabanza eterna os sea dada, mi Señor Jesucristo, por cada hora que en la cruz estuvisteis padeciendo crueles angustias y amarguras por nosotros pecadores: porque los agudísimos dolores procedentes de vuestras llagas penetraban de un modo cruel vuestra dichosa alma, y traspasaban inhumanamente vuestro sacratísimo corazón hasta que partiéndose éste, entregasteis felizmente vuestro espíritu, e inclinado la cabeza, os encomendasteis a vos mismo en manos de Dios Padre; y habiendo muerto en el cuerpo, quedasteis del todo frío. Bendito seáis vos, mi Señor Jesucristo que con vuestra preciosa sangre y con vuestra sacratísima muerte redimisteis las almas y las sacasteis misericordiosamente del destierro a la vida eterna.

 

Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que muerto estuvisteis pendiente en el madero de la cruz y al punto con vuestro poder libertasteis de la cárcel del infierno a vuestros amigos. Bendito seáis Vos, mi Señor Jesucristo, que por salvarnos dejasteis traspasar vuestro costado y corazón, y del mismo costado derramasteis copiosamente vuestra preciosa sangre y agua para redimirnos, y antes de que el juez concediese licencia, no quisisteis que fuera bajado de la cruz vuestro sacratísimo cuerpo.

 

Gloria os sea dada, mi Señor Jesucristo, porque quisisteis que vuestros amigos bajaran de la cruz vuestro bendito cuerpo, y lo reclinaran en las manos de vuestra afligidísima Madre, y lo envolviera ésta en un sudario, y permitisteis que fuese puesto en un sepulcro, y custodiado allí mismo por soldados. Honra sempiterna os sea dada, mi Señor Jesucristo, que al tercero día resucitasteis de entre los muertos, y os manifestasteis vivo a quienes fué de vuestro beneplácito; y a los cuarenta días en presencia de muchos subisteis también a los cielos, donde colocasteis honoríficamente a vuestros amigos que habiais libertado del infierno.

 

Júbilo y alabanza eterna os sea dada, mi Señor Jesucristo, que enviasteis el Espíritu Santo a los corazones de vuestros discípulos, y aumentasteis en sus almas el inmenso amor de Dios. Bendito seáis, alabado y gloriosa por todos los siglos, mi Señor Jesucristo, que en vuestro reino de los cielos estáis sentado sobre el trono en la gloria de vuestra divinidad, viviendo corporalmente con todos vuestros santísimos miembros que tomasteis de la carne de la Virgen, y así habéis de venir en el día del juicio para juzgar las almas de todos los vivos y muertos; vos que vivís y reináis con el Padre y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

 

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