No son los “lefebristas” los que más daño hacen a la Iglesia.

27-04-2011

Virgen:

Ven, Marga, que te llamo a apuntar. Poco tienen que importarte tus sentimientos. El día es luminoso. Y estamos aquí juntas.

No son los “lefebristas” los que más daño hacen a la Iglesia. El mayor daño hecho a la Iglesia viene por parte de los soberbios orgullosos y los sin-caridad para con Dios y sus hermanos. Y aquellos que no son capaces de

Mensajes a la Humanidad | http://www.vdcj.org 306

reconocer los signos de los tiempos y que Dios os habla a través de apariciones y revelaciones a pequeños arquitectos tan humildes como tú. Aquellos soberbios que, encumbrados en los puestos que Dios les ha dado, en lugar de servir al pueblo poniéndose en manos de Dios, se dedican a frenar todos los signos de los tiempos y la acción del Espíritu Santo. Se dedican a frenar la Voz de Dios.

Parece mentira, Madre. ¿Es por eso el mayor mal? Sí. Porque Dios, a cada momento de la historia de la Iglesia, ha enviado su Espíritu para que sus hombres puedan ver. Y en estos momentos lo hace por medio de su Madre. Él sabe lo que necesita la Iglesia en cada instante de su Salvación. Y la mayor responsabilidad de su mal está en aquellos que frenan su ayuda y su acción sobre Ella. Se les pedirá cuentas de tanto daño.

Si vosotros, en lugar de disquisiciones sobre “lefebrismo”, ¡estuvierais abiertos de corazón y acogierais el don de Dios! Los lefebristas dejarían de ser lefebristas. Los lefebristas no dejarán de serlo con argumentos faltos de caridad. No dejarán de serlo si se les habla desde una superioridad moral. ¡Y tantos errores que conviven en mi Iglesia!

Vosotros, los que acusáis a los Lefebre de herejía, también estáis llenos de errores morales y teológicos. Y sobre todo: de faltas de caridad. Sí, amada Marga. Tienes aquí un papel importante en tu (mi) amada Iglesia de España. Recuerda lo que te dije de una masa compacta, con fuerza, apiñada y pegándose de lleno en la cara entre ellos, entre diversos grupos.

Pretendiendo avanzar, cada uno por un lado e impidiéndoselo unos a otros. Inmovilizada en la calle. En lo que pretende ser una manifestación donde quieren demostrar su fuerza. Sólo ha demostrado su debilidad, su orgullo y su prepotencia. Y no ha avanzado en nada. Ve y diles, hija mía: que en mí se encuentra la llave del Poder, que es Cristo. Que, viniendo a Mí, llegarán a Él. Y en Él encontrarán la Verdadera transformación del corazón-La Verdadera Devoción. Es sólo en la Eucaristía a través de la cuál podréis encontrar unidad. Liberaos de prejuicios, de prejuicios de unos sobre otros y venid a Él a través de Mí.

 

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