Los hombres, hija mía, la mayoría, han enloquecido por los placeres, por la carne, por los vicios, por las comodidades; han enloquecido de tal forma que no ven el pecado; para ellos nada es pecado, todo es virtud. Así está la Tierra, hija mía; los hombres están, la mayoría, desesperados

MENSAJE DEL DÍA 3 DE NOVIEMBRE DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID) LA VIRGEN:

Hija mía, mira cómo vengo: como Madre de los pecadores y Refugio de los afligidos. Mira cuántas almas, hija mía, están bajo mi protección. Dios Padre, hija mía, les otorga un día para comunicarse, por medio de la gracia, con sus seres queridos, pero no pueden llegar; la Tierra está tan corrompida, hija mía, que las almas no pueden llegar hasta ella; por eso vienen bajo mi protección.

LUZ AMPARO: ¡Ay, cuántas, Dios mío! ¡Ay, cuántas, todas conocidas! LA VIRGEN: Todas estas almas, gracias a la gracia que han recibido desde aquí, hija mía, sus vidas estaban desorientadas y desde este lugar fueron orientadas a la Iglesia y a los sacramentos, para su salvación. ¡Y cómo los hombres tan ingratos no aprecian esta grandeza!

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, cuántas almas, Dios mío!… LA VIRGEN: Muchos vienen a dar las gracias, familiares de almas que están en esta Obra, familiares de aquéllos que colaboran en ella, y muchos pecadores, hija mía, que han llegado a este lugar y han conseguido la gracia de su conversión. Por eso dicen “gracias”, por todos aquéllos que hacen oración por los pecadores. ¿Sabes, hija mía, la oración que le gusta a Dios más que ninguna otra? La oración que se hace por los pecadores; esa oración nunca queda sin respuesta; esa oración alegra nuestros Corazones, hijos míos. Acordaos de los pobres pecadores, orad y rezad por ellos, hijos míos.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay! ¡Qué grandeza!… EL SEÑOR: Mira la grandeza de Dios; qué lugares, hija mía, Dios prepara para sus almas queridas. Dios tiene su corazón consumido de amor por las almas. Dios aplica la misericordia con todas aquellas almas que se convierten y piden perdón. Dios es un Padre muy amable con sus hijos y se derrite su corazón cuando los pecadores piden perdón de sus pecados. ¡Qué grandeza la de Dios, hija mía! ¡Y cuántas almas no saben aprovechar estos dones! Ni mi Sangre, hijos míos, ha servido para muchas de las almas. Mira, hija mía, muchas de estas almas, valiéndose de su poder, maquinan el mal para destruir mi Obra. Pero, ¿cómo, ingratos, podéis pensar que vais a destruir una Obra de Dios, aunque clavéis aguijones, aunque persigáis a las almas?; pero Dios está por encima de vosotros, hijos míos.

Mira, hija mía, estas almas se dedican en maquinar para destruir mi Obra. Si yo quisiera, hija mía, los haría desaparecer, pero quiero que tú repares sus ingratitudes y sus manipulaciones, hija mía. Manipulan a las almas para hacer desaparecer mi Obra. Pide mucho por ellos y ámalos con todo tu corazón. Si Dios con vosotros, nadie podrá contra vosotros. Pide por ellos, hija mía, son dignos de lástima. Tanto como mi Corazón los ama y se dedican a destruir; en vez de construir obras buenas, intentan destruir, hija mía, la Obra que yo he creado. ¿No te da pena de ellos, hija mía? Otra oportunidad más. Acudid a este lugar, hijos míos, que, desde este lugar, recibiréis las gracias para ir al templo, hijos míos, para cambiar vuestras almas, para acercaros al sacramento de la Eucaristía y al sacramento de la Penitencia. Mi corazón está triste, pero también siento gran alegría al ver que tantas y tantas almas han llegado a la felicidad eterna. Vale la pena luchar, hija mía, para encontrar la calma y la felicidad. No temas a nadie, hija mía, refúgiate en nuestros Corazones y recibirás fuerza para luchar ante las tempestades. Oración y sacrificio pido a todas las almas, pues la situación del mundo es grave, aunque se empeñen en no ver la situación del mundo. Sólo Dios puede solucionar todas estas calamidades. El mundo está al borde del abismo. Acudid a este lugar, hijos míos; este lugar es lugar de amor, de oración, de perdón. Aquí aprenden las almas a amarse y a perdonarse, aquí aprenden a amar a la Iglesia, e ir a la Iglesia a recibir los sacramentos y tantas y tantas gracias como hay en ella. Por eso, quiero, hijos míos, que sigáis orando por los pecadores y que os améis unos a otros, pues las almas que no aman, esas almas tienen una posesión dentro que no pueden amar. ¡Cuántos rezan, cuántos aparentan ser lo que no son, pero su corazón está tan endurecido y tan frío como un bloque de hielo que no aman a las almas; no piensan nada más que en destruir! ¡Ay, aquéllos que se aprovechan de sus puestos para aguijonear a las almas!

Cuando lleguen ante mi presencia, ¿qué respuesta me van a dar ante las preguntas que yo les haga? Aplicad la caridad, hijos míos; sin caridad no hay Cielo, pero no a los que queráis vosotros y os agraden a vosotros, sino a todos los hijos de Dios; porque no es mejor aquél que practica la “caridad” por el gusto de que lo vean y por la apariencia, y luego acorralan a las almas para apedrearlas y difamarlas. Hijos míos, el mandamiento más importante: que os améis los unos a los otros como yo os amo, sin diferencia ni de idioma, ni de color, ni de clase. Hija mía, refúgiate en nuestros Corazones, consúmete en nuestro amor y en amor para las almas. Te he dicho muchas veces, hija mía, que te dejes como un juguete en nuestras manos, como un juguete se pone en manos de un niño, para que nosotros hagamos lo que queramos contigo. Repara las ingratitudes de tantas almas, almas que se creen elevadas y que todo el mundo las admira por sus apariencias, pero, ¡ay, cuando lleguen ante la Divina Majestad de Dios! ¿No os da miedo, hijos míos, vivir de apariencia? No seáis hipócritas ni fariseos. Convertíos, hijos míos, amad a todas las almas, y no queráis destruir mi Obra. Si yo tengo los brazos abiertos para todos vosotros, hijos míos, ¡cómo no os da miedo de difamar y calumniar, y de aprovecharos de estas pobres almas que todo lo han dado y lo han dejado por el amor a los hombres y el amor a Dios!

¿Por qué no imitáis, y escudriñáis el camino que han escogido?, no que sin conocimiento actuáis 1 . ¡Hijos míos, qué tristeza que mis almas obren así! Y a pesar de todo, hijos míos, mi Corazón está abierto para vosotros. Y tú, hija mía, no dejes de orar por ellos. La oración es buena y nunca se pierde, hija mía. Vale la pena sufrir para luego encontrar la felicidad como estas almas.

LUZ AMPARO: ¡Qué lugar más hermoso! ¡Qué lugar, Dios mío!… ¡Ay!… EL SEÑOR: Este lugar se lo tienen que ir labrando y cultivando las almas.

LUZ AMPARO: ¡Qué grandeza, Señor! ¡Cómo se perderán esto los hombres por el mundo y las cosas que hay en el mundo! EL SEÑOR: Los hombres, hija mía, la mayoría, han enloquecido por los placeres, por la carne, por los vicios, por las comodidades; han enloquecido de tal forma que no ven el pecado; para ellos nada es pecado, todo es virtud. Así está la Tierra, hija mía; los hombres están, la mayoría, desesperados; nada más piensan en los placeres de la carne, el demonio los ha absorbido y los tiene anulados como seres humanos, se convierten peor que fieras. Por eso hay que pedir mucho por la situación del mundo, hija mía. Oración os pido, hijos míos, oración, sacrificio y penitencia. Los hombres se han olvidado de orar; por eso Dios no reina en sus corazones y el demonio es el rey del mundo. Gracias por todas las oraciones que hacen 1 Equivale a decir: “No, sino que actuáis sin conocimiento”. por los pecadores. Las almas son tan felices, hija mía; vuelve otra vez a verlas.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué grandeza, Dios mío! ¡Ay, Dios mío, qué belleza tienen!… Vale la pena sufrir, Señor, para ver estas almas. EL SEÑOR: Por eso piden las almas que estén en gracia sus seres queridos, para poderse comunicar 2 , por medio de la oración, con ellos; es la Comunión de los Santos. LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la conversión de los pobres pecadores… Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

 

2 Para la recta comprensión de este párrafo, conviene aclarar: parece tratarse de almas de bienaventurados; éstas desean que sus seres queridos estén en gracia para poder comunicarse con ellos mediante la oración. Es el dogma de la Comunión de los Santos.

2 comentarios sobre “Los hombres, hija mía, la mayoría, han enloquecido por los placeres, por la carne, por los vicios, por las comodidades; han enloquecido de tal forma que no ven el pecado; para ellos nada es pecado, todo es virtud. Así está la Tierra, hija mía; los hombres están, la mayoría, desesperados

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