Estos bienes los poseéis en tanto yo os los presto. Y os los presto en la medida que lo considero útil para vuestra salvación. Según esta norma los debéis usar.

Los malos, por haber rechazado la luz de la fe, no pueden usar de las cosas del mundo como hacen los buenos Las almas que me aman saben cortar con el cuchillo de dos filos (el odio del vicio y el amor de la virtud) el veneno de su propia sensualidad, y de esta manera pueden con la luz de la razón adquirir y poseer las cosas mundanas. Y aunque posean muchas cosas materiales, observan los mandamientos y el espíritu de los consejos que les dio mi Verdad, aunque no lo hagan de hecho. No obstante, puesto que los consejos van unidos a los mandamientos, nadie puede observar estos si no observa al menos en espíritu aquellos.

Quiero decir con esto, que el que posea riquezas materiales, las debe poseer con humildad y no con soberbia, teniéndolas como una cosa prestada y no como cosa propia, ya que os fueron dadas para vuestro uso por mi divina Bondad. Estos bienes los poseéis en tanto yo os los presto. Y os los presto en la medida que lo considero útil para vuestra salvación. Según esta norma los debéis usar. Cuando usa el hombre estos bienes así, observa el mandamiento de amarme sobre todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo. Vive con el corazón despegado de ellos.

Es decir, no los ama ni los posee más que según mi voluntad, quitando de sí todo amor desordenado que pudiera tener. De esta forma vive la caridad ordinaria. [Afirmando categóricamente la mayor perfección del que se decide a cumplir no sólo los preceptos, sino también los consejos, en espíritu y de hecho, deja bien sentado, Catalina, que en cualquier estado elegido con voluntad recta, con intención de glorificar a Dios, se puede agradar a Dios. «Te ruego que en cualquier estado y en todas tus obras, tengas tu mirada fija en Dios, buscando siempre su gloria y la salvación de su criatura; y que jamás pierdas de vista el precio de la sangre del Cordero, que ha pagado por nosotros con tanto fuego de amor» (Carta 63)] Pero los que observan los mandamientos y los consejos no sólo en espíritu sino de hecho, viven la caridad perfecta. Estos sencillamente observan el consejo que dio mi Verdad, Verbo encarnado, a aquel que le preguntó: ¿Maestro, qué puedo hacer para ganar la vida eterna? A lo que le contestó: Observa los mandamientos de la ley.

Pero él respondió: Ya los observo. Y mi Verdad le replicó: Si quieres ser perfecto, ve y vende cuanto tienes y dalo a los pobres. El joven entonces se entristeció, porque retenía todavía con amor excesivo los bienes que poseía; a causa esto se entristeció. Los perfectos, por el contrario, observan este consejo, y abandonan el mundo con sus placeres, maceran su cuerpo con la penitencia, hacen vigilias y oran continua y humildemente. Los que viven la caridad común, aun no llegando a la renuncia real, no pierden por esto la vida eterna, porque no están obligados a ello; deben poseer, no obstante, las cosas del mundo según el modo que te he indicado. No me ofenden por poseerlas, ya que toda cosa es buena y creada por mí para vuestro servicio, y no para que os convirtáis en esclavos de ellas.

No me ofenden, porque no las poseen como propietarios, sino como siervos y administradores míos, teniéndolas como cosa prestada. En cualquier estado de vida que el hombre elija, si tiene buena y santa voluntad, me será agradable, es decir, si ha negado el veneno de su propia sensualidad con el amor a la virtud, si ha ordenado su voluntad hacia mí con amor y santo temor. Ciertamente que mayor perfección muestra y más agradable me es el que se eleva en espíritu y de hecho por encima de las cosas del mundo. Pero también los que permanecen en el mundo y poseen riquezas materiales, me agradan, siempre que en verdad luchen contra su propia sensualidad, que es la que les causa la muerte eterna. Esta sensualidad es verdaderamente un veneno, pues así como el veneno daña al cuerpo, hasta causarle la muerte si no se vomita o se toma alguna medicina, así hace este escorpión de los placeres del mundo.

Ellos envenenan el alma si ésta no lo vomita por la santa confesión, arrancando su inclinación hacia ellos. Esta es la medicina que cura este veneno, aunque pueda parecer amarga a la propia sensualidad. Mira, pues, de que manera se engaña el que pudiendo poseer sus bienes poseyéndome a mí, librarse de la tristeza y tener alegría y consuelo, prefiere, sin embargo, el mal bajo color de bien y se entrega a él con amor desordenado. Pero por estar ciego no descubre el veneno. Está envenenado y no toma el remedio. Estos tales llevan la cruz del demonio, empezando ya en esta vida a gustar del infierno.

SANTA CATALINA DE SIENA. PALABRAS DE JESUS.

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