A VECES HACEIS DEL MATRIMONIO UNA PROSTITUCION.

26 de septiembre Dice Jesús: CUADERNO DE VALTORTA. AÑO 43.

 

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«Habéis leído en mi Evangelio el envilecimiento del hijo pródigo que ha malgastado en vicios las riquezas recibidas del padre y se reduce a cuidar cerdos. Pero ¿pensáis que esto sea la mayor bajeza? En verdad os digo que si os fuera concedido subir a mi presencia con vuestro cuerpo y vuestros vestidos y uno de vosotros subiera, por la muerte que os lo lleva, con su vestido más sucio de porquero que muriendo hubiera caído en medio a la pocilga cubierta de suciedad, no causaría tanto asco a los celestes habitantes de mi Reino y no suscitaría mi indignación cuanto lo hace el aparecer del alma de un apestado por los vicios carnales. El primero tendría una suciedad que desaparece y que no es juzgada con rigor: fruto de su penoso trabajo atrae, más bien, sobre el honesto mayoral la bendición divina. La segunda es una suciedad que no desaparece: lepra del alma, la ha cubierto de gangrenas fétidas que la han corroído sin límite en el tiempo. Por los siglos de los siglos el vicioso impenitente tiene su alma digna de Satanás. Y cuando digo “vicioso” no aludo solamente a ciertas formas de vicio que vosotros mismos juzgáis tales.

Las juzgáis así y de todas formas las practicáis porque sois necios que no sabéis reaccionar a los estímulos del mal. No tenéis en vosotros mi Fe. Si la tuvierais venceríais la carne. Pero no la tenéis y el sentido predomina sobre el alma. Cuando digo “vicioso” aludo también a vuestros ocultos pecados de sentido, por los que hacéis del matrimonio una prostitución y destruís el motivo por el que fue creado. Dios no hizo hombre y mujer para que llegaran a cansarse y sentir náuseas en sus vicios. Los ha hecho por una altísima razón. Cuando ha dicho: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza y démosle una ayuda para que no esté solo”, con su divino Pensamiento ha supuesto que además de la parte espiritual e intelectiva, que os hace semejantes a Dios, fuerais semejantes a Él en el crear otras vidas. ¿Os dais cuenta de la sublime semejanza que os ha dado Dios? La de crear otras criaturas: creadores vosotros también, hombres y mujeres que os casáis, creadores de hombres como el eterno Dios. Y bien, ¿qué habéis hecho con tal misión? Renegáis contra la culpa de Eva, vosotras,

120 La escritora añade a lápiz: S. Marcos cap. 10, v. 5-16 208

mujeres, cuando sufrís; maldecís la culpa de Adán, vosotros, hombres, cuando trabajáis. Pero la Serpiente ¿no está aún entre vosotros, en el interior de vuestras casas, y no os enseña con su rastrero y baboso abrazo y susurro la inmoralidad que os hace repudiar vuestra misión creadora? Y ¿no es vicio éste de adherir al sentido hasta la náusea y de negarse a la paternidad y a la maternidad? Sed continentes si teméis no tener vestidos y alimentos para los recién nacidos. La castidad no es exclusividad de los vírgenes. La virginidad es la máxima esencia de la castidad, y está depositada en el corazón de los elegidos para seguir al Cordero y para hablar un lenguaje concedido sólo a ellos. Pero si el candor de los vírgenes se tiñe con el fulgor que emanan el Verbo de Dios y la purísima Madre del Verbo, la estola de los cónyuges santos que supieron ser castos se dora con la luz que emana del más casto, bueno y santo de los cónyuges: mi padre putativo que es ejemplo de todas las virtudes conyugales. . Sed castos en el interior de vuestras casas como fuera de ellas. Pensad que para Dios nada hay escondido. Dejad a los hijos de Satanás ciertos delitos ocultos. No seáis inferiores a las bestias que comprenden la belleza del procrear y que saben imponerse un freno cuando la estación adversa negaría nutrición a sus pequeños. Amaos y amadme pensando no en el pequeño día de aquí abajo, sino en el día eterno, y haced que sea para vosotros de Luz plena. Benditos desde ahora, cónyuges, que sabéis ser santos y vivir en mi Ley.

En vuestro hogar toman asiento los ángeles y no rehúsan velar vuestro reposo, porque nada de vosotros ofende a estos luminosos espíritus que ven mi rostro y, bienaventurados por su Luz, no pueden mirar lo que está en absoluta antítesis con la Luz. Y vosotros, cónyuges que no sois tales, volved al recto camino. Vuestras riquezas no aumentarán negando el surgimiento de una vida. Éstas, como en una criba sin fondo, se escaparán por mil regueros, porque otros vicios y pecados asaltarán vuestros haberes y seréis pobres en el mundo y en el Cielo por vuestra culpa. Recordad mis mandamientos y mis palabras. A quien vive en Dios, Dios provee».

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