LA MUJER ES LA BELLEZA, LA MUJER ES LA JOYA DE MI CREACION. JESUS HABLA A LOS HOMBRES.

206 – 14 de agosto de 2001 ESCRITOS DE LA HIJA DEL SI A JESUS.
Jesús
Las parejas se unen en el Amor.
Mi bienamada, tú sufres sabiendo que pocos hijos me oyen. Consuélate, mi
dulzura, ellos están en su transformación en mí, porque están en la escuela del
Amor. Tú, mi dulzura, permanece sola con tu Dios Amor. Entrégate a mí. Ven a mí.
Te amo.
Hija mía, pronto todos ustedes estarán conmigo. Este tiempo de preparación
es necesario, porque muchos de mis hijos no se preocupan de mi santa Presencia
que verán en ellos dentro de poco. Ellos se dedican a sus ocupaciones sin preocu-
parse de lo que viene. Los hijos de hoy viven en un mundo sin amor, están muertos
a la vida real. Sí, mis hijos ya no se dan más al amor del prójimo, porque todo está
orientado hacia los placeres sensuales y en el materialismo. Este mundo de hoy ha
corrompido a mis hijos. Ellos viven egoístamente en un mundo en que todo está
concebido para satisfacer sus sensaciones exteriores.
Yo te amo, hija mía, permanece conmigo, tu Dios, por tus hermanos y herma-
nas. En la Divina Voluntad, tú los tomas en ti y tú me suplicas de prepararlos para mi
santa venida. Bien que tú sufres de saber que la salvación de ellos será acompañada
de dolores, es necesario que esto suceda. Yo, tu Jesús, que los conozco, sé mejor
que tú que los sufrimientos son necesarios. Es para el bien de ellos. No te inquietes
de lo que tú no conoces, ¡yo los quiero a todos, sí, a todos!

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Hijos míos, sepan que algunos hijos, desde su nacimiento, no viven que para
satisfacer sus placeres sensuales. Ellos han nacido en este mundo, sin conocer otra
cosa. Ustedes hijitos, que quieren tanto esos placeres sí efímeros, ¿no saben que
solamente duran un momento? El tiempo de sentir la alegría luego, nada más, des-
pués se vuela; tal como una brisa de verano antes de una borrasca de calor, no
queda nada.
Yo, que estoy en ustedes, estoy vivo, vivo en ustedes, no me pueden ignorar.
No tengan miedo de darme sus vidas; yo, Jesús, la enriqueceré de gracias abundan-
tes que los harán crecer en mí, el Dios de amor. ¡Cómo los amo!
Yo estoy en ustedes, mis pequeños, yo soy un Dios lleno de amor por cada uno
de ustedes. Yo sé que no quieren interrumpir su vida trepidante, ustedes quieren
vivir sin conocerme; y tienen la conciencia limpia con respecto a su comporta-
miento. Y, en lo que me concierne, ustedes dicen amarme, pero nada más, porque
su amor por mí no cambia sus habitudes de vida.
Yo, yo los quiero en mí en el amor, no solamente por un tiempo, sino que para
siempre. Es esto lo que yo les propongo, la felicidad, la verdadera, la que los hace
felices. Ya no conocerán el sufrimiento, ni la muerte.
Pero, cuidado, si quieren conocer esta felicidad eterna, no crean que van a
continuar a vivir como los hijos que no piensan más que en saciar sus placeres sen-
suales. Yo no puedo permitírselos, porque lo que viven actualmente es una destruc-
ción de sus vidas. Yo, el Amor, no les prometo más que la felicidad, hijos míos. Lean
y constatarán que ustedes están en la búsqueda del verdadero amor.
Dios creó al hombre y la mujer. Estos dos hijos de amor se unieron para que
otros hijos de amor vengan al mundo. Lean bien ésto: es en el sacramento del
matrimonio que dos seres amorosos deben unirse para la eternidad. Uniéndose, no
hacen sino que uno y, en esta unión de amor, el amor florece y da a su tiempo frutos
que harán crecer su amor. Cuando el amor se da, hay dos hijos que se dan sin bus-
car a darse para recibir; ellos se dan gratuitamente. Los dos quieren ser un ser
completo para el otro. No hay sino que el amor que puede darse así para no cono-
cer sino que el amor. Cuando dos seres se entregan, hay dos cuerpos que se confun-
den para dar a Dios el fruto que viene de esta relación íntima de amor. Es Dios
mismo que elegirá al hijo que vendrá al mundo por esta relación.
Dios es la Vida. Él ha insuflado la vida en el hombre y él, cuando deposita el
germen de la vida en la mujer, ella recibe la vida en ella y Dios, que también está en
ella, recibe este movimiento de la vida. Desde Adán, Dios continúa a dar su soplo
de vida porque Dios es amor, a él le gusta dar. Es desde que el niño comienza a for-
marse en el seno de su madre que la vida está presente en él. La Vida divina está
presente en este pequeño ser.
Cuando los espermatozoides buscan entrar en el óvulo, uno sólo entra allí, o
pueden ser dos para formar los gemelos, etc.; esto se hace en Dios. Dios conoce a

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todos sus hijos que deben venir al mundo, él los ha escogido a todos. Dios es el
Actuar, es el movimiento de la vida.
Soy yo, el Amor, que bendice esta unión por el sacramento del matrimonio.
Yo derramo en cada uno de ellos las gracias de amor para que ellos se entreguen el
uno al otro. Yo soy el Amor quien da y quien recibe. Yo soy el movimiento de amor.
Todo viene de mí. Sin mí, este gesto sería trivial. Sería un gesto hecho entre dos
hijos que no se desean sino que físicamente, porque sería hecho sin amor, sola-
mente los sentidos recibirían satisfacción; esto no sería más que la atracción física.
Mi movimiento de amor es otra cosa: él es puro, se entrega para agradar al
otro, él no domina, él no busca una satisfacción egoísta, él es gratuito; él no es más
que dulzura, respeto y ternura. Todo a su alrededor es verdadero, porque soy yo
que lo alimento con mi amor. Por medio de esta relación íntima de amor, otros hijos
de amor vienen al mundo. Mi creación se hace en un movimiento de amor.
No hay movimientos de amor si un hombre y una mujer no tienen en ellos el
amor. Soy yo, Dios, que les doy mi amor y, a su vez, ellos, que son amor por mí, se
entregan el uno al otro en el amor que no es otra cosa que mi amor. Sin mí, no
habría este movimiento de amor, el amor verdadero se da. Él es libre, no es forzado.
Solamente aquellos que son amor se entregan al otro en este movimiento de amor.
Soy yo que vivo en ellos, que les doy las gracias de amor para que sean seres de
amor.
En una relación íntima de amor, hay la unión de dos hijos de amor que se
dejan tomar en este movimiento de amor: el ser macho penetra al ser femenino. El
hombre deja salir de él el germen de la vida que entra en su nido2 para que el ger-
men de la vida forme un ser de amor. Todo está en el movimiento de amor. El amor
soy yo y yo soy este movimiento. No hay vergüenza, hijos míos, de hablar de un
movimiento de amor.
Comprendan ustedes, hijos míos, Satanás, el pérfido, mi enemigo, tentó a Eva
para que ella comiera la fruta del árbol del bien y del mal. A su vez, ella tentó a
Adán para que él coma este fruto prohibido y conocieron el mal, cuando era el bien
que vivía en ellos. Esta acción hizo huir en ellos toda la pureza, se dieron cuenta
que estaban desnudos.
Puesto que Satanás tentó a la mujer, el mal fue conocido por ella. La mujer
aprendió que seduciendo al hombre, ella podía controlarlo por sus encantos, así
como el hombre contentando a la mujer, él podía dominarla por su virilidad. Por-
que el mal fue conocido por ellos, la mujer puede controlar al hombre y el hombre
dominar a la mujer.
Esto jamás debió haberse dado, hijos míos, pero porque Adán y Eva me des-
obedecieron, la Divina Voluntad se retiró de ellos, debieron de vivir en su voluntad
2. En la trompa de Falopio se anida el óvulo. El óvulo es el nido de amor.

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humana. Ahora, todas las criaturas son libres de hacer el bien o el mal. Satanás es el
autor del mal. Él metió en el hombre y en la mujer un poder del uno para con el
otro. Este poder perturbó el movimiento de amor de dos seres que debían darse en
el amor para no conocer más que el amor.
• El amor se da. Dos hijos que aprenden a darse el amor no pueden decepcionarse,
pero si ellos se dan con el único objetivo de tener alguna cosa a cambio, no
podrán conocer en ellos el sentimiento de satisfacción, porque estarán muy pre-
ocupados por su necesidad.
• El amor es libre. Cuando dos seres se aman libremente, a los dos les gusta ver al
otro alegre. Es así solamente que pueden recibir intercambios de amor verda-
dero, sin obligación de una parte y de la otra. La pareja se desarrolla en la alegría.
• El amor se respeta. Cuando uno de los dos se siente obligado a darse porque el
otro le hace sentir su necesidad, hay chantaje afectivo. Esto lleva a la contrarie-
dad entre ellos y, un día, los va a dividir. El respeto hace brotar al amor cuando no
está contrariado.
• El amor se ofrece. ¡Qué lindos son estos hijos que no piden nada y se ofrecen para
que el otro se sienta feliz! El compartir está en su vida cotidiana.
• El amor es gratuito. Yo te doy, tú me das y nosotros estamos en la felicidad. Sí,
hijos míos, esto es el amor de dos hijos que se aman sin dañar al otro. Porque ellos
se aman, desarrollan un sentimiento de orgullo de estar juntos. A los ojos de
todos, ellos quieren ser el uno para el otro: uno.
Hijos míos, ¿cómo pueden pensar ustedes que este movimiento de amor no
va a ser permitido en mi Nueva Tierra? Ustedes, los hijos que quieren ignorar que
yo los amo, creen que si ustedes viven en mi amor, les va a impedir de tener relacio-
nes íntimas de amor. Hijos míos, es porque tienen en la cabeza sus pensamientos
impuros y sus acciones que han hecho. Ustedes no se han respetado, ustedes los
hijos de Dios, y tienen vergüenza pensando en lo que han hecho ante la espera de
su Padre del Cielo.
El acto no es vergonzoso, son ustedes que lo son. El acto no es prohibido, es
como ustedes lo hacen que lo hace feo. El acto no es erróneo, es el abuso en las
relaciones íntimas que hace que ustedes estén en falta. El abuso, hijos míos, hace al
acto no deseable, lo vuelve trivial.
Si ustedes aman a su esposo o esposa, ustedes le van a dar todo lo que hay de
mejor para él o para ella. Si ustedes abusan de la relación íntima, ustedes no encon-
trarán en él o en ella más que el lado de la necesidad y el lado agradable estará
ausente. Ustedes que aman los dulces, no es prohibido el comerlos pero, si comen
en gran cantidad, se van a enfermar, ¡sin embargo, a ustedes les gustan las golosi-
nas! Es el abuso que hace enfermar, no las golosinas.
Hijos míos, ¿creen ustedes que querer tener una relación íntima sin pensar en
la necesidad del otro, sino más que en ustedes, es verdaderamente un acto de

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amor? Y ustedes que lo hacen solamente para probarse que son dueños o dueñas
de la situación, cuando abstenerse les convendría mejor, ¿es esto razonable? Estas
actitudes son irrespetuosas. Ustedes faltan al respeto hacia el otro y hacia ustedes
mismos. Querer dominar o querer controlar es una falta hacia el amor que está en
ustedes.
Hijos míos, cuando ustedes tienen una relación íntima de amor, entréguense
con amor respetándose. Si ustedes no se respetan, no son hijos de amor, ustedes se
vuelven hijos del mal. Ustedes son como seres irrespetuosos de su propia carne,
pues el hijo que ama a su persona le da el amor. Si él no responde al deseo del otro,
es porque él no quiere darse únicamente para satisfacer la necesidad del otro. Este
hijo quiere pensar a su persona que está en la necesidad de amor, él no quiere sen-
tirse avergonzado de haber hecho un gesto que lo lleva a denigrarse. Hijos míos,
cuando alguien hace un gesto contra sí mismo, llega al punto de no amarse tal
como él es.
Si uno de los dos desea una relación no buscando saber si el otro la quiere
verdaderamente, es porque no quiere controlar lo que él siente; él abusa de sus pla-
ceres sensuales, él usa el poder. Este poder viene de lo que es malo, no de lo que es
bueno; viene de su debilidad. Hijos míos, querer tener una relación íntima no escu-
chando más que sus emociones sexuales sin controlarlas, es no respetar lo que uste-
des son.
Si ustedes pasan por una tienda de golosinas y que se sienten tentados de
comer de ellas, cuando ustedes saben que precisamente acaban de consumirla, ¿es
eso bueno para su salud? Si ustedes ignoran deliberadamente que estarán enfer-
mos, es porque no se aman. Piensen en los que beben, que comen, que hacen
deportes, que conducen siguiendo la velocidad límite, y cuántas otras cosas; todo
eso no es perjudicial, pero el abuso lo es. Si ustedes no controlan sus emociones,
son ustedes solos que sufrirán las consecuencias. Esto no es respetar su persona,
ustedes son únicos, son ustedes los dueños de sus cuerpos, no los otros. Soy yo,
Dios, que se los he dado por mi poder de amor.
Yo creé a Adán y a Eva y, por sus relaciones íntimas de amor, ellos crearon a
otros hijos de amor que yo mismo escogí. Ustedes vienen de mí, ustedes tienen en
su interior mi soplo de vida, mi amor. El hombre y la mujer son amor. Ellos vienen
de mí, el Amor. El amor es como un ramillete en que cada flor porta un aroma de
libertad, de bondad, de ternura, de dulzura, de reconocimiento, de armonía, de
donación, de respeto, de paciencia y de gratitud. El hijo que quiere todo para el ser
amado debe amar al Amor. Sí, hijos míos, ustedes aprenderán muy pronto que el
amor viene de mí. Todo este ramillete de amor, soy yo el Autor. Cuando dos hijos se
aman, están en ese ramillete de amor, porque ellos son amor. Yo soy el Amor. Un
día vendrá en que ellos se verán en ese ramillete de amor y sabrán que el amor
viene de Dios Padre.
Cuando el hombre se cree dueño de su sexualidad, es porque él se vuelve
dueño de los placeres sensuales. Si estos placeres están en ustedes, es porque uste-

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des deben de volverse hijos de la dulzura y de la ternura. No es permitido de ser-
virse de sus sensaciones para abusar del acto de amor. De tanto abusar, hijos míos,
ustedes acaban su fuente de felicidad. El abuso hará de ustedes hijos esclavos de sus
placeres sensuales.
Hijos míos, el acto íntimo de amor ha sido deformado. En la práctica, se ha
hecho de este gesto de amor una forma de posesión, de rendimiento, de gozo per-
sonal y de chantaje, llegando a decir que más del 50% de la buena marcha de las
parejas casadas depende de la sexualidad, cuando se ha dejado a un lado el verda-
dero valor del amor. El amor no es la sexualidad, no es una satisfacción de sus pla-
ceres sensuales, el amor es un don de su persona por completo. Una relación de
amor es un movimiento de amor. Cuando dos seres se entregan con amor, ellos se
unen para no hacer sino que un solo ser; su movimiento se vuelve un solo movi-
miento, es la pureza.
Ustedes, hijos míos, creen que tener una relación de amor no concierne más
que a la sexualidad. La sexualidad es la invención de ustedes. Ustedes no piensan
más que a su necesidad sexual, ustedes no quieren más que satisfacerse. El deseo
de ustedes es de conocer las sensaciones que les dan el placer. Hijos míos, ustedes
han dejado de conocer el amor para sentir estas sensaciones y ya no saben lo que
es el amor. Ustedes no tienen en la cabeza más que sus sensaciones sexuales inven-
tadas por ustedes y suscitadas por Satanás. ¡Cuántas mortificaciones para ustedes
cuando creen que una relación sexual depende de lo que ustedes sienten física-
mente en detrimento del amor que les invade! Soy yo, el Amor, hijos míos, que les
habla, que los ama, que quiere hacerles conocer lo que es verdaderamente el
amor.
Hijos míos, ¿es que el bebé que viene al mundo tiene necesidad de sentirse
sexualmente amado? ¡Vamos! Decir que el amor depende de los placeres sensuales
es un error, es la superchería. Esto ha sido transmitido por los hombres y las mujeres
que querían justificar sus tendencias no controladas. Cuántos creen esta paradoxa:
sea que el hombre es viril en su comportamiento sexual, o sea que no es un hom-
bre; o sea que la mujer es sensual, o sea que ella es fría. Todo esto ha sido trasmitido
por algunas personas que han querido hacer de su vida un rendimiento sexual exce-
sivo demostrando al hombre y a la mujer que no era normal de no vivir con su
sexualidad.
Estos hijos de este mundo han transmitido estos falsos valores y el mundo
moderno de ustedes los ha expuesto a la vista de todos los jóvenes utilizando foto-
grafías, libros, y realizando escenarios televisados con el objeto de educar a la
juventud para que sean libres como ellos lo querían, teniendo la conciencia limpia.
Todo ha sido deformado por estos hijos que les falta amor y eso, desde la falta de
obediencia. Y, ahora, ustedes, los hijos engañados, dicen que la sexualidad es pri-
mordial en la pareja. ¡Vean el número de divorcios y reflexionen!
Más abusan de la relación íntima, más se fatigan, y no les quedará nada, por-
que el rendimiento no es amor, es la posesión y el egoísmo. Todo en ustedes se

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vuelve metódico, ya no hay más sentimientos verdaderos y puros. Algunos se ven
obligados a recurrir a ciertas artimañas, sin saber a dónde los conducirá eso. Uste-
des se vuelven sujetos de experiencias, ustedes no piensan más que en satisfacer sus
placeres malsanos por las relaciones abusivas. Todo no es más que exterior y uste-
des ya no se preocupan de su interior que tiene necesidad del verdadero amor.
Creer que el amor de su pareja depende de sus relaciones sexuales, es poner
en peligro su pareja. Se dan cuenta, cuando esto disminuya, ustedes ya no estarán
seguros del amor del otro para ustedes y sufrirán. Ustedes desarrollarán una culpa-
bilidad ante sus relaciones de pareja, de manera que tendrán miedo de hacerse juz-
gar si no responden a las necesidades sexuales del otro.
No hay nada más falso que pensar que el éxito de su pareja depende de sus
relaciones sexuales. Hijos míos, el amor no es contentar al otro por medio de las
relaciones sexuales porque, al momento que ustedes ya no sean capaces de respon-
der a las demandas sexuales del otro, vivirán con el temor de no ser amados como
lo son. ¡Qué peligrosa fobia! La vida amorosa está en ustedes, no está en las relacio-
nes abusivas. El amor los hace vivir en la paz y en la armonía, no en el temor.
Querer relaciones abusivas para satisfacer placeres excesivos, sea en el matri-
monio, sea fuera del matrimonio, es hacer de ustedes hijos esclavos de su sensuali-
dad. Sus placeres sensuales los dominan y esto no es bueno para ustedes. Ustedes
no se respetan cuando se sirven de sus dulzuras y de sus ternuras que están en su
interior para no satisfacer más que sus placeres sensuales. Ustedes se hacen el mal,
ustedes se vuelven hijos irrespetuosos de lo que son y se vuelven hijos negligentes.
Dios les ha dado todo. Les ha dado sentimientos para que ustedes sean amor.
Todo viene de él. Sean respetuosos de sus sentimientos. Ellos están en ustedes por-
que les han sido dados para que estén en este movimiento de amor. Todo está en
Dios.
La mujer está en mí, ella es parte de mi Ser. Yo le he dado una parte de mí
mismo para que ella esté con el ser amado. Cuando la mujer salió del hombre, ella
salió de mí, Dios, porque yo soy el Creador del hombre. Todo está en mí.
Cuando una mujer se deja tomar por la caricia de un movimiento, ella se da
para completar este movimiento: todo en ella se entrega en el amor. La mujer está
en este movimiento, ella es para mí lo que ella es para el hombre. La mujer es mi
obra, yo he puesto en la mujer mi actuar para que ella dé al mundo un hijo en el
amor. Cuando el hombre penetra a la mujer, es para depositar en ella el germen de
la vida, soy yo que hago ese movimiento. Cuando ese movimiento está en mi amor,
yo soy el Actuar. Todo viene de mí.
Yo soy la Divina Voluntad. Todo está en mi Voluntad cuando ese movimiento
está en mí. Es por su en el sacramento del matrimonio que hay ese movimiento
de amor. Yo hice al hombre y a la mujer para el amor a fin que ellos se multipliquen
en ese movimiento de amor. Ningún hijo viene a la tierra sin que yo no lo haya
escogido; yo soy el Actuar, el Verbo. Yo, que soy el Amor, les pido de respetar este

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gesto de amor; él viene de mí, no de ustedes. Soy yo el Actuar de ese movimiento,
todo proviene de mí, el Creador, todo viene del Amor.
• La mujer es la belleza, ella es lo que yo he querido que ella sea para el hombre.
• Su compañía debe serle agradable, porque todo en ella demuestra al hombre mi
ternura para él.
• La mujer es la joya de mi creación, ella es la perla en mi joyero.
• Todo en ella es un nido de amor, este nido de amor es el cojín de mi creación.
• Yo he depositado en ella la fecundidad para mi creación, porque todo su interior
está concebido para recibir el germen de la vida humana.
• En ella, está mi creación por mi poder, ella se deja tomar en mi movimiento de la
vida.
• Mi maternal Presencia está en ella, soy yo que lo he querido, yo soy el Dios mater-
nal.
• En mí, yo llevo la vida, son ustedes a quienes llevo.
• Mi amor maternal lo doy a la mujer para que ella sea madre por mí, soy yo que le
doy el amor que ella debe dar a su hijo de amor que ella lleva en su seno.
• Yo la alimento de mi amor, ella es el alimento de Dios para alimentar al hijo de
Dios que ella tiene en su seno.
• Exactamente lo mismo que yo, ella da la vida.
• La mujer está en mi Presencia y, por mi santa Presencia en ella, le doy lo que yo
tengo en mí: ustedes.
Hijos míos, todos ustedes provienen de mí. Yo soy Dios maternal. Su vida de
hijos de Dios está en mí. Ustedes me pertenecen, mis amores, yo he hecho la crea-
ción. La mujer es mi obra, ella es la obra de mi creación. Es de su interior que sale
mi creación. El Amor ama penetrar en su nido para depositar allí el germen de la
vida. El interior de la mujer es su nido, es para el Amor.
Todo ser que se entrega se entrega al Amor. Cuando el hombre se une a la
mujer, ya no son dos, sino uno, ellos se vuelven mi todo. Yo he hecho al hombre y a
la mujer para que ellos renueven mi movimiento de amor. Cuando ellos están uni-
dos el uno en el otro, es el Amor que fecunda su amor. Yo soy amoroso de ustedes,
hijos míos. El Amor está amoroso de sus seres de amor.
Cuando la mujer no responde a este movimiento de amor, ella se niega a su
Dios de amor, ella no hace más que un acto de presencia para que el hombre esté
en ella. En este movimiento egoísta, ella no piensa más que en dar su encanto para
que él esté en su ser. Con su expereincia, ella sabe cómo manipular al hombre para
obtener de él lo que ella quiere para su placer. Todo en ella pierde su encanto, ella
no es más que un objeto de codicia.

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El hombre la ve sin querer darle su dulzura y su ternura, él no piensa más que
en satisfacer sus placeres sensuales. Todo se vuelve trivial para ellos. Sí, hijos míos,
cuando dos seres no se entregan más que por satisfacer sus placeres exteriores, no
hay más que dos carnes que se dan. Este movimiento es estéril, no es más que exte-
rior. Este movimiento estéril no ha sido hecho más que para la satisfacción.
Todo lo que es poder no viene del Amor. La mujer que abusa de sus encantos
para controlar al hombre está en el poder. El poder rebaja al ser humano, lo vuelve
más bajo que las bestias. Hijos míos, si ustedes quieren buenos rendimientos en una
relación íntima, es porque no han comprendido nada; todo está en la ternura, en la
dulzura, en la libertad y en el respeto.
Yo soy el Amor. Al Amor le place que sean felices los que se entregan a él.
Adán y Eva fueron hijos del movimiento de amor. Ellos debían conocer este movi-
miento de amor para hacer venir al mundo a los hijos de amor. Satanás los sedujo
para engañarlos. En este engaño, ellos desobedecieron a Dios Padre. Conocieron
en ellos la voluntad humana que es débil. Ellos fueron, por su debilidad, hijos igno-
rantes de lo que debían ser.
Satanás los ha provocado para incitarlos a tener un poder el uno hacia el otro.
Este poder puso en Adán una debilidad tan grande que fue incapaz de sentirse feliz,
él, el único hijo de la tierra formado por mis manos quien tuvo la vida por mi soplo.
Él debió trabajar para hacer fructificar la tierra, él que debería tener todo. En
cuanto a Eva, este poder la hizo conocer presiones ante Adán. Ella que era la mujer
que daría hijos para mi creación debía en adelante dar a luz en el dolor.
¡Los dos sintieron una gran vergüenza! No pudieron mantenerse en la pureza
a causa de sus sentidos que se debilitaron a causa del pecado. Su comportamiento
conoció problemas. Ya no fueron capaces de darse el uno para el otro en ese movi-
miento de amor. Ustedes, hijos míos, que no pueden conocer lo que es bueno para
ustedes, se perjudicaron en sus relaciones íntimas. Perjudicarse, es cuando ustedes
se entregan para obtener solamente lo que les da placer, sin ocuparse del otro.
Hacer el acto de amor, hijos míos, no es un juego en el que el hombre se hace
dueño y la mujer vulnerable para que los dos fomenten sus encantos. El hombre
que se entrega a la mujer en una relación íntima de amor debe hacerlo con la dul-
zura, debe de mostrarle que la ama con gestos llenos de ternura. La mujer le
devuelve al hombre su ternura. Por la dulzura, ella entrega al hombre su ser y es en
el amor que ellos se volverán un solo cuerpo.
Si la mujer se encuentra en una indisposición de realizar este acto, el hombre
debe de permanecer en la paciencia; no debe volver a la mujer culpable de esta
abstinencia. Cuando todo se hace en un movimiento de ternura, éste da a la mujer
las corrientes de amor. Él se siente feliz que ella esté cerca de él sin que la haga su
esclava obligándola a hacer el acto de amor.
Cuando todo se hace en un movimiento de amor, el hombre, que espera a su
mujer manifestándole sus impulsos de ternura, le demuestra que él la ama. Ella que

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sabe que él es afectuoso se siente comprendida, ella permanece alegre, con con-
fianza, ante su esposo quien, la ve con consideración ante el amor que él le brinda
a causa de su gentileza. Todo está en el movimiento de amor. Ellos se vuelven hijos
del Amor. Ellos se aman en la libertad sin que sean esclavos de amor el uno hacia el
otro.
La mujer reconoce que es bueno de dejarse amar. Ante la paciencia de su
esposo, ella sabe reconocer su valor. En este movimiento de amor, la mujer
aprende a ser ella misma. Sabiendo quién es ella, se vuelve para él una compañera
agradable, ella se entrega a él en el amor sin retener sus impulsos de caricias que
placen a su esposo. Todo está en la armonía, él le devuelve sus impulsos de ternura.
Cuando esto es imposible para ella y que sus días de fertilidad han terminado y hay
derrame, ella debe ser una compañera agradable dándole alegría al hombre para
darle de nuevo su bondad. Todo está en el movimiento de amor.
La mujer que abusa de sus encantos para hacer de su cuerpo un objeto de
manipulación vuelve al hombre incierto de satisfacerla. El esposo no puede vol-
verse tierno ante su egoísmo. Él desarrolla en sí mismo un movimientos de rechazo.
El hombre se vuelve para la mujer un ser que ha perdido su virilidad, ella no tiene
más confianza en su poder de seducción, ella hace, entonces, de él un ser inferior a
ella. Queriendo controlar su vida, ella busca a dominarlo. Su decepción va hasta
rechazarlo. He aquí el poder cuando ya no hay amor.
Yo les propongo un amor tan grande que no pueden imaginar lo que podrá
hacer en ustedes. Se los voy a demostrar, ustedes se volverán amorosos del Amor.
Hijos míos, cuando se ama al Amor, el Amor hace crecer en ustedes el amor para
con su prójimo. Es en el verdadero amor que ustedes vivirán. El amor en ustedes
florecerá. El Amor los volverá amor y así, ustedes volverán a su esposa feliz o su
esposo feliz. Ustedes darán amor por medio del amor. Ustedes son seres hechos
para amar. Hijos míos, déjenme mostrarles cómo amarse. Yo estoy en ustedes.
Entréguenme su al Amor y les daré amor en ustedes. Yo estoy amoroso con uste-
des.
Vengan, hijos míos. Espero que ustedes se decidan. Tengan mucho cuidado de
tomar su en serio, porque el tiempo de mi venida está muy cerca. Vean hacia el
horizonte, ya vengo. Yo los amo. Jesús Amor. Yo te amo. Amén.
207 – 14 de agosto de 2001 (continuación)
Jesús
Cuando los placeres sensuales hacen estragos en ustedes,
los vuelven adictos a ellos.
Hija mía, yo estoy en ti, entrégate por los que llevas contigo por mí, el Amor.
Te amo. Hija mía, obedecer, es ofrecer a Dios lo que te da. Todo lo que es bueno
viene de él. La obediencia a mi voz es gracia para ti y para todos mis hijos. Yo soy la
Palabra que quiere que todos me escuchen. Hijos míos, yo los amo, yo estoy en

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ustedes. Ninguno de ustedes me es indiferente, aún los que usan la violencia contra
mis pequeñitos.
Hijos míos, su impureza va contra ustedes y sus acciones que sacian sus place-
res sensuales, van contra mí, el Amor. Yo me ofrecí para purificarlos. Ustedes, los
adictos al mal, deben de reconocer sus pecados, arrepentirse de ellos y confesarlos
para obtener mi perdón. Es necesario que vengan a mí en la Eucaristía para alimen-
tarse con mis gracias. Es necesario rezar para resistir a la tentación para no caer más
en las trampas de Satanás. Es necesario que se abandonen totalmente a mi Divina
Voluntad para reconocerse como hijos de Dios. Es necesario morir en mí, el Amor,
para renacer en el amor de Dios.
Cuántos de ustedes hacen acciones inmundas con los niños. Ustedes obligan a
los niños pequeños y a las niñas que les hagan caricias inmorales. Ustedes las toman
sin su consentimiento y ellos sufren a causa de ustedes. Servirse de palabras bellas
para embaucarlos con el fin de lograr su objetivo es ir contra la libertad de ellos: es
un chantaje. Esas proposiciones son depravadas. Demostrarles su gentileza con el
único fin de hacer de ellos esclavos de sus placeres malsanos es un insulto a su ser
frágil. Ellos se tuercen en sí mismos de vergüenza y de dolor. Todo el interior de
ellos grita venganza contra ustedes. Ustedes, los agresores, estarán marcados
cuando se presenten a mí. Ustedes que no quieren detenerse, serán los únicos cul-
pables, no ellos, porque ellos son inocentes y mártires entre las manos de ustedes.
La mayor parte de ustedes, hijos míos, que siendo jóvenes, han sufrido estos
asaltos y han guardado las huellas de ese mal. No hay razón de hacer sufrir a los
otros lo que ustedes mismos han sufrido. Les pido que dejen de hacer sufrir y cesen
esa violencia contra mis pequeños.
¿Acaso no saben que el mal los destruye? Si no dicen no a sus malas tenden-
cias desde ahora, corren el riesgo, al momento de su juicio, de decir no al Amor y la
consecuencia de su no los hará conocer un fuego que los hará sentir lo que han
hecho a los otros. A cada instante este fuego será centuplicado, pues este fuego no
se consumirá nunca, él se condensará para darles más dolor. Hijos míos, el infierno
es un lugar en donde reina el mal y el mal se alimenta del mal; más se encuentran
en el dolor, más aumenta su odio y ustedes se vuelven alimento del mal. Satanás es
el autor del mal. Les digo estas cosas para hacerlos comprender que todo lo que
hacen ustedes de mal en la tierra les será devuelto.
Si han tenido caricias ignobles contra ustedes y si los han forzado a asistir a
escenas obscenas y, que a causa de eso, ahora conocen sensaciones impuras, es
necesario que rechacen lejos de ustedes esas sensaciones. Cuidado, hijos míos,
Satanás se sirve de ustedes para perjudicar a los otros. Él despierta en ustedes pla-
ceres malsanos que han sido experimentados por ustedes sin su consentimiento, y
los incita al mal. Si ustedes escogen hacer el mal para sentir esas sensaciones inco-
rrectas hacia ustedes mismos sirviéndose de mis pequeños, ustedes serán los únicos
culpables de sus acciones y mi justicia caerá sobre ustedes. Son ustedes mismos que
serán la causa de sus propios dolores, ustedes que hacen sufrir a mis inocentes hijos.

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Hacer a los otros lo que les han hecho, es prohibido, es reproducir el mal, es
alimentarlo, es nutrirlo y es darle una fuerza que los destruirá completamente. ¡Qué
vergüenza tendrán ustedes! Ustedes, la vergüenza de su ser, cuando se vean, van a
querer desaparecer porque eso les dará horror. Para no sentir el mal, algunos de
ustedes van a escupir sobre el Amor para no ver más esta vergüenza que han ali-
mentado durante sus vidas en la tierra.
Hijos míos, el mal está en ustedes. Ustedes conocen sus errores, pero ustedes
no pueden verse con los ojos del alma, porque han puesto una venda sobre sus ojos
para no juzgarse a sí mismos. El Maligno es tan astuto, él los incita a no detenerse. Él
suscita los acontecimientos que los llevan a querer revivir esos placeres sensuales y
él juega con ustedes. Cuando los hace hacer lo que es prohibido, él goza maliciosa-
mente, él se ríe de verlos en la vergüenza, a él le gusta verlos desdichados, porque
él sabe que ustedes van a comenzar de nuevo. Él los tiene prisioneros en sus redes.
Cuando ustedes sucumben a sus deseos prohibidos, es su obra, es él el autor de este
mal.
Si ustedes no vienen a mí para resistir a sus intenciones prohibidas, ustedes no
podrán evitar la justicia de Dios, esto será imposible. Los hombres han hecho leyes
para prohibirles de hacer estas acciones contra sus propios hijos y contra los otros
niños menores. Ustedes que tratan de esconderles sus malas acciones, no pueden
escondérselas a Dios, porque Dios está en ustedes y en todos los hijos. Él sabe todo,
él ve todo, él es omnipresente. Si sus gestos no son conocidos por ellos, no lo son
para ustedes y son ustedes mismos que se van a juzgar con mi justicia.
Hijos míos, les pido que ya no hagan más mal a mis pequeñitos. Vengan a
pedirme la fuerza de resistir a Satanás; entréguenme su y yo, el Amor que vivo en
ustedes, derramaré las gracias de la luz que los hará ver mi luz; los conduciré hacia
el sendero del arrepentimiento en donde he sembrado las gracias de amor; les
enseñaré a recibir estas gracias para que ellas los alimenten; así descubrirán que
hay en ustedes el amor que es la felicidad y la pureza vendrá a mostrarles qué
bueno es sentirse puro.
Los ojos de ustedes verán a los otros y verán que ellos son mis hijos. Cuando
ustedes estarán con un niño, son ustedes que estarán frente a ustedes mismos; uste-
des se reconocerán en este niño quien los verá porque es mi amor que tendrá en él
para ustedes; él les dirá: “Te amo, papá. Yo soy tu hijo. Quiero amarte porque tú me
das tu amor.” Ustedes sentirán en su interior tanto amor por su hijo. Ustedes no
desearán más que el bien para él y para sus otros hijos. Ustedes descubrirán el per-
dón en él, porque todo en él les dirá: “Yo sé ahora que tú me amas verdadera-
mente. He entregado a Dios los momentos en que tú me pediste de darte
momentos de placer cuando todo mi ser rechazaba y sufría. Te doy mi perdón.”
Y ustedes que buscaron placeres prohibidos con los niños menores, cuando
estaban bajo la responsabilidad de ustedes, descubrirán en ustedes el amor que
protege, que se da sin pedir nada y sin exigir nada. Ustedes no podrán hacerles mal
porque, en ustedes no habrá más que el bien. Todo en ustedes gritará el amor al

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prójimo y a los pequeños, a quienes les hicieron mal, ellos les darán su amor y uste-
des descubrirán el respeto, la libertad y el amor.
Soy yo, el Amor, que estoy en el hijo quien, en la Divina Voluntad, da testimo-
nio de su amor porque él los ama. Él les dice que él es amor en mí, Jesús. Es a tra-
vés de su testimonio de amor a su agresor que él quiere unirse con ustedes para que
a su vez, ustedes puedan perdonar a los que les han hecho sufrir las agresiones en
su juventud.
Su hermano pequeño en la Divina Voluntad: “Yo los amo. Doy mi testimo-
nio de amor para cada uno de ustedes. Se me ha permitido, en la Divina Voluntad,
de hablarles por medio de la Hija del Sí a Jesús, mi pequeña hermana. El sufri-
miento de ustedes ante esta violencia, la he conocido. Dios, mi dulcísimo Amor,
quiere hacerles comprender que el amor comienza en el interior de sí mismos. Si
no hay lugar para el perdón, el Amor no podrá encontrar un lugar de paz donde
tener su puesto. Dar su al Amor, es descubrir que nosotros podemos perdonar.
“A ti que me has hecho sufrir, te descubro mi amor por ti. Yo soy el que Dios
ha querido que yo sea, un niño como tú. Porque ahora tienes el amor en ti, vas a
aprender a no pedir a los otros de hacer gestos impuros. Conocí tu satisfacción en el
dolor. Quiero que Dios deposite en ti mi amor para que sepas que te he perdonado
todo. Mira, Dios me hace decirte estas cosas porque vivo en él, estoy en el Cuerpo
Místico de Dios. Ahora que estoy cerca de él en el Cielo, a causa de tu gesto de vio-
lencia que me causó la muerte después de esos abusos, sé cuánto sufres. No estoy
molesto, porque soy amor. Estoy en ti para ayudarte a volver hacer el niño que
debes de ser”.
“Ustedes que leen esto, ¡cómo los amo! Yo soy un alma muy pequeña, su
pequeñito hermano. Es necesario rezar por los que hacen sufrir a los menores, por-
que son ellos los primeros que son alcanzados por el dolor. Ellos lo han guardado
profundamente en su interior tratando de olvidar su sufrimiento. Entreguen a Dios
lo que le pertenece, él es el Amor y todos sus hijos le pertenecen. Yo los amo, mis
hermanos, hermanas”!
“Y tú, pequeña hermana3, que lloras porque también los amas, estoy contigo,
todos estamos contigo, entrégate. Es necesario olvidarse cuando Dios así lo pide.
Por amor, él dio todo, hay que dar todo.”
Jesús: Hijos míos, vengan a tomar en mis sacramentos el Alimento divino;
soy yo, el Amor que les mostrará el camino de amor a seguir, pues la vida eterna
está al final de este camino. Hija mía, tú estás en mí por ellos, te amo. Entrega, hija
mía, ¡te amo tanto! Amén.
3. La Hija del Sí a Jesús.

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208 – 14 de agosto de 2001 (continuación)
El Espíritu Santo.
Todo en ustedes está en la preocupación
frente a lo que ustedes son.
El Espíritu Santo: Hija mía, yo soy el Amor. Soy yo, el Espíritu Santo, que te
dicta estas palabras en ti, todo está en ti. Escribe lo que tú oyes para los hijos que se
pierden y que no se sienten amados como ellos lo quisieran ser, porque todo en
ellos grita la discordia. Yo soy el Amor, te amo.
La Hija del Sí a Jesús: Están ante mí los que yo porto conmigo en Jesús.
Todos ellos sufren. Sus cuerpos están heridos. Están destrozados de reconocerse
atraídos hacia el mismo sexo de ellos.
Están tan jóvenes los que Dios me muestra. Los veo acostados en el agua no
muy profunda, porque el agua no los cubre prácticamente; son hijos arrimados los
unos contra los otros, acostados sobre el vientre bajo un edificio inmenso. Este edi-
ficio está sentado sobre numerosos pilares. Estos hijos están amontonados como
cuerpos muertos. ¡La piel parece tan aceitosa! Siento que no están bien en su piel.
Dios me señala que transpiran de vergüenza porque no son felices cuando miran su
sexo. Ellos reniegan su nacimiento.
El Espíritu Santo: Hijos míos, todos los hijos antes de nacer, viven en el
vientre de su mamá, protegidos por un líquido en el que flotan. Ellos se encuentran
en el seno mismo del Amor. Dios ama a sus hijos, él les da la vida. Todos los hijos
vienen al mundo con su temperamento. Ellos llevan consigo los dones del Espíritu
Santo que les serán necesarios para hacer el bien a su alrededor. Por el sacramento
del bautismo, son lavados del pecado original, ellos están en la gran familia de los
hijos de Dios.
Yo, el Espíritu Santo, les doy la sabiduría para que ellos hagan el bien. Todo lo
que es bueno viene de Dios. Todos los hijos tienen consigo el saber. El saber viene
de Dios. Cuando viven en Dios, los dones son sabiduría para ellos. Ellos hacen el
bien, sirven a Dios y le agradecen por todo lo que Dios ha puesto en ellos.
Cuando no quieren vivir en Dios, rechazan la Luz. Hacen acciones que son de
alguna manera buenas, porque Dios ha depositado en ellos su Vida. Dios ama a
todos sus hijos. Él los alimenta con las gracias que les da a los hijos de la Luz, quie-
nes se ofrecen por sus hermanos y hermanas del mundo entero. Pero los que están
fuera de la Luz, por su negativa, hacen malas acciones, pues se alimentan de sus
inclinaciones que son el mal.
La Hija del Sí a Jesús: Los que yo veo están acostados sobre el vientre. No
pudiendo aceptarse a sí mismos, no son capaces de levantarse. Se sienten avergon-
zados de su sexo.
El Espíritu Santo: Hija mía, Dios es el único que elige el sexo de sus hijos.
Los que se niegan a reconocerse como Dios los ha escogido no son dignos de verse.
Es por eso que todos están extendidos sobre el vientre apretados los unos contra los

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otros. Te señalo por eso la dependencia de ellos con respecto a los otros. Ellos son
víctimas de la sociedad, son vistos como hijos extravagantes. No queriendo ser
como los otros, se sienten excluidos. Para no encontrarse solos en este mundo en
que hay hijos de los dos sexos que han sido creados para la procreación, se reagru-
pan entre ellos.
La Hija del Sí a Jesús: Estos hijos que veo acostados se lamentan. Puedo
escuchar sus gemidos. Ellos no son felices de lo que son, quieren desaparecer. Algu-
nos se dicen a sí mismos: “Más vale amarse entre nosotros que somos del mismo
sexo que ignorarse y quedarse solos a llorar.” Dios me hace ver su amor por ellos. Él
está en ellos, en estos hijos perdidos que se dicen desdichados, sin gusto por la vida.
El Espíritu Santo: Pero ellos, hija mía, los adictos al mal, no se ven más que
a ellos mismos. No quieren vivir sino que de su sexualidad, rechazando de condu-
cirse como hijos puros. Yo doy el amor a los que rechazan de conducirse mal. Si
ellos sucumben, refuerzo su ser para que puedan resistir. La perseverancia pondrá
fin al mal que alimentan, sin saberlo, por sus habitudes de ir hacia la cosa prohibida.
La Hija del Sí a Jesús: Son tan numerosos estos hijos que mis ojos no ven
más que cuerpos aceitosos que se mueven sin poderse levantar. Si ellos lo quisie-
ran, descubrirían que hay una esperanza. Yo, yo estoy allí para mirarlos sin com-
prender su actitud.
El Espíritu Santo: El hecho que no sepas por qué estos hijos son así y que
no comprendas su actitud la cual es querida de mí para mostrar a los otros que Dios
es el único que puede juzgar a estos hijos, pues solamente Dios los conoce.
Ninguno de ustedes, hijos míos, está en su lugar, ustedes no tienen el derecho
de emitir un juicio sobre su manera de comportarse. Amen a sus hermanos y her-
manas que sufren. Entréguenmelos, yo soy la Luz que viene a mostrarles que ellos
son amados y que sólo Dios les dará a ellos el verdadero amor.
La Hija del Sí a Jesús: Dios me da el amor para ellos, seres que se sienten
despreciados.
El Espíritu Santo: ¿Por qué algunos hijos son atraídos por el mismo sexo de
ellos? Hijos míos, para ayudarles a comprender que son seres desdichados, víctimas
de un mundo que ha perdido el amor, yo voy, por amor, a ayudarles a comprender-
los.
Todos los hijos están en la búsqueda del verdadero amor, porque ellos son
amor. Porque son amor desde su nacimiento, quieren el amor. Tienen esta necesi-
dad en su ser, si no están en un contexto de amor, desarrollan un vacío en su inte-
rior, lo que los vuelven vulnerables tanto desde el punto de vista emocional como
en la manera de comportarse, y todo su ser lo resiente.
El niño que viene al mundo en un medio que está fuera del amor, busca esta
necesidad de amor. Todos los hijos de la tierra tienen esta necesidad en ellos, quie-
ren ser amados como son y quieren también amar a los que ellos ven. Estos peque-

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ños bebés son amor, quieren amor. Algunos, más sensibles debido a su
temperamento, sufren terriblemente de esta falta de amor.
Cuando alguno de estos niños viene al mundo, ve bien a su alrededor a los
padres que lo aman, pero todo su ser está en la incertitud, porque lo que él quiere
en su interior no corresponde a lo que él ve. No está seguro que lo que él percibe es
el amor. Él está en esta incertitud y Satanás lo sabe. Los padres, no sabiendo el peli-
gro que ronda alrededor del hijo que quiere ser amado, les gusta su tranquilidad;
no se preguntan si su tranquilidad viene porque él está en paz o de lo que lo per-
turba. Ellos se mantienen en la relación de padres a hijo sin percibir que el hijo mira
su comportamiento. Ellos, los padres, están en el amor carnal sin pedir a Dios las
gracias para que ellos puedan amarse como seres de amor.
El hijo sabe cuán importante es su papá para él; él lo ama, él quiere ser como
papá, pero el lado suave de mamá le llama más la atención que el lado brusco de
papá, siente menos miedo. En él, todo se deja influenciar por esa inclinación. Sin
que la madre ni el padre se den cuenta, el mal comienza a suscitar en él las necesi-
dades. Él quiere encontrarse como la dulzura y la ternura de la mamá. A él le gusta
comportarse como ella, esto se vuelve una complicidad femenina.
Él tiene sed de amor que busca a ser lo que mamá es, porque ha encontrado
en su exterior lo que le hace falta a él. Su papá para él es un ser fuerte, imponente,
que tiene valores determinantes, y esto es tan verdadero que no se siente a la altura
de lo que él ve. Él lo quisiera tanto pero, en él, ¡es tan frágil! Todo lo que él quiere,
es ser amado como él quiere ser amado, sin batalla; sí, porque lo que él ve es dema-
siado para él. Él es desdichado de no ser capaz de alcanzar este nivel que tiene
papá. Como tiene una gran sed de ser amado, él se otorga necesidades afectivas
que son colmadas por la única persona que lo hace sentirse bien: su mamá. Él cree
que el verdadero amor es el que ve en el exterior.
Un día, su vida comienza a voltearse hacia la sexualidad. El sexo le llama la
atención y, como el cuerpo femenino es más atrayente, le agrada lo que ve. El
cuerpo del niño se transforma y, en su desarrollo, ve sus formas que no son como él
quisiera. Él se retira de él mismo para no pensar más en eso, él se vuelve silencioso.
Muy dócil, él se da a los otros para darles gusto porque en su interior se siente mal.
Todo en él quiere ser amado con dulzura y ternura; es por eso que le gusta ser
tierno cuando se encuentra con un amigo.
Le gusta la compañía femenina porque ésta es lo que él resiente, pero su
sexualidad es atraída hacia los varones. Él rechaza lo que él resiente, él sufre, él
quiere refugiarse en él mismo, porque le da vergüenza lo que acaba de descubrir.
Como acaba de percibir que es atraído por los que son del mismo sexo que él, él se
vuelve una preza fácil para los que han caído en sus placeres sensuales.
Hijos míos, el ser no puede vivir de su sexualidad, él es demasiado amor para
renunciar a todo lo que está alrededor de él porque, lo que él ve, son hijos hechos
para ser amados en el amor del prójimo. Pero el mal ronda alrededor de él. Si él

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escoge de hacer el mal, él alimenta este mal. Es Satanás que ha suscitado el mal
alrededor de él para incitarlo a consentir en ello. Todo hijo que no está en la ora-
ción y en la mortificación de su cuerpo, para resistir a sus malas inclinaciones, se
deja tomar por Satanás.
La Trinidad: Hija mía, tú eres nuestra como ellos son nuestros. Yo soy el
Padre de ellos, su Hermano y su Amor. Nosotros, la Trinidad, somos para ellos la
única fuente de la felicidad. Entrégate para nuestros hijos, todos son nuestros.
Jesús: Mi bienamada, ¡cómo te amo! Ámame. Dime que tienes necesidad
de lo que yo te doy. Dime que tú me amas, tengo tanta necesidad que se me digan
los yo te amo. Este mundo de incrédulos debe de saciarse porque, si estos hijos con-
tinúan así, no habrá mucho tiempo para que ellos puedan arrepentirse. Sus debili-
dades les hacen hacer actos inmorales contra su propia existencia.
Este mundo sin sentido está a punto de conocer su suerte. Ya no puede conti-
nuar así, ¡está en un estado tan lamentable! Tú lo has visto en tu sueño. Estos seres,
estos pequeños hijos de una edad inmadura, no eran seres aceptables, ellos eran
como bestias que se amontonan en el sudor de su ser, ellos agonizan, se sentían tan
inmorales.
Todos estos hijos son seres extraños a ellos mismos. ¡Pero este tiempo está tan
cerca de terminar! Cuando esto llegue, será demasiado tarde para ellos; se van a
ver en terribles dolores. Tú has sido testigo de su estado lamentable, es por eso que
estuviste toda perturbada. Tú no comprendiste que te quería sumisa a mi Divina
Voluntad para hacer de ti un testigo de mi amor para ellos que eran hijos en la con-
goja. Los hijos que yo te mostré ¡sufren tanto! Sí, hija mía, mis hijos sufren en su
interior, ellos gritan para que se les vaya a ayudar. Ellos no saben cómo liberarse de
lo que ellos viven. Ellos tienen sufrimientos terribles.
Mi amor, este tiempo les va a llevar un instante de luz en ese mundo de obscu-
ridad. Si ellos descubren en su interior el amor, saldrán bien de este callejón sin
salida. Si ellos no quieren descubrirse tal como lo son, entonces, el amor que está
en ellos va a desaparecer para siempre; ellos se dejarán destruir y eso será por siem-
pre. No habrá un solo lugar que les aportará la frescura, la ternura, la bondad, la
caridad, la atención y la amabilidad; nada alrededor de ellos les dará la felicidad. Se
hundirán para no aparecer nunca más. Serán seres del dolor infame.
¡Ah, mis hijos!, comprendan lo que les quiero decir. Yo utilizo todas las mane-
ras para hacerlos comprender que este tiempo que ustedes viven en este momento
no tiene sentido alguno, no puede continuar así. Yo soy el Amor que les grita: “Ven-
gan a mí, yo soy el Amor que vive en ustedes. No se dejen morir. No se dejen des-
aparecer.” Yo soy Jesús, soy quien los ama. Yo no los condenaré. Les voy a dar la
fuerza para que se corrijan. No haré de ustedes hijos esclavos del Amor, ustedes
serán los hijos de Dios, seres libres, hijos que amen la vida. Ustedes estarán en una
felicidad sin fin. Comprendan lo que les digo.

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¡Ah hijos del dolor, vean cómo la vida de ustedes está en completo desorden!
No hay nada fuera de mí que pueda hacerlos volver al buen camino. ¿Creen uste-
des que sus vidas tortuosas los va a conducir sobre el buen camino, el que los lleva
hacia la felicidad?
Hijos míos, la mayor parte de ustedes ha desarrollado la adversidad contra los
que no aceptan sus inclinaciones inmorales cuando ustedes quieren ser iguales que
ellos. Ustedes creen que ellos son la causa de sus sufrimientos. Hijos míos, son uste-
des que son la causa de sus sufrimientos. Ustedes sufren de ver a los otros que no los
aceptan como ustedes son. ¿Cómo podrían ellos ya que ustedes mismos sufren de
ser como son? Ustedes quieren vivir, hijos míos, con su sexualidad, sin preocuparse
de la virginidad de sus seres.
Ustedes no quieren preocuparse de los mandamientos que han sido dados por
el Amor. Ustedes piensan, hijos míos, que el amor es una emoción que viene de sus
placeres sensuales. Ustedes creen que lo que los llena es para ustedes un movi-
miento de amor, ustedes hacen las cosas al revés. Ustedes realizan actos inmorales y
tratan de convencerse que ustedes son normales. Hijos míos, lo que es normal, son
ustedes; lo que es anormal, es lo que ustedes hacen. Ustedes creen que pueden
ponerse al abrigo de mis mandamientos haciendo leyes que justificarían sus actos
impuros.
Mis pequeños hijos, lo que ustedes hacen, es contra ustedes mismos; ustedes
solos lo van a sufrir. Ustedes quieren disimular detrás de los gestos de simpatías,
haciéndose creer que son hijos que han nacido con un desequilibrio hormonal.
Estos gestos los llevan a la amargura. Los llevan a olvidarse de ustedes mismos, a
querer borrar lo que ustedes son. Ustedes no son hijos del error, ustedes son mis
hijos, ustedes son únicos, concebidos por el amor, de mi amor.
Cuando yo los vi pequeños bebés, yo los amé y los amo siempre como ustedes
son. ¿Por qué querer cambiar la belleza de su ser? ¿Por qué querer negar lo que
Dios ha querido que sean ustedes? Ustedes buscan a contemplar su exterior usando
artificios, sin querer sacar el amor de su interior.
Ustedes son hijos que tienen necesidad que se les diga: “Amor, tú provienes de
mí, tú no eres un otro, tú eres tú mismo. Yo, yo te amo. Soy yo tu fuerza, soy yo el
Ser que vive en ti. No te engañes, ven a tu interior, tendrás las gracias de amor. No
dejes al otro, Satanás, que te de ideas de placeres carnales para colmar la falta de
amor que está en ti, soy yo que te doy amor”.
“El amor, está vivo, está en tu interior. No dejes morir el amor en ti para hacer
saber al mundo que, tú, tú eres equilibrado y que es normal que quieras vivir con tu
sexualidad. Yo te amo demasiado para dejarte vivir con tus errores. Yo soy el Amor
y el Amor te quiere, a ti, tal como eres, con tu debilidad. Ven a pedirme la ayuda, yo
vendré a ti para darte las gracias para que te arrepientas. Tú has agotado tantas
fuerzas para mostrarte que eres un ser completo con tus errores”.

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“Ven con lo que has hecho. Yo te voy a dar gracias de amor. Estas gracias de
amor, serán para ti, ellas te pertenecerán, ellas estarán en ti para hacerte compren-
der que tú eres un hijo de Dios, que debes de ser amor. Ser de amor, perteneces a
tu Dios, tú procedes de él, él te ha dado su Soplo para que tengas la vida eterna. Yo,
Jesús, soy quien murió en la cruz por ti. Tu arrepentimiento es el que te va a llevar a
la vida eterna. Tú eres el que tengo a mi derecha para que puedas reconocerte
bueno, así como el buen ladrón. Ven a tu interior, a tu lugar, y sepas que eres mi
amor”.
“Antes de dejarte, entrar en tu interior, ven a pedirme las gracias de sabiduría
para comprender el valor de estas palabras que son para ti. Tú eres tan débil, ellas
te ayudarán a descubrirte. Estas son palabras de esperanza, palabras de ternura,
palabras que vienen de mí, el que se dejó crucificar por amor por ti y por cuantos
otros como tú. Tú estás en mi Ser. Yo sufrí por ti porque yo me intereso por ti”.
“Tú, ¿es que te interesas por ti mismo? ¿Quieres vivir una vida en la tierra con
tu placer, sin ocuparte de tu vida interior? Esta vida es tuya; Dios, mi Padre, te la ha
dado. Tú eres libre de aceptar que ella sea eterna. Si tú dices a mi llamado de
amor, tú le volverás a dar un gusto de amor y ella volverá a aprender a vivir en el
amor porque tú has nacido para vivir de amor. No dejes morir la vida en ti, porque
no tendrás otra”.
“Yo te lo suplico, ten cuidado contigo mismo, hay tantos que mueren de enfer-
medades contraídas por relaciones sexuales malsanas. Estas enfermedades vienen
de la negligencia frente a sus vidas. Esta negligencia no les aparece sino cuando
están a punto de perder la vida. Es allí solamente que se dan cuenta de su negligen-
cia, la de no haber venido a mí, Dios, para pedirme las gracias que les habrían ayu-
dado a no sucumbir a su sexualidad. El amor, hay que cuidarlo. Si se le descuida, va
a caer enfermo, va aún más a desaparecer; no te dejes desaparecer. Yo te amo”.
“Te dejo ahora para que puedas reflexionar a mi petición. Yo, yo estoy en ti,
listo a recibirte con mis gracias. Te amo y te bendigo.”
Ah, tú, tú, tú y tú, y cuántos otros más, vengan a mí, los amo, mis amores.
Jesús, quien te ama, mi bienamada. Amén

 

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