CUANDO EL AMOR REINE EN TODOS LOS CORAZONES NO HABRA MAS SUFRIMIENTOS.

205 – 13 de agosto de 2001 ESCRITOS HIJA DEL SI A JESUS. FRANCIA. 
Jesús
No se hagan los sordos.
Yo, Jesús Amor, solicito la prueba de su amor con el objeto de ofrecerles lo
que yo tengo en mí: el amor. Hijos míos, ustedes que no quieren reconocerse amor,
los exhorto a conducirse bien, porque el día en que me verán en ustedes se
aproxima.
Ustedes no se dan cuenta de lo que Satanás hace en ustedes. Él suscita acon-
tecimientos en sus vidas que los llevan a cometer faltas en contra de ustedes mis-
mos y de su prójimo, y esto los hace sufrir. Todo alrededor de ustedes está en

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desorden, todo se está destruyendo. Si esto continúa, no quedará nada para ayu-
darles en los momentos difíciles que llegarán en algunos instantes.
Todo es para muy pronto. No se hagan los sordos. Yo me voy a mostrar en su
interior para preguntarles si quieren vivir en el amor renunciando a su voluntad
humana para vivir en la Divina Voluntad. Ustedes mismos van a responderse a esta
pregunta de amor.
Mis queridos hijos, ¿cómo van a poder responderme a esta pregunta si ustedes
no saben nada de ustedes mismos? Actualmente, mi adversario está tramando todo
para la destrucción total de ustedes. Ustedes se dejan tomar continuamente por él.
La pérdida será completa para ustedes si no se despiertan. Yo lanzo un llamado de
alarma: “Hijos míos, tengan cuidado van a caerse en la gehena.” ¿No saben que el
infierno existe? No es una trampa.
Tengo sed de ustedes, mis pequeños. Yo los veo y lloro por sus torpezas. Esto
es de una tristeza tan grande el verlos así que mi Corazón está sin vida. Por ustedes,
en la cruz, derramé mi última gota de agua. Hijos míos, es para su purificación que
les suplico que soporten estos últimos instantes de sus vidas fuera del amor. Es en
esta Gran Purificación que ustedes van a comprender cuán grande es el amor de un
Dios que se dejó crucificar por amor por cada uno de ustedes.
Ustedes no comprenden la importancia de mis llamados para regresar al buen
camino. Ustedes se pierden en este mundo egoísta y lleno de orgullo. No se dejen
invadir por todos esos errores que envenenan sus vidas. Su negligencia es como un
collar de hierro alrededor de su cuello que les impide ver bien a dónde es que van.
Hijos míos, si no hacen los esfuerzos necesarios para desentumecerse, caerán para-
lizados a causa de sus malas habitudes.
¿Es normal de vivir en la búsqueda de medios que los adormecen para no
poder ver su mundo que los ahoga? Ustedes se entregan totalmente a sus ocupacio-
nes como hijos prisioneros del sistema. Los hijos de Israel sabían que eran esclavos
de los hijos de Egipto; ustedes ni siquiera ven que son esclavos. Comprendan que
están tomados con su mundo de consumo que los hace hacer lo que él quiere sin
que puedan decir una palabra. Ustedes no pueden continuar así, tienen que venir a
mí.
Hijos míos, digan al Amor, es su salvación. ¡Cuántos de ustedes no se pre-
ocupan de mis advertencias! Los hijos de la luz han dicho al Amor y llevan con
ellos a los hijos indecisos. Y los padres se han entregado a mí, y yo los llevo con-
migo, porque yo soy para ellos el Salvador de sus hijos que ustedes me ofrecen. Los
hijos son desconocidos para ellos mismos, ellos no saben que son amor y que yo los
habito. Ellos se han dejado crucificar con su manía de verse sin mí.
¡Ah, pobres bebecitos, cómo los amo, los despreciados por ellos mismos! Estos
hijos sufren al no sentirse amados por mi, Jesús. ¡Sin mí, ellos se encuentran con
tantos sufrimientos! Yo los quiero. Es por ustedes, los despreciados, los incompren-
didos, los desdichados, los depresivos, los coléricos, los adúlteros, los indiferentes,

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los malhechores, los violentos, los ingratos, los incondicionales del mal, los orgullo-
sos, los hipócritas, los ladrones y los mentirosos, sí, es por todos ustedes que yo
quise morir en la cruz. Mostrándoles mi Cuerpo marcado por sus pecados, les he
dado la prueba de mi amor por cada uno de ustedes.
¡Cuántos de ustedes, hijos míos, rechazan de reconocerse tales como son!
Ustedes no se dan cuenta de sus dificultades. Ustedes quieren conocer la felicidad,
pero no quieren escuchar lo que yo quiero decirles, porque eso los obligaría a
renunciar a sus placeres prohibidos. Yo, Jesús, les pido que piensen en sus obras
que les serán preguntadas. ¡Cuántos de ustedes tendrán las manos vacías cuando
yo me presente a ustedes!
Yo, su Amoroso, por su al Amor, les daré una dosis de abandono en mi
amor; esta dosis de abandono los hará comprender su falta hacia ustedes mismos.
Les daré el amor que les falta para que se den cuenta que ustedes son mis hijos, el
Bienamado del Padre, su Hermano, su mejor Amigo, el que se entregó por amor.
Hijos míos, el Amor los llama a conducirse como hijos de Dios. Ustedes vienen
de él, no pierdan la oportunidad que les da de corregirse; su independencia está
contra ustedes, son ustedes solos los que sufrirán. Mi Padre es el Amor, él no puede
sentir el dolor, no le es conocido. Él es compasivo ante el dolor de ustedes, él llora
por ustedes, pero él no puede sufrir dolores, porque el mal no existe en él.
Solamente los que están en el mal pueden sufrir dolores en su ser. Yo llevé
conmigo todos sus pecados y sus pecados han herido mi Cuerpo. Todos estos dolo-
res los sentí, porque tomé conmigo todo el mal para llevarlo a la muerte.
Cuántos se preguntan: “¿Por qué Jesús y María nos dicen que lloran lágrimas
de sangre cuando ellos están en el Cielo?” Hijos míos, su vida en la tierra es un
camino que los lleva hacia nosotros, al Reino de mi Padre. Como yo soy el Principio
y el Fin, mi Vida está en el presente.
Cuando ustedes cometen un pecado, este pecado lo siento como lo sentí en
mí al momento de mi Pasión y mi Madre, que participó a mi Pasión, lo siente; ¡uste-
des ven que sus pecados son sufrimientos para nosotros! Yo los amo tanto, mis amo-
res, pues no hay un instante que no esté en mi Pasión para tomar conmigo todo lo
que podría matarlos. Cuando ustedes oyen decir que yo sufro, este dolor, son uste-
des que yo llevo conmigo.
Mi Madre los sostiene. Ella llora lágrimas de sangre porque ella los ama, ella
los quiere felices al lado de ella. ¡No crean que mi Madre no conoce la felicidad! La
felicidad de vivir en el Reino de mi Padre es inmensa. Porque ella los ama, su amor
de Madre se vuelve para ella un dolor cuando los ve en el pecado; ella los lleva a
todos en su Corazón. Mis hijos de la luz sufren también porque ellos los aman; es
con mis gracias de amor que ellos sufren, el sufrimiento es gracia para ellos.
Ustedes que sufren, es a causa del mal que sus sufrimientos son intolerables.
Ellos no están acompañados de mis gracias y eso los destruye, cuando los que

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sufren con mis gracias crecen en el amor. Por mis gracias de amor, ellos pueden
ofrecerse a Dios en el amor; igual que yo que he sufrido, todo lo ofrecí a mi Padre
en el amor.
Estos hijos que se dan al Amor conocen las consolaciones. Ellos son sostenidos
por mí, porque tienen confianza en mí. Cuando tienen dolores, me los entregan y
yo, derramo en ellos las gracias de aceptación. Más aceptan los sufrimientos, más
aprenden a entregármelos. Cuando yo tomo sus sufrimientos, ellos se vuelven mis
sufrimientos y, como yo soy Amor, ellos llevan gracias que les procuran la paz. El
hijo que me ofrece sus sufrimientos se vuelve tanto amor que su ser conoce la paz.
Hijos míos, cuando hacen el mal y no vienen a mí que estoy en mi sacerdote
para purificarlos, conocen los sufrimientos que los vuelven desdichados. Ustedes no
ven al amor, porque están ciegos por el mal que los corroe en su interior. Sola-
mente los que serán amor conocerán la felicidad. Cuando el amor reinará en todos
los corazones, no habrá más sufrimientos, las risas estarán en sus corazones y sus
seres tendrán la alegría. Los hijos del mal habrán desaparecido de la superficie de la
tierra. Nadie sufrirá a causa de los hijos que rechazan al Amor.
Yo los amo, hijos míos. Yo los quiero a todos en mí, Jesús Amor. Gracias, mi
tierna amada dulzura. Amén.

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