EL ALMA HUMANA DEBERIA SER COMO MI MUJER. (JESUS)

Capítulo 40 ESCRITOS DE SANTA BRIGIDA.

Yo soy tu Creador y Señor. Respóndeme a tres preguntas que te voy a plantear. ¿Cuál es la situación en una casa en la que la esposa está vestida como una gran señora y el esposo como un sirviente? ¿Es eso correcto? Ella respondió interiormente en su conciencia: “No, mi Señor, eso no está bien” Y el Señor dijo: “Yo soy el Señor de todas las cosas y el Rey de los ángeles. Yo he vestido a mi servidor, es decir, a mi naturaleza humana, tan solo con vistas a la utilidad y a la necesidad. No he deseado nada del mundo, aparte del somero alimento y vestido. Tú, sin embargo, que eres mi esposa, quieres igualarte a una gran señora, con riquezas y honores, ser ensalzada. ¿Cuál es el beneficio de todo ello? Todas las cosas son vanidad y todas las cosas tienen que ser abandonadas. La humanidad no ha sido creada para esa frivolidad sino para poseer lo que necesita la naturaleza.

El orgullo ha inventado lo superfluo, que ahora se mantiene y se desea como lo normal. En segundo lugar, dime, ¿es correcto que el marido trabaje desde la mañana hasta la noche mientras su mujer se gasta en una hora todo lo que él ha conseguido con su esfuerzo? Ella contestó: “No es correcto. Al contrario, la esposa debe vivir y actuar siguiendo la voluntad de su esposo”. Y el Señor dijo: “He obrado como el hombre que trabaja de la mañana a la noche. He trabajado desde mi juventud hasta el momento de mi sufrimiento, mostrando el camino hacia el Cielo, predicando y poniendo en práctica lo que predicaba.

La esposa, o sea, el alma humana, que debería ser como mi mujer, se gasta todo mi salario en vivir lujosamente. Como resultado, de nada de lo que he hecho se puede beneficiar, ni encuentro en ella virtud alguna en la que recrearme. Tercero, dime, ¿no es erróneo y detestable para el señor del hogar ser despreciado y para el sirviente ser ensalzado? Y ella dijo: “Sí, así es, bien cierto”. El Señor dijo: “Yo soy el Señor de todas las cosas. Mi hogar es el mundo. Todos los miembros de la humanidad deberían estar a mi servicio. Sin embargo, Yo, el Señor, ahora soy despreciado en el mundo, mientras que la humanidad es ensalzada. Por lo tanto, tú, a quien Yo he elegido, cuídate de cumplir mi voluntad, porque ¡todo en el mundo no es más que una brisa marina y un falso sueño!”.

Palabras del Creador, en presencia de la Corte Celestial y de su esposa, en las que se queja de los cinco hombres que representan al papa y a sus clérigos, los laicos corruptos, los judíos y los paganos. También sobre la ayuda enviada a sus amigos, que representan a toda la humanidad y sobre la dura condena de sus enemigos.

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