Las criaturas no quieren detenerse, la avidez de derramar sangre no se ha apagado en ellas, y esto hace que mi Justicia, con terremotos, con agua y con el fuego destruya ciudades enteras y haga desaparecer los habitantes de la faz de la tierra,

Agosto 9, 1924

Cuando la criatura se extiende sobre la Divina Voluntad para obrar y sufrir, la Justicia Divina detiene sus justos rigores y muestra consideración.

Imágenes del vivir en la Divina Voluntad:
El mar y los peces; la tierra y las plantas.

Después de mucho esperar la presencia de mi adorable Jesús, lo he sentido en mi interior que extendía los brazos y me decía:
“Hija mía, extiende tus brazos junto conmigo en mi Voluntad para reparar por tantos que extienden sus obras en la voluntad humana, la cual les forma la red de todos los males para precipitarlos en el abismo eterno, y para impedir que mi Justicia se derrame sobre ellos para desahogar su justo furor, porque cuando la criatura se extiende en mi Voluntad para obrar y para sufrir, mi Justicia se siente tocada por la criatura con la Potencia de mi Voluntad y deja sus justos rigores, es una vena divina que la criatura hace correr entre Dios y la familia humana, por la cual mi Justicia no puede hacer menos que tener consideración hacia la pobre humanidad.”

Y mientras esto decía, hacía ver cómo las criaturas están preparando una gran revolución entre los partidos contra el gobierno y contra la Iglesia. ¡Qué destrucción horrible se veía! ¡Cuántas tragedias! Entonces mi dulce Jesús ha continuado hablándome y me ha dicho:

Hija mía, ¿has visto? Las criaturas no quieren detenerse, la avidez de derramar sangre no se ha apagado en ellas, y esto hace que mi Justicia, con terremotos, con agua y con el fuego destruya ciudades enteras y haga desaparecer los habitantes de la faz de la tierra, por eso hija mía, reza, sufre, obra en mi Voluntad, pues sólo esto puede formar un freno para que mi Justicia no explote con sus rayos devastadores para destruir la tierra. ¡Oh, si tú supieras cómo es bello y deleitable el ver obrar a un alma en mi Voluntad! Una imagen te la pueden dar el padre mar y la madre tierra, que están tan unidos y vinculados entre ellos, que el agua no puede estar sin la tierra, y la tierra sería infecunda sin el agua, es como un matrimonio lo que hay entre ellos, por lo que se puede decir padre al mar y madre a la tierra. Tal unión debería tener el alma con mi Voluntad; ahora, ¿qué cosa hay en el mar? Una inmensidad de aguas; ¿quién habita en estas aguas? ¿a quién alimenta, a quién da vida? A los tantos variados peces que se alimentan, nadan y serpentean en el inmenso mar. Mira entonces, el mar es uno, pero muchos peces viven en él; el amor y el celo del mar hacia ellos es tanto, que los tiene ocultos en sí, sus aguas se extienden arriba, abajo, a derecha e izquierda, si el pez quiere nadar y caminar, abre las aguas y serpenteando se divierte, el agua se deja abrir, pero se estrecha siempre en torno, por abajo, por arriba, a derecha e izquierda, no lo deja jamás, y por donde pasa se cierra de inmediato detrás, no dejando vestigio alguno de por donde pasó ni a dónde llega, a fin de que nadie pueda seguirlo; si el pez quiere nutrirse el agua se presta a alimentarlo, si quiere dormir le hace de lecho, pero nunca lo deja, se cierra siempre a su derredor. Pero con todo esto se ve que en el mar hay seres que no son las aguas mismas, se ven movimientos, serpenteos formados por estos mudos habitantes, a los cuales el mar les es vida y ellos son la gloria, el honor y la riqueza del mar. Más que pez es el alma que obra y vive en mi Voluntad; mi Voluntad es Inmensa, la criatura es finita, pero a pesar de que es finita tiene su movimiento, su voz, su pequeño camino, y mi Voluntad viéndola en Ella, es tanto su Amor y su celo, que más que mar se extiende encima, abajo, a derecha e izquierda y se hace vida, alimento, palabra, obra, paso, sufrimiento, lecho, reposo, habitación de esta afortunada criatura, la sigue por doquier y llega a entretenerse junto con ella. Podría decir que esas almas son mi gloria, mi honor y la riqueza que produce mi Voluntad. Este obrar del alma en mi Voluntad es como el nadar y el serpentear del pez en el mar terrestre, pero el alma lo hace en el mar celeste del Querer Supremo; son los ocultos habitantes de las olas celestiales, que viven en la herencia inmensa del mar infinito de mi Voluntad; y así como los peces están ocultos, desaparecidos en el mar, mudos, sin embargo forman la gloria del mar y sirven como alimento para los hombres, así estas almas parecen desaparecidas en el mar divino, mudas, sin embargo forman mi más grande gloria de la Creación y son causa primaria para hacer descender sobre la tierra el alimento exquisito de mi Voluntad y de mi Gracia.

Otra imagen del obrar del alma en mi Voluntad es la tierra. Las almas que viven en mi Voluntad son las plantas, las flores, los árboles, las semillas. ¿Con cuanto amor no se abre la tierra para recibir la semilla? Y no sólo se abre, sino que se vuelve a cerrar para ponerse arriba y ayudar a la semilla a hacerse polvo junto con ella para que con mayor facilidad pueda parir de su seno la planta que contiene esa semilla, y en cuanto comienza a brotar de su seno se estrecha a su alrededor, le presta el humor que contiene, casi como alimento para hacerla crecer. Una madre no puede ser tan afectuosa como la madre tierra, porque a su recién nacido no siempre lo tiene en su regazo, ni siempre le da la leche, en cambio la tierra, más que madre, no separa jamás de su seno a la planta, es más, por cuanto más crece por arriba, tanto más profundamente se desgarra por hacer lugar a las raíces, para hacer crecer más bella y más fuerte a la planta; es tanto su amor y su celo que la tiene pegada a su pecho para darle vida y alimento continuo. Pero las plantas, las flores, etc., son el más bello ornamento de la tierra, son su felicidad, su gloria y su riqueza, y proveen de alimentos a las humanas generaciones. Más que madre tierra es mi Voluntad para el alma que vive y obra en Ella; más que tierna madre me la oculto en mi Voluntad, le ayudo a hacer morir la semilla de su voluntad a fin de que renazca con la mía y formo mi planta predilecta; la alimento con la leche celestial de mi Divinidad, es tanto mi celo que la tengo prendida a mi pecho y encerrada en Mí a fin de que crezca bella y fuerte y toda a mi semejanza. Por eso hija mía sé atenta, obra siempre en mi Voluntad si quieres volver contento a tu amado Jesús. Quisiera que hicieras todo a un lado para tomar sólo este punto del vivir y obrar siempre en mi Voluntad.”

DADO A LUISA PICARRETA.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s