MENSAJE DE JESUS A LAS ALMAS VICTIMAS.

13 de diciembre
Comentando el salmo 34°.

Dice Jesús:

«Os hablo a vosotros, mis queridas víctimas, que necesitáis un ángel consolador que os exhorte a sufrir como Yo lo tuve porque, aunque con mi espíritu encendido de caridad amaba hacer la Volun­tad de mi Padre, no estaba privado del terror y de las rebeliones de la carne ante el sufrimiento.

Tampoco vosotros, pequeños Jesús, ignoráis el dualismo entre el espíritu y la carne. El espíritu que grita: “Inmolación para obtener salvación” y la carne que gime: “¡Piedad! Quiero vivir y no sufrir”. Pero Yo vengo y os doy mi Palabra también para fortalecer la carne ante el dolor.

También tengo piedad de vuestra carne, porque cuando ésta es instrumento de redención, cuando la posee el espíritu de Dios y la mueve a su gusto, como el tallo de hierba que el viento besa, no es 13 dic. materia indigna sino santa que conocerá la gloria en mi Reino.

También he santificado la carne redimiéndola con mi doctrina y con mi Sangre. Y quien vive fiel a mi doctrina y no menosprecia mi Sangre, sino que por virtud de ésta, cada vez que se limpia en ella se mejora a sí mismo, santifica también su carne y la hace acepta­ble a Dios.

Es la vestidura de vuestro altar. El altar es el alma en la que se inmola el espíritu. Pero cada altar debe ser revestido de linos puros para estar preparado para ser mesa mística. Una carne pura, sacri­ficada, embellecida por el dolor, es el mantel que reviste vuestro altar, mantel cándido, liso, adornado, en el que no es indigno que venga el Sacerdote eterno para realizar el rito con la hostia de vues­tro espíritu.

No os esperéis, queridas víctimas, gratitud y comprensión del mundo.

“Vosotros estáis en el mundo y el mundo no os conoce, porque ya no sois del mundo”. En esto, lo veis, sois semejantes a vuestro Ma­estro.

Vosotros os inmoláis por el mundo “y el mundo os mira menean­do la cabeza o cubriéndoos de burla” y golpeándoos con sus perver­sas armas. También en esto sois semejantes a Mí.

El mundo trata de tenderos peligrosas trampas “con preguntas capciosas que parecen alabanzas y son inquisiciones adecuadas para poner en sus manos las piedras para lapidaros”. Responded al mundo “con el silencio y la paciencia” y si insiste en su malvada in­quisición -para persuadirse a sí mismo, y sentirse justificado; y a vosotros de que cuanto decís es blasfemia- responded: “Yo hago lo que quiere mi Padre. Mis obras son evidentes, no actúo en la som­bra para dañar. Obro en la luz de la verdad. Si os parece que obro mal demostrádmelo; si no podéis, porque no hay mal en lo que reali­zo, ¿por qué me pegáis?”. Aunque el mundo os mate Yo os daré doble vida porque seréis doblemente mártires: del mundo y del amor.

No os canséis de ser víctimas. Que las injurias y las ingratitudes del mundo, a pesar de que son como cornadas contra una frágil ca­rroza, no os empujen fuera del camino purpúreo del sacrificio -mi camino- que se empalma con el camino real de la gloria y conduce a vuestro espíritu a la alegría de mi morada.

No digáis: “Todo es inútil”. Cuando parece que la semilla ha caído en terreno infecundo porque no germina inmediatamente en tiernas hojas, entonces es cuando echa raíces para nacer después más ro­busta, dando un macizo de granuladas espigas. Pero vuestro llanto es el que debe rociar el terreno árido y vuestra sangre -sea sangre de las venas o sangre del espíritu, esto es el holocausto total- es la que debe nutrir el polvo sin jugos y convertirlo en tierra fecunda.

La oración es como el agua que se evapora bajo los rayos del sol y asciende y luego desciende para nutrir la tierra. Vuestra oración -y toda vuestra vida es oración- sube, bajo la acción del amor, a mi trono y pide por vuestros hermanos. Yo que lo veo, y no yerro, la bendigo y la envío a quien es digno de recibirla. Y si entre vuestros hermanos sólo tenéis enemigos del amor, o sea, de Dios y vuestro, vuestra oración, que mi bendición ha convertido en una “gracia”, vuelve a vosotros y os colma de bienes celestiales.

No os canséis de llamar “hermanos” a quienes os tratan como enemigos. Los pequeños Jesús sólo saben tener “hermanos”, aunque los demás no sepan tener hacia ellos más que odio enemigo. Dejad a los inconscientes, y a los conscientes satanás, realizar su obra. Vo­sotros haced la vuestra. Yo velo y juzgo y a cada uno doy según su mérito.

 

DADO A VALTORTA.

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